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La líder en busca del momento (Francesc-Marc Álvaro)

El reformismo que propugna Díaz tiene el tono pragmático de la vieja escuela eurocomunista

El rechazo a los partidos y la desconfianza hacia los aparatos. Este es el dato principal que anima la puesta en marcha de la plataforma Sumar, que Yolanda Díaz presentó el viernes en Madrid. La operación es tan complicada como interesante: intentar reagrupar todo lo que está a la izquierda del PSOE bajo un paraguas y superando, a la vez, las constantes luchas cainitas que –como ha sucedido en las elecciones andaluzas– echan a perder muchos votos. Por ello, la vicepresidenta segunda rehúye hablar –por ahora– de acuerdos entre formaciones. Está buscando el momento.

De la experiencia de Podemos, Díaz aprovecha la disolución del concepto “izquierda” para subrayar una aspiración transversal que no es más que el anhelo de una nueva centralidad desde un progresismo que elude sistemáticamente esta etiqueta, con la pretensión de llegar a un electorado amplio (penetrando incluso en la parroquia socialista), poco o nada ideológico. En cambio, y como ella misma ha contado en El País , mientras lo que puso en marcha Pablo Iglesias “nació de la impugnación” ella parte de “la construcción” y propone “un país a favor, en el que dialoguemos”. Es fácil ver en esta posición el mejor legado del PCE (que ya estaba por “la reconciliación nacional” en 1956), organización de la que Díaz proviene.

El reformismo que propugna Díaz tiene el tono pragmático e institucional de la vieja escuela eurocomunista sin sus ribetes doctrinales y con el suplemento de un feminismo sin sobreactuaciones. Lo más interesante de su discurso es que pone en primer término la agenda socioeconómica y esquiva (sin negarlas) las batallas culturales que han restado expectativas electorales a varias izquierdas europeas, incluida Podemos. Es una agenda pensada para conectar con una nueva mayoría y, de paso, desmontar ciertos mensajes “sociales” de Vox.

Con los partidos que quieran venir, pero sin que manden abusivamente los aparatos. Esta alquimia le será muy difícil a Díaz, que insiste en la idea de “movimiento ciudadano”. Lo que ofrece es un macronismo menos pijo y más izquierdista que el original, en manos de una líder potente que necesita el impulso de unas bases (“proceso de escucha”) para lograr no ser solo candidata a la Moncloa. Su reto es ser la primus inter pares de este espacio, sobreviviendo a la sombra de Iglesias y a unas cúpulas que llegan al poder sin haber pensado lo bastante en ello o habiendo olvidado las lecciones de Los Verdes alemanes (divididos entre fundis o fundamentalistas y realos o realistas), cuya supervivencia se debe a la capacidad de adaptación.

La invasión rusa de Ucrania ha permitido a Díaz dibujar un perímetro propio, alejado de cierto dogmatismo podemita, actitud que se añade a su capacidad de interlocución con todos los agentes sociales. En Catalunya, Ada Colau y los comunes están por la labor, pero hay muchos mimbres todavía sueltos y muchas prevenciones ante un eventual exceso de personalismo, entre barones y grupúsculos de una izquierda que se pretende muy coherente y tiene tendencia a la autodestrucción.

(La Vanguardia, 11/07/22)

El amago catalanista de Feijóo, la nueva CiU (Manel Pérez)

El mundo económico apoyó los indultos a los presos políticos; el PP de Feijóo los llevó al Supremo

Feijóo se preguntó en Foment por qué no podía ser su partido la nueva versión de la antigua CiU

Feijóo coqueta ante los empresarios con convertir al PP catalán en un partido catalanista. Un gesto que no parece muy creíble. Son muchas las distancias entre la derecha española y los defensores de un nuevo partido de centro catalanista


El presidente del PP, Alberto Núñez Feijóo, se ha prodigado bastante en Barcelona desde su ascenso a la máxima responsabilidad en su partido. Comenzó en las jornadas del Cercle d’Economia, a principios de mayo y desde entonces se ha prodigado en la capital catalana. Y se ha reunido con empresarios y otros sectores sociales. Uno de los encuentros destacados fue en la sede de Foment del Treball, la organización que preside Josep Sánchez Llibre, en este caso con un reducido grupo de empresarios.

Allí, el político gallego hizo referencias a las clásicas preocupaciones de las organizaciones económicas, entre las que siempre figuran de manera destacada los impuestos. Y dejó claro que en ese asunto la política fiscal desarrollada por la Comunidad de Madrid, ahora presidida por Isabel Díaz Ayuso, pero también con sus antecesores, especialmente la pionera Esperanza Aguirre. Y que, aseguró, seguirá también el reciente vencedor en las elecciones andaluzas, Juan Manuel Moreno Bonilla.

Rebajas sistemáticas de impuestos en el camino de suprimir los de patrimonio y sucesiones. Dos de las bestias negras de los salones nobles catalanes y españoles, ajenos al debate político sobre si Madrid aplica dumping fiscal aprovechando los privilegios de la capitalidad. Y aunque la posición de Feijóo es conocida, a los empresarios siempre les gusta escucharlo en directo y de la propia boca de quien aspira a presidir el Gobierno.

Algún gran empresario le expresó al gallego su frustración por la inexistencia de un partido político catalán con capacidad de negociar en Madrid con PP y PSOE desde una perspectiva catalanista moderada. En suma, la añoranza de la antigua Convergència i Unió (CiU), un aggiornamento del clásico pujolismo. Coalición fenecida en la tormenta del procés y a la que de momento no se le ve recuperación conocida y con fundamentos suficientes.

Lejos de tomárselo como un asunto ajeno, Feijóo decidió coger el toro por los cuernos y planteó la pregunta de por qué no podía el PP ser ese partido catalanista. Echando mano de su propia trayectoria política, explicó que el galleguismo lo encarna ese partido conservador en su comunidad de origen, Galicia; como ahora lo está empezando a hacer también con el andalucismo desde la capital sevillana.

Vino a decir que él representa un nuevo PP que quiere recoger las diversas aspiraciones territoriales. Un recuerdo de su primera intervención en las jornadas del Cercle d’Economia y que tantas suspicacias despertó más allá del Ebro. Hasta el punto de que no se sabe ahora, qué piensa el mismo de su definición de Catalunya como nacionalidad.

La derecha española ha tenido siempre dos grandes agujeros negros en Catalunya y País Vasco. Y en momentos de auge en las encuestas o de bonanza gubernamental se ha planteado iniciativas para romper su techo en esos territorios, tan importantes demográfica y económicamente.

En el caso catalán, se han sucedido propuestas de integración del nacionalismo moderado en el partido conservador español. Lo hizo José María Aznar, el expresidente del PP, en el 2001, después de que su partido obtuviera el mejor resultado de su historia en Catalunya en las generales del 2000, cuando le propuso a Jordi Pujol que CiU tuviera ministros en su Gobierno. Luego tanteó de nuevo a Artur Mas para ir aún más lejos y crear una federación de partidos a la navarra o a la bávara. Una opa tan largo tiempo porfiada como fracasada.

Los nacionalistas catalanes aceptaron pactos, desde el del Hotel Majestic a otros puntuales en el Parlament y en el Congreso, pero nunca contemplaron formar parte del Gobierno central –aunque sí hubo dirigentes como Miquel Roca o Josep Antoni Duran i Lleida, que se lo plantearon aunque siempre estuvieron en minoría– ni de disolverse en una alianza con el PP.

Volviendo al presente, Feijóo ha mostrado estos días complicidad con las quejas empresariales por la baja inversión del Estado en infraestructuras en Catalunya y ha dibujado un perfil más regionalista que cualquiera de sus antecesores al frente del PP. Pero seguramente la mayoría de sus interlocutores piensan que eso no es suficiente.

Una alternativa política de centro en Catalunya no puede dejar de incorporar en su programa elementos centrales como el blindaje del catalán, la plena autonomía en ámbitos como la educación y un cambio sensible en la financiación autonómica. Las grandes líneas del primer Mas antes de la conversión soberanista.

Por si esto no bastara, una de las guías de actuación del mundo empresarial catalán desde el 2017 ha sido la recuperación de la estabilidad política –que considera prerrequisito de la económica–, algo que en buena parte pasa por cerrar las heridas del procés. Entre ellas, aunque no solo, el indulto de los presos políticos, medida aprobada por el Gobierno de Pedro Sánchez. Procesos en los que algunos líderes empresariales intervinieron personalmente delante del jefe del Gobierno, como fue el caso de Sánchez Llibre. Una resolución que en Catalunya cuenta con un amplio respaldo social y que, precisamente, el PP, además de Vox, ha recurrido ante el Tribunal Supremo.

(La ventana indiscreta, La Vanguardia, 10/07/22)

Improvisar un pacto de rentas (Josep Martí Blanch)

Parece que Sánchez ha decidido que lo que le rendirá es señalar buenos y malos

El respeto al ajedrez pasa por no utilizar los caballos como torres y los peones como alfiles. Al fútbol se le respeta no chutando los penaltis con las manos. Y al Parlament de Catalunya –no solo– cumpliendo con su reglamento. Veamos: “Artículo 25.4: En los casos en los que la acusación sea por delitos vinculados a la corrupción, la Mesa del Parlament, una vez sea firme el acto de apertura del juicio oral y tenga conocimiento, ha de acordar la suspensión de derechos y deberes de los parlamentarios de manera inmediata”. Aquí debiera acabarse el asunto Laura Borràs. Más aun cuando es ella quien, como presidenta de la Cámara, debe hacer cumplir las normas de funcionamiento del hemiciclo. Por eso el culo di ferro que quiere poner en práctica para mantenerse en la presidencia de la institución es, sin matices, antidemocrático; como lo es cualquier actuación que busque amparo en la convicción de que las normas y las reglas lo son para todos menos para uno mismo porque abandera ideales superiores. El reglamento dice lo que dice, y mientras así sea, Roma locuta, causa finita . Cualquier otra consideración, por elaborada que parezca, no atesora más valor que insistir en que ha llovido en el dormitorio para disimular lo que de verdad ha sucedido: que te has hecho pipí en la cama. Aunque lo cierto es que la agenda de guerra e inflación en la que nos hemos instalado –con los tambores del mal agüero pregonando ya la recesión futura– convierten en algo casi marginal según qué asuntos.

