Editorial
En una situación como la actual, no hay mejor decisión que un pacto de rentas
Una parte importante de las medidas aprobadas recientemente por el Gobierno para luchar contra la inflación son ayudas, directas o indirectas, a los ciudadanos (bonificación al gasóleo, reducción del IVA, bono de 200 euros, ayudas al transporte, incremento del ingreso mínimo vital, etcétera).
Como ayudas que son, su coste lo pagamos a través de los impuestos. Por ello, éstas requieren un minucioso estudio.
En este contexto, creo que coincidiremos en que los principales beneficiarios han de ser las personas vulnerables, esto es, aquellas en riesgo de exclusión social.
Pues bien; una ayuda general, como la bonificación del gasóleo, es una medida no selectiva y regresiva al no discriminar en función de la renta de su beneficiario.
Lo mismo ocurre con la reducción del IVA a la electricidad y con las ayudas al transporte.
En cuanto al bono de 200 euros, se trata, en realidad, de una ayuda que no se dirige a los supuestos de exclusión social, entendiendo como tales los beneficiarios del ingreso mínimo vital, sino a las rentas inferiores a 14.000 euros siempre que no perciban el importe de dicho ingreso. Se trata, por tanto, de una medida selectiva, pero no progresiva, cuya única justificación es el nivel de rentas, pero no su vulnerabilidad en sentido “estricto”.
En este sentido, la medida más justa hubiera sido deflactar la tarifa del IRPF con efectos inmediatos a través de la disminución de los tipos de retención; medida que, además de ser progresiva, contribuye a no empobrecernos más a consecuencia de la inflación. No en vano, la inflación afecta a todos.
No olvidemos que el Gobierno se está beneficiando de la recaudación ‘caída del cielo’ consecuencia de la inflación, y cuyo destino ha de ser, también, cubrir el mayor gasto público que el Estado ha de afrontar.
Vinculado a este último, sorprende el silencio sobre él. El Estado, recordémoslo, tiene la obligación de gestionarlo con criterios de eficiencia, obligación que incumple sistemáticamente, y que exige el replanteamiento de muy diversas cuestiones, entre otras, la colaboración público-privada, la eficiencia en su gestión, su eficacia, etcétera. La ejemplaridad es sin duda la medida más eficaz que se puede adoptar.
Pero, además, en una situación de incertidumbre como la actual, no hay mejor decisión que un pacto de rentas entre todos los agentes sociales y económicos, pacto que ha de incluir al sector privado y al público.
No olvidemos, tampoco, que una parte importante de las dificultades que autónomos y pymes están hoy sufriendo obedecen a la inacción del Gobierno con relación a los déficits económicos que azotan a diferentes sectores; déficits cuyo origen son los deberes no hechos tras la crisis del 2007 y la de la covid.
En definitiva, unas medidas precipitadas y populistas, muy lejos del que ha de ser el objetivo: enderezar la economía y darnos la confianza y la seguridad que los ciudadanos no tenemos.
(La Vanguardia, 04/07/22)
En política, no hay peor error que negar lo evidente. Hace cuatros años los socialistas llegaron en cabeza en Andalucía, ahora el PP les saca 700 mil votos. Si Sánchez se resiste a darse por enterado su suerte está echada.
Empecemos por Andalucía: en 2018, con la alianza con Ciudadanos, el PP acabó con una hegemonía de los socialistas que parecía intocable. La cara visible de la pérdida del feudo fue Susana Díaz, último representante de la vieja guardia socialista, a la que Pedro Sánchez derrotó en las elecciones para la secretaria general del partido, poniendo fin a una época. Sobre la turbia herencia socialista se montó Moreno Bonilla que, sin estridencias, ha sido capaz de reformar y ampliar las estructuras territoriales del gobierno andaluz de probada eficacia clientelar. Y ha tenido premio. Con tres factores añadidos que cambian el panorama: la anunciada desaparición de Ciudadanos, que confirma el destino de los partidos construidos sobre un solo tema –en este caso el furor antiindependentista- y devuelve al PP un espacio que le había quitado; la frenada de Vox, que aligera a Feijóo del debate sobre las alianzas con la extrema derecha; y el ridículo de la extrema izquierda empantanada una vez más en la psicopatología de las pequeñas diferencias entre personajes que creen que cambiarán el mundo por su cara bonita.
