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Di Benedetto, sumamente hijo (Rodolfo Braceli)


¿Puede uno valerse del reportaje para salvar una amistad trizada? Yo lo “usé” y alcé una amistad cuatro años interrumpida por mi encono. Antonio Di Benedetto --a él refiero-- por estos días cumplió sus 100 años. De haberse quedado a respirar aquí, hoy celebraría con luminoso vino oscuro. Léase: malbec. Ese hombre, sumamente petiso, fue mi maestro, no de periodismo, sí del idioma. Léase: la ética de la sintaxis.

Afronto peaje, desagravio a Adelma Petroni y Graciela Lucero; las dos lo amaron hasta más allá de las últimas consecuencias. Él fue mi jefe en Los Andes. Jodido y seductor, minucioso como relojero, estratega como ajedrecista, a eso le llamaba “trituración diaria”. Sólo sus índices para teclear, la obsesión era su estilo y la agonía su modus vivendi. Podía titubear en la práctica de algunas éticas, pero jamás renunciar a la de la sintaxis. Iba al diario de corbata, siempre negra. Auto no tuvo. Lo acompañé en su vano aprendizaje de ciclismo: zigzagueaba, y al suelo. Con denuedo, se entregó a escribir el castellano en castellano. Nunca nos tuteamos. Me aconsejaba: “Evite que su literatura se contamine de periodismo”.

Él era el protagonista de Zama, y el de Los suicidas, y el de El Silenciero, y el de El juicio de Dios. Se consideraba “culpable. Pero de otras culpas. Me gustaría ser dos para que las culpas las tuviera el otro”. Antonio descalzo apenas si arañaba el metro sesenta, pero: ¿cómo agredir el organismo de alguien que escribía el castellano con tan luminosa perfección?

Me volví insoportable; Di Benedetto me “tranquilizó”, me dio a dirigir el suplemento deportivo: opiné a rajacincha. Virulento despido mío en 1967; en 1970, a Buenos Aires. Él insistía. Mis desaires no menguaban su tenaz caballerosidad.

En Gente se elije “el cuento de 1972”. Propongo “El juicio de Dios”. Elegido. A los cuatro días, teléfono: “En este premio veo, Rodolfo, el largo brazo de su generosidad”. A la semana yo le hacía el reportaje en Mendoza. El diálogo se agudiza entre 1976 y 1977; él ya encarcelado en La Plata. El periodista Carlos Quiroz me contacta con Adelma Petroni, única persona que lo visitaba. Mientras, en Mendoza, varios hoy homenajeadores lo crucificaban con su activa indiferencia. Adelma escribe al mundo. Antonio, libre. Ella le cede el departamento de su hermano. Pero el caso es que a su amado Antonio lo pierde apenas él sale de la cárcel. Osvaldo Bayer y su mujer, testigos. Con el tiempo Antonio tendrá otra compañera, Graciela Lucero. El departamento de ella fue su casa.

Retrocedo unos años, converso con Antonio a través de Adelma. A él se le ocurre que escribamos un libro a dúo y me propone título: pasamos del Difícil ser periodista, al Difícil ser humano y de este al Difícil ser. Adelma, cada jueves, me traía lo que memorizaba de Antonio y le pasaba lo que memorizaba de mí. Con ese tráfico empezó a tomar cuerpo ese libro que desde mí sigue pendiente. Algo más sobre Graciela: tras la muerte de Antonio, al poco tiempo lo acompañó con la suya. Nombro a Adelma Petroni y a Graciela Lucero: tenue desagravio a dos seres tan ninguneados.

- El amado suicidio.

El suicidio, “costumbre de familia”, me decía Antonio. En el traslado de los restos de su padre, pidió abrir el ataúd, “seguro de que su cuerpo se conserva preservado por el veneno”. “Antonio, ¿para qué abrirlo?” “Oportunidad de saber si mi padre virilmente estaba tan dotado como le hicieron fama”. “¿Y?” “Verifiqué. Su fama no era inmerecida”. Desde su prisión --Adelma mediante-- Antonio me pedía:

--Usted dará prueba de amistad si me envía cianuro.

--Si obedezco, nos quedaremos sin esta amistad.

--¡Apiádese! Apreciaré el cianuro como muestra de su afecto.

--Antonio, usted quiere suicidarse, pero sin morirse.

Eso le decía yo a través de Adelma, y él respondía: “Privándome del cianuro, usted, Rodolfo, toma venganza por daños que yo le hice siendo su jefe”.

¡Ay, las mujeres!

Le gustaban las rubias y morochas y delgadas y gordas... Y sobre todo, la del prójimo. Andinista de mujeres imposibles, lo confiesa: “Lo único que se conserva con la edad es la necesidad de ser amado”. Puesto a salvarse mamando a la loba, Antonio fue Rómulo. Y fue Remo. Los dos en una sed.

Di Benedetto y el ruido. Un día el periodista Gómez Márquez aparece con radio, Antonio muta en felino: “¿No se enteró por Schopenhauer de las torturas que el ruido causa a la gente que piensa? Su radio machuca mi cerebro, ¡¡baaasta!!”.

Otra obsesión, la higiene: no tocaba la cerradura de la puerta del baño. A los hombres les daba una mano desmayada. A las mujeres les daba la mano para siempre. Confiesa esta obsesión: “Emanuel niño no jugaba a las bolitas para que no se ensuciaran”.

Él y el viento. “Era la siesta. Me veo en el patio, estoy en un cajón de madera, olvidado por la familia cuando se desencadena el Zonda. Varias horas replegado, indefenso. Cuando corre viento, mi cabeza no es mía. Y sufro”.

Para Di Benedetto, el único paraíso es el arduo purgatorio. La última palabra de su último libro es olvido. La escribió para que no fuera cierta.

- Madre y confesión.

Rosario Fisigaro (Sara), brasileña, era el nombre de su madre. En las jodiendas laborales yo quería ajusticiarlo. Pero sonaba el teléfono a las seis. Yo atendía: “Di Benedetto, su madre”. Antonio se precipitaba sobre el teléfono y emitía un mamáh aspirado, como el que podría lanzar un niño perdido que la encuentra ¡de pronto! Decía mamáh él, y yo me quedaba sin una gota de odio. Cuando en 1972 viajé a Mendoza a entrevistarlo, hacía un año que Sara había muerto. Di Benedetto me dijo: “Yo creo que el hombre no es bueno; las necesidades, el afán de descollar, hacen que use armas innobles. Si se porta bien es obligado por la sociedad. Adentro suyo sufre, se tortura. Por eso necesitamos la confesión. ¿Y quién es el ser que en forma directa nos otorga el perdón?... Es la madre. Yo la perdí. Siento profunda soledad. Si me juzgo, como los inventados por Pirandello o Dostoievsky, me siento culpable y sin redención. Porque, ¿quién me perdonará, quién?... La otra posible alternativa de confesión la da el amor en pareja”.

A lo bestia, le pregunté lo que él esperaba: “¿Y ahora, Antonio?” “Yo era mi madre. Mi madre era yo. Ya no está mi madre. Ahora busco un destino para mi hija y para mis libros... Morir quisiera en lugar donde nadie me reconozca. Vivir es un desafío. Morir es un acto íntimo... Cuando eso ocurra, y lo deseo pronto, si algo provoco, que no sea llanto sino reflexión”. “Usted no quiere morirse ni suicidarse ni nada, Di Benedetto”. “No sea cruel, Braceli. Comprenda: yo era mi madre. Mi madre era yo. Ya no está mi madre”.

(A ese día, le bajó su noche debida. El escritor gimió: “Madre, ¿me has abandonado?” La voz entrañable le respondió: “Hijo hijito, volveré a nacer, para parirte”. Implacable en el insomnio, el escritor suplicó: “Madre, hace frío en mi corazón, ¡venga pronto!”)

(Página 12, 01/12/22)

'Balvanera' (editorial Edhasa) de Francisco Narla: “Los conquistadores eran menos, pero sus valores eran mejores”

Francisco Narla es ganador del premio Edhasa de narrativas históricas por ‘Balvanera’

¿Edad? Fui niño viejo y devoralibros; quise ser joven jamesbond; me equivoqué y aspiro a ser un ignorante esforzado. Soy de Lugo, de Friol. Casado y feliz con una santa; tenemos dos niñas y muchos animales en el corazón de Galicia... ¿Política? Demasiados políticos. La leyenda negra española es tan falsa como negra

Libertadores o esclavizadores.- El Yucatán de Narla es un rincón del imperio de los Austrias donde una puta, un fraile y un bastardo, hijo de puta española y putero inglés, se buscan la vida sin apellidos bajo un orden imperial donde tenerlos era todo. En sus aventuras y desventuras, que son las más, se muestra un mundo en el que los valores cristianos van sustituyendo a los de las culturas nativas; porque, pese a la crueldad bien descrita de algunos encomenderos, las misiones aplican las reformas de la controversia de Valladolid, donde Francisco de Vitoria en el s. XVI liberó del trabajo a los niños y las embarazadas y Ginés Sepúlveda proclamaba que no podía haber esclavitud, porque todos somos hijos de Dios. Después, las universidades, catedrales, bibliotecas y hospitales españoles adelantaron económicamente a Hispanoamérica hasta bien entrado el s. XIX


- ¿Por qué los Austrias vestían de riguroso negro?

