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Diego Valderas: "Hemos parado la ola azul en Despeñaperros"

Es el gran triunfador de las elecciones autonómicas andaluzas. El líder de IU en esta comunidad puede presumir de haber duplicado su representación parlamentaria y de que su formación tiene la llave de la gobernabilidad. Antepone las líneas políticas en un eventual pacto con los socialistas, pero no descarta participar directamente en el nuevo ejecutivo andaluz, mientras da casi por hecho conseguir la presidencia del parlamento, en Sevilla

- ¿Cómo se han acogido los resultados electorales en IU de Andalucía?

— Es una situación de mayor responsabilidad; con la suficiente prudencia, y sabiendo que los andaluces y andaluzas dejan en IU un mayor nivel de responsabilidad para abrir un nuevo tiempo político. Pero, sobre todo, esa responsabilidad se acoge con satisfacción. Habíamos planteado que había que tener una actitud de rebeldía, desde la indignación que produce una situación política que juega contra los intereses de la mayoría, especialmente, de la parte más débil del conjunto de la sociedad; de los trabajadores y trabajadoras, en una batalla de clase entre los que defendemos los intereses del mundo del trabajo, y aquellos que defienden exclusivamente los intereses del capital. Esta propuesta a la rebeldía ha tenido un respaldo importante. Se ha respondido al mensaje de que ya era hora de que IU ocuparse un espacio en ese nuevo tiempo político del futuro de Andalucía, y con más fuerza. La gente ha tenido una percepción útil del proyecto político de Izquierda Unida y, sobre todo, en la acción directa de que Andalucía quería –y lo ha logrado- parar esa ola azul en Despeñaperros, en el sentido también, de desplazar las políticas de rosa desteñido del palacio de San Telmo, porque las políticas del bipartidismo habían jugado, a nuestro juicio, bastante mal con nuestra tierra.

— Podemos afirmar que la gran triunfadora de estas elecciones ha sido Izquierda Unida.

— Es verdad que otras fuerzas políticas han salido derrotados, pero creo que el gran vencedor ha sido un discurso político, más que una organización política en sí. Este discurso dejaba claro que el cambio, Andalucía lo quiere por la izquierda, que cree que la salida a la crisis ha de hacerse con políticas de izquierda; y las urnas también han dicho que Andalucía es de izquierdas. Posiblemente, en el mejor momento que ha tenido la derecha, teniéndolo todo a favor como nunca en los 40 años recientes para gobernar Andalucía, el pueblo andaluz ha rechazado esa posibilidad. Creo que ha ganado el espíritu del 28 de Febrero, ha ganado el espíritu de un pueblo que cree que las urnas en democracia, tienen que seguir teniendo un valor preferencial sobre los mercados. Es verdad que IU ha conseguido un éxito enorme; hemos doblado el número de diputados. Habíamos pedido a los ciudadanos que nos vieron esa posibilidad; no se la han dado, ahora tenemos que saber la gestionar. Hay que tener la altura de miras necesaria para mandar obedeciendo a las urnas, que ha sido el otro mensaje que transmitimos a los ciudadanos y ciudadanas; en democracia, lo más importante es mandar obedeciendo, algo que no habían sido capaces de poner en valor, ni el Partido Socialista, ni mucho menos, el Partido Popular.

— Ustedes han dicho que impedirían el gobierno de la derecha y las políticas de derechas.

— Así va a ser. Hemos dicho, con tranquilidad que IU y el PP son como el agua y el aceite; no tienen posibilidad ni capacidad de mezcla. Me parece muy oportuno que la propia derecha haya salido, ante esa afirmación mía, a expresar que a ellos también les parece imposible. Eso está ahí, pero también hemos dicho que tampoco está izquierda iba a permitir que las políticas que habían anidado, y que se habían hecho por parte del Partido Socialista, tampoco las íbamos a permitir. Como hemos dicho en nuestro discurso, se cierran todas las posibilidades de acceso a la derecha en nuestra tierra, pero uno no deja de ver que tranquilitos que no se van a quedar. A partir de ahí, se puede construir este tiempo nuevo político, el tiempo que entienda cómo equilibrar las cuentas públicas de otra forma, cómo equilibrar el déficit de otra manera, qué tipo de política fiscal, qué tipo de prioridades. Son tantas las ilusiones que se abren. Yo sigo soñando con los pies en el suelo. Hemos prometido construir felicidad frente a la infelicidad, y a mí me enseñaron hace tiempo, que una fuerza política progresista, de izquierdas, alternativa al sistema, tiene que tener eso muy presente.