Traslademos este retablo a España y a Cataluña. No hay duda que la virtud de Pedro Sánchez es el sentido de la oportunidad. Le ha dado grandes dividendos: se cargó a la vieja guardia del PSOE que creía haberle liquidado, ganó la presidencia del Gobierno captando el momento de la moción de censura y creó una mayoría plural que contra muchos pronósticos está a un año de completar la legislatura. Pero, ahora mismo, se nota la dificultad de Sánchez para convertir en proyecto su perceptibilidad. Y, sin embargo, la mayoría plural es una magnífica expresión de diversidad que merecería ser cuidada. No es fácil, porque la extrema izquierda no tiene paciencia y se agita permanentemente contra sí misma, entre egos y doctrinas, y porque la articulación de los nacionalismos periféricos requiere un complejo ejercicio de autoridad –para que el país acepte determinados acuerdos- y de confianza –en un espacio de fundados recelos-. La realidad es que las divisiones en Unidas Podemos ya aparecen imparables y el independentismo está en el momento del vivo sin vivir en mí. Cuesta deshilvanar el ovillo del procés, cuando ya nadie niega que el programa de máximos queda lejos. A Sánchez le falta la osadía para dar algunos pasos que podrían dar estabilidad y confianza.
Con Andalucía, Feijóo consigue esconder la parte fiera de la derecha que Casado y Ayuso exhibían desvergonzadamente. Pero Pedro Sánchez se equivocaría si interpreta que estamos ante el retorno del bipartidismo y se plantea su estrategia cómo soltar lastre (de la izquierda y de los nacionalismos). Sólo mirando al centro el PSOE tiene poco recorrido.
(El País Catalunya, 21/06/22)
Jordi Elgström es psicólogo y terapeuta de hombres que han ejercido violencia, Co-coordinador del proyecto Hombres Contra el Patriarcado
Violencia machista
La realidad es que bajo esta sentencia (y las reacciones a la misma) se esconden unas premisas muy peligrosas, que puede derivar incluso en un retroceso en la lucha contra la violencia de género
Con anterioridad ya se había celebrado un juicio en Inglaterra donde se demostró y probó que Johnny había llegado a agredir físicamente a Amber en, como mínimo, 12 ocasiones
En ambos juicios, Amber ha presentado pruebas de que Johnny la agredió físicamente: partes médicos, audios, fotos, videos, testimonios de terapeutas y de testigos directos, pero en este caso no parecen haber influido mucho en el veredicto del juez
El juez no ha sentenciado que Johnny sea inocente de ejercer violencia. Lo que ha decretado es que no hay evidencia suficiente para declarar públicamente que era un agresor y por lo tanto que se le ha difamado
Una mujer que ha sido víctima de agresiones (algo demostrado) es insultada por millones como arpía sin escrúpulos. Un hombre que ha sido demostrado como autor de varias agresiones físicas (aunque él también haya podido ser agredido) es alzado como figura dócil e inocente
Se pueden contar en miles los videos (millones de visitas), carteles, fotos y comentarios donde no solo insultan y desprecian a Amber, sino que insultan y justifican que se pueda volver a agredir a la a la actriz
Si se busca “mentiras juicio Johnny Depp” solo aparecen páginas exponiendo las mentiras de la propia Amber y en ningún caso las de Johnny, que hay hasta 83
Ya ha salido la resolución del famoso juicio entre Johnny Depp y Amber Heard, sobre el que ya se habló en esta sección. Y la inmensa mayoría de los medios abren con la misma portada: “Johnny ganador”. Las redes hierven haciendo sonar sus campanas de victoria y aplaudiendo la resolución. Twitter se llena de la famosa frase recitada por el actor en la película de Piratas del Caribe: “Siempre recordaréis este día como el día en que casi atrapáis a Jack Sparrow”.