- Era un negro lustroso que entonces solo daba el palo de tinte del Yucatán y obtenerlo era una epopeya que novelo y que lo hacía carísimo y, por su exclusividad, el preferido de las élites.

- ¿En la Riviera Maya hubo riquezas sin cuento que los españoles rapiñaron?

- En realidad, era una tierra pobre con ciudades mayas espectaculares, eso sí, pero edificadas sobre el sufrimiento, la esclavitud y la sumisión a cultos primitivos...

- ¿Y el imperio español no las cambió por su propia sumisión y sufrimiento?

- Los conquistadores eran menos, pero se impusieron no por la fuerza, sino porque sus valores eran mejores. Cualquiera que se documente comprobará que Cortés, Pizarro y los que, como ellos, buscaron un futuro mejor en lo que creían las Indias jamás hubieran ganado solo con las armas. Por eso, se impusieron y hoy toda Hispanoamérica habla español.

- No sé de qué valores habla, pero se impusieron los microbios, el acero y la pólvora.

- Hablo de que el cristianismo ofrecía a los americanos subyugados por otros nativos un futuro en el que todos eran iguales como hijos de Dios. Eso fue un enorme progreso y hasta el quinto real, el 20% de impuesto de los Austrias sobre toda transacción, era inferior al que exigían los mexicas. Las guerras entre etnias nativas ayudaron a la conquista.

- ¿No llegaron los mayas, los aztecas, los incas a dominar la astronomía y arquitectura?

- Pero sin salir de la superstición; no exageremos. Para los mayas, la sangre era la materia primigenia que engendraba la vida. En una de sus ceremonias perforaban el pene con la cola de una manta raya y lo hacían sangrar para copular con la diosa de la vida...

- Supongo que no era indoloro.

- También el canibalismo o la esclavitud eran habituales allí antes de que llegaran los europeos: españoles, pero también portugueses, lombardos y de otras regiones de Italia y Países Bajos bajo los Austrias: ante todo eran católicos y serlo era un progreso para todos.

- ¿Pero ser nativo no era ser un perdedor?

- Muchas encomiendas se entregan a caciques indios; y conquistadores castellanos, extremeños y de todo el imperio se casan con indias. Hay muchísimos indios que están encantados de estar con los españoles y superar un orden precedente en el que te podían abrir en canal para cogerte el corazón y carecías de cualquier derecho...

- ¿Para sufrir la Inquisición y sus torturas?

- La Inquisición española es la que menos víctimas tuvo: en España fueron 3.000 ajusticiados; y durante el mismo periodo solo en Alemania tuvo 35.000… Por no hablar de los procesos de brujería en toda Europa. Y en España no había condena sin juicio.

- ¿Pero no se impuso la fe por la fuerza?

- Mire, al final, si no hubiéramos sido nosotros, en Hispanoamérica se hubieran impuesto los ingleses, y en Norteamérica, que acabaron colonizando ellos, las cosas fueron mucho peor para los nativos.

- ¿Qué insinúa?

- Que hoy en cualquier calle de Hispanoamérica te cruzas con una mayoría de etnia indígena que puede hablar con orgullo de sus ancestros; en Norteamérica, los indios son una excepción confinada en reservas.

- ¿Acaso la cruz no fue siempre fiel compañera de la espada y no hubo otra sin la una?

- También los españoles sufrieron los tormentos nativos. Por ejemplo, el del tamanduá, oso hormiguero, de lengua rasposa y afilada, al que se convocaba colocando al desdichado conquistador capturado de cúbito supino con el ano untado de pasta de hormigas...

- ¡Glups!

- El olor atraía a la bestia, que, intentando capturar las inexistentes hormigas, con su lengua destrozaba el supuesto hormiguero con sus aceradas garras durante horas.

- Tampoco parece humanitario.

- Otros españoles fueron atados a un tablón con un agujero en la zona genital y abandonados a la deriva en un río con pirañas con un corte en el escroto. El sacrificio humano era esencial en los cultos precolombinos.

- Hubo conquistadores sangrientos.

- Hubo cafres, sin duda, pero la mayoría iban a trabajar y ganarse la vida. Y hubo africanos, como el famoso Estebanico, que fue un conquistador más junto a Cortés. El comercio de esclavos se disparó sobre todo con la plantación de algodón en el sur norteamericano.

- Pues está bien documentado el comercio de negreros españoles y, luego, catalanes.

- En su mayoría, eran portugueses. El sistema de encomiendas español, con sus defectos, hizo encomenderos también a muchos nativos, y los nativos a ellas asignados eran trabajadores, no esclavos.

- ¿No murieron a millares en las colonias?

- Los franceses alardean de su legislación laboral pionera en 1860, cuando la española es de 1512 en las leyes de Burgos, con Francisco de Vitoria, que prohíben trabajar a las embarazadas y los niños.

(Lluís Amiguet, La Contra, La Vanguardia, 13/07/22)

La imitación que imita (Magí Camps)

Carles Pedragosa borda el gag a partir de la confusión en inglés entre Turquía y un pavo

La línea que separa la interpretación de la imitación es delgada y a veces cuesta de establecer. Cuando en un premio cinematográfico reconocen el trabajo de un actor o una actriz que ha rodado una película biográfica poniéndose en la piel de otra persona, siempre hay voces críticas que aseguran que una imitación no puede compararse con una interpretación. Me vienen a la mente Nicole Kidman como Virginia Woolf en Las horas, Rami Malek como Freddie Mercury en Bohemian rhapsody y Taron Egerton como Elton John en Rocketman, por poner tres ejemplos.

Lo que más me fascina es cuando un imitador ejecuta una doble interpretación, es decir, imitando a un personaje hace ver que imita a otro. Lo hemos visto a menudo en el programa humorístico Polònia, cuando un político se quiere hacer pasar por otro, de modo que el imitador tiene que hacer un segundo personaje dejando entrever al primero que está interpretando. La doble pirueta es como un más difícil todavía, y salen adelante.

Este verano el festival Grec inunda la ciudad de propuestas artísticas en una edición que casi ha recuperado la normalidad. Digo casi porque hay algo que no se ajusta, pero es una constante de los festivales actuales, que quizá todavía no se puede decir con todas las letras que son postpandémicos. Es la recuperación de espectáculos que se han visto interrumpidos por el confinamiento. Con buen criterio, los organizadores programan piezas estrenadas, pero que habían tenido una vida corta a causa de las restricciones sanitarias de estos dos años.

Uno de esos casos es Europa bull, de Jordi Oriol, que hasta el 17 de julio se puede volver a ver en el TNC. El dramaturgo y director, que ahora asume el papel que interpretaba en el 2019 Joan­ Carreras (ahora en la Beckett con Al final, les visions, de Llàtzer Garcia), se acompaña de un grupo de intérpretes extraordinarios: Sasha Agranov, Sarah Anglada, Olga Onrubia, Carles Pedragosa y Karl Stets. La obra ha sido actualizada, aunque no llega a la guerra de Ucrania, para retratar una Europa en quiebra por el peso de la burocracia. En el puro estilo del autor, los juegos de palabras aparecen a menudo, en este caso doblando la apuesta habitual por el hecho de jugar con más lenguas, falsos amigos y traducciones equívocas. Y los actores también doblan la apuesta ejecutando la doble imitación, hablando en inglés como si fueran italianos, por ejemplo. El chiste de confundir en inglés Turquía ( Turkey) con un pavo ( turkey ) es un clásico, pero aquí el actor y músico Carles Pedragosa lo borda. Toda esta locura teatral empieza con la osadía de la vaca Penka, que en el año 2018 cruzó la frontera de Bulgaria con Serbia. No es fácil salir y entrar de la UE, aunque se sea una vaca.

(La Vanguardia, 04/07/22)

El reloj que no marcas las horas

Barcelona secreta

Una esfera numerada del cero al seis de la Torre de les Aigües del Besòs, en el Poblenou, es en realidad un marcador que indicaba la capacidad del depósito del complejo acuífero, que alcanzaba los 600.000 litros


La antigua Torre de les Aigües del Besòs, en el Poblenou, luce en su fachada un reloj que no marca las horas, como dice el bolero. Se trata de una esfera numerada del cero al seis que en realidad marcaba la capacidad del depósito construido en 1880 con el propósito de abastecer de agua a Barcelona, empresa que finalmente no prosperó. No obstante, la torre ha permanecido en pie durante más de 130 años como símbolo del paisaje de la zona.

La torre fue sometida a una minuciosa restauración entre 2010 y 2014, que mantuvo la originalidad del edificio, obra de Pere Falqués, y la reproducción de elementos que ya no se podían restaurar, como los barrotes de la barandilla de la escalera que rodea la torre por el exterior de la parte superior. Otro de los elementos reproducidos es el reloj que no es tal de la fachada. Es una copia. El original se encuentra a buen recaudo y visible en el interior de la torre, convertida ahora en un espacio museístico a cargo del Arxiu Històric del Poblenou.