— ¿Cuáles van a ser las líneas rojas en la negociación con el PSOE?

— Nosotros hemos firmado un contrato ante notario; nuestro contrato con el pueblo. Tiene dos ejes muy directos. Uno, es que el artículo 156 del Estatuto de Autonomía dice que la economía tiene que estar al servicio del interés general, detente quien detente la propiedad y la riqueza. Ese artículo lo construyó Izquierda Unida, y lo aprobó el pueblo andaluz. Yo soy de los que piensan que está para que se cumpla. Y luego hay otro artículo que dice que hay que caminar, en un sentido estratégico, hacia la sociedad del pleno empleo. Para mí, esos son dos artículos fundamentales. Eso es lo que el contrato público de IU plantea, sabiendo que la situación es difícil, y que los tiempos que corren hacen más complicados estos objetivos. Pero sabiendo también que esos objetivos han sido comprometidos con el pueblo, y hay que dar respuesta y remover, y promover, con las acciones que sean necesarias, ese planteamiento. Para eso hemos puesto encima de la mesa 24 leyes y 10 grandes planes, para poner esos dos ejes en el centro de la acción política.

— Ustedes también han hablado de los elementos muy importantes: la reforma de la ley electoral, y la corrupción.

— Eso está en ese contrato. La reforma de la ley electoral, todo el mundo lo da por hecho. Salvo que haya un acuerdo de obstaculización entre el PSOE y el PP -que haberlos, ‘haylos’ en este país, y no nos cogería de susto-. La reforma de la ley electoral es fundamental. Además, la haremos pensando en que la ejemplaridad de esta reforma de aquí, tiene que poner en valor lo que mucha gente siente en el conjunto del Estado, como una injusticia contra una fuerza política, que podía haber tenido 25 diputados, y que se ha quedado con once, en función de esa ley electoral. Sobre la corrupción, entendemos que la Junta de Andalucía tiene que ser como un palacio de cristal, y para eso, tiene que haber comisiones de investigación como una agencia que controle el comportamiento ético de los cargos públicos como una mayor capacidad de la Cámara de Cuentas para intervenir y, en definitiva, combate total y tolerancia cero con la corrupción, caiga quien caiga. Yo ya he planteado que uno de los elementos esenciales será que habrá una comisión de investigación para todo el tema de los ERE. Ya he tenido una primera respuesta positiva del PSOE, mostrando su acuerdo a esa comisión como porque es necesario recuperar el prestigio de la democracia y de las fuerzas políticas.

— ¿Cómo sería más efectivo un acuerdo de progreso, participando en el Gobierno o solo dando apoyo parlamentario?

— Si a cualquier ciudadano se le preguntase si prefiere que Diego Valderas, o cualquier candidato de IU fuesen consejeros, vicepresidentes o directores generales, y se pusiera eso nublado cómo y en el otro, decir mire, no lo serán, pero, al mismo tiempo, mejoraremos en un 50 por ciento la tasa de paro, citaremos que el 31 por ciento de pobreza, impulsaremos la economía social y el desarrollo equilibrado de un nuevo modelo laboral”, yo estoy convencido de que la gente elegiría lo segundo. Por eso hemos hablado de las políticas por encima de los sillones. Pero si me preguntan cómo se garantizaría más que esas políticas ser llevasen a cabo, siempre diré que el dueño de un programa político, gestiona más adecuadamente la situación. Pero es un segundo plano de prioridades. Creo que la política tiene que imponerse. ¿Será que IU esté en el Gobierno? No lo sé, ya veremos. La prioridad número uno es ese contrato público que hemos hecho con los ciudadanos, aunque creo que tiene más garantías que lo gestione aquél que lo siente, aquél que lo vive, aquél que lo propone. Pero, en esto, hay mucha tela que cortar. La gente en Andalucía, porque le ha dado mucha fuerza en las urnas, quiere ver a IU en la locomotora de mando.