Cosas más serias las hay. Por ejemplo, si un ministro de Economía anuncia curvas complicadas para los próximos trimestres, den por seguro que el país debe prepararse para cruzar un desierto con las cantimploras más bien justitas. Nadia Calviño tocó la campana de alarma el lunes, tras reunirse con el Consejo Asesor de Economía, un órgano consultivo creado durante la pandemia. Calviño, la misma que hace un suspiro descartaba una inflación de doble dígito, se ha soltado del amarraje que la mantenía, aun siendo ministra, fiel al rigor de la tecnócrata euro­pea que había sido tanto tiempo. El mejor ejemplo de que la ministra actúa ya principalmente en clave política es la destitución del director nacional de Estadística (INE), Juan Manuel Rodríguez Poo. ¿No estás de acuerdo en que la previsión de crecimiento económico de España se ajuste tan a la baja? ¿Quieres controlar más de cerca la evolución oficial de la inflación? Cómprate un director del INE que sea más de tu agrado y que, sobre todo, se preste con más facilidad a seguir tus indicaciones.

Calviño camina ahora con agrado en compañía de la improvisación en asuntos que requieren mayor preparación y liderazgo. Ayer resucitó la idea del pacto de rentas en una reunión formalmente convocada para seguir con los agentes sociales –patronal y sindicatos– la evolución de los fondos europeos. Normal que los representantes de trabajadores y empresarios le afearan por igual la imprevisión sobre un asunto tan serio como el binomio salarios-inflación. Máxime cuando la primera empresa del país –la Administración– tiene deberes serios por hacer al respecto en lo tocante a incrementos salariales para funcionarios o las pensiones reindexadas al IPC.

Aunque lo peor no es la improvisación, ni siquiera la inacción, si lo que se pretende –más allá de las palabras– es un verdadero pacto de rentas que reparta equitativamente los costes del monstruo de la inflación y el más que probable frenazo económico. Lo peor es que parece que Pedro Sánchez ha decidido que lo que le rendirá electoralmente en el futuro es señalar buenos –él y los suyos– y malos –poderes económicos, periodísticos y políticos que solo piensan en los privilegiados (Indra no cuenta, y tampoco el grupo mediático que camina tan a gustito junto al Gobierno). De mantenerse en ese discurso, el pacto de rentas no podrá pasar de quimera, aunque la montaña acabe pariendo un ratón bautizado con ese nombre. Porque el pacto de rentas requiere actitud sacrificial por parte del Gobierno. Y Sánchez más bien parece que quiera sacarle rédito.

(Mar de fondo, La Vanguardia, 07/07/22)

Inflación y fiscalidad

Editorial

En una situación como la actual, no hay mejor decisión que un pacto de rentas

Una parte importante de las medidas aprobadas recientemente por el Gobierno para luchar contra la inflación son ayudas, directas o indirectas, a los ciudadanos (bonificación al gasóleo, reducción del IVA, bono de 200 euros, ayudas al transporte, incremento del ingreso mínimo vital, etcétera­).

Como ayudas que son, su coste lo pagamos a través de los impuestos. Por ello, éstas requieren un minucioso estudio.

En este contexto, creo que coincidiremos en que los principales beneficiarios han de ser las personas vulnerables, esto es, aquellas en riesgo de exclusión social.

Pues bien; una ayuda general, como la bonificación del gasóleo, es una medida no selectiva y regresiva al no discriminar en función de la renta de su beneficiario.

Lo mismo ocurre con la reducción del IVA a la electricidad y con las ayudas al transporte.

En cuanto al bono de 200 euros, se trata, en realidad, de una ayuda que no se dirige a los supuestos de exclusión social, entendiendo como tales los beneficiarios del ingreso mínimo vital, sino a las rentas inferiores a 14.000 euros siempre que no perciban el importe de dicho ingreso. Se trata, por tanto, de una medida selectiva, pero no progresiva, cuya única justificación es el nivel de rentas, pero no su vulnerabilidad en sentido “estricto”.

En este sentido, la medida más justa hubiera sido deflactar la tarifa del IRPF con efectos inmediatos a través de la disminución de los tipos de retención; medida que, además de ser progresiva, contribuye a no empobrecernos más a consecuencia de la inflación. No en vano, la inflación afecta a todos.

No olvidemos que el Gobierno se está beneficiando de la recaudación ‘caída del cielo’ consecuencia de la inflación, y cuyo destino ha de ser, también, cubrir el mayor gasto público que el Estado ha de afrontar.

Vinculado a este último, sorprende el silencio sobre él. El Estado, recordémoslo, tiene la obligación de gestionarlo con criterios de eficiencia, obligación que incumple sistemáticamente, y que exige el replanteamiento de muy diversas cuestiones, entre otras, la colaboración público-privada, la eficiencia en su gestión, su eficacia, etcétera. La ejemplaridad es sin duda la medida más eficaz que se puede adoptar.

Pero, además, en una situación de incertidumbre como la actual, no hay mejor decisión que un pacto de rentas entre todos los agentes sociales y económicos, pacto que ha de incluir al sector privado y al público.

No olvidemos, tampoco, que una parte importante de las dificultades que autónomos y pymes están hoy sufriendo obedecen a la inacción del Gobierno con relación a los déficits económicos que azotan a diferentes sectores; déficits cuyo origen son los deberes no hechos tras la crisis del 2007 y la de la covid.

En definitiva, unas medidas precipitadas y populistas, muy lejos del que ha de ser el objetivo: enderezar la economía y darnos la confianza y la seguridad que los ciudadanos no tenemos.

(La Vanguardia, 04/07/22)

La OTAN nos lleva a la recesión (Mariano Guindal)

La OTAN ha salido de Madrid con un mensaje contundente: Ucrania será la tumba de Putin.

Los mercados han interpretado que esto significa que la guerra se recrudece y que el mundo se dirige hacia una recesión global con altas tasas de inflación. Es decir, hacia una estanflación.

La incógnita será el otoño. Si Rusia cumple su amenaza y corta el suministro de gas a Alemania, paralizará la locomotora europea y, con ella, toda la economía de la UE. Vladímir Putin está dispuesto a convertir la guerra de Ucrania en una guerra económica mundial. En este escenario, España lo va a pasar muy mal porque es el país europeo que aún no ha acabado de salir de la recesión provocada por la pandemia.

El sentimiento de crisis empieza a extenderse, y el miedo cada vez es mayor. Pero hay un atisbo de esperanza. Las bravuconadas que hemos escuchado en boca de los dirigentes mundiales tal vez respondan a ganar ventaja en la mesa de negociación que tendría que empezar ahora. Es el momento de escenificar los órdagos. Putin ha reaccionado intensificando los bombardeos para tomar la iniciativa en el campo de batalla. Como dijo el romano Flavio Vegecio Renato en su obra De re militari , “el que desee la paz, que se prepare para la guerra”.

Por esta razón y no por otra, ambas partes tienen mucho que perder de alargarse el conflicto bélico sine die. Aunque solo sea por razones económicas, la paz es posible. Ambos bandos tienen mucho que perder. Por ello, tanto Putin como Zelenski no tienen más remedio que renunciar a obtener una victoria contundente sobre el enemigo. China y EE.UU. también se juegan mucho en el embate e intentarán forzar las cosas para que se llegue a un armisticio antes de que llegue el general invierno.

Pero aun en la hipótesis de que se llegara a un alto el fuego, las cosas no volverán a ser como antes. Aunque se acallen las armas, lo que está claro es que nos dirigimos a un escenario de guerra fría similar al que se produjo tras la Segunda Guerra Mundial. Eso significa pobreza, ya que la prosperidad se produce como resultado de la colaboración.

Por tanto, el sueño de una primavera económica como resultado de la revolución tecnológica y digital parece alejarse, tanto si el escenario es de guerra como si es de una paz cogida con alfileres.

Una Rusia derrotada y humillada como pretenden algunos países solo sería el preámbulo de una nueva guerra, como sucedió con Alemania tras la paz de Versalles. Y viceversa, un triunfo rotundo de Putin que acabe con Ucrania como nación solo acrecentaría las tensiones militares en el Este.

Los dos bloques están perfectamente diseñados. El G-7 formado por países con enorme riqueza financiera y tecnológica, además de su peso político y militar (Alemania, Canadá, Estados Unidos, Francia, Italia, Japón y Reino Unido). Por otra parte, los BRICS (Brasil, Rusia, India, China y Sudáfrica), que concentran buena parte de la población y de las materias primas. Lo sensato no sería el enfrentamiento, sino la colaboración entre ellos para diseñar una nueva globalización más justa y equilibrada que ha desaparecido con la guerra de Ucrania.

En esta situación de alta tensión no se ha escuchado ningún llamamiento a resolver los conflictos bélicos por vía diplomática. Tampoco se ha producido ninguna propuesta de colaboración de cara al futuro.

España se ha alineado con los países ricos, como no podía ser de otra manera, de acuerdo con las resoluciones de la OTAN. Para Pedro Sánchez este es el camino que nos conduce a un nuevo periodo de paz y prosperidad en el mundo, aunque le va a costar convencer a sus aliados y votantes de que es la mejor opción.

(Las claves del poder, La Vanguardia, 03/07/22)

“¡Presidente, por la izquierda!” (Isabel Garcia Pagan)

La abogacía del Estado acusa a decenas de ex cargos de ERC y Junts; un paso al lado podría ayudar a "desjudicializar"

En Junts, ni siquiera hay unanimidad sobre si la caída de Borràs por falta de apoyo de ERC justificaría una salida del Govern


Un presidente en el Camp Nou, pero sin fútbol.- Entre las asignaturas pendientes de los presidentes del Gobierno con Catalunya está acudir a un partido del Barça en el Camp Nou. A José María Aznar y Mariano Rajoy la afición por el Real Madrid, el juego en el campo y del palco, los delataba. “Veré el partido, pero no iré al Camp Nou, tengo lío…”, llegó a declarar Rajoy para escurrir el bulto. Pero ni siquiera José Luis Rodríguez Zapatero, culé confeso, acudió al templo blaugrana a pesar de las invitaciones de la directiva para clásicos y partidos de la Champions. Ha sido Sánchez, seguidor del Atlético y cholista –partido a partido–, quien saltó al césped tras un chaparrón para una cena a la que no se quedó. Sánchez puede no ganar la Liga, pero ha llegado a la final de la Champions gracias a la cumbre de la OTAN

Schinas y el 'famoso' salón Daurat.- Hacía siete años que un vicepresidente de la Comisión Europea no entraba en el Palau de la Generalitat. De hecho, Margaritis Schinas, miembro del PP europeo, había sido especialmente crítico con el independentismo como portavoz de la Comisión. El jueves, no solo certificó la normalización de las relaciones con el Gobierno catalán, sino que pidió visitar la sala del Consell Executiu que, según explicó, tantas veces había visto en fotografías e imágenes de televisión durante el procés. El president Aragonès lo condujo al salón Daurat, presidido por el mural de Antoni Tàpies Les quatre grans cròniques. El pintor catalán ilustró en 1989 la primera presidencia española de la UE. Sánchez quiere acabar la legislatura con la próxima, en el segundo semestre del 2023


Tras el castigo electoral autoinfligido en Andalucía, a Sánchez y el PSOE les tocaba “pisar el acelerador” para avanzar por la izquierda: prórroga del plan anticrisis, cheque energético, ley trans… Por la izquierda engrasa la relación con Unidas Podemos y lo intenta con sus socios de legislatura, aunque ERC se resiste tanto en la ley de Memoria Histórica como en la ley de vivienda. Se pasa página a las críticas en casa por los muertos en la valla de Melilla con las alabanzas internacionales de los socios de la OTAN. Y vuelta a empezar, porque el frente interno es inestable y aumentar el gasto en defensa tiene difícil digestión y te liga a la derecha.