La esfera, en vez de las horas, marcaba la capacidad del depósito de agua. Cada número representa 100.000 litros. Así, la capacidad total era de 600.000 litros, “unas 400.000 botellas de agua de litro y medio de las que compramos en el supermercado”, señala Jordi Fosas, presidente del Arxiu Històric.

La torre fue una iniciativa empresarial para abastecer de agua a la ciudad, en unos años en que Barcelona tenía acusados déficits en esta cuestión. Se escogió el agua del Besòs por su presunta calidad, pero la cercanía de la costa hizo que, al poco, el agua registrara altos índices de salinidad, por lo que se suspendió el suministro a la población. La empresa promotora cerró y la instalación acabó en 1895 en manos de Aguas de Barcelona, que la reconvirtió para el uso industrial. En 1922, la metalúrgica MACOSA compró el complejo acuífero, hasta que la fábrica fue desmantelada durante el proceso de transformación urbanística de la zona impulsado por el proyecto olímpico.

La antigua estación de agua se encuentra en la plaza Ramon Alsina, en la confluencia de la calle Selva de Mar con el paseo Taulat. El espacio se puede visitar e incluso subir a lo alto de la torre tras salvar sus 303 escalones.

(Xavi Casinos, La Vanguardia, 03/07/22)

'Albert Camus. Solitario y solidario' (editorial Plataforma) de Catherine Camus. Elisabeth Maisondieu-Camus: “Me impongo ver belleza en todo desde que abro los ojos”

Elisabeth Maisondieu-Camus es nieta de Albert Camus

Tengo 51 años. Nací en Niza, y vivo en París desde los 30 años. Soy abogada. Estoy separada y tengo una hija, Lola (16). ¿Política? Social, y descreída de los políticos. ¿Creencias? Mi religión es la paz. Camus me enseña humanidad y sensualidad. Soy una enamorada de España por haberla recorrido

La huella de Albert Camus.- La nieta de Camus ha incorporado el apellido de su célebre abuelo al suyo paterno, por el orgullo que le insufla Albert Camus: “Era despierto, generoso, entusiasta, todo le resultaba atractivo”. Durante años Francia receló de Camus, que se ha impuesto por su imbatible y vibrante sensibilidad y humanidad. La madre de Elisabeth, Catherine, ha publicado hace poco el libro Albert Camus. Solitario y solidario (Plataforma), sustancioso recorrido por el planisferio camusiano a base de documentos inéditos y extraordinarias fotografías. Elisabeth me desvela que su madre custodia correspondencia que nadie ha leído... además de las cartas de amor con la actriz española María Casares, que publicará un día: me garantiza que son una jugosa fuente de conocimiento sobre la obra de Camus


- Albert Camus era su....

- Abuelo materno: padre de mi madre, Catherine Camus.

- ¿Llegó usted a conocerle?

- Murió en 1960, yo nací en 1970.

- Aquel accidente de automóvil.

- Dos años después del Nobel de Literatura.

- ¿Seguro que fue un accidente?

- Déjese de historietas.

- Qué pena, su muerte.

- Me hubiese encantado charlar con él.

- ¿Qué le preguntaría si viviera?

- Abuelo, ¿has sido feliz?

- ¿Y qué diría él?

- ¡Sí!

- ¿Por qué lo cree así?

- Mamá me cuenta que él era como el sol.

- El sol irradia luz y calor.

- Y Albert Camus sonreía, vivaz, vital, alegre, generoso y entusiasta. Lo testimonian quienes le trataron.

- Pocos intelectuales son así.

- Los intelectuales parisinos, tan pomposos, despreciaron al argelino pobretón...

- ¿Clasismo?

- Chauvinismo parisino.

- Ah.

- Mísero provinciano, escribía de maravilla, ¡encima! Y peor: gustaba a las mujeres.

- ¿Por eso Sartre le daba caña?

- Ah, la pedantona “inteligencia” gala y su ramplona cerrazón gremial... Albert Camus sobrevolaba de lejos todo eso, claro.

- ¿Contra qué blandió él su pluma?

- Contra todo extremismo. Del fascista al comunista. Por eso en Francia han desconfiado de él tanto unos como otros.

- Hoy ya no, ¿no?

- Mi madre no me habló de él para protegerme y evitarme problemas en el colegio.

- Anda.

- Hasta los trece años no supe que mi abuelo había sido un escritor relevante. Hoy ya figura en los planes de estudio. ¡Y ya ha pasado de ser escritor a ser un referente!

- ¿Qué ha hecho crecer tanto a Camus?

- Esta sociedad tendente al egoísmo está necesitada de alguna luz, de alguna esperanza... Y Albert Camus nos la brinda.

- ¿Cuál es su legado primordial, diría?

- ¡La sensualidad!

- Arguméntelo.

- Camus paladea la vida en sus detalles y la humanidad palpitante: es un humanista.

- Sí, aquello que dijo sobre su madre...

- “Entre la justicia y mi madre, elijo a mi madre”: lo dijo ante las bombas que ponían en Argel argelinos anticolonialistas: argelino anticolonialista, él temía que una de esas bombas despedazase a su madre.

- Elemental.

- Camus denuncia problemas candentes, pero además siente el corazón del otro: si escribe sobre el otro... su corazón llora.

- Un genuino humanista, me decía...

- Su mirada aprecia la belleza de la humanidad y del mundo pese a todas las miserias.

- Deme una frase suya que ilustre esto.

- “En medio del invierno aprendí al fin que había en mí un ser invencible”.

- ¿La felicidad es una elección, pues?

- “La felicidad es la mayor conquista contra el destino”, dijo. La vida te traerá momentos dulces y momentos amargos: Camus te enseña a ver belleza en todos ellos.

- No siempre es fácil.

- Pero siempre es posible.

- ¿Lo intenta usted?

- ¡Cada día desde que abro los ojos!

- ¿Y qué tal?

- Me impongo ver belleza. Y ahora que converso contigo también lo hago.

- ¿Cómo lo hace?

- Hay tras de ti una ventana, y por ella veo una terraza, veo que hay un bambú de hojas muy verdes y soleadas sobre un fondo de ladrillo rojo y bajo un pedazo de cielo azul... ¡Cuánto lo disfruto!

- Me alegra figurar en este cuadro suyo.

- Vea a una mujer enamorada de España.

- ¿Por la abuela menorquina de Camus?

- Y por haberla recorrido desde joven.

- Su madre publica un libro de fotos...

- Mi preferida es esta mujer sentada ante una mesa, en silencio, bella, triste, mirada abstraída..: mi abuela, esposa de Camus.

- Hermosa mujer.

- En un intento de suicidio, Camus la salvó, lo refleja en su obra La caída ... Mi abuela ya sabía en esta foto del amor de su marido por la actriz española María Casares...

- ¿Conoció usted a su abuela?

- Sí, era maravillosa, me sentaba en sus rodillas. He heredado su cabello ondulado. Ella se suicidó en 1978.

- ¿Dónde yace Camus?

- En Lourmarin, pueblín del Midi francés. Por toda lápida, una humilde piedra entre yerbas. Los visitantes dejan bolígrafos: ¡los recogemos a sacos!

- Bonito.

- Por la sencillez de la tumba, algunos ¡ay! deploran que tengamos abandonado al pobre Camus. No han entendido a Camus.

(Víctor M. Amela, La Contra, La Vanguardia, 01/07/22)

Obituario. Mario Muchnik

Buenos Aires, 21 de junio de 1931 - Madrid, 27 de marzo de 2022

Este año moría el editor, escritor y fotógrafo argentino de origen ruso Mario Muchnik, que residía en España desde 1978: Un hombre que tenía en la sangre el mundo de la edición, pues su padre, Jacobo, era un publicitario y editor, y fundó, junto a Víctor y Joan Seix, Difusora Internacional. A finales de los años cuarenta, su familia emigra a Nueva York y allí Muchnik estudia Ciencias Físicas en la Universidad de Columbia, estudios que acaba en 1953, para más tarde doctorarse en Roma en 1957. En esta ciudad da clases en los años 60 en el Instituto de Física Nuclear y en 1967, es editor-jefe de una empresa audiovisual en Londres.

El punto de inflexión en su vida sucede en 1973, cuando funda Muchnik Editores, y en 1978 se traslada a Barcelona. Luego, de 1982 a 1983 es director literario de Ariel-Seix Barral y vicepresidente de Difusora Internacional hasta 2012. En los años 1991-1997 crea el sello Anaya-Mario Muchnik tras vender su marca al grupo Anaya, si bien seguía siendo él el líder del proyecto. Este sello, pasado el tiempo, tendría un nuevo nombre, El Aleph, dentro de Edicions 62, que en la actualidad pertenece al grupo Planeta. Por otra parte, en 1998, volviendo a un trabajo de edición más personalista, creó con su esposa Nicole Del taller de Mario Muchnik.