Pero esperad un momento. Pongamos pausa a todo este bullicio y miremos más en detalle las implicaciones de todo esto. ¿Qué significa que Johnny es ganador? ¿Qué ha ganado? ¿Es realmente inocente? ¿Los medios de comunicación y las redes están jugando algún papel?
La realidad es que bajo esta sentencia (y las reacciones a la misma) se esconden unas premisas muy peligrosas, que puede derivar incluso en un retroceso en la lucha contra la violencia de género.
- Antes que nada.
Primero un poco de contexto: se ha celebrado un juicio donde Johnny acusa a Amber de difamación porque esta, en una ocasión, dijo públicamente que el actor era un maltratador. A tener en cuenta que este no es un juicio donde se decida si Johnny ha agredido a Amber o no, sino si la actriz puede acusarlo de maltratador públicamente. Parece un pequeño detalle, pero es una información muy importante a tener en cuenta.
Con anterioridad ya se había celebrado un juicio en Inglaterra donde se demostró y probó que Johnny había llegado a agredir físicamente a Amber en, como mínimo, 12 ocasiones. Por ejemplificar estas agresiones encontramos: “Junio de 2013, el actor ataca a Amber y le tira cristales y le rompe su vestido”, “junio de 2015, Depp pega a Amber y la hace caer al suelo y la fuerza a levantarse gritándole”, o “agosto 2015 Depp empuja a Amber contra la pared agarrándola por el cuello”. Son unas acusaciones como mínimo escalofriantes y difícilmente justificables.
Volviendo al juicio de difamación, de igual manera se ha podido demostrar que Amber agredió a Johnny en varias ocasiones. Las agresiones no son justificables, pero si que puede ponerse sobre la mesa un debate sobre las mismas. ¿Forman parte de una dinámica relacional violenta? ¿Podría ser una reacción como víctima de abuso? ¿Es sencillamente injustificable?
En ambos juicios, Amber ha presentado pruebas de que Johnny la agredió físicamente: partes médicos, audios, fotos, videos, testimonios de terapeutas y de testigos directos, pero en este caso no parecen haber influido mucho en el veredicto del juez. Los abogados de Johnny argumentaron que Amber se lo había inventado todo y que ha estado un plan orquestado durante años con el propósito de joderle la vida a Johnny Depp. Presentan a Johnny como inocente total, víctima de las circunstancias y de una mujer que le ha metido en un problema.
- El veredicto del juez.
Se hace difícil de creer que Johnny resulte ahora un ser frágil perdido en la injusticia cuando no solo ha declarado haber dicho (y admitido en el propio juicio) que “violaría el cadáver de Amber y después lo quemaría”, sino que además ya ha sido, literalmente, demostrado que agredió físicamente a Amber en múltiples ocasiones. Es difícil de entender que en una situación así alguien pueda quedar eximido de cualquier responsabilidad.
Pero pese a todo, vistas las pruebas, el juez ha decretado que no es legítimo o que no está probado que se pueda considerar a Johnny como maltratador. Y por lo tanto gana la causa al aceptarse que esas declaraciones que hizo Amber le difaman.
Queda plantearse por qué el juez considera que a Johnny no se le puede tachar de agresor. ¿Puede ser que el juez haya podido pensar que ha sido una pelea de pareja y por eso no se puede considerar que Johnny sea un maltratador sino que, en todo caso, ambos lo son? Podría ser interesante entender la perspectiva y conocimientos de género que tiene este juez para poder hacer una mejor valoración.
Todo esto nos tiene que llevar a entender que el juez no ha sentenciado que Johnny sea inocente de ejercer violencia. Lo que ha decretado es que no hay evidencia suficiente para declarar públicamente que era un agresor y por lo tanto que se le ha difamado.
