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Yuderkys Espinosa Miñoso. El círculo de la tierra

Entrevista

Yuderkys Espinosa Miñoso, activista y académica, feminista descolonial y antirracista, tiene la capacidad de poner la mirada y la palabra en ese lugar incómodo que obliga a la reflexión, a la revisión de las propias prácticas y discursos. De paso por Buenos Aires donde vivió más de una década y a punto de volver a su República Dominicana natal, llama a pensar el modo en que las luchas por la defensa de la tierra y el agua se interconectan con los feminismos que buscan correrse de la mirada eurocéntrica a la vez que reflexiona sobre los liderazgos de Cristina Fernández y Dilma Rouseff en la región en la que, dice, se abre “un momento de esperanza en la desesperanza”

Recién llegada de Bogotá, su morada transitoria antes de regresar definitivamente a su país, la dominicana Yuderkys Espinosa Miñoso está de paso por Buenos Aires. La ciudad porteña, que fue suya por una década y media y de la que decidió irse allá por el 2014, se le ofrece hoy como un contexto sustancialmente diferente al progresista de aquellos días. Determinado, entre otras cosas, por sus limitaciones en la preservación ambiental - a las cuales esta activista antirracista y feminista descolonial critica fuertemente -, aquel momento político también representó para Espinosa Miñoso, como para tantxs, un respiro y una esperanza. No sin agobio por lo que en su visita a nuestro país se le muestra de modo directo, esta activista lee la presente coyuntura como un punto álgido desde el cual, pese al dramatismo, podrían abrirse nuevos caminos en los que nuestras vidas – y responsabilidades – se reconozcan, al decir de Audry Lorde, íntimamente interconectadas. Desde su visión del mundo actual, Yuderkys invita en esta entrevista a una reflexión sobre el papel que dentro de las agendas feministas ocupa una tecnología que, sustentada en la devastación mineral, identifica como la pieza clave para la comprensión del movimiento del poder y la construcción de una resistencia no fragmentaria.

- Dirías que la arremetida de la derecha latinoamericana, empezó en el 2009 con el golpe a Honduras, país que acaba de cobrarse con Bertha Cáceres una de sus víctimas?

- En realidad, esto siempre ha estado, se han tenido pequeñas coyunturas en algunos países, respiros como el kirchnerismo, Lula en Brasil, en Ecuador también. Para esto que se llama “tener opción de poder” hay que negociar con ciertos sectores. Tú te ibas a Brasil y encontrabas una crítica al interior de eso, lo cual no significaba que una no prefiriera a Lula. Pero son proyectos limitados por un contexto neoliberal apabullante, un momento terrible dentro del capitalismo, de un máximo lugar de desarrollo de una modernidad que se quiere instalar en todos los espacios de la vida. La globalización no es solo un tema del capital, conlleva ideas de futuro y bienestar, de cómo debe ser el orden de la vida en sociedad, que es expansión de la idea moderna del mundo. Dentro de esa modernidad hay proyectos contrarios como los de las izquierdas, que la mayoría de las veces no se han planteado una reflexión y un deslinde del proyecto de la modernidad. Este deslinde es justamente lo que vienen a mostrar los grupos que han quedado por fuera de este orden.
- Los grupos ambientalistas y feministas, por ejemplo…

- No los englobaría porque tanto el feminismo como el marxismo han sido proyectos de la modernidad. El feminismo meanstream apostó a que la liberación tiene que ver con el máximo desarrollo tecnológico, y la tecnología parte de una idea de dominio de la naturaleza. Esa idea de separación de “lo humano” y “lo natural”, esa ficción, es la base de la modernidad. Esta es la manera patética, la forma más extrema de mostrar la aporía del camino que se ha elegido. Para el modelo basado en esa separación, la idea de desarrollo significa que lo humano se erige como paradigma, pone arriba lo humano, por fuera de otros órdenes de la vida y trae consigo un dominio y una explotación sobre lo que efectivamente la sostiene. Mientras ese modelo de opresión logre expandirse y ser introducido en ámbitos cada vez más amplios de la vida en el planeta, mientras más gente entre a ese mundo de “lo humano” y haya procesos de descampesinización masivos y de desindeginización, mientras vayamos haciendo que toda la población mundial forme parte de este paradigma, iremos quedando sin base para la vida. China es un ejemplo. Fue un país rural y campesino. Su entrada al capitalismo representa un mayor peligro que los EEUU. Se está construyendo un nuevo canal en Panamá porque ahora se le ha dado un permiso a una transnacional china para romper otro ecosistema e introducir por allí sus productos. En la Argentina vemos cuánto se depende de la exportación de soja, porque en China hubo un proceso de descampesinización ampliado y las ciudades están repletas. Su economía se sostiene en una esclavitud que hace posible que China sea el imperio que es. Y para producir toda esa tecnología a través de esta mano de obra esclava, depende de lo proveído por la minería a cielo abierto que está destruyendo los territorios resguardados por comunidades indígenas. Esto significa un proceso de intromisión en estos territorios por parte de los Estados que permiten que ocurra. Paralelamente la producción nacional agrícola cada vez se encarece más porque lo que hay, hay que mandarlo a China.