Sea como fuere en todos estos sellos logró editar a lo mejor de la narrativa y el ensayo en lengua española y traducciones de todo tipo, y él mismo fue también escritor, con obras como 'Miguel Ángel de cerca', 'Mundo judío. Crónica personal', 'Un bárbaro en París, Albert Einstein', 'Para mis amigos libreros'. 'Lo peor no son los autores' o 'Banco de pruebas. Memoria de trabajo 1949-1999', además de un libro de conversaciones con el periodista Juan Cruz cuando ya se sentía enfermo, titulado 'Mario Muchnik, editor para toda la vida'.

Una trayectoria impresionante que acabó en Madrid, el día 27 de marzo de 2022, a los 91 años, dejando una impronta imborrable en el ámbito editorial, siendo un pionero en la publicación de libros en torno al Holocausto, como los de Primo Levi, 'Si esto es un hombre', 'La tregua' y 'Los hundidos y los salvados'. También fue el descubridor para el lector español de autores como Elias Canetti o un autor que editó hace un cuarto de siglo, a Abdulzarak Gurnah, y que hace escasas fechas ha obtenido el premio Nobel. Así, la nómina de autores que pasaron por su atenta lectura es interminable. Bruce Chatwin, en el género de viajes, por ejemplo, u otra autora que acabaría siendo toda una superventas con la novela 'De parte de la princesa muerta', la francesa de origen turco Kenizé Mourad.

Mención aparte merece su pasión por el arte fotográfico, al que se dedicó muy joven en Nueva York. De hecho, hace unas fechas se efectuó el inventario del legado en este campo, compuesto por más de 50.000 negativos. Y es que siempre que pudo, usó su cámara Leica para inmortalizar a los autores con los que iba tratando y que ya forman parte de la historia literaria más importante del siglo XX. Así las cosas, en el París de los sesenta confraternizó con y fotografió a Jean-Paul Sartre, Simone de Beauvoir, André Malraux... asimismo, retrató a escritores de talla universal como Gabriel García Márquez, Italo Calvino o Julio Cortázar, y siempre en blanco y negro, pues afirmaba que el color no le motivaba en absoluto a la hora de hacer sus instantáneas.

(Qué Leer, junio 2022)

Obituario. John Elliott

Reading, 23 de junio de 1930 - Oxford, 10 de marzo de 2022

Se nos fue a una edad avanzada, el pasado mes de marzo, uno de los historiadores e hispanistas más importantes de las últimas décadas, el británico John Elliott


Se llamó John Huxtable Eliott y, pese a ser un historiador británico nacido en 1930, fue todo un ejemplo en su campo para hispanistas de todo tipo y de diversas generaciones por su contribución a la hora de arrojar luz en los períodos del siglo XVI y XVII, los de auge y decadencia de la Monarquía católica. Falleció a los 91 años en el Hospital John Ratcliffe de Oxford, a causa de una neumonía y problemas. Acababa así una trayectoria tremendamente relevante en el ámbito de los estudios históricos, que vino acompañada de un interés muy grande por España desde la juventud, sobre todo después de realizar un viaje que duró seis semanas, por todo el país con unos cuantos amigos.

Fue al visitar el Museo del Prado cuando tuvo una revelación y, al ver el cuadro de Velázquez dedicado al conde-duque de Olivares, decidió que iba a consagrarse a estudiar esa época. En este personaje de importancia política tan marcada se hizo el mayor especialista, al incluso rescatarlo de un relativo olvido en que había permanecido, indagando en el período de los Austrias, e incluso en la rebelión catalana de 1640 contra el poder central de Madrid.

Por entonces, en Cataluña destacaba en el mundo de la historia el estudioso Jaume Vicens Vives, y Elliott se puso a examinar en profundidad el pasado catalán para entender, al fin, en los últimos años, las fuentes del separatismo. Da fe de ello su libro 'Catalanes y Escoceses: Unión y Discordia', que publicó la editorial Taurus, donde hacía diversos paralelismos de dos realidades muy divergentes pero que tienen nexos comunes.

Pues bien, para llegar a este punto cabe ir muy atrás en el tiempo, al momento en que Elliott estudió en el selecto colegio de Eton, para más tarde doctorarse en Historia en la Universidad de Cambridge en 1952. En su larga andadura, tan próxima al entorno académico y universitario, también fue catedrático en el King's College de Londres entre 1968 y 1973, y también en Princeton desde 1973 hasta 1990 y Regius Professor de Historia Moderna de Oxford entre 1990 y 1997. Por otro lado, en 1972 fue elegido para la Academia Británica.

Y por supuesto, en España, a la que dedicó tantos cientos y cientos de páginas, y miles y miles de horas de estudios, fue reconocido en diversas ocasiones. Desde 1965 fue miembro correspondiente de la Real Academia de la Historia de Madrid y en 1993 recibió el premio Nebrija de la Universidad de Salamanca. Fue doctor 'honoris causa' por la Universidad de Lleida en 1999, por la Universidad Complutense de Madrid, por la Universidad de Sevilla en 2011 y por la Universidad de Alcalá en 2012 y por la Universidad de Cantabria en 2015. Asimismo, en 1996 recibió el Premio Príncipe de Asturias de Ciencias Sociales y el Premio Balzan en 1999 por su contribución a la historia de España y el Imperio español en la Edad Moderna.

Un portentoso analista del pasado histórico, en resumidas cuentas, como se aprecia no sólo en su gran obra sobre Olivares, sino en obras como 'La Europa dividida (1559-1598)' y 'Lengua e imperio en la España de Felipe IV'. Claro está, también publicó en su lengua materna diferentes estudios, pero aquí lo recordaremos ahora por títulos que en su día el lector pudo leer en catellano como los siguientes: 'Revoluciones y rebeliones en la Europa moderna' (1990), '1640 la monarquía hispánica en crisis' (1992), 'Lengua e imperio en la España de Felipe IV' (1997), 'España y su mundo 1500-1700' (1999) o 'El mundo de los validos' (1999).

(Qué Leer, junio 2022)

La monogamia o por qué importa con quién folla Santi Millán

La filtración de imágenes personales de Santi Millán y las declaraciones, a posteriori, de Rosa Olucha, su pareja, han visibilizado otras maneras de vivir el amor y las relaciones sexoafectivas. El feminismo apuesta por dinamitar la idea tradicional de pareja sin dejar de prestar atención a los cuidados

La pareja tradicional es el símbolo por antonomasia de una sociedad heteropatriarcal y capitalista

"Estamos muy acostumbradas a la dinámica de que la persona con la que follamos es quien nos sostiene de verdad"


Prefieren que no diga cómo se llaman porque "ni quita ni pone" y ellos prefieren vivir tranquilitos. Llevan seis años juntos, pero han abierto la relación hace poco. Esa es la expresión más habitual para hablar de un cambio de paradigma y de un reto para muchas parejas. Abrir la relación es también romper con las lógicas de la monogamia y tratar de vivir de otra manera. En algunos entornos es una opción popular, pero en otros es probable que se hayan enterado ahora —a raíz de la filtración de imágenes de Santi Millán— de que hay otras maneras de hacer pactos en una pareja, otras maneras de vivir el amor y los vínculos.

S. y J. —tampoco creen que haga falta que me invite un pseudónimo— decidieron abrir su relación tras varios años juntos. Ya no follaban tanto y aquello parecía empezar a desgastarse. Les ha sentado bien, sí, pero ha sido llegar a acuerdos. Viven juntos y eso, a priori, podría complicarlo, pero, precisamente por eso, son muy firmes con sus pactos.

Nunca llevan a nadie a la casa común, no se enrollan con nadie que les conozca a los dos, no repiten más de tres veces con la misma persona, sus amantes siempre saben que tienen pareja, prohibido tontear por WhatsApp. Su modelo se enmarca en una manera de entender las relaciones abiertas que se centran específicamente en la posibilidad de mantener relaciones sexuales con otras personas pero sin establecer vínculos afectivos. Tienen un proyecto de vida en común y todo lo demás es secundario.

Testimonios y experiencias las hay de todos los tipos. E. tiene 40 años y dos criaturas. Ella y su pareja empiezan a pensar en explorar la posibilidad de estar con otras personas. No tiene miedo ni se siente insegura porque, dice, se siente elegida por su novio cada día como compañera de vida. Apuesta por un modelo que, como el de S. y J., jerarquiza las distintas relaciones y hay una de ellas que toma la categoría de "principal". El resto serán encuentros esporádicos, pero todavía no han pactado los términos.

- Alternativas a la pareja tradicional.

Hay modelos más jerárquicos o modelos más horizontales; de dos, de tres, de más personas. Tantos modelos como personas que se atreven a poner en cuestión la pareja tradicional, el símbolo por antonomasia de una sociedad heteropatriarcal y capitalista.

Hay alternativas: la anarquía relacional propone establecer distintos vínculos sin que ninguno de ellos tenga más relevancia que otros. La agamia, por ejemplo, es otra propuesta que explora la posibilidad de vincularse sin llegar nunca a formar parejas.