El peso patriarcal del juicio (social)
Puede parecer que estoy defendiendo la integridad de Amber frente a la maldad de Johnny. Ella también ha agredido y de esto no parece haber dudas. Con esto no pretendo justificar o eximir responsabilidad a Amber (que incluso se demostró que pudo haberse inventado agresiones), sino poner en relevancia el discurso social que se ha generado posteriormente. Una mujer que ha sido víctima de agresiones (algo demostrado), es insultada por millones como arpía sin escrúpulos. Un hombre que ha sido demostrado como autor de varias agresiones físicas (aunque él también haya podido ser agredido), es alzado como figura dócil e inocente. Esto sí que me parece bastante grave y peligroso y puede tener unas implicaciones mayores.
Y aunque os pueda parecer una exageración, nada más alejado de la realidad. Al margen del juicio penal se ha construido un juicio social, donde se han esgrimido en redes incontables argumentos. Se pueden contar en miles los videos (millones de visitas), carteles, fotos y comentarios donde no sólo insultan y desprecian a Amber, sino que insultan y justifican que se pueda volver a agredir a la a la actriz. Un juicio social que ha sido saturado por un activismo neomachista, por un ejército de machistas memeros y de cuentas masculinistas que han marcado fuertemente el tono del debate.
Es un discurso tremendamente perverso, donde se puede justificar que se pueda agredir a una víctima de agresiones. Y no es una casualidad, es el patriarcado y su discurso entrando en la retórica social. Y está entrando fuerte: hasta el propio Donald Trump Junior se ha sumado en Twitter a la ola del “not all men”.
“Not all men” o “no todos los hombres” es una estrategia retórica que a partir de expresar que no todos los hombres son patriarcales y violentos, pretende fortalecer la idea que la violencia de género es cuestión de individuos y no de una estructura sistémica patriarcal que influye en todos los hombres.
Es un discurso que puede parecer muy amable, pero es muy peligroso. Y se puede apreciar claramente en este caso, de hecho, de tal manera se ha pervertido el discurso en los medios y las redes que si se busca “mentiras juicio Johnny Depp” solo aparecen páginas exponiendo las mentiras de la propia Amber y en ningún caso las de Johnny —que hay hasta 83 y se recogen en este artículo: 83 Times Johnny Depp Lied Under Cross-Examination - The Geek Buzz—. Parece que hasta el algoritmo esté a favor de este discurso.
Ha habido mucho ruido en este caso porque es una oportunidad para la masculinidad hegemónica de demostrar su “not all men” y ya sabemos que el patriarcado aprovecha cualquier pequeña oportunidad. Pero es importante que podamos ver los grises y entender situaciones complejas.
La gran preocupación es que este discurso pueda acabar afectando aún más a la credibilidad de la víctimas de agresiones machistas, que ya tienen dificultades para hacerse creer (aunque intenten hacer creer lo contrario). Si ya se encontraban trabas anteriormente, ahora con un discurso como este en la espalda puede implicar un pequeño retroceso en la lucha contra la violencia de género. Tiempos difíciles para ver ciertas situaciones con mayor perspectiva. Pero es que esto a lo que nos enfrentamos, amigos; esto es el patriarcado.
(Masculinidad en demolición, El Salto, 05/06/22)
Juan Luis Ruiz-Rico Díez es director de los servicios jurídicos de la Universidad de Granada (UGR)
José María Corpas era un abogado conciliador, templado y muy humano. Todos los que lo hemos tratado profesionalmente en la Universidad de Granada coincidimos en ello y, en mi opinión, ésos son adjetivos que dicen mucho de cualquier persona pero, sobre todo, de un abogado. José María comenzó a colaborar con nuestro departamento jurídico en la UGR como letrado externo en 2012, lo que nos da una década de trabajo conjunto y, sin duda, especialmente agradable. En principio, su cometido era colaborar con el gabinete jurídico de nuestra universidad en asuntos laborales y de lo contencioso aunque en los últimos años se centró en estos últimos.