- Anteriormente dijiste que el feminismo meanstream está ligado al máximo desarrollo tecnológico, ¿a qué te referís exactamente?

- La cuestión de la tecnología como vía que ayudaría a mejorar el status de las mujeres se abona a partir de la idea ya sustentada por (Simonne) De Beauvoir de que la tecnología ayudaría a que las mujeres se liberaran de la maternidad biológica. Feministas radicales como (Shulamith) Firestone propusieron un programa ampliado de liberación de las mujeres que iba a ser posible gracias al progreso tecnológico, al dominio de la reproducción así como al desarrollo de la técnica que implicaría, tal como alguna vez también lo han soñado los marxistas, que el ser humano se librara de las tareas de cuidado y reproducción de la vida. Esto sigue estando presente en las estrategias y las agendas de muchos de nuestros feminismos. Podrán no decirlo de esta forma, pero una puede encontrarlo como una idea presente y muy viva. Los índices de desarrollo humano, elaborados por expertas feministas miden el grado de acceso de las mujeres del tercer mundo a la tecnología, miden el acceso al sistema educativo normativizándolo, como aquello que sopesa el grado de lo que llaman “desarrollo”, en base a criterios absolutamente occidentales y eurocéntricos. Miden el acceso a tecnologías reproductivas, la existencia de leyes que “protejan” a las mujeres en estas cuestiones. Las feministas, en general, hemos naturalizado el modelo de la modernidad eurocentrada como el de la vida buena en sociedad y aquel a través del cual las “mujeres”, y lo que se nombran como cuerpos despreciados del género y la sexualidad, podrían finalmente liberarse. Hasta aquí nos hemos debatido acerca de la mejor forma de interpretar la opresión/dominación de “las mujeres” y hasta de los cuerpos no normativos de género y sexualidad, sin embargo, jamás nos hemos dado un debate serio sobre nuestras apuestas de futuro.

- Hablás del debate sobre un futuro con mayor capacidad de integración…

- ¿Cuál es el mundo que soñamos como bueno para todas? ¿ese mundo bueno para todas, si es que existiera esta posibilidad de “bueno para todas”, es posible que deje fuera una reflexión sobre la vida en su conjunto, la vida que parece quedar por fuera de ese “nosotras”? Un debate sobre estas apuestas tiene sentido y carácter de urgencia en un mundo que ya se nos desintegra en las manos. Tiene sentido urgente en la medida que estemos dispuestas a escuchar el grito de Bertha, de Lorde, de Mama Tingó, de Betty Cariño, el grito de cada unx de lxs guardianxs de la tierra, del agua, de los arboles, del lazo infranqueable que nos conecta a todas las formas de vida, ese lazo que la modernidad se obstina en romper o desestimar. Cada día, como desde hace quinientos años, la vida de estxs guardianes corre peligro, pero también la nuestra. Hay una lazo entre las clínicas de maternidad subrogada en la India y África (pronto también en nuestros países) y el deseo de las lesbianas, las trans y los gays blancos de inseminación artificial. Mientras separemos nuestros deseos o el mundo que deseamos de lo que ocurre en el mundo, nuestras apuestas y nuestras luchas serán estériles. De nada vale horrorizarnos del extractivismo e ir a marchas si no estamos cuestionando nuestros modelos de vida basados en una tecnología que necesita exterminar la tierra en búsqueda de minerales.