Nuestra sociedad se construye pensando siempre en dos: los viajes, los precios de los alquileres, la construcción de una familia, las ofertas. En los últimos años son muchos los autores y las autoras que han tratado de desgranar todos los términos para cuestionar las dinámicas. Ética promiscua de Dossie Easton y Janet W. Hardy es, probablemente, uno de los libros de cabecera para quienes deciden explorar otras formas de vivir el amor. Es una obra en construcción, que ha ido adaptándose a nuevos modelos en sus distintas ediciones. Es una apuesta por las relaciones abiertas, sí, pero también le meten mano a la asexualidad, al trabajo sexual, a las comunidades poliamorosas, a todas las alternativas al modelo tradicional estén o no estén incluidas más de dos personas en la ecuación.

- Cada una en su casa o mejor con las amigas.

Hay muchas maneras de vivir el amor que no necesariamente tienen que incluir la ruptura con la monogamia. Cada vez es más habitual que las parejas decidan no vivir juntas, no ir de vacaciones juntas, no entablar vínculos con la familia extensa. Romper con algunas lógicas puede ayudar a establecer relaciones más saludables, pero no todas se lo pueden permitir.

El precio de la vivienda y la precariedad laboral en la que hay que hacer equilibrios a veces impide que puedan desarrollarse relaciones más libres. Sandra Bravo, autora de Todo eso que no sé cómo explicarle a mi madre. (Poli)amor, sexo y feminismo, llama a desmontar la monogamia atendiendo a otros mecanismos en los que se sostiene: "Aunque el sistema monógamo se sustenta, en parte, gracias al capitalismo, entiendo que también lo hace gracias al sistema patriarcal, al capacitistismo, a la heteronormartividad o al racismo", asegura en una entrevista a Pikara Magazine.

Hay autoras feministas que llevan años dándole vueltas al amor. Las críticas al amor romántico han abierto la puerta a poner sobre la mesa otros modelos, pero también esos han sido cuestionados.

No, no basta con incluir a más personas en la ecuación si lo que se pretende es cambiar las dinámicas. La escritora Brigitte Vasallo es una de las autoras de referencia. Su libro Pensamiento monógamo, terror poliamoroso es el resultado de una investigación histórica sobre la monogamia en la que se analizan los mecanismos del pensamiento monógamo y, sí, analiza su influencia en las parejas, pero también en el activismo y en la propia construcción de la idea de Estado.

En una entrevista para la agencia de noticias Presentes asegura que la manera en la que ella define "el sistema monógamo no está en el hecho de tener una pareja de un tipo concreto o con exclusividad sexual" sino que entiende que se trata de una "forma de organización social en la que el centro de la sociedad es la pareja, y en la que un cierto poliamor no rompe esa jerarquía sino que lo que hace es agrandar la cantidad de gente que estará en ese centro que es la pareja". Tanto ella como otras autoras llaman también a la responsabilidad. Establecer más vínculos implica cuidar a más personas.

La activista y escritora Tatiana Romero también está pensando en esa línea. Habla de soltería radical, de dinamitar la pareja como concepto. Eso no se consigue solo acostándote con más personas, sino cambiando de lugar el foco. Tenemos que pensar más en las amigas, en las redes, en esas otras formas de organización social que dinamiten el modelo imperante.

Ella diferencia entre la monogamia y las relaciones sexoafectivas no exclusivas porque es perfectamente compatible vivir un modelo de relación en el que no se pacta la exclusividad sexual y, sin embargo, seguir reproduciendo las mismas lógicas: "Aunque tú intentes relacionarte desde espacios no monógamos, si estás en pareja acabas reproduciendo las dinámicas de parejocracia de toda la vida. La persona con la que construyes intimidad acaba siendo la que más te sostiene. Desde los feminismos estamos intentando que sean las amigas las que nos sostengan buscando no solo no poner en el centro a una persona, sino no tener un centro definido, las redes no acaban de sostenernos del todo. Estamos muy acostumbradas a la dinámica de que la persona con la que follamos y tenemos intimidad sexual, que está muy relacionada con la intimidad afectiva, es quien nos sostiene de verdad. Me parece que la soltería radical y la promiscuidad ética pueden acabar con esto".

(Andrea Momoitio, Público, 25/06/22)

'La Joie de Vivre’: el placer de las pequeñas cosas

Cultura|s

Univers en catalán y Catedral en castellano publican una colección sobre la felicidad, con libros literarios, para todos los públicos

“No cualquier libro puede formar parte de la colección; tiene que transmitir una atmósfera, la maravilla de la contemplación de las pequeñas cosas”

Sílvia Soler busca ‘punts de claror enmig de la foscúria’: de las lecturas de verano y Enid Blyton al placer de un paseo matutino

‘La vie n’est pas finie, la vie n’est pas passée’, canta Albert Om coreando a Dominique A en su retiro de Aix-en-Provence

Ester Pujol, la editora: Saber contar lo que se siente.- “En un viaje a Londres, en la libreria Foyles de Charing Cross, descubrí el Diario de Florencia de Diana Athill, en una edición inglesa muy cuidada. Athill fue una de las grandes editoras británicas. Pero este libro no habla de su experiencia profesional. Explica como, a mediados de los años cuarenta, tras un desengaño amoroso pasó quince días en Italia. Debía de tener unos treinta años. Al principio estaba extrañada. Los hombres le parecían todos muy morenos, pero al cabo de unos días todos le gustaban”. Ester Pujol (Manlleu, 1967), la editora de Univers, que promueve la colección La Joie de Vivre, responde a mis preguntas desde el Mercat de Vic. “Qué bien se está aquí. Hay una orquestra que toca en la plaza. La gente compra en los puestos callejeros”. Ester Pujol tiene un carácter positivo, optimista, que ha proyectado en la colección. Es una editora muy querida por los autores y tiene la capa­cidad de combinar en su catálogo escritores muy literarios con otros de corte más periodístico. En esta etapa edita en catalán y/o en castellano, según el autor y el libro. Tiene mucha gracia explicando algunos de los títulos de su selección. De Apetito por París de A.J. Liebling dice que es un libro que no aguanta un análisis de sangre: te sube el colesterol con solo abrir sus páginas. Es la narración de un gourmand, amante de las grandes comilonas, con muchas referencias a las casas de lenocinio (“es muy políticamente incorrecto”, dice Pujol). “No es el libro de alguien que entiende mucho de cocina, sino de un escritor que disfruta comiendo bien y que sabe contar lo que siente”. La selección de los títulos que forman parte de La Joie de Vivre es muy estricta. “Cualquier libro no puede formar parte de la colección. Tiene que transmitir una atmósfera, un estado de ánimo, transmitir la maravilla de la contemplación de las pequeñas cosas. Son libros placenteros con un punto de nostalgia, sin caer en la melancolía. Libros con un punto pausa. La que me falta a mí, que hablo muy deprisa”. Es el entusiasmo, querida Ester

Arturo San Agistín, por el mundo: Las sensaciones son eternas.- Eugeni d’Ors escribió, con una de sus frases tajantes, que el mejor reposo es el repaso: una idea perfecta para describir Amanecer en el Gianicolo, el libro de Arturo San Agustín (Barcelona, 1949) sobre Roma, uno de los éxitos de La Joie de Vivre. Llega a la ciudad y, en pocas páginas, ofrece un inventario de sensaciones conocidas: la carita de la Sabina Délfica, un combinado Negroni, la caricatura de Mussolini, la silueta de un pino romano y, como conclusión voluptuosa, unos fettucini a los cuatro quesos. No es el libro de alguien que vaya a descubrir nada, sino de un viejo amigo de la ciudad que se regodea en encontrar de nuevo lugares y personas queridas. Es un acto íntimo y personal, un recorrido por la memoria, uno de esos homenajes que uno se hace a sí mismo. Hace unos años leí con gusto En mi barrio no había chivatos (2016), el libro de San Agustín sobre la Barceloneta, con aquella imagen de los pakistaníes de las tiendas de ultramarinos hurgando entre los dedos de los pies, que concentraba toda su desazón y su pena, y le veo ahora como uno de aquellos monarcas transterrados del ancien régime europeo, el mundo de ayer que llegó hasta Barcelona. En Roma, lejos de la herida palpitante del mundo perdido de la infancia y la juventud, San Agustín vive un exilio dorado. El reciente Pasaporte sentimental recupera postales de viaje, desde una perspectiva periodística: de Hong Kong a Jerez de la Frontera, del Sinaí, de Bucarest, de la Argentina rural, de Manaos o del primer monzón en Birmania. El hilo conductor es casi siempre un personaje, una amistad de viaje que ha dejado una huella en la memoria. Figuras como Olga Ivinskaya, que retrata en un piso humilde de las afueras de Moscú, la mujer que inspiró el personaje de Larisa Fiódorovna del Doctor Zhivago


Le bonheur de vivre es un cuadro de Henry Matisse, de 1905-1906, que tuvo un papel fundamental en el arte de vanguardia. A partir de la idea clásica de la pastoral, Matisse creó una composición con predominio del amarillo, el verde, el azul y el naranja y –como es preceptivo en las pastorales– mucha gente en porreta. Una mujer recolecta unas hierbas, dos más se abrazan por el cuello, una toca una flauta doble (el aulós griego). Las dos figuras centrales se dedican al postureo. Una pareja hetero se da un beso, un personaje andrógino les toca la flauta a unos borregos y otras señoras bailan una sardana en la playa tal como vinieron al mundo. Qué colores, qué alegría. Parece una rave , con consumo de substancias. Comparativamente, las pastorales y desnudos en el bosque de Joaquim Sunyer parecen un misterio de dolor.