Una década de colaboración que son en realidad diez años de relación estrecha y continuada. Cada viernes por la mañana, ése era generalmente el día elegido por José María, él se acercaba a nuestro gabinete jurídico. Y ahí, a las puertas del fin de semana, José María y yo trabajábamos juntos en la preparación de los asuntos próximos. Ahora que me toca recordarlo, quiero valorar su profesionalidad y, por encima de todo, su integridad. Siempre tenía un planteamiento adecuado y proporcionado. Siemrpe buscó, y se lo tomaba muy en serio, la defensa de los intereses de nuestra universidad pero, igualmente, siempre mantenía la postura de no ir más allá de lo necesario, la de no avasallar a nadie. Nos defendía con profesionaldiad y eficiencia, pero no a costa de todo ni de arrollar al contrario. En eso consistía su buen hacer a la hora de trabajar y de diseñar estrategias, tener siempre un tono conciliador y poner de manifiesto su humanidad.
Nuestro servicio jurídico, por supuesto, pero sobre todo la comunidad universitaria granadina en su conjunto lamenta la pérdida de un ser excepcional, de un servidor público íntegro y, en lo que nos afectaba más cerca, de un profesional comprometido con la ética y la templanza, unos valores que siempre son necesarios. Echaremos de menos a José María y a todo lo que representa.
(Ideal, 14/05/22)
Cada vez que me echo a los ojos o a los oídos una noticia sobre la Alhambra se me coge un nudo en el estómago. "¡No, la Alhambra no!", suplico en un murmullo con la boca cerrada. Todo en Granada ha sido naufragio desde que el moro lloró a moco tendido en la vieja carretera de Motril, un kilómetro más arriba del Mayerling, una mititilla antes del desguace. Todo ha sido pérdida, sangría, un lento expolio, un Sevilla nos roba, y Málaga, y España. Un quejío sordo y sistémico. Un mirar "los muros de la patria mía, si un tiempo fuertes ya desmoronados". La simple enumeración de los agravios, sin entrar a repartir culpas, excedería con mucho los límites de esta pieza y dejaría un regusto a malafollá que duraría hasta el Corpus, así que no citaré ninguno. Elija usted el que más le encabrone. Por todo eso, la Alhambra se me antoja el último tesoro, la joya intocable y envidiada, la maravilla que no puede perderse jamás si no queremos hundirnos en el abismo de una ciudad huera, carne de olvido y ceniza.
"Cualquier día la desmontan y se la llevan". Ese latiguillo sombrío y amenazante nos acompaña a todos los granadinos desde que tenemos uso de razón y empezamos a entrar solos en los bares. Es un soniquete que amedrenta a los espíritus más débiles pero que a quien más quien menos llena de congoja. Con las cosas de comer no se juega. Y con las de beber menos todavía. También que Granda no es sólo la Alhambra ha acabado por convertirse en un lugar común. Pues claro que no. Hay más cosas. Las tapas para acompañarla, por ejemplo. Por eso esta vez agudicé el oído cuando escuché que venían los mandamases y que se avecinaba un anuncio de calado sobre el asunto. "¡No, la Alhambra no!", volví a escuchar en mi cabeza. Y esta vez ha salido cara en la moneda.
No sólo no se llevan la Alhambra de donde está sino que sus dueños la van a regar con una millonada. Siete años va a durar la obra. Cuando terminen los trabajos, no la va a conocer ni la madre que la parió y sus fieles seguiremos rindiéndole pleitesía. Una ciudad que se precie ha de tener un equipo en primera, un periódico y una certeza. En cuanto se pierde alguna de esas piezas, el demonio entra por ahí y hace de las suyas. Por eso debemos congratularnos de que la Alhambra haya recibido ese empujón para seguir evangelizando el mundo y nuestras neveras. Tenemos Alhambra para rato. De la especial, de la 'milno', de la roja, en lata, en vidrio, de grifo... Subamos a San Nicolás y brindemos por ella, pardiez, aunque al fondo no se vea la fábrica sino otra cosa. Qué le vamos a hacer.
(Ideal, 14/05/22)