Sánchez se aferra a la legislatura y ERC ha decidido asumir riesgos en solitario. Explorar si todavía existe algún camino que transitar junto al PSOE para que la estrategia lanzada por los republicanos en noviembre del 2017 no entre en colapso. A pesar de la ausencia de menú en la mesa de diálogo, del caso Pegasus, de la falta de ejecución de las inversiones, la infidelidad con la ley del audiovisual… “Nos necesitan más que nunca”, esgrimen en ERC así que el objetivo de los equipos de Félix Bolaños y Laura Vilagrà es comprobar qué puede dar de sí el nuevo diálogo.

No es un volver a empezar, la confianza está rota y ERC necesita, ahora sí, un dead line para no quedar atrapado antes de unas elecciones municipales en las que ha señalado al PSC como contrincante. Con la cumbre de la OTAN superada, las oficinas de Sánchez y Aragonès buscan fecha para un encuentro que debería ir precedido de algún acuerdo sobre la denominada “desjudicialización”. La vista no está sólo puesta en las causas pendientes de los líderes independentistas, sino, sobre todo, en las que afectan a decenas de cargos y excargos de la administración en la pasada legislatura y que se instruyen en los juzgados 13 y 18 de Barcelona.

La abogacía del Estado está personada en ambos juzgados apuntalando la investigación por malversación aunque lo que se reclame a algún imputado sea 300 euros y no haya ningún daño ni perjuicio a la administración general del Estado. Un paso al lado dejaría al fiscal y Vox solos en la acusación y podría considerarse un gesto en favor de la desimputación de muchos de los investigados. En la actual causa abierta en el Tribunal de Cuentas, la abogacía del Estado dejó correr el plazo sin presentar demanda, y, aunque se vendió como parte de la agenda del reencuentro, lo cierto es que, ya por el 9-N, Margarita Mariscal de Gante admitió que nunca debió ser parte acusadora.

La congelación de relaciones Gobierno-Generalitat no puede cronificarse y ERC ha decidido seguir ocupando espacios por incomparecencia de sus socios. El lunes no había representación posconvergente de primer rango en la cena de PIMEC en el Camp Nou y los consellers continúan eludiendo la relación con ministros y secretarios de Estado, lo que deja en manos de ERC la presencia pública en foros tradicionalmente ligados a Convergència.

ERC avanza con Junts en sus líos. El TSJC pone en jaque la carrera de Laura Borràs a las puertas del congreso del partido y un juicio por su gestión al frente de la ILC podría caer en torno a las municipales. Junts defiende a su presidenta y la dirección de ERC se debate entre marcar perfil o dejar que los humos de Borràs se sofoquen con hechos. Tras el caso Juvillà, llega la anulación del voto delegado de Lluís Puig, diputado del Parlament desde Bruselas; y luego, su propia suspensión. Corrupción y represión riman pero no son sinónimos y ni siquiera en Junts hay unanimidad sobre si la caída de Borràs por falta de apoyo de ERC justifica salir del Govern. Aragonès tiende puentes y también puede mirar a la izquierda.

(La Vanguardia, 02/07/22)

El gas que va a Marruecos viene de Estados Unidos (Enric Juliana)

Rabat ya tenía asegurado el suministro cuando se produjo el drama de la valla

El gas que desde el pasado martes España envía a Marruecos viene de Estados Unidos. El primer cargamento de gas licuado norteamericano con destino al reino alauí fue descargado en la planta regasificadora de Bilbao para su posterior inyección en la red, rumbo al sur. El martes a media tarde, el contador del gasoducto Magreb Europa dejó de estar a cero, a medida que el combustible atravesaba el estrecho de Gibraltar.

El Magreb Europa estaba en el cero desde el pasado mes de noviembre, cuando Argelia decidió dar por agotado el contrato de explotación del gasoducto, para dejar a Marruecos sin gas, a la vez que enviaba una advertencia a España, que se quedaba con una única vía de gas argelino: el gasoducto Medgaz, que discurre por el mar de Alborán en dirección a Almería.

Marruecos nunca pidió a España que le revendiese gas argelino. Argelia había sido taxativa al respecto: “¡Ni una molécula de gas argelino para Marruecos!”. Las autoridades marroquíes llevaban semanas buscando un proveedor en el mercado internacional y no les resultó fácil encontrarlo. El mercado de gas natural licuado (GNL) está saturado por una intensa competición entre los países asiáticos y los países europeos que buscan nuevos contratos para disminuir cuanto antes su dependencia de Rusia. El invierno que viene puede ser muy duro, puesto que no habrá suficiente GNL para todos si Rusia cierra el suministro en el momento en que las reservas europeas empiecen a bajar. (Reservas que ahora se están rellenando, con maniobras rusas para dificultarlo). Nos vamos a acordar del invierno del 2023.

Activemos la memoria. Cuando el viernes de la semana pasada se produjo el sangriento incidente junto a la valla de Melilla, Marruecos ya tenía resuelto el suministro de gas, que utilizará para la producción de electricidad. Con las espaldas cubiertas por Estados Unidos tuvo lugar la batalla campal junto a la valla de Melilla. Imágenes terribles que inmediatamente corrieron como la pólvora por las redes sociales. Mensaje a la inminente cumbre de la OTAN en Madrid: si la inmigración irregular, azuzada por fuerzas externas, se incorpora al catálogo de amenazas para el bloque democrático occidental, Marruecos cumple. Marruecos es estabilizador del bloque OTAN.

Interesado en no contrariar a Marruecos, al recibir las primeras noticias de Melilla, Pedro Sánchez enfatizó la amenaza que suponen las mafias, defendió la labor de la gendarmería marroquí y se olvidó de lamentar las muertes. La información era confusa. No atizó sus palabras en las 48 horas siguientes, cometiendo un grave error de comunicación política. Su primera condolencia apareció en la entrevista al presidente publicada el pasado lunes por La Vanguardia. El martes, empezaba el envío de gas a Marruecos por el Magreb Europa bajo el paraguas de la asamblea general de la OTAN. Argelia aún no ha dicho nada.

Mientras el gas norteamericano fluía hacia Tánger, Sánchez agradecía en Madrid al presidente Joe Biden la buena predisposición de Estados Unidos para la venta de gas licuado a España, con la consiguiente reducción de la dependencia energética de Argelia.

(Buena parte del gas licuado norteamericano que ahora llega a España fue contratado hace años por Naturgy a buenos precios, según fuentes conocedoras del sector. Hasta ahora, Naturgy comerciaba con ese gas en el mercado internacional).

(Análisis, La Vanguardia, 01/07/22)

Hace falta otra OTAN (Fernando Ónega)

Retales.-

10,2.- Lo malo de una inflación de este nivel es que hay mucha gente (no sabemos cuánta, pero pueden ser millones) que deja de comprar o limita sus compras. Si se deja de comprar, se reduce el consumo. Y si baja el consumo, vamos a la recesión

Plan.- El último plan del Gobierno para aliviarnos por la inflación es tan generoso como corto. La generosidad se mide por el dinero: un euro al día a cada vulnerable para comer. La duración es clamorosa: una semana después de aprobado ya hay que pensar otro

Exclusión.- Los conceptos se desgastan por su uso. Sospecho que el de “exclusión social” también. Si fuese cierto que el 30% de la sociedad está en esa situación, sería el gran fracaso de este país. Y el riesgo de una dura revuelta popular

Sueño.- ¿Cuál es el nuevo sueño de Pedro Sánchez? Que el próximo debate sobre el estado de la nación corone su éxito en la cumbre de la OTAN y empezar ahí la recuperación. Sobre todo, porque no tendrá delante a Feijóo

Borràs.- El procesamiento de Laura Borràs sería un hecho normal en cualquier lugar de España si hay indicios de delito. En Catalunya, y siendo independentista y presidenta del Parlament, no sé si será un caso de represión

Precios.- Alguien tuvo la curiosidad de conocer cuál es la pregunta más frecuente en las cajas de los supermercados. Y lo supo; últimamente es esta: “Señorita, ¿no se habrá equivocado?”


El cronista empezó a seguir la cumbre con curiosidad: al fin y al cabo, como dijo el rey Felipe, nunca se habían visto juntos en España a tantos líderes políticos. La siguió mirando como un espectáculo: este país monta bien estas ceremonias, porque tiene mucho que enseñar y sabe cómo tratar a los turistas. Se admiró de cómo el poder americano sigue seduciendo, aunque es una seducción cada vez más limitada al ámbito militar. Y comprobó cómo Felipe VI y la reina Letizia y Pedro Sánchez y su esposa Begoña Gómez son de lo más exportable que tenemos. Felicidades. La exhibición y la promoción turística han sido notables.

Todo lo demás resultó altamente inquietante. La incorporación de Suecia y Finlandia es un triunfo de la Alianza Atlántica, pero también el final del neutralismo: parece que entramos en una etapa de la humanidad en la que hay que estar en un bando u otro. Y esos bandos no son inocentes: tienen armamento nuclear. Igual que la política interna, el mundo sale más polarizado de la cumbre de Madrid.

En las resoluciones se cuida el lenguaje, pero cada información emanada de la cumbre sonó como la preparación para la guerra: cientos de miles de soldados frente a la Rusia proclamada como amenaza; aumento de los presupuestos militares de los países miembros; más presencia americana en Europa; acusaciones mutuas de país o de bloque agresivo… Desapareció la diplomacia como referencia, se habla el lenguaje de la fuerza, se provoca a Putin –“no vas a ganar”, le dijo Pedro Sánchez—y no se puede decir que se le haya tendido ningún puente. Se puede desmentir que la OTAN sea una organización política gobernada por diplomáticos. Es una organización supranacional que habla lenguaje militar.

Al ver cómo se trata, tan descuidadamente, el problema de las migraciones y se cae en el tópico de la migración ordenada, resulta evidente que hace falta otra OTAN; una OTAN-bis que entienda que no es habitable un mundo con 80 millones de refugiados; que no reclame dinero para tanques, sino para dar de comer a los 50 millones de africanos que la hambruna está matando o va a empujar como una invasión hacia el flanco sur en que están las fronteras españolas. Y, hablando de esas fronteras, este cronista no tiene claro que la OTAN se comprometa a defender Ceuta y Melilla. ¿De quién? ¿De Marruecos? En caso de agresión, se haría en nombre de la integridad territorial. De Marruecos, por supuesto.