- Respecto del panorama coyuntural que presentás - y del que, por decirlo de alguna manera, los feminismos deberían tomar mayor conciencia - se puede ver el alto gesto de defensa de intereses muy específicos en los discursos conservadores del impeachment en Brasil…

- A pesar de los límites de los gobiernos como el de Dilma, sabemos también que son progresistas contra otras fuerzas más de derecha y oscurantistas. En Brasil hay además un tema con las iglesias, con el poder que tienen allí, aliadas con las clases dominantes en este discurso lesbofóbico, homofóbico y transfóbico, en contra de demandas de movimientos sociales. Y aunque Dilma y Lula representan un modelo que no va a romper con esa colonialidad, son modelos de Estado con una sensibilidad y un intento de mal menor. Para la derecha y los discursos trasnochados de la iglesia ellos son un peligro, esto nos demuestra que el momento en el que estamos oscila entre la derecha y la ultraderecha. ¿Qué tiene que ver todo esto con el asesinato de Bertha? Una luchadora del tipo de política integrada con una mirada que permite ver una unidad dentro de la opresión, sistemas que parecerían separados pero que en realidad no lo están. Se trata de una matriz de poder que se autoalimenta de diferentes maneras. Bertha nos mostró un activismo que permitía superar esa división en las luchas.

- Eso fue lo imperdonable…

- Sí. Pero Berta fue solo un eslabón en la cadena: están matando indígenas todo el tiempo. Guerreras que todavía resisten a este ensañamiento contra lo único que permite que la vida siga, porque la tecnología no nos lo va a permitir.

- O su abuso. La tecnología bien utilizada, en su justa medida, puede ser usada positivamente...

- Entiendo lo que me dices, pero tengo una mirada negativa sobre la capacidad de la tecnología de liberarse de aquello que le dio vida: la idea de que tenemos la capacidad de dominar la naturaleza. Se habla del momento en que el ser humano “dominó” el fuego, ¡mira hasta el verbo que se utiliza! Yo creo que es importante este debate sobre la tecnología. Me enteré hace dos días que apareció decapitada una indígena en Colombia. En el mismo mes en que asesinaron a Bertha, hubo otros asesinatos de líderes y lideresas indígenas, defensorxs del territorio, el agua, las semillas. Solemos ver esto desde nuestra cabeza fragmentada, como separado de la cuestión de la tecnología, pero no. Nuestras vidas están interrelacionadas. Tendríamos que ver de qué manera.

- Globalización es un término perverso que en sí encierra lo que se ocupa de separar…

- Hace dos o tres meses estuvo circulando una entrevista a una activista africana, cuyo título era “Nosotros morimos para que ustedes tengan sus celulares”. Esta es la relación que quienes están en otra posición pueden ver inmediatamente. Una puede comenzar a ver esa relación y la perversidad que también se transmite a nuestras propias luchas, que pretenden mantener estos mundos separados. Audry Lorde lo decía: nuestras vidas están íntimamente interconectadas. ¿A costas de quien las mujeres feministas pensaban que se iban a liberar?, decía Bell Hooks. ¿Quiénes son los cuerpos que van a pagar esa libertad? No es posible seguir con un activismo que no vea esta interconexión, que siga manteniendo una fragmentación y no haga una relación entre la reflexión, la crítica al mundo que vivimos y el tipo de atopía que estamos construyendo. Si esta atopía no está en función de esta crítica, al final seguimos ligándonos al orden de la modernidad que es la cultura de la muerte. No solo la muerte humana sino del ecosistema que va a terminar matándonos también, ahí es cuando realmente vamos a terminar de entender cómo nuestras vidas están íntimamente conectadas.

- Por último, a la luz de los ataques pronunciados a las figuras de Dilma y Cristina y a la caída de los gobiernos progresistas latinoamericanos, ¿cuáles son las potencialidades, si es que las hay, de este momento político?

- Dilma y Cristina son dos mujeres blancas, intelectuales, con acceso al poder, que representan un riesgo para el patriarcado instalado en la sociedad capitalista y una posibilidad de mayor justicia. Estos tipos de gobiernos, dentro de este sistema, fueron muy buenos gobiernos e instauraron en la región un momento de esperanza, pero se fueron desgastando. Hay algo para aprender ahí. Este es también un momento de esperanza en la desesperanza, de resurgir, de volver a repensar las luchas. Yo lo que sentí es que en los últimos años del kirchnerismo hubo un triunfalismo porque se lograron determinadas cuestiones, leyes como la de identidad o de matrimonio – distinto de lo que no se logró con el aborto. Pero ese triunfalismo enquistó el movimiento, no permitió ver los límites de las conquistas, y esto queda demostrado en lo que pasó en las elecciones. En pocos meses, mucho de eso fue destruido. Este es un momento que te permite ver lo que antes no podías. Cuando el movimiento social se ata a la política estatal es peligrosísimo, porque queda ligado a los límites de la mirada estatal y restringido el ámbito de acción fuera de la institución. Este es el después, el momento crítico en que surgirán nuevas cosas.

(Paula Jiménez España, Página 12)