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Convergència no descarta mantener a Carles Puigdemont por falta de relevo

Se ha descrito a menudo el proceso soberanista como una trituradora de líderes y partidos. Para algunos casos, sin embargo, la aventura secesionista ha sido mucho más que eso, una auténtica devastación. Es el caso de la antigua Convergència Democràtica (CDC), una formación que en menos de cinco años ha perdido sus siglas, ha sido desalojada del Ayuntamiento de Barcelona, podría estar a punto de perder la Generalitat, se encuentra inmersa en una profunda crisis de liderazgo y su líder más reciente, Artur Mas, ha sido inhabilitado para el ejercicio de cargo público durante los próximos dos años.

Carcomida por la corrupción, el tránsito de la histórica formación que fundó Jordi Pujol en 1974 a un partido netamente independentista está resultando ruinosa. Ahora, la crisis del partido -transmutado en PDECat desde el pasado mes de julio-, afronta una nueva prueba con la inhabilitación de su presidente, lo que arroja de nuevo a la formación a la búsqueda de un cabeza de cartel ante un adelanto de las autonómicas que se da por descontado, a la vuelta del verano.

Paradójicamente, la inhabilitación de Mas permite al partido, o al menos al sector que cree que su figura ya está amortizada, dar al expresidente de la Generalitat una salida airosa. Muy tocado tras las declaraciones de Fèlix Millet y Jordi Montull en el juicio del caso Palau -y lo que pueda venir en las próximas semanas, se temen en el partido-, la figura de Mas se había convertido más en un lastre que en un activo.
- Manchados por el 3%.

No obstante, el relativo alivio que puede haber supuesto la sentencia del TSJC para quienes piensan que no hay renovación posible con liderazgos antiguos -más si están manchados por la sospecha de la corrupción-, ha puesto de nuevo sobre la mesa la falta de un cartel electoral que sea capaz de medirse con ciertas garantías a Oriol Junqueras (ERC). Al republicano se le da ya como virtual ganador en las autonómicas que se convocarán cuando el referéndum anunciado se vea frustrado.

En este contexto, y después de que el presidente de la Generalitat, Carles Puigdemont, confirmase que él no quiere ser candidato en esos comicios, todas las miradas convergen de nuevo en Neus Munté, portavoz del ejecutivo catalán, a la vez vicepresidenta del PDECat, y por ferfil -fue dirigente de la UGT-, coherente con el giro socialdemócrata adoptado por el partido de manera reciente. No obstrante, el hecho de que Mas señalase a Munté sin demasiada sutileza como su virtual sucesora tampoco ha gustado en el partido, donde también se le reprocha falta de ascendencia sobre el territorio, algo que sí se le atribuye al consejero de Territorio y Sostenibilidad, Josep Rull, quien durante años sonó como relevo natural del presidente del partido.

Fuentes del partido recuerdan también que hay una amplia cantera de cargos municipales, jóvenes, a los que recurrir, si bien se asume que ahora mismo la mayoría son completos desconocidos en el conjunto de Cataluña. Quien mejor podría superar esa desventaja es Miquel Buch, alcalde de Mataró y presidente de la Asociación de Municipios por la Independencia (AMI), junto a la ANC y Òmnium una de las cabezas tractoras del proceso. Buch, que relevó a Puigdemont al frente de esta entidad, declaró en el juicio del 9-N como testigo y podría ganar presencia como presidente de la AMI si el partido decidiese proyectarlo.

Otros nombres sobre la mesa recurrentes son los de Santi Vila, consejero de Cultura, y señalado tradicionalmente como uno de los miembros más templados del partido, o Mercè Conesa, alcadesa de Sant Cugat y presidenta de la Diputación de Barcelona.

- Debacle electoral.

En cualquier caso, ya no queda casi nada de lo que fue Convergencia y demostraba en cada cita electoral. Solo teniendo en cuenta los resultados de la coalición -junto a Unió Democràtica (UDC)- en las citas autonómicas, las de mejor cosecha, CDC ha pasado de los 62 diputados (en 2010) a los 30 actuales (en 2015) que controla dentro de la formación parlamentaria de Junts pel Sí (JpS). Y eso teniendo en cuenta que en 2012 obtuvo 50 escaños. Lejos, muy lejos, de las victorias arrasadoras de Pujol que gestionó de 1984 a 1995 la paz dada por tres mayorías absolutas.

Este análisis sirve, igual, para los resultados de CDC/PDECat en el Congreso, Cámara por la que transitan sin pena ni gloria en el Grupo Mixto y que solo tiene el apoyo de menos del 14% del voto catalán. De 1986 a 2000 el voto de CDC no bajó del 28%, pese a que siempre era superado por el PSC.

Con este panorama, parece lógico que se sucedan las especulaciones. Fuentes de la formación reconocen que ahora mismo hay una total desorientación, y que pese a que se asume que el escenario más probable sea el del adelanto electoral, no hay debate aún sobre quién debería ser el candidato. Al respecto, recuerdan que pese a que Puigdemont se ha autodescartado, las presiones sobre él para que repita si finalmente no hay un nombre alternativa que cuaje podrían redoblarse. El escenario es tan volátil que nadie se atreve a dibujar escenarios a meses vista, incluida la posibilidad de que se dier la repetición del frente de partidos soberanistas que representó JpS.

En este escenario emerge la figura de Oriol Junqueras (ERC), que lleva meses trabajándose el rol de líder del espacio central que ha dejado huérfano un PDECat radicalizado. Ayer, en una entrevista en Rac1, descartó por completo un adelanto electoral para asegurar que todo el ejecutivo catalán, al completo, ha puesto la proa hacia el referéndum. Junqueras se mostró partidario de que, cuando llegue el momento, la consulta sea convocada «de forma colectiva» por todo el Govern, aunque comporte extender a todo el ejecutivo el riesgo de inhabilitaciones.

(Àlex Gubern, ABC)