Al final está claro que la OTAN salió de Madrid más fuerte y más unida. Pero dibujó un panorama del mundo donde todo puede ocurrir y por tanto todo va a ocurrir, aunque no sepamos cuándo ni dónde. Y, a efectos internos, reabre la duda de si es viable la coalición de izquierdas que gobierna. Vale que haya diferencias de criterio sobre cuestiones sociales o política económica: son partidos distintos. Es poco presentable que no puedan hacer entre ellos una política de defensa. Y es para estudiar que, para mantenerse unidos, tienen que montar una investigación de los crímenes del franquismo mientras que, para la gran política de Estado, Sánchez tiene que buscar el apoyo de Feijóo.

(Transbordo, Moncloa, La Vanguardia, 01/07/22)

¿El fin de la mayoría plural? (Josep Ramoneda)

En política, no hay peor error que negar lo evidente. Hace cuatros años los socialistas llegaron en cabeza en Andalucía, ahora el PP les saca 700 mil votos. Si Sánchez se resiste a darse por enterado su suerte está echada.

Empecemos por Andalucía: en 2018, con la alianza con Ciudadanos, el PP acabó con una hegemonía de los socialistas que parecía intocable. La cara visible de la pérdida del feudo fue Susana Díaz, último representante de la vieja guardia socialista, a la que Pedro Sánchez derrotó en las elecciones para la secretaria general del partido, poniendo fin a una época. Sobre la turbia herencia socialista se montó Moreno Bonilla que, sin estridencias, ha sido capaz de reformar y ampliar las estructuras territoriales del gobierno andaluz de probada eficacia clientelar. Y ha tenido premio. Con tres factores añadidos que cambian el panorama: la anunciada desaparición de Ciudadanos, que confirma el destino de los partidos construidos sobre un solo tema –en este caso el furor antiindependentista- y devuelve al PP un espacio que le había quitado; la frenada de Vox, que aligera a Feijóo del debate sobre las alianzas con la extrema derecha; y el ridículo de la extrema izquierda empantanada una vez más en la psicopatología de las pequeñas diferencias entre personajes que creen que cambiarán el mundo por su cara bonita.

Traslademos este retablo a España y a Cataluña. No hay duda que la virtud de Pedro Sánchez es el sentido de la oportunidad. Le ha dado grandes dividendos: se cargó a la vieja guardia del PSOE que creía haberle liquidado, ganó la presidencia del Gobierno captando el momento de la moción de censura y creó una mayoría plural que contra muchos pronósticos está a un año de completar la legislatura. Pero, ahora mismo, se nota la dificultad de Sánchez para convertir en proyecto su perceptibilidad. Y, sin embargo, la mayoría plural es una magnífica expresión de diversidad que merecería ser cuidada. No es fácil, porque la extrema izquierda no tiene paciencia y se agita permanentemente contra sí misma, entre egos y doctrinas, y porque la articulación de los nacionalismos periféricos requiere un complejo ejercicio de autoridad –para que el país acepte determinados acuerdos- y de confianza –en un espacio de fundados recelos-. La realidad es que las divisiones en Unidas Podemos ya aparecen imparables y el independentismo está en el momento del vivo sin vivir en mí. Cuesta deshilvanar el ovillo del procés, cuando ya nadie niega que el programa de máximos queda lejos. A Sánchez le falta la osadía para dar algunos pasos que podrían dar estabilidad y confianza.

Con Andalucía, Feijóo consigue esconder la parte fiera de la derecha que Casado y Ayuso exhibían desvergonzadamente. Pero Pedro Sánchez se equivocaría si interpreta que estamos ante el retorno del bipartidismo y se plantea su estrategia cómo soltar lastre (de la izquierda y de los nacionalismos). Sólo mirando al centro el PSOE tiene poco recorrido.

(El País Catalunya, 21/06/22)

Cuando éramos reyes (Pedro Vallín)

Los hechos se insertan en los tiempos, que les dan color, textura y relevancia. El acto de presentación del libro Pedro Sánchez (Había partido: de las primarias a La Moncloa), cuyo autor es el presidente del CIS, José Félix Tezanos, fue ayer un acontecimiento extraño y hay que reconocer que, con toda seguridad, hace dos semanas no lo habría sido. El libro, relato de la caída y resurrección política de Sánchez, de la que Tezanos fue testigo y artífice –formó parte del pequeño grupo de confianza con el que Sánchez derrotó a la estructura de su propio partido–, narra una historia “que no ha sido contada”, decía el ministro de Presidencia, Félix Bolaños, la de cómo se construyó una presidencia, explicó el autor, en torno a tres pilares: el liderazgo, las plataformas de militantes y un programa de acción que debía regenerar el recetario socialdemócrata para conservar la hegemonía en el progresismo español. Para no acabar, mencionó el ministro, como otros partidos socialdemócratas europeos. Aquella aventura, rememoraba ayer en la sala de columnas del Círculo de Bellas Artes la vicesecretaria general del PSOE, Adriana Lastra, “fue la época más feliz de mi vida”.

Pero el acto, muy concurrido y con otros dos ministros como testigos, Miquel Iceta y Carolina Darias, caía en la agenda justo después del cambio de rasante andaluz, un aldabonazo para las fuerzas progresistas integrantes del Gobierno de coalición. El calendario adjetiva, y ayer se dejaba notar en el ambiente del pleno del Congreso, que se celebraba a la vez que Tezanos, Bolaños y Lastra entonaban su elogio al presidente Pedro Sánchez, –un líder “valiente”, “determinado”, “audaz”–, y en el que parecía prender cierta postración, si no fatalismo, respecto a lo venidero.

Así que, de pronto, todos los detalles del acto festivo sonaban a baile postrero, a remembranza de aquel momento prodigioso en que todo parecía posible. Y así, las escenas y las voces acudían ayer con la reverberación de una gramola abandonada en un salón de baile vacío, o con el eco lejano de una romería en la que una orquesta con nombre de ave marina entona un repertorio antiguo y otrora imbatible. La propia conjugación en pretérito del título del volumen –“había partido”–, la inhabitual camisa de cuadros que luce Sánchez en la portada o el entusiasmo de los intervinientes sonaban distinto, sin brillo, amortiguados por un tiempo nuevo y peligroso.

El recurso literario del extrañamiento consiste en eso, en introducir un elemento que rompe la armonía de los días, abrir una grieta a lo real por la que se cuela cualquier imposible que sirva para poner de relieve la fragilidad de lo cierto y la condición volátil de aquello que se antoja inmarcesible. La sima meridional estaba ahí, atravesando el salón, aunque la parroquia se comportaba como si no estuviera. Quizá ese silencio fuera lo más extraño.

Sabemos por el efecto Doppler que un objeto que se acerca suena brillante y agudo, y si se aleja, se oye sordo y grave. Tezanos aseguró que Sánchez, ausente del acto, volverá a brillar cerca del treinta por ciento. Luego, un vino español, entre risas bulliciosas, en un hall de techos altos.

(La Vanguardia, 22/06/22)

“Johnny Ganador”: el discurso de odio que pone (aún más) en duda a las víctimas de violencia de género (Jordi Elgström)

Jordi Elgström es psicólogo y terapeuta de hombres que han ejercido violencia, Co-coordinador del proyecto Hombres Contra el Patriarcado

Violencia machista

La realidad es que bajo esta sentencia (y las reacciones a la misma) se esconden unas premisas muy peligrosas, que puede derivar incluso en un retroceso en la lucha contra la violencia de género

Con anterioridad ya se había celebrado un juicio en Inglaterra donde se demostró y probó que Johnny había llegado a agredir físicamente a Amber en, como mínimo, 12 ocasiones

En ambos juicios, Amber ha presentado pruebas de que Johnny la agredió físicamente: partes médicos, audios, fotos, videos, testimonios de terapeutas y de testigos directos, pero en este caso no parecen haber influido mucho en el veredicto del juez

El juez no ha sentenciado que Johnny sea inocente de ejercer violencia. Lo que ha decretado es que no hay evidencia suficiente para declarar públicamente que era un agresor y por lo tanto que se le ha difamado

Una mujer que ha sido víctima de agresiones (algo demostrado) es insultada por millones como arpía sin escrúpulos. Un hombre que ha sido demostrado como autor de varias agresiones físicas (aunque él también haya podido ser agredido) es alzado como figura dócil e inocente

Se pueden contar en miles los videos (millones de visitas), carteles, fotos y comentarios donde no solo insultan y desprecian a Amber, sino que insultan y justifican que se pueda volver a agredir a la a la actriz

Si se busca “mentiras juicio Johnny Depp” solo aparecen páginas exponiendo las mentiras de la propia Amber y en ningún caso las de Johnny, que hay hasta 83


Ya ha salido la resolución del famoso juicio entre Johnny Depp y Amber Heard, sobre el que ya se habló en esta sección. Y la inmensa mayoría de los medios abren con la misma portada: “Johnny ganador”. Las redes hierven haciendo sonar sus campanas de victoria y aplaudiendo la resolución. Twitter se llena de la famosa frase recitada por el actor en la película de Piratas del Caribe: “Siempre recordaréis este día como el día en que casi atrapáis a Jack Sparrow”.

Pero esperad un momento. Pongamos pausa a todo este bullicio y miremos más en detalle las implicaciones de todo esto. ¿Qué significa que Johnny es ganador? ¿Qué ha ganado? ¿Es realmente inocente? ¿Los medios de comunicación y las redes están jugando algún papel?

La realidad es que bajo esta sentencia (y las reacciones a la misma) se esconden unas premisas muy peligrosas, que puede derivar incluso en un retroceso en la lucha contra la violencia de género.

- Antes que nada.

Primero un poco de contexto: se ha celebrado un juicio donde Johnny acusa a Amber de difamación porque esta, en una ocasión, dijo públicamente que el actor era un maltratador. A tener en cuenta que este no es un juicio donde se decida si Johnny ha agredido a Amber o no, sino si la actriz puede acusarlo de maltratador públicamente. Parece un pequeño detalle, pero es una información muy importante a tener en cuenta.

Con anterioridad ya se había celebrado un juicio en Inglaterra donde se demostró y probó que Johnny había llegado a agredir físicamente a Amber en, como mínimo, 12 ocasiones. Por ejemplificar estas agresiones encontramos: “Junio de 2013, el actor ataca a Amber y le tira cristales y le rompe su vestido”, “junio de 2015, Depp pega a Amber y la hace caer al suelo y la fuerza a levantarse gritándole”, o “agosto 2015 Depp empuja a Amber contra la pared agarrándola por el cuello”. Son unas acusaciones como mínimo escalofriantes y difícilmente justificables.

