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Ángel Gabilondo: "Creo que no hay que vetar a nadie y escuchar a todos"

A Ángel Gabilondo (San Sebastián, 1949) le inquieta lo que ha pasado en esta corta legislatura, pero más lo que pueda ocurrir tras el 26 de junio: que no hayamos aprendido. Parece cómodo asido a la primera persona del plural. Aunque su cargo institucional –jefe de la oposición en la Asamblea de Madrid, gracias al volantazo que dio Pedro Sánchez en 2015 para sustituir a Tomás Gómez– le permitiría calificar a los examinandos con la distancia que ofrece la política autonómica, se dice partícipe también de los errores.

— ¿Cree que el deterioro que han sufrido los políticos durante más de cuatro meses les pasará factura

— Yo no hablaría de deterioro. Hablaría de un nuevo aprendizaje. La sociedad ha cambiado mucho y los ciudadanos exigen ahora otras cosas. Estamos todos aprendiendo. Pero si a partir de ahora no estuviéramos a la altura de los desafíos, sería algo inquietante...

— Eso pensando en el 26 de junio, pero ¿han estado a la altura durante esta legislatura fallida?

— En líneas generales, creo que no hemos estado a la altura de los desafíos. Y cuando digo «hemos» me refiero a los políticos y no solo. En la escala de valores nos hemos equivocado. La prioridad era resolver los problemas de los ciudadanos.
— ¿Y no ha sido así?

— Cuando ves ciertas actitudes, tienes la sensación de que no ha sido esa la prioridad, porque si no se habría hecho más esfuerzo.

— ¿De qué fallos estamos hablando y quién o quiénes los han cometido?

— Mire, los problemas no esperan mientras estamos aprendiendo a gestionar esta nueva etapa donde ya no hay mayorías absolutas. A mí me gusta la expresión labrar el acuerdo. Hay que trabajar los acuerdos, con mucha paciencia, con mucha humildad. Hay que sentarse muchas veces, no entregar el papel y salir corriendo. Y viendo cómo salíamos de cada mesa, creo que no hemos estado a la altura de las circunstancias.

— Sin embargo, ese escenario no se ha producido entre la primera y la segunda fuerza política en España. ¿No es una anomalía democrática que Pedro Sánchez y Mariano Rajoy no se hayan sentado juntos?

— No sé siquiera si se ha hablado mucho en general... Pero yo siempre digo que el bipartidismo no era el problema; el problema era el partidismo. Si sustituimos el bipartidismo por un multipartidismo tampoco hemos avanzado mucho. Ahora se está tratando de recomponer un bipartidismo en bloques, que es igual de malo... Creo que no hay que vetar, y sí escuchar a todos. El acuerdo siempre ha de buscarse, aunque se llegue al desacuerdo. Siempre se parte de un desacuerdo. Hasta con uno mismo.

— ¿Está riñendo a su partido?

— Yo no riño a los demás, sino que me implico. Hay fatiga social, pero tampoco hay que ser alarmista. Que haya elecciones nunca es una mala noticia. Lo único que pido es que hayamos aprendido algo.

— Si Sánchez le hubiera pedido consejo, ¿a qué le habría animado?

— Soy malo para los consejos. No me los doy ni a mí. Hombre, le he hablado como le hablo a usted ahora. Yo hablo así cuando estoy con usted y cuando no lo estoy. Sé que hay una teoría: que ya se ha hablado con el PP todo y no hay acuerdo. Pero como yo, en todo caso, soy de los que piensan que siempre cabe la posibilidad de que todos vayamos cambiando, pues soy partidario de que hablemos, aunque sea solo para contrastar las posiciones.

— ¿Con Podemos qué ocurrió? ¿Los insultos de Pablo Iglesias a Felipe González y la burla sobre el reparto de ministerios fueron indigeribles para el PSOE?

— Usted sabe que yo no suelo dedicar calificativos a unos y a otros. Pero cuando el líder de Podemos habló de la cal viva me pareció una acusación muy grave contra una persona y contra un partido. Es difícil que con ello tú vayas a generar una emoción positiva en el PSOE. O cuando se reclaman ministerios públicamente. Pero ¿eso significa que hay que romper la baraja y la mesa de negociación? Yo creo que hay que ser más exigente para levantarse de una mesa. Alguien me dijo que cuando te levantas de una mesa procures dejar una silla, no vaya a ser que tengas que volver a sentarte...

— Pero el Comité Federal no parecía muy contento viendo a Pedro Sánchez hablar con partidos que defienden un referéndum de autodeterminación para Cataluña...