Picasso, que no dejaba pasar una, quiso homenajear a su amigo Matisse y en 1946 pintó una nueva versión del cuadro famoso que tituló La joie de vivre . Había sobrevivido a la guerra, se había instalado en Antibes y estaba más contento que unas pascuas. En su cuadro aparece una sola mujer en porreta, de grandes pechos, que cruza las piernas como si bailara la tarantela. El señor del aulós está dibujado esquemáticamente. Un centauro toca la flauta. De fondo se ve el mar, con un barco de vela. La gran diferencia es que Picasso mezcla hombres y animales o, mejor dicho, como pasa a menudo en su obra, el placer animal representa un estado beatífico de comunión con la tierra, interpretado aquí con guasa.

El libro de Diana Athill (Londres 1917-2019) Diari de Florència que en el 2020 inauguró la colección La Joie de Vivre de la editorial Univers (en castellano en Catedral, ambos sellos de Enciclopèdia Catalana) tiene el mismo origen que el cuadro de Picasso: recuperar la felicidad después de la guerra y de un fracaso sentimental. ¿Una colección sobre la felicidad, literaria, con libros de calidad para todos los públicos? Esa es la idea. Voy a exponer mi teoría. ¿Se han fijado que en los últimos años la ficción se ha problematizado? Puede verse en la novela, en el teatro y también en el cine. Parece como si, para ser realmente buena, la ficción tuviera que ser dramática y, aún diría más, de un dramatismo temático. Todos los accidentes y trastornos sentimentales, sexuales, familiares y sociales tienen su novela o su obra de teatro. Y en cambio cuesta encontrar libros y películas ligeras, bien hechas, buenas comedias que no te traten como si fueras bobo. Este espacio lo ha ocupado en gran parte la no ficción. Es en este espacio donde La Joie de Vivre tiene todo el sentido. Propone a los lectores ejemplos prácticos y sencillos de vida apasionada, de vida plena, desde un punto de vista que tiende a ser retrospectivo. Se parte de la idea que la experiencia es un factor fundamental del buen vivir. Por una parte, el recuerdo embellece las cosas. Por otra, cuando el autor es veterano, tiene más capacidad para aislar de los bocinazos del mundo moderno lo que realmente vale la pena. La escritura, cuando es buena, tiene la virtud de trasladar al presente los recuerdos e impresiones de otro tiempo.

Como en la época en que Picasso se zambullía en Antibes y Diana Athill llegaba a Italia con su prima Pen, estamos muy necesitados de esperanza. Desde que se publicó el primer volumen de La Joie de Vivre , hemos pasado por seis olas de pandemia, con miles de contagios y fallecidos, confinamientos totales, viajes anu­lados, vacaciones aplazadas. A continuación, la salud mental se ha convertido en un gran problema mundial. Y ahora tenemos una guerra, una crisis económica y un estropicio climático de consecuencias imprevisibles. Leer los recuerdos de Rafel Nadal cuando era pequeño en la playa de la Fosca de Palamós (Mar d’estiu) o acompañar a Fúlvia Nicolàs en el periplo por las islas Feroe, que da pie a evocar otros viajes a los países escandinavos desde los años ochenta (Zugunruhe), puede tener un valor terapéutico, dicho sea con todo el respeto por la gente que lo pasa mal. Evoca una vida que hemos vivido también o nos aproxima una experiencia que no hemos llegado a emprender.

La Joie de Vivre tiene un componente periodístico muy importante, con escritores todo terreno que han desarrollado la mayor parte de su carrera en la prensa y algunos autores mediáticos, como Albert Om, que, en El dia que vaig marxar, explica un momento de desconexión que aprovechó para aprender francés y vivir en Provenza. El libro empieza con una experiencia de duelo (la muerte de su amiga la actriz Rosa Novell) y termina con una inmersión en los pequeños placeres cotidianos. “La vie n’est pas finie, la vie n’est pas passée”, canta con Dominique A.

Sílvia Soler ha escrito un libro sin un tema concreto, que sirve de divisa de la colección: La joia de viure. Busca “punts de claror enmig de la foscúria”: de las lecturas de verano a las aventuras de Enid Blyton que crearon su adición a la lectura hasta el gozo de poder salir a caminar de buena mañana con una amiga. De las casas en las que ha vivido (con un contrapunto a algunas páginas de Toni Soler en El tumor) al primer viaje a Mallorca con los padres y un amor adolescente.

De los cafés que tomaba en Roma el soviet de Girona, reunido en torno a la Llibreria 22, le oí hablar por vez primera al filólogo Modest Prats (soviet era el nombre que se daba en los años veinte y treinta a las tertulias catalanas, que siempre tienen un punto confabulatorio y de tribunal, me gusta, me parece muy adecuado y lo recupero). Josep M. Fonalleras le ha dedicado un libro (Un cafè a Roma). Aprovechando los vuelos baratos desde el aeropuerto de Girona, se plantaban en Roma, almorzaban y tomaban café. Prats, que había estudiado teología en la ciudad, ejercía de cicerone. Fonalleras aprendió a volar y a querer la ciudad por su cuenta y ha escrito el libro más literario de la serie, más evocativo que descriptivo, uno de los más nostálgicos y melosos.

Cinco horas en Venecia de Miquel Molina, que se ha editado en catalán y en castellano, ofrece un retrato de Venecia que no se parece nada al que proporcionan las guías. Va a la boda de una amiga (¡una boda que dura tres días!) y decide buscar la ciudad secreta. Esta semana ha estallado la polémica porque después de la pan­demia la población de Venecia se ha reducido a 50.000 personas. Molina sabe encontrar este mundo asfixiado en el turismo y la emigración a Mestre, escenas de vida auténtica, de manera parecida a como Paolo Sorrentino mostró una Roma contemporánea, con museos y fiestas de anuncio de perfume en La grande belezza .

La idea es que cada libro sea una pieza única, también en lo que se refiere al diseño, con detallitos gráficos. Una última cosa es que, en una época de individualismo y de libros de reproches familiares, por La Joie de Vivre desfilan padres, abuelas, amigos y colegas que han contribuido y contribuyen a una agradable existencia.

(Julià Guillamon, Cultura|s, La Vanguardia, 04/06/22)

Hallan en la Alhambra un muro nazarí de 30 metros oculto bajo un jardín

La pared de época medieval, de la que se conservan hasta trozos de cerámica, estaba tapada por vegetación en la zona del bosque

La investigación precisará el siglo de construcción y la utilidad que tenía esta pared oculta en el bosque

En busca de una estructura palatina desconocida.- A finales del año pasado, el Patronato de la Alhambra inició una excavación arqueológica con la intención de descubrir restos en el jardín de la Alamedilla. Algo mucho menos fortuito que el nuevo muro y que sí es una tarea más o menos habitual. Los primeros trabajos llevados a cabo en Alamedilla apuntan a una estructura palatina desconocida. Las primeras investigaciones documentaron la existencia de restos de un amplio edificio que podría haber tenido unos 400 metros cuadrados de superficie, articulado en torno a la alberca descubierta en 1950, en el período en el que Prieto Moreno fue arquitecto conservador de la Alhambra


Los secretos de la Alhambra nunca dejarán de sorprender porque, en el recinto nazarí, en cualquier obra de rutina, las herramientas topan con algo que se convierte en un trozo de historia. Esto es lo que pasó el lunes en unos trabajos de jardinería, que levantaron la hiedra y ahí había un muro de cuatro o cinco siglos atrás.

En el bosque de la Alhambra, justo antes de coger la subida hasta la Puerta de la Justicia, una valla verde delimita un trozo grande de ladera y jardines. Lo que iba a ser una obra de mantenimiento se ha convertido en unos trabajos urgentes de excavación de restos arqueológicos.

Dio lavoz de alarma un trozo de muro, al retirar el seto y la vegetación, que estaba cubierto por la tierra, que inicialmente parecía pequeño y que ha ido creciendo conforme se ha ido desenterrando. Por ahora, hay ya 30 metros de muro continuados y algún trozo más en los 43 metros en los que se ha trabajado. En estas primeras excavaciones se ha observado que la pared tiene 1,6 metros de profundidad y que topa con un suelo. Pero todo esto está por ver. Los trabajos, organizados de emergencia, están en su etapa inicial, es decir, destapar y observar primero qué hay.