Volviendo al juicio de difamación, de igual manera se ha podido demostrar que Amber agredió a Johnny en varias ocasiones. Las agresiones no son justificables, pero si que puede ponerse sobre la mesa un debate sobre las mismas. ¿Forman parte de una dinámica relacional violenta? ¿Podría ser una reacción como víctima de abuso? ¿Es sencillamente injustificable?

En ambos juicios, Amber ha presentado pruebas de que Johnny la agredió físicamente: partes médicos, audios, fotos, videos, testimonios de terapeutas y de testigos directos, pero en este caso no parecen haber influido mucho en el veredicto del juez. Los abogados de Johnny argumentaron que Amber se lo había inventado todo y que ha estado un plan orquestado durante años con el propósito de joderle la vida a Johnny Depp. Presentan a Johnny como inocente total, víctima de las circunstancias y de una mujer que le ha metido en un problema.

- El veredicto del juez.

Se hace difícil de creer que Johnny resulte ahora un ser frágil perdido en la injusticia cuando no solo ha declarado haber dicho (y admitido en el propio juicio) que “violaría el cadáver de Amber y después lo quemaría”, sino que además ya ha sido, literalmente, demostrado que agredió físicamente a Amber en múltiples ocasiones. Es difícil de entender que en una situación así alguien pueda quedar eximido de cualquier responsabilidad.

Pero pese a todo, vistas las pruebas, el juez ha decretado que no es legítimo o que no está probado que se pueda considerar a Johnny como maltratador. Y por lo tanto gana la causa al aceptarse que esas declaraciones que hizo Amber le difaman.

Queda plantearse por qué el juez considera que a Johnny no se le puede tachar de agresor. ¿Puede ser que el juez haya podido pensar que ha sido una pelea de pareja y por eso no se puede considerar que Johnny sea un maltratador sino que, en todo caso, ambos lo son? Podría ser interesante entender la perspectiva y conocimientos de género que tiene este juez para poder hacer una mejor valoración.

Todo esto nos tiene que llevar a entender que el juez no ha sentenciado que Johnny sea inocente de ejercer violencia. Lo que ha decretado es que no hay evidencia suficiente para declarar públicamente que era un agresor y por lo tanto que se le ha difamado.
El peso patriarcal del juicio (social)

Puede parecer que estoy defendiendo la integridad de Amber frente a la maldad de Johnny. Ella también ha agredido y de esto no parece haber dudas. Con esto no pretendo justificar o eximir responsabilidad a Amber (que incluso se demostró que pudo haberse inventado agresiones), sino poner en relevancia el discurso social que se ha generado posteriormente. Una mujer que ha sido víctima de agresiones (algo demostrado), es insultada por millones como arpía sin escrúpulos. Un hombre que ha sido demostrado como autor de varias agresiones físicas (aunque él también haya podido ser agredido), es alzado como figura dócil e inocente. Esto sí que me parece bastante grave y peligroso y puede tener unas implicaciones mayores.

Y aunque os pueda parecer una exageración, nada más alejado de la realidad. Al margen del juicio penal se ha construido un juicio social, donde se han esgrimido en redes incontables argumentos. Se pueden contar en miles los videos (millones de visitas), carteles, fotos y comentarios donde no sólo insultan y desprecian a Amber, sino que insultan y justifican que se pueda volver a agredir a la a la actriz. Un juicio social que ha sido saturado por un activismo neomachista, por un ejército de machistas memeros y de cuentas masculinistas que han marcado fuertemente el tono del debate.

Es un discurso tremendamente perverso, donde se puede justificar que se pueda agredir a una víctima de agresiones. Y no es una casualidad, es el patriarcado y su discurso entrando en la retórica social. Y está entrando fuerte: hasta el propio Donald Trump Junior se ha sumado en Twitter a la ola del “not all men”.

“Not all men” o “no todos los hombres” es una estrategia retórica que a partir de expresar que no todos los hombres son patriarcales y violentos, pretende fortalecer la idea que la violencia de género es cuestión de individuos y no de una estructura sistémica patriarcal que influye en todos los hombres.

Es un discurso que puede parecer muy amable, pero es muy peligroso. Y se puede apreciar claramente en este caso, de hecho, de tal manera se ha pervertido el discurso en los medios y las redes que si se busca “mentiras juicio Johnny Depp” solo aparecen páginas exponiendo las mentiras de la propia Amber y en ningún caso las de Johnny —que hay hasta 83 y se recogen en este artículo: 83 Times Johnny Depp Lied Under Cross-Examination - The Geek Buzz—. Parece que hasta el algoritmo esté a favor de este discurso.

Ha habido mucho ruido en este caso porque es una oportunidad para la masculinidad hegemónica de demostrar su “not all men” y ya sabemos que el patriarcado aprovecha cualquier pequeña oportunidad. Pero es importante que podamos ver los grises y entender situaciones complejas.

La gran preocupación es que este discurso pueda acabar afectando aún más a la credibilidad de la víctimas de agresiones machistas, que ya tienen dificultades para hacerse creer (aunque intenten hacer creer lo contrario). Si ya se encontraban trabas anteriormente, ahora con un discurso como este en la espalda puede implicar un pequeño retroceso en la lucha contra la violencia de género. Tiempos difíciles para ver ciertas situaciones con mayor perspectiva. Pero es que esto a lo que nos enfrentamos, amigos; esto es el patriarcado.

(Masculinidad en demolición, El Salto, 05/06/22)

La otra desmovilización (Jesús Lens)

De repente, cambian tus prioridades. Es romperse el móvil y entras en una espiral de caos y paranoia. Sobre todo si estás solo, es domingo y no puedes guasapear. ¿Pensarán que te ha dado un patiburrio? En realidad, a nadie le importa una higa que lleves 15 horas sin estar en línea. Sin el móvil no eres nadie. Con él tampoco es que seas gran cosa, pero esta desmovilización me resulta mucho más preocupante y angustiosa que la del 19J. He escrito unos cuantos mails explicando la situación, ¿pero quién va a leer un correo electrónico un domingo de primavera? De momento, son como las botellas de un náufrago echadas al mar. ¿Hola? ¿Hay alguien ahí? Como no había quedado para hacer nada concreto ayer domingo, nadie me echó de menos. “Estará durmiendo, o con sus folletaícas”, será lo más que haya pensado alguien, en el mejor de los casos. Y razón no le faltará.

Mando más mails para confirmar las citas de mañana y el punto de recogida, dado que no puedo enviar ubicación. Remito mensajes directos a través de las redes sociales indicando que hagan el favor de leer los correos electrónicos, por favor. Pero ni caso. Con el móvil roto no recuerdo un solo número de teléfono al que llamar, dado que no conservo ninguno en la memoria (cerebral) ni tengo los más importantes anotados en papel. Craso error. ¿Existirán las Páginas Blancas en internet? Siento el impulso de tuitear que estoy más desmovilizado que los votantes de izquierda, pero me da vergüenza, no vaya a parecer que quiero que me hagan casito. Me he quedado sin mis fotos, espero que circunstancialmente. 23.000 o por ahí creo que tenía. ¿Copia de seguridad? ¿Sincronización? ¡Amos anda! Toca recordar, sin ver. Desmovilizado, he perdido un montón de aplicaciones, pero también he ganado algo importante: tiempo. Las horas dedicadas a hacer el farfollas con el móvil las empleo en leer prensa atrasada, ordenar libros y papeles y mirar a las musarañas. Me echaré la siesta del carnero, veré alguna película después de comer y escribiré. A medida que pasan las horas, la sensación de paranoia va menguando. De hecho, lo único que ya me preocupa es saber cómo haré para despertarme mañana temprano.

(Ideal, 06/06/22)

José María Corpas, conciliador, templado y muy humano (Juan Luis Ruiz-Rico Díez)

Juan Luis Ruiz-Rico Díez es director de los servicios jurídicos de la Universidad de Granada (UGR)

José María Corpas era un abogado conciliador, templado y muy humano. Todos los que lo hemos tratado profesionalmente en la Universidad de Granada coincidimos en ello y, en mi opinión, ésos son adjetivos que dicen mucho de cualquier persona pero, sobre todo, de un abogado. José María comenzó a colaborar con nuestro departamento jurídico en la UGR como letrado externo en 2012, lo que nos da una década de trabajo conjunto y, sin duda, especialmente agradable. En principio, su cometido era colaborar con el gabinete jurídico de nuestra universidad en asuntos laborales y de lo contencioso aunque en los últimos años se centró en estos últimos.

Una década de colaboración que son en realidad diez años de relación estrecha y continuada. Cada viernes por la mañana, ése era generalmente el día elegido por José María, él se acercaba a nuestro gabinete jurídico. Y ahí, a las puertas del fin de semana, José María y yo trabajábamos juntos en la preparación de los asuntos próximos. Ahora que me toca recordarlo, quiero valorar su profesionalidad y, por encima de todo, su integridad. Siempre tenía un planteamiento adecuado y proporcionado. Siemrpe buscó, y se lo tomaba muy en serio, la defensa de los intereses de nuestra universidad pero, igualmente, siempre mantenía la postura de no ir más allá de lo necesario, la de no avasallar a nadie. Nos defendía con profesionaldiad y eficiencia, pero no a costa de todo ni de arrollar al contrario. En eso consistía su buen hacer a la hora de trabajar y de diseñar estrategias, tener siempre un tono conciliador y poner de manifiesto su humanidad.

Nuestro servicio jurídico, por supuesto, pero sobre todo la comunidad universitaria granadina en su conjunto lamenta la pérdida de un ser excepcional, de un servidor público íntegro y, en lo que nos afectaba más cerca, de un profesional comprometido con la ética y la templanza, unos valores que siempre son necesarios. Echaremos de menos a José María y a todo lo que representa.

(Ideal, 14/05/22)

¿Se nos ha desmadrado el erotismo? (Carlos Asenjo Sedano)

Lo erótico (amor), en términos greco-latinos, y más vulgarmente conocido y manejado como sexo o sexualidad, es una cualidad, vocación o exigencia de la naturaleza humana puesta ahí fundamentalmente con fines procreativos. La multiplicidad o multiplicación de las especies vivas podía haberla ordenado Dios o la Naturaleza de otra forma, pero es el caso que lo tuvo a bien organizarla de esta manera, para nuestro bien o mal, que esto no se sabe, quizá porque era la más eficiente, fácil y práctica. Así no sólo en la especie animal, sino incluso, a su manera, en la especie o reino vegetal, la realidad misteriosa de este proceso no sabemos su qué ni su porqué.

El erotismo, pues, pertenece a una de las grandes claves misteriosas de la creación, evidentemente con un fin procreacional, o reproductivo, y para lograr tal fin lo adornó de un baño de concupiscencia al objeto de rechazar las consecuencias, casi todas malas, que se derivan de todo erotismo, tan grato como trágico. De ahí que toda alteración de esa ley natural, divina, aunque deba ser aceptada por mantener vivas las especies, siempre debe situarse entre las exigencias del orden natural. Sin erotismo no habría humanidad, y sin humanidad no merecería la pena la creación.