— Sí se ha hablado de la presidencia del Parlamento autonómico.

— La Presidencia del Parlamento, yo creo que cae de hecho. Lo que yo he dicho es que el que presida el Gobierno, no tiene por qué presidir el Parlamento. Y lo digo convencido. En el juego de poderes es bueno que esa situación se dé. Eso deja espacio a la posibilidad de que, nuevamente, IU esté al frente del Parlamento de Andalucía. Es una posibilidad que todo el mundo vería bien.

— Aunque el PSOE ha declinado la propuesta, el PP ha realizado una oferta de pacto de gobierno a los socialistas, emulando las situaciones en el País Vasco y Navarra.

— Me alegro de que el PSOE, con su candidato a la cabeza, haya sido rápido en contestar que cuando dos millones de votantes hacen una opción para parar a la derecha, habría mucha dificultad en entender lo otro. Pero encima de mi mesa tengo que los grandes ‘diplodocus’ de la política del Partido Socialista ya están empezando en esa línea. Tengo mi información, y yo lo he vivido en otra ocasión; gente que prefirió aliarse con la derecha, antes de hacerlo con la izquierda. Recuerdo que Julio Anguita, en 1993, remitió a Felipe González diez puntos de políticas nítidas de izquierda para un posible pacto, y el señor. González prefirió hacer su cortejo político con el señor Pujol.

— ¿Qué fórmula van a emplear para la anunciada consulta a las bases, acerca del posible acuerdo con los socialistas?

— Sería poco serio preguntar a las bases se les gusta más el color azul o el amarillo. Eso es menospreciar a una militancia que tiene que conocer el contenido y que políticas encierra un acuerdo. Eso necesita un proceso, primero de construcción del diálogo político de unas propuestas, y cuando las propuestas están construidas, entonces llegará el momento directo de las bases y de quienes han colaborado con nosotros en llevarnos a esta situación. Hay que hablar también con todas las organizaciones que han empezado a conformar un gran bloque social de progreso junto con IU.

— Mucha gente se pregunta si lo que está a punto de suceder en Andalucía, va a tener una influencia en Extremadura.

— No lo sé. Yo hablo de un proyecto federal. A mí me hubiese gustado que lo de Extremadura no hubiera ocurrido, entre otras razones, porque, por más que se quiera ver, es difícil concebir que, quien hoy está luchando a brazo partido en la defensa de los derechos laborales y sociales, frente a una derecha que, ayer y hoy, nos quita los derechos, los estafa parte de la vida, que hacer retroceder las conquistas sociales y a los tiempos del sindicato vertical, quienes nos plantean una involución democrática tan dura, es difícil. Cómo explicar a quien nos dice que “ustedes le están haciendo una huelga general al señor Rajoy, a la señora Cospedal, al señor Montoro, o a la señora Fátima Báñez, al señor. Arenas, y ahora resulta que ustedes se llevan tan bien con ellos”. Hay cosas que no casan, pero eso está ahí. Habrá que valorarlo, y no seré yo quien me meta en intervenir, porque no lo he hecho nunca, en lo que han sido decisiones de otras comunidades. Las contradicciones siempre afloran. Y en este caso, nadie hubiera entendido en Andalucía, que el día 25, que llevamos a la gente a ganar la primera batalla contra la reforma laboral, en el día 26 nosotros dejamos pasar a los capitanes, a los capataces, a los ‘manijeros’, a los directores de esa reforma laboral.

Pedro Antonio Navarro, El Siglo de Europa