Fernando Martínez Ávila, jefe del departamento de Arqueología de la Alhambra, coordinaba ayer los trabajos de excavación del muro que servirán para realizar una primera valoración. Después se llevarán a cabo tareas de investigación y, más tarde, se pensará la fórmula más adecuada para su conservación.

Los indicios apuntan a que es un muro de época medieval de los siglos XVI o XVII, pero habrá que determinar con precisión cuándo pudo construirse. Por ahora, las medidas de urgencia desenterrarán esta pared, en unos trabajos que están en todo momento en consonancia con las directrices de la delegación de Cultura de la Junta. El patronato actuará siguiendo los criterios de esta administración e irán informando de manera exhaustiva.

La investigación tendrá como objetivo datar el muro y averiguar cuáles eran sus funciones. La fábrica, es decir, su modo de construcción, apunta a que podría ser medieval y se divide en dos partes realizadas de manera diferente: la parte superior de hormigón con cantos de río y la interior, de alpañata con ‘conglomerado Alhambra’. El arqueólogo Santiago Pecete señala que en los grabados antiguos aparece que en esta parte del bosque alhambreño había un camino, que era un acceso y que ya existía la ladera que había que frenar de alguna manera. Sin embargo, el muro tiene espacio por ambas caras. Este arqueólogo indica que habrá que estudiar si esta pared era para delimitar, como defensa y de qué período exacto es.

- Como escombros.

Pecete cuenta que el muro tiene además trozos de cerámica medieval, otros elementos que aportarán datos sobre el muro. Expone el arqueólogo que estas piezas se utilizaban como escombros para rellenar y compactar las obras.

La directora de la Alhambra, Rocío Díaz, expresa que estos hallazgos demuestran que el monumento nazarí “sigue teniendo vida” y que son estas novedades las que “enriquecen” y ayudan a reconstruir la historia, una labor que no cesa.

En el bosque de Gomérez, a pocos metros de la Puerta de la Justicia, se mantendrá la investigación para datar el muro y ver cómo se conserva. Según aclara el jefe de Arqueología, Fernando Martínez Ávila, estos hallazgos casuales suele ser más raro que se produzcan en el recinto alhambreño.

Por eso, este muro que ha aparecido de manera fortuita cuando se intervenían los jardines de este bosque se ha convertido en una agradable sorpresa que altera los planes pero que aporta novedades al patrimonio de la Alhambra. Ahora, esta pared nazarí contará algo más sobre cómo era la vida en esa subida antes de que llegaran el asfalto, los coches y la vida tal y como se conoce ahora en este camino.

(Laura Ubago, Ideal, 25/06/22)

'Un optimista en América' (editorial Siruela) de Italo Calvino. Italo Calvino, viaje a la ciudad invisible del nuevo mundo

Italo Calvino. Un optimista en América.Siruela. Traducción: Dulce María Zúñiga. 352 Páginas. 24,95 Euros

Cultura|s

En los años sesenta el escritor documentó, pero no publicó entonces, su recorrido por los Estados Unidos. Ahora la editorial Siruela ofrece este  dietario de un entusiasta viaje de seis meses

Le intriga que el optimismo del país sea compatible con las casuchas de madera y el odio racista

En 1960 no se había representado la crisis de los misiles, el asesinato de los Kennedy ni la muerte de Marilyn Monroe

Calvino predijo: “Es bastante probable que en el futuro haya varias sorpresas desagradables para los Estados Unidos”

La confesada aversión del autor por los ‘beatniks’ expresa lo ajeno que se siente al esnobismo de las modas

Un visionario.- Italo Calvino (Cuba, 1923-Siena, 1985), uno de los intelectuales italianos más destacados de su tiempo, fue editor, novelista, pensador y traductor. Durante la ocupación alemana de Italia fue partisano de la Brigadas Garibaldi. Colega de Cesare Pavese, Elio Vittorini y Natalia Ginzburg participó en los apremiantes debates ideológicos y estéticos de la posguerra y se fue desplazando desde la novela realista hacia el reino de la fábula literaria y los postulados de la imaginación lúdica. Sus libros –El barón rampante, El caballero inexistente, El vizconde demediado, El castillo de los destinos cruzados, Las ciudades invisibles, Si una noche de invierno un pasajero, …– expandieron el paisaje creativo de la imaginación narrativa y el campo abierto por el posmodernismo literario. Durante su larga estancia en Paris, Calvino fue proclamado por sus amigos Raymond Quenau y Georges Perec como mémbre étranger del grupo Oulipo (Ouvroir de littérature potentielle) Sus Seis propuestas para un nuevo milenio se publicaron póstumamente como el testamento de un visionario asomado al futuro en el que ahora vivimos


A Italo Calvino no le pareció suficiente la crónica de su viaje a los Estados Unidos – “demasiado modesta literariamente y no lo bastante original como reportaje”– y prefirió dejar las galeradas ya corregidas en un cajón. Ahora, sesenta y dos años después, podemos leer su libro inédito como si fuera el mensaje de un náufrago perdido en el marasmo del tiempo. Escrito para los lectores de su época, sorteando las creencias vigentes y las supersticiones intelectuales dominantes, llega hasta nosotros como un doble testimonio: en sus reflexivas observaciones sobre América se refleja también la conciencia del escritor europeo.

En los Estados Unidos de 1960 no se había representado todavía la crisis de los misiles, el asesinato de los Kennedy, la muerte de Marilyn Monroe, ni la operación Rolling Thunder en Vietnam, ni todo lo que vino después. Calvino llegó a un país que mantenía intacta la formidable confianza puesta en sí mismo e incorrupta la jactancia por sus triunfos.

Ciento cincuenta y seis epígrafes recogen sus notas de viaje, su entrometida curiosidad, su impaciente indagación y la inquisitiva sentencia de un viajero sin prejuicios. La escuela de la dureza, la muerte del radical, el reino del óxido, los persuasores ocultos, las residencias de ancianos, el peatón sospechoso, el sindicato del striptease… configuran el retrato de una sociedad que se expande jubilosamente junto a una sombra que no tiene nombre.

El libro de Calvino, el dietario de un entusiasta viaje de seis meses a lo largo y ancho del país, fruto de largas conversaciones con los personajes que salen a su paso, podría encuadernarse junto al informe de Tocqueville, ayudarnos a hacer el balance de cómo han ido las cosas en estos dos últimos siglos y ver si han desembocado finalmente en la prosperidad que se esperaba o en la miseria que se temía.

A Calvino le intriga que el espectacular optimismo del país sea compatible con las casuchas de madera que se pudren en el fango, el despiadado odio racista de los blancos pobres, el macartismo latente, la ruina de las barriadas populares, la obsesiva prioridad del dinero, la lucha sin escrúpulos por el enriquecimiento y los alardes del mercantilismo consumista. La pesquisa ambulante de Calvino se hace por ello más penetrante y le obliga a interrogarse sobre lo que no se ve a simple vista.

Calvino, que no deja de verse como un Bouvard et Pecúchet, percibe una vaga tristeza detrás de la bulliciosa alegría americana y se pregunta de dónde procede la desolación que palpita en los paisajes más bellos del país. Observa a los viejos jubilados “parpadear y roncar delante de la televisión”, sin llenar nunca su sórdido “vacío interior”. Siente escalofríos al contemplar la “opaca banalidad de las pequeñas ciudades industriales” y la maquinaria productiva “que manejan autómatas somnolientos”. Le resulta incomprensible que la América laica se haya desprendido de la tutela de los pastores y predicadores para someterse a la despótica terapia psicoanalítica. Constata la penuria de una sociedad resignada al bucle de la ansiedad, el préstamo bancario y la deuda perpetua. Y le irrita de un modo indecible la idiotez publicitaria de la televisión.

La confesada aversión del autor por los beatniks – “tienen un aspecto poco higiénico, son arrogantes y no pueden considerarse buenos vecinos”– expresa lo ajeno que se siente al esnobismo de las modas. Calvino admite su “deplorable falta de sensibilidad hacia quien prefiere andar mal vestido” y un franco desdén por sus obras literarias; cree ver además en estos movimientos culturales una impostura similar a la que rige cualquier otra farsa del gregarismo social. Calvino comenta su admiración por la espléndida belleza de los negros que siguen a Martin Luther King, nos cuenta que el free jazz racionaliza el “nerviosismo actual” y lamenta que el expresionismo abstracto sea una pintura cargada de consternación “ciega y vociferante”.

Hollywood elabora para el imaginario colectivo de los estadounidenses las ilusiones y fantasías que alimentan la ficción de su identidad, pero Calvino hace notar que ningún grupo étnico –irlandeses, italianos, rusos…– “ha salido indemne del trauma de la inmersión en el nuevo mundo”. La cicatriz de aquella herida es el síndrome de los pioneros, colonos y emigrantes que abandonaron o huyeron de Europa sin dejar de sentir un anónimo y difuso despecho, nostalgia y envidia.