Que "a" siempre ha ido faltamente tras "b", o a la inversa, es un destino fatal que pertenece pues al orden natural de la creación, y por ello un fenómeno hecho inevitable desde el mismo principio de los tiempos, pues tiempo y erotismo son dos circunstancias conexas. No hay tiempo sin erotismo ni erotismo sin tiempo y espacio, de tal manera que sin el entramado de estos tres fenómenos quizá la creación sería imposible, y sus desviaciones, desde la prostitución a la homosexualidad en cualquiera de sus variantes 'contra natura', inevitables por la misma lógica desviacionista de la naturaleza creacional, son atentados contra esa ortodoxia perseguida evidentemente por el creador.

Pero dicho esto, lo que aquí queremos remarcar es el fenómeno aterrizado -sí, aterrizado- actualmente en casi todas las sociedades humanas del uno al otro confín geográfico. La desmedida, el exceso sexual hoy desatado por doquier. La monstruosidad que va tomando esa figura del erotismo en toda nuestra sociedad. Lo que hasta hace más o menos unos cincuenta años era un proceso o fenómeno normal, hete aquí que ahora se ha convertido, o está en vías de convertirse en un fenómeno monstruoso que ha traspado las exigencias de la concupiscencia creacional para transformarse en un fenómeno de criminalidad. Y así cada día asistimos a más y más hechos heterodoxos respecto al propio erotismo; asistimos de manera creciente a cómo, con excusa o por causa del mismo, cada día se asesina a más y más niños, más concretamente niñas y mujeres, también hombres, posponiendo la matanza a la misma concupiscencia.

Antaño, aunque se daban casos, el porcentaje de asesinatos de las parejas de cualquier género entraba en un número repugnante pero hasta cierto punto comprensible por sus motivaciones inaceptables. Pero hoy su número ha saltado todas las fronteras, haciendo temer que cualquier petición de "a" a "b", o al revés, no satisfecha lleve consigo el asesinato del resistente, con la curiosa, no diré complicidad, pero sí cierta evasiva del encargado de dar arreglo penal y social a este desmadre criminal.

No es aceptable que cualquier loco, o no loco, de cualquier clase, inserto en esta clase de asesinatos, y aún de no muerte, pueda ser condenado a penas suavemente temporales, o largamente duraderas, que al poco o mucho tiempo, por fas o nefás, se le acortan, se le reducen, se les pone en libertad, sin percatarse de que el fenómeno en cuestión, ése de matar al prójimo por razones o sinrazones sexuales, está tan enraizado en la sociedad erótica sexualizada actual que la simple libertad callejera de un sujeto de esta clase es siempre, en potencia, un instrumento propicio al crimen en cuanto la ocasión propicia se le presente porque el sexo descontrolado produce locura. Su fermento criminal está ya tan desarrollado como cualquier droga que hasta la misma concupiscencia satisfecha y la que no es motivo suficiente y desencadenante para asesinar al prójimo sin más argumento ni razones que la misma locura sexual que no sólo tiene apresado a tal individuo sino que se está, como la droga, haciendo carne de la cultura de nuestra época.

Por eso arriba preguntábamos: ¿por qué este desmadramiento, ahora, de la sexualidad criminal? ¿Cuáles son los motivos que llevan a nuestra sociedad a esta situación? Porque ya no se trata de casos individuales y aislados, como antaño, sino que ya se percibe como un auténtico fenómeno social, como una plaga semejante e incontenible como el cambio climático, como uno de los siete lobos que según el mito han de devorar a la humanidad. O nosotros mismos, los unos a los otros, o viceversa, ya cuando la ley se demuestre obsoleta para enfrentar este desvío.

Tal vez si la ley no es suficiente, como parece, para poner remedio a esta locura quizá habría que ir pensando en alguna clase de vacuna, a la manera de la covid o, como ahora la mascarilla, imponer el caretón de los machos cabríos antes de que los sádicos acaben con todos nosotros.

(Ideal, 14/05/22)

Alhambra siempre (Manuel Pedreira Romero)

Cada vez que me echo a los ojos o a los oídos una noticia sobre la Alhambra se me coge un nudo en el estómago. "¡No, la Alhambra no!", suplico en un murmullo con la boca cerrada. Todo en Granada ha sido naufragio desde que el moro lloró a moco tendido en la vieja carretera de Motril, un kilómetro más arriba del Mayerling, una mititilla antes del desguace. Todo ha sido pérdida, sangría, un lento expolio, un Sevilla nos roba, y Málaga, y España. Un quejío sordo y sistémico. Un mirar "los muros de la patria mía, si un tiempo fuertes ya desmoronados". La simple enumeración de los agravios, sin entrar a repartir culpas, excedería con mucho los límites de esta pieza y dejaría un regusto a malafollá que duraría hasta el Corpus, así que no citaré ninguno. Elija usted el que más le encabrone. Por todo eso, la Alhambra se me antoja el último tesoro, la joya intocable y envidiada, la maravilla que no puede perderse jamás si no queremos hundirnos en el abismo de una ciudad huera, carne de olvido y ceniza.

"Cualquier día la desmontan y se la llevan". Ese latiguillo sombrío y amenazante nos acompaña a todos los granadinos desde que tenemos uso de razón y empezamos a entrar solos en los bares. Es un soniquete que amedrenta a los espíritus más débiles pero que a quien más quien menos llena de congoja. Con las cosas de comer no se juega. Y con las de beber menos todavía. También que Granda no es sólo la Alhambra ha acabado por convertirse en un lugar común. Pues claro que no. Hay más cosas. Las tapas para acompañarla, por ejemplo. Por eso esta vez agudicé el oído cuando escuché que venían los mandamases y que se avecinaba un anuncio de calado sobre el asunto. "¡No, la Alhambra no!", volví a escuchar en mi cabeza. Y esta vez ha salido cara en la moneda.

No sólo no se llevan la Alhambra de donde está sino que sus dueños la van a regar con una millonada. Siete años va a durar la obra. Cuando terminen los trabajos, no la va a conocer ni la madre que la parió y sus fieles seguiremos rindiéndole pleitesía. Una ciudad que se precie ha de tener un equipo en primera, un periódico y una certeza. En cuanto se pierde alguna de esas piezas, el demonio entra por ahí y hace de las suyas. Por eso debemos congratularnos de que la Alhambra haya recibido ese empujón para seguir evangelizando el mundo y nuestras neveras. Tenemos Alhambra para rato. De la especial, de la 'milno', de la roja, en lata, en vidrio, de grifo... Subamos a San Nicolás y brindemos por ella, pardiez, aunque al fondo no se vea la fábrica sino otra cosa. Qué le vamos a hacer.

(Ideal, 14/05/22)

La economía, el capitalismo y la guerra (Juan Torres López)

“No podemos construir un automóvil decente, ni un televisor… ya no tenemos siderúrgicas, no podemos otorgar servicios de salud a nuestros ancianos, pero eso sí, podemos bombardear tu país hasta hacerlo mierda, especialmente si tu país está lleno de morenos…”. George Carlin

Mucha gente identifica el capitalismo con la existencia de los mercados e incluso de las empresas pero eso es un grave error. Ambos existieron desde mucho antes que el capitalismo y seguirán existiendo cuando desaparezca, aunque sí es cierto que en cada sistema económico funcionan con características y funciones diversas.

El rasgo distintivo del capitalismo es que, primero, incorporó a la órbita del mercado recursos que antes se utilizaban fuera de él, como el tiempo de trabajo y la tierra. Antes se podía comprar o vender a las personas pero no se adquiría su fuerza de trabajo a cambio de un salario y la tierra se conquistaba o transmitía pero no se intercambiaba en mercados como se hace en el capitalismo. Ese hecho, y el que más adelante se hayan mercantilizado incluso hasta las expresiones más íntimas de la vida humana y social, hacen que el capitalismo se distinga no por haber creado, como a veces se cree erróneamente, la economía de mercado, sino la sociedad de mercado. Y, por tanto, someter la vida social en su conjunto al afán de lucro.

La utilización del trabajo asalariado y de grandes volúmenes de capital (físico y dinerario) en el seno de las empresas permite multiplicar la capacidad de producción y generar una gran acumulación que ha derivado, justo es decirlo, en un progreso innegable. Pero, al mismo tiempo, crea fuertes contradicciones y problemas sociales muy graves.

Aunque pueda parecer un simple juego de palabras lo que ocurre en el capitalismo es que para poder obtener beneficios hay que obtener cada vez más beneficios, lo que lleva a producir sin cesar y a hacerlo con cada vez menos coste. Solo con que no crezca la inversión, incluso aunque no caiga, no solo se estancan los ingresos y los beneficios sino que se reducen multiplicadamente.

Pero para obtener cada vez más beneficios produciendo sin parar es preciso reducir al máximo el coste salarial. Eso provoca muy a menudo la falta de sintonía entre el precio que se querría pagar por el trabajo y la posibilidad de vender todo lo que se pone a la venta. Si los capitalistas fuesen tan numerosos como para comprar la totalidad de lo que producen se podría pagar una miseria a los trabajadores, pero si éstos son los que compran la mayor parte de la producción, como en realidad ocurre, resulta que a medida que se les paga menos es menor la capacidad global de la economía para comprar la producción. Eso quiere decir que, lo quieran o no, cuando los capitalistas se ahorran salario puede ser que alguno gane individualmente más pero que, a nivel general, lo que provocan es que se agote la capacidad general de absorber la producción que entre todos generan. Y de ahí vienen la mayor parte de las crisis que de forma recurrente se vienen produciendo desde que el capitalismo existe.

Para evitar eso los capitalistas tienen que recurrir a diversos remedios (que no voy a comentar aquí) y uno de ellos es lograr que su producción se adquiera por quien no depende del salario para poder comprar, concretamente por el sector público. Es otra paradoja más del capitalismo: los capitalistas rechazan la actividad del  Estado pero solo cuando favorece a otros porque constantemente reclaman al sector público que adquiera la mayor parte posible de su producción o que salve a las empresas cuando su estrategia de ahorrar salario produce una crisis.

Una de esas vías es el gasto militar. Prácticamente todas las grandes empresas mundiales sin excepción tienen una buena parte de su actividad dedicada a suministrar bienes o servicios al Estado y más concretamente a sus ejércitos. Es una forma muy rentable y no dependiente de los salarios de realizar su producción. Y no importa que la producción militar a veces simplemente se vaya almacenando o que destruya recursos cuando se utiliza, porque en el capitalismo la producción no se lleva a cabo en función de que sea más o menos útil lo que se produce, sino de que proporcione beneficios.