— A mí eso no me parecía una línea roja. Esa es una posición clara y una seña de identidad del PSOE:no poner en cuestión la unidad de España y, además, considerar que la Constitución señala el marco para avanzar en cualquier dirección que tenga que ver con ese asunto tan importante. El PSOE habla de un modelo federal, pero naturalmente no pone en cuestión la soberanía nacional. Y esa es la opción que me parece legítima, valiosa e importante. Otra cosa es que algunos deduzcan que no hay que hablar con nadie. La propia Constitución ofrece mecanismos para su mejora, y lo que hay que hacer es buscar consensos para eso.

— ¿Considera que los nuevos partidos, fundamentalmente Podemos, han estado a la altura de las expectativas generadas en la ciudadanía, indignada con los sacrificios por la crisis y con la corrupción?

– Creo que hay una doble frustración: se generaron expectativas en gente que criticaba que habíamos vivido la política de forma burocrática, que éramos sectarios y partidistas y a los que se prometió que se iba a pensar ahora en ellos. Que era el momento de la verdad. Y hay dudas de que esto se haya hecho así. Por eso es fundamental que busquemos un acuerdo transversal, de una orientación u otra.

— ¿Cree, como algunos socialistas y como ha defendido Albert Rivera, que Rajoy no es el dirigente del PP que debe liderar la nueva etapa?

— Uy, yo no soy quién para decir eso. Esa es una decisión, en primer lugar, personal, y después del propio PP. Yo no debe opinar, y sí respetar lo que haga este partido. El PP tiene mecanismos para adoptar las decisiones que crea oportunas. Pero, sea quien fuere el líder del PP, será una persona con la que habrá que buscar una interlocución.

— Usted fue una apuesta personal de Pedro Sánchez. ¿Cree que al líder socialista solo le queda esta última bala y si no consigue un buen resultado se tendrá que ir?

— Los caminos de la política tienen vericuetos inescrutables. No sabe uno cuándo está cerca del éxito o de su final. En dos meses ya hemos visto cómo han cambiado las cosas.

— ¿Quiere decir que hace dos meses pudo ser presidente y ahora está cerca del final?

— Hace dos meses estábamos viendo cómo iba a ser presidente y ahora me pregunta usted qué va a ser de él. Yo creo que es un hombre de gran futuro y de gran presente político. Y que de alguna manera encontrará ese camino. En todo caso, es al PSOEal que le toca decidir quién es el candidato y quién es el secretario general. Yo siempre soy leal al secretario general, sea quien fuere. Soy leal al que está, pero no me muevo para que sea uno u otro.

— ¿Cree que es serio que la nueva política se escriba en un tuit o se condense en una tertulia televisiva?

— Ha cambiado el lenguaje político. Ahora tiene que ser inmediato, directo, y eso produce injusticias. Ya sé que expresarse discursivamente puede ser pesado, pero por lo menos permite matices. Es muy difícil cuando solo se te admite que digas una frase tajante.

— ¿Hay discursos solo diseñados para ser retransmitidos por televisión?

— Los medios de comunicación, como su propio nombre indica, son medios y no fines. Aquel político que crea que su fin es el medio de comunicación está perdido. Por eso, a veces me pregunto si hemos mejorado la comunicación real. Porque las redes son un espacio de mucha soledad; a veces hay mucha información, pero no tanta comunicación.

— Su contrincante en la Comunidad, Cristina Cifuentes, ¿es el nuevo PP?

— Ella está haciendo también su proceso. Como todos. Está haciendo un esfuerzo que es de agradecer por ser una persona más próxima. Pero también he dicho de ella que es más cordial que dialogante. Hay que regenerar Madrid a fondo, y ahí estamos en pañales. Nosotros hemos aprobado proposiciones no de ley con el resto de la oposición y sin el voto del PP. Al no haber mayorías absolutas, ha cambiado mucho la forma de hacer política en Madrid. Una buena oposición es decisiva para un gobierno.

— ¿Es partidario de levantar alfombras en Madrid, revisando las etapas de Esperanza Aguirre e Ignacio González?

— Revisar no es la palabra que a mí me gusta. No hay que hacer revisión, lo que hay que tener es conocimiento de cómo se ha procedido, para no volverlo a hacer nunca. Mi obsesión es corregir errores. Por ejemplo, en el Canal, en Arpegio... Además de exigirles que devuelvan el dinero a los corrompidos, también hay que perseguir a los corruptores para que la Administración no vuelva a contratar con ellos.

(Mayte Alcaraz, ABC)