Es por eso que se alienta el crecimiento continuado del gasto militar, aunque ya sea tan alto (1,33 billones de euros en 2012) que hasta resulta claramente innecesario, pues con muchísimo menos de esa cantidad sería suficiente para destruir varias veces a todo el planeta. Un gasto tan elevado, irracional y desproporcionado (o mejor dicho, un negocio tan redondo) que solo se puede justificar si se generaliza la idea y se convence a la población de que vivimos en permanente peligro y de que hay múltiples enemigos a punto de atacarnos, cuando en realidad lo que hay de por medio no es otra cosa que el deseo incontrolado de ganar cada vez más dinero de las grandes empresas multinacionales.

Todos sabemos que la inmensa mayoría de los conflictos bélicos que se han producido en la historia de la humanidad se han debido a motivos económicos y también ahora ocurre así. Las últimas guerras de Irak o Afganistan o las que a menor escala se desarrollan en otros lugares del mundo tienen su origen, cada vez con menos disimulo, en intereses económicos. Pero, además de eso, lo que ocurre en el capitalismo es que la guerra y el gasto militar no solo sirven a intereses económicos sino que se han convertido en un interés económico en sí mismos.

En el capitalismo, la guerra no es solo un modo de producir satisfacción y dar poder a quien la gana, como siempre, sino que también se recurre a ella para resolver los problemas que producen el afán de lucro que le es consustancial y las contradicciones que se derivan del intento continuado de reducir el salario.

La conclusión es evidente. Aunque para saber qué hay detrás y el por qué de las guerras siempre ha habido que descubrir con nombres y apellidos a quienes se benefician de ella,  hoy día también es necesario entender cómo funciona una economía que solo busca el beneficio privado de una parte de la sociedad a costa de los ingresos de los demás. Y la predicción subsiguiente es igual de obvia: mientras que ésto último se produzca, mientras perviva el capitalismo y la estrategia económica dominante sea ahorrarse salarios, no dejarán de sonar los tambores de guerra ni se acabarán de contar los muertos que produce.

 (Ganas de escribir)

Golpe de timón (Mariano Guindal)

El BCE da un giro radical a la política monetaria a causa del shock energético

Es preciso un plan para la reducción del déficit estructural que dé credibilidad al mercado

"El Gobierno va a agotar la legislatura". Ésta es la consigna que se repite una y otra vez todos los días desde el palacio de La Moncloa. Sin embargo, desde el punto de vista económico, el adelanto de elecciones generales es lo mejor que podría suceder para no perder la oportunidad de comenzar un ajuste que cada vez es más evidente que se debe hacer. Por esta razón, si los socios del presidente Pedro Sánchez le dejan caer, la bolsa no bajaría, sino todo lo contrario


Las palomas han pasado a ser halcones en el Banco Central Europeo (BCE). La razón ha sido el shock energético, que va a ser largo. Un nuevo escenario que ha obligado a dar un brusco golpe de timón a la política monetaria.

Con la pandemia, la estrategia fue tipos de interés bajos, estímulos y primas de riesgo anestesiadas con el fin de evitar una recesión. El consumo se había paralizado de golpe, y eso requería políticas de estímulo de la demanda para que las empresas no quebrasen.

Pero con la guerra de Ucrania y la crisis energética, la situación ha cambiado radicalmente. Los precios se han disparado, y ahora el enemigo a batir es la inflación. Hay demasiados billetes en circulación. Cerca de nueve billones de dólares más que antes de la pandemia. Los precios del gas y del petróleo se han disparado, lo que obliga a pagar mucho más por la energía que consumimos. Somos más pobres y tenemos que asumirlo.

La solución es consumir menos y apretarnos el cinturón. Una bajada de impuestos generalizada como se ha hecho con el precio de la gasolina alivia el precio a corto plazo, pero supone una pérdida de competitividad. Es decir, que la próxima legislatura habrá más paro y más recesión. La situación recuerda al final de la década de los setenta, cuando el crac petrolero sumió a Europa en una brutal caída económica. El profesor Luis Ángel Rojo dejó entonces escrita la hoja de ruta, que es la que las autoridades monetarias han dedicidido seguir al pie de la letra. Así han pasado de la política monetaria expansiva de 2020 a la política radicalmente restrictiva en 2022.

Los tipos de interés han comenzado a subir, en línea con lo que ha hecho la Reserva Federal de Estados Unidos, y eso es sólo el principio. Pronto la entidad que preside Christine Lagarde hará lo mismo. Dicho en román paladino, es el final de la "barra libre" para la deuda española, que tiene que volver a enfrentarse a la pesadilla de la prima de riesgo, como sucedió durante la Gran Recesión de 2008-2009.

Es cierto que hay un colchón que puede servir de amortiguador durante unos meses. El Tesoro colocó el año pasado mucha deuda a precios baratos. Sin embargo, el bono a diez años ya ha superado el 2%. Por el momento, España se financia a tipos inferiores a la media, pero la tendencia es clara a medio plazo.

Por este motivo, el gobernador del Banco de España, Pablo Hernández de Cos, ha pedido al Gobierno un giro radical a la política expansiva que se había diseñado con motivo de la pandemia. Es necesario empezar a reducir el déficit estrucutral. Es decir, los gastos ineludibles que el Estado tiene que pagar con crisis o sin ella, como la nómina de los funcionarios y los pensionistas, la sanidad y el servicio de la deuda. El objetivo es dar una señal al mercado para recuperar la confianza de los inversores. Si no se elabora esta estrategia para ganar credibilidad, veremos cómo se dispara la prima de riesgo, igual que sucedió en 2012, cuando se colocó a España al borde del crac financiero.

No se trata de reducir el déficit de golpe, ni siquiera de empezar a reducirlo este año, pero sí de empezar a elaborar un plan de amortización de la deuda acumulada a diez años, como han hecho otros países. Se trata de ir reduciéndolo en medio punto anual a partir del próximo ejercicio. Una recomendación que el Gobierno no quiere ni oír en pleno período electoral, a pesar de los continuos mensajes que ya está recibiendo del BCE.

Todo hace pensar que los presupuestos generales de 2023 que se empiezan a elaborar ahora serán claramente electoralistas. Para los socios de Sánchez, la deuda es perpetua, de ésa que no se paga. Ya vendrán de Europa a rescatarnos, como le pasó a José Luis Rodríguez Zapatero hace una década.

Si la vicepresidenta primera, Nadia Calviño, es incapaz de convencer al Ejecutivo de que es necesario un plan para comenzar a amortizar el déficit público; y si la vicepresidenta segunda, Yolanda Díaz, no consigue convencer a los agentes sociales para que firmen un pacto social para repartir sacrificios, España podría caer en una estanflación en la próxima legislatura.

No hay otra salida. Tal inacción sería de una irresponsabilidad histórica de parte de un Gobierno que no parece dispuesto a asumir ningún tipo de sacrificio.

(Dinero, La Vanguardia, 09/05/22)

Pacto de rentas condicionado (Mariano Guindal)

La CEOE y el Banco de España se pronuncian contra las cláusulas de revisión salarial

El ajuste salvaje ya se está produciendo, es injusto y golpea a los más débiles

CC.OO. y UGT se encuentran en uno de los momentos más difíciles. Si no aceptan los sacrificios salariales que la guerra ha impuesto, serán acusados de ser los causantes de la crisis que se avecina. Si, por el contrario, aceptan no recuperar el poder adquisitivo, serán los responsables del frenazo del consumo y, por ende, de la paralización de la economía. Hagan lo que hagan están pillados. Y unos sindicatos que ni pactan ni movilizan están abocados a la irrelevancia


"Es mejor que no haya un pacto a que haya un mal pacto de rentas". Así lo cree el presidente de la patronal CEOE, Antonio Garamendi, y le respalda el gobernador del Banco de España, Pablo Hernández de Cos. Si la condición es que haya cláusulas de revisión salarial como exigen los sindicatos, es mejor dejar las cosas como están. La razón es que indiciar los salarios supone perpetuar la inflación en el medio y largo plazo, y esto significa pérdida de competitividad y, por lo tanto, menos crecimiento y empleo.

Lo deseable es que el Gobierno consensúe con los agentes sociales los graves sacrificios que exige la guerra de Ucrania. No queda otra alternativa para evitar un ajuste duro de la política monetaria por parte del BCE que nos conduciría a un nuevo "austericidio". Si CC.OO. y UGT no renunciaran a introducir en los convenios colectivos cláusulas de revisión salarial, entonces el ajuste se haría por la propia lógica del mercado. De hecho, es lo que está sucediendo. Con una inflación del 8,4% los incrementos de salarios que se han firmado ya para este año se sitúan en el 2,4%. Es decir, los trabajadores están perdiendo poder adquisitivo de forma significativa.

Sólo un tercio de los convenios tiene cláusula de revisión, el 70% restante ha renunciado a recuperar su poder de compra, porque los trabajadores no tienen poder contractual para defender sus criterios. Las empresas también se están ajustando. No por conciencia cívica, sino por la fuerza del mercado. El 40% de las que no están sometidas a la competencia exterior han trasladado el aumento de sus costes a los precios. Pero hay un 60% que han tenido que asumirlo recortando sus beneficios porque perderían competitividad.

Todo esto pone de manifiesto que el ajuste salvaje se está produciendo, es absolutamente injusto y golpea a los más débiles. Hay que tener en cuenta que para las rentas más bajas la factura de electricidad, gasolina y alimentos representa el 25% de sus ingresos. El impacto es menor para las rentas medias, el Banco de España estima que apenas llega al 15%.

Gobierno, patronal y sindicatos tienen que asumir que la guerra y las sanciones económicas para frenar a Putin nos ha hecho a todos más pobres. El gas, el petróleo y los cereales han subido exponencialmente como represalia. En consecuencia, los europeos tenemos que comprarlos más caros. Por todo ello no podemos hacernos trampas en el solitario, los bienes nos cuestan más y el sacrificio hay que repartirlo entre todos de la forma más equitativa.

Para lograrlo, el gobernador del Banco de España ha insistido en la necesidad de alcanzar un gran pacto de rentas entre el Gobierno, la oposición, los sindicatos y los empresarios. Similar al que se alcanzó en 1977 con los pactos de la Moncloa, que impulsó el entonces vicepresidente económico, Enrique Fuentes Quintana.

Básicamente sería un acuerdo con una duración de cuatro años, salarios con subidas similares a la inflación subyacente -ahora, del 4,4%- y sin cláusula de revisión salarial. Es decir, no se recuperaría el poder adquisitivo perdido. Funcionarios y pensionistas tendrían que aceptar también el sacrificio. Por su parte, los empresarios tendrían que asumir una parte del aumento de los costes, aunque ello supusiera el recorte de parte de sus beneficios. Por último, las administraciones públicas tendrían que recortar sus gastos en la misma proporción.

Este pacto de rentas debe incluir como condición imprescindible ayudas directas para las rentas más bajas. No se trata de una bajada de impuestos generalizada, sino de medidas muy específicas para los más débiles.

Para plantear este enorme sacrificio a la sociedad, no sólo para este año, sino para los siguientes, habría que concienciar a los ciudadanos de que es necesario asumir "sangre, sudor y lágrimas" para evitar un ajuste de caballo en la siguiente legislatura. Y para ello sería necesario un pacto político que evitara que este ajuste fuera utilizado como arma arrojadiza. Algo impensable en un período electoral como el actual.

(Dinero, La Vanguardia, 01/05/22)

La edad del estigma aceptado (Alejandro Gándara)

Alejandro Gándara es escritor

El fin de la actividad laboral y la cercanía de la muerte expulsan a nuestros mayores al extrarradio de la relevancia social, sean cuales sean sus aptitudes (mentales, físicas, productivas) reales. Pero ¿qué dicen estas etiquetas de la sociedad que hemos construido?


No hay duda de que en estos tiempos que corren la vejez arrastra un estigma (como tantas otras cosas, pues vivimos en la era del estigma). A falta de una comprensión más cabal de los asuntos humanos, tendemos a imponer marcas dolorosas sobre aquello que se nos escapa, que no facilita la entrada a su entendimiento (a causa generalmente de su ambigüedad) o que por razones diversas se ha convertido en enemigo o adversario. Lo peor del estigma es sin embargo el autoestigma. Aquí la víctima es también su verdugo. Es decir, y en este caso, el viejo siente sobre sí, y está de acuerdo con ello, todas las carencias y pecados que la comunicación y la relaciones sociales le adjudican: menoscabo físico y mental, marginación, olvido, falta de competencia, sentimiento de falta de utilidad para los demás, conciencia de parasitismo, etcétera.

El autoestigma funciona en la dirección de convencerse uno mismo de que la realidad (es decir, el consenso público) tiene razón. Y así los viejos, mucho antes de ser objetivamente viejos o incluso siéndolo, lo primero que padecen es una vejez emocional que se autoinflige sus propias limitaciones en todos los órdenes señalados. He aquí un acelerador efectivo de la decadencia de los individuos, más allá de la edad y de las lacras.

Se trata de una autopersuasión psicológica que se nutre del miedo, de argumentos ideológicos y culturales que circulan de manera implícita en la información y en la representación. Y para esto no hay edad: sentirse viejo a partir de unos cuantos datos de la realidad convencionalmente adjudicada a la vejez puede suceder en cualquier período, entre márgenes por lo demás bastante amplios.

Durante años he visto y tenido experiencia de amigos y conocidos con dificultades físicas que han sido atribuidas al paso del tiempo y aceptadas como tales. En los casos en que se han enfrentado abiertamente a estas cargas, básicamente con dieta, ejercicio y vigilancia médica, las han superado hasta niveles difíciles de creer. Hay uno en particular que comenzó a correr a los 60 años de edad, cuando ya se veía postrado en el lecho hasta la hora final, y hoy, con 65, corre maratones. Y sin el sufrimiento que pudiera imaginarse.

Por supuesto, esto no siempre es así. A veces hay daños que son irreparables, producto del desgaste o de una herida genética que se aparece en cierto momento. A veces hay sencillametne enfermedades y accidentes que no están inscritos en el curso del tiempo, sino en el de la vida humana que hay que vivir con sus esperanzas y sus pegas.

Pero lo cierto es que las desgracias, los accidentes y las traiciones de la genética no son exclusivos de la senectud. Pueden ocurrir en cualquier época de la vida y de hecho muchas personas arrastran cargas que vienen de muy atrás. No hace falta ser viejo para que dejen de funcionar las rodillas o la memoria.

He aquí una de las claves del asunto. La vejez es un período de la vida, del mismo modo que lo es la adolescencia (por citar uno especialemnte peligroso y lamentable) o cualquiera de las otras épocas en que convencionalmente dividimos la existencia. En cada una de ellas hay que disponerse a atravesarla con el equipaje que cada uno lleve en la mochila y con los recursos que le ofrezcan o que se le presenten. No existe ninguna época de la vida que esté exenta de dificultades, cuando no de graves temores, desesperación y desorientación. No se conoce ninguna en que no haya riesgo mortal, en que no se sufra, en que no se cometan errores cruciales y en que no nos sintamos disminuidos en nuestra capacidad de enfrentarnos a la fuerza de los acontecimientos.

En síntesis, la vejez no se distingue en cuanto a retos y recursos de los otros momentos de la vida y, como en cualquiera de ellos, cabe la posibildiad de que no los superemos o de que no nos acompañen los elementos indispensables; o de que la estretegia empleada esté completeamente equivocada y lleve izada la enseña del desastre. La vejez es todavía la vida y, a pesar del estigma, ni es una antesala de la muerte ni es propia de los que se están despidiendo de la producción o del amor. Se trata sencillamente de una aventura como las otras, con los mismos déficits y apuestas.

Por supuesto, todos tenemos asumido que es una época que se aproxima a la muerte y cuyo horizonte es limitado. Éste es uno de los tópicos más sobados de la cuestón. Sin embargo, todas las épocas y todas las conciencias, desde que nacen, están oscurecidas por la sombras de la desaparición de este mundo. Somos mortales, pero no somos más mortales cuando somos viejos que cuando somos niños. Somos mortales todo el tiempo y lo que compartimos es una certeza esencial de que no sabemos cuándo vamos a morir. Como dice el proverbio chino, nadie hay tan viejo que se vaya a morir en este mismo momento ni tan joven que no pueda morir en los próximos cinco minutos. Somos mortales y cada acto que emprendemos lleva el sello de la mortalidad, de la incertidumbre, del absurdo.

El que la vejez haya sido estigmatizada (e interiorizado el estigma) se debe a dos aspectos profundos que caracterizan nuestro mundo desde el punto de vista de la mentalidad colectiva: el trabajo y la percepción de la muerte.

Prácticamente todas nuestras relaciones sociales y nuestros afectos se originan o desembocan en la vida laboral. El trabajo es la forma de socialización de los individuos en nuestra sociedad y fuera de él resulta complicado entablar relaciones y darles sentido. El tiempo que empleamos en la actividad productiva refleja la importancia que tiene en nuestras vidas y avisa también de sus consecuencias. Por otro lado, es la única vía aceptada universalmente de sentirse útil a la comunidad, responsable con ella, asunto capital a la hora de encontrar la satisfacción personal dentro del grupo y de las institucioens que rigen la vida. La felicidad y lo contrario, en nuestro medio, tienen mucho que ver con lo que sucede con el trabajo. La figura central de nuestro mundo es sin duda el trabajador.

La vejez supone la expulsión de esa red de relaciones y de sentido que da la actividad laboral. Fuera de ella, los individuos apenas pueden aspirar a tejer una red propia y a encontrar elementos de una nueva dignidad, más allá de las actividades para jubilados, que remarcan a su vez el carácter alienado de los participantes. Algo parecido se observa entre los parados de larga duración en lo que respecta a sus vínculos y consideración propia y ajena.

En cuanto a la muerte, nuestra cultura la ha expulsdo al extrarradio de la existencia. El deterioro que la anuncia es una especie de lugar sagrado (es decir, intocable) y se lo ha rodeado de muros. La educación y la socialización han prescindido de la enseñanza y comunicación de los aspectos relacionados con la mortalidad, como el duelo, el cuidado, el consuelo o la despedida, de los que se encargan trabajadores especializados. La muerte no ocupa ningún espacio en el aprendizjae social. Tampoco en las formas de relación interpersonal. Es una sombra que se cierne sobre la existencia y a la que es mejor no mirar, convirtiéndose así en el Gran Miedo y en el Gran Misterio. Los viejos serían, aquí, los heraldos que traen noticias de ese otro lado cuya sola mención nos hace temblar. Mirar a un viejo no es mirar una panorámica de la experiencia o escuchar las vicisitudes de una vida, sino mirar a los ojos de una muerte que aterroriza y cuyo pensamiento arrastra un sentimiento de absurdo.

No resultará sencillo que los viejos (por aceptar esa dudosa categoría) se integren sin estigma en esta sociedad nuestra. A pesar de que la realidad demuestra una y otra vez (como en las últimas crisis económicas, cuando se convirtieron en el crédito de sus familias, o como en las listas de los más ricos del mundo) que siguen ocupando un sitio en el proyecto de todos.

(La Revista de El Diario, diciembre 2021)

La crisis climática, tapada (Jordi Juan)

Jordi Juan es director de La Vanguardia

La guerra de Ucrania va en dirección contraria al proceso de globalización y aquella optimista aspiración de una gobernanza mundial para solventar de forma unida las amenazas del planeta se desvanece de forma abrupta. La ONU tiene muchas dificultades para ejercer ese papel y el G-20, que estaría en mejores condiciones para ello, está completamente dividido tras la acción bélica en Ucrania: Estados Unidos y la UE quieren echar a Rusia mientras que China se opone. El mundo revive la etapa de la guerra fría del siglo pasado y, en este contexto, pocos acuerdos de fondo se pueden materializar. Justamente, una de las lecciones positivas de la pandemia fue la rápida reacción de algunas instituciones, como la Comisión Europea, que fueron capaces de acordar medidas urgentes para paliar los efectos de la enfermedad.

Más allá de las guerras y las pandemias que puedan llegar, la gran amenaza global que existe sobre el planeta es la crisis climática. El drama es que sus efectos más devastadores aún no se pueden apreciar en toda su magnitud y los gobiernos pueden tener la tentación de dedicarse a los que tienen más próximos y no preocuparse por lo que llegará en los próximos decenios. Por eso los históricos Acuerdos de París de 2015 cuestan tanto de aplicarse, la cumbre de Glasgow de 2021 tuvo resultados menos ambiciosos de lo esperado y existen muchos temores a cómo se desarrollará la cita de este noviembre en Egipto, en la COP27. Vamos mal. El último informe del IPCC (Panel Intergubernamental en Cambio Climático) revela que la realidad actual es peor que las previsiones que hacían los expertos.

Y es que los mandatarios que hoy gobiernan el mundo andan lógicamente preocupados por la inflación, la crisis de suministro energético, las consecuencias de la invasión rusa o el control de la pandemia. Y, mientras tanto, el planeta se va muriendo. Hoy hay menos negacionistas que hace un tiempo pero también hay más conformistas que piensan que no hay nada que hacer. Y esto es un error. La crisis climática no puede quedar tapada por las otras y las instituciones deberían hacer un esfuerzo para tomárselo en serio. El filósofo israelí Yuval Noah Harari y su equipo han calculado que se podría resolver el problema si se dedica un 2% del PIB mundial a la causa. Sólo falta alguien que lo lidere.

(La Vanguardia, 17/04/22)