El país que recorrió Calvino podría ser una de sus ciudades invisibles. Una ciudad en donde lo que en verdad se es y lo que se dice ser se ha plegado en una única presunción.

Quizá la enorme ciudad derramada sobre el inmenso paisaje del nuevo mundo sea una de sus ciudades semióticas, la ciudad de los signos, con la marca de una orfandad única en la historia del mundo. La interpretación de estas señales es lo que permitió a Calvino intuir en 1960 lo que iba a venir: "Es bastante probable que en el futuro haya varias sorpresas desagradables para los Estados Unidos".

- Un optimista en América (Italo Calvino).

Prefacio.-

Entre noviembre de 1959 y mayo de 1960, Italo Calvino hizo su primer viaje largo a los Estados Unidos, un viaje que por varias razones puede definirse como «iniciático». Vivió sobre todo en Nueva York, la ciudad que más amó, que lo absorbió «como una planta carnívora absorbe una mosca». Visitó numerosos estados y centros urbanos —Cleveland, Detroit, Chicago («la verdadera ciudad americana, industrial, material y brutal»), San Francisco, Los Ángeles, Montgomery, Nueva Orleans, Savannah («la ciudad más bella de los Estados Unidos»), Las Vegas y Houston—, conviviendo con escritores, editores, agentes literarios, pero también con hombres de negocios, sindicalistas, activistas por los derechos civiles (el más importante de todos, Martin Luther King), así como con gente de toda índole.    

Cuando regresó a Italia, reelaboró y dio forma narrativa a los apuntes de sus diarios y a la correspondencia pública y privada de aquel viaje que tanto lo había entusiasmado y enriquecido por dentro. Tenía la intención de publicar un libro «como Los viajes de Gulliver. Aventuras, y sobre todo desventuras, por cierto, no me faltaron».

En agosto de 1960, en un texto dirigido a Carlo Bo, quien le pidió hacer un balance de aquel viaje, Calvino dijo:

"A mi partida hacia los Estados Unidos, y también durante el viaje, me prometí que no escribiría un libro sobre América (¡hay tantos!). Sin embargo, cambié de idea. Los libros de viaje son un modo útil, modesto y completo de hacer literatura. Son libros con utilidad práctica, aun cuando, o justo por eso, los países cambian año tras año y, al hacer una imagen fija de cómo los hemos visto, registramos su esencia mutable; y podemos expresar de ellos algo que va más allá de la mera descripción de los lugares visitados, establecer una relación entre nosotros y la realidad y un proceso de conocimiento.

Son cosas de las que me he convencido hace poco: hasta ayer creía que viajar solo podría tener una influencia indirecta en la sustancia de mi trabajo. En este sentido fue importante haber tenido a Pavese como maestro, gran enemigo de los viajes. La poesía nace de un germen que nos persigue durante años, tal vez desde siempre, decía él, más o menos; ¿qué tiene que ver con esta maduración tan lenta y secreta el haber estado unos días o unas semanas aquí o allá?

Viajar, claro está, es una experiencia vital, que puede hacer madurar o cambiar algo en nosotros como cualquier otra experiencia, pensaba, y un viaje puede servir para que escribamos mejor porque habremos aprendido algo más de la vida. Por ejemplo, uno visita la India y al volver a casa escribirá mejor, no sé, las memorias del primer día de escuela. Como  sea, a mí siempre me ha gustado viajar, independientemente de la literatura. Y con ese espíritu he realizado mi reciente viaje americano: porque me interesaban los Estados Unidos, saber cómo son de verdad, y no para —qué sé yo— hacer un «peregrinaje literario» o porque quisiera «hallar inspiración».

En los Estados Unidos me sucedió algo inusitado: fui presa de un deseo de conocimiento y de posesión total de una realidad multiforme, compleja y «diferente de mí». Fue algo similar a un enamoramiento. Entre enamorados, como es sabido, se pasa mucho tiempo riñendo. En viajes subsecuentes a los Estados Unidos, tiempo después, cada tanto me sorprendo a mí mismo discutiendo con América; en cualquier caso, es como si viviera ahí todavía, me lanzo ávido y celoso sobre todo lo que escucho o leo acerca de aquel país y pretendo ser el único que lo comprende [...].

¿Aspectos negativos de los viajes? Viajar, se sabe, implica distraerse del horizonte de objetos determinados que forman el mundo poético propio, disipar esa concentración absorta y un poco obsesiva que es una condición (una de las condiciones) para la creación literaria. Pero, en el fondo, aunque nos dispersemos, ¿qué importa? Humanamente, es mejor viajar que quedarse en casa sin salir. Primero vivir, luego filosofar y escribir. Es primordial que los escritores vivan con una actitud que los lleve a una mayor adquisición de la verdad. Ese algo que se reflejará en la página, sea lo que sea, será la literatura de nuestro tiempo, nada más".

En marzo de 1961 (como refirió a Luca Baranelli en una carta de enero de 1985), una vez terminada la corrección de las segundas pruebas y elegido el título —Un optimista en América—, Calvino decidió «no publicar el libro, porque al releer las pruebas lo sentí demasiado modesto como obra literaria y no lo bastante original para ser un reportaje periodístico. ¿Hice bien? ¡Bah! De haber sido publicado en aquella fecha, el libro hubiera sido un documento de época y una fase de mi itinerario, tal como lo percibió Raniero [Panzieri]».

Un optimista en América.-
 
América a primera vista.-

Me arrepentí de no haber viajado en avión. Habría llegado a Nueva York impulsado por el ritmo de los grandes negocios, de la política del más alto nivel, de los personajes sonrientes de las telefotos. Es la mejor manera de llegar hoy a los Estados Unidos. Sin embargo, me dejé convencer de que era preferible viajar por vía marítima («¿Quieres probar? ¡Será una maravilla!»). Me embarqué en el transatlántico más moderno que zarpó de El Havre. Aun así, no fue maravilloso: llegué a Nueva York abrumado por la sombra de otra América: la América del tedio provinciano, del aburrimiento de los viejos matrimonios, la del bienestar sin vitalidad ni fuerza interior.

El barco es un medio de transporte anacrónico y, al igual que los balnearios de aguas termales, está atestado de ancianos que pasan las tardes jugando al bingo —una especie de tómbola— o apostando a carreras de caballos ya celebradas, transmitidas en diferido.

El quinto día, al amanecer, en medio de una pálida bruma, subí a cubierta, bien arropado, y me asomaba por encima del cuello levantado de mi abrigo para empezar a divisar Nueva York. De pronto, en el horizonte ya claro, entre las luces de una costa irregular, una montaña va tomando forma. Y, de repente, todo es perfecto. Al final, esa era la mejor manera de llegar. El viaje, lo diferente, solo tiene sentido si se paga la llegada, y algunos de nosotros, privilegiados y nerviosos, lo pagamos con apenas un poco de impaciencia.

Alzándose en el cielo escasamente iluminado, los rascacielos aparecen como las ruinas de una monstruosa Nueva York, como podría ser dentro de tres mil años si la abandonaran hoy. Es una masa porosa y casi diáfana que deja filtrar la claridad. Por aquí y por allá aparecen luces que se han dejado encendidas olvidadas (¿durante la fuga de los últimos habitantes?) y luego se apagan todas a la vez: ya es de día.

Poco a poco van aflorando colores en las enormes formas grisáceas. Son completamente diferentes de los que esperaba nuestro recuerdo basado en fotografías, y se pierden en un diseño de volúmenes y formas cada vez más complicado, minucioso y laberíntico. Todo permanece silencioso y desierto. De pronto, ¡los coches! Allí, en la base, quién sabe desde hacía cuánto tiempo circulaban y circulaban como una corriente de hormigas luminosas, sin que ninguno de nosotros lo hubiera advertido.

(Basilio Baltasar, Cultura|s, La Vanguardia, 28/05/22)

Declaración de intenciones (María Borràs)

Carta de la directora

Estimados lectores:

Este número saldrá a la calle cuando la Feria del Libro de Madrid y otras muchas a lo largo del territorio estén en pleno apogeo -siempre y cuando la ola de calor, un misil despistado o la amenaza de los sospechosos habituales no lo manden todo al garete-.

Hay ganas de salir a la calle para reencontrarnos con títulos y autores y, al mismo tiempo, se producen hechos tan vergonzantes como la suspensión de actos de presentación de un libro en la Universidad de Palma de Mallorca y en la sede de La Casa del Libro en Rambla Catalunya, en Barcelona. La obra en cuestión, ‘Nadie nace en un cuerpo equivocado’, de José Errasti y Marino Pérez, ha sido publicada por Deusto. En un momento dado, los Mossos pidieron desalojar la librería ¡ante la amenaza de incendio! Los asistentes fueron insultados por los vocifereantes, que tuvieron el detalle de tirarles objetos, mientras el establecimiento tuvo que bajar la persiana con los autores dentro. Un claro ejemplo de convivencia, diálogo e inteligencia. No queremos ser cenizos, pero baste recordar que Heinrich Heine vaticinó que allí donde se queman libros se acaban quemando hombres.

El libro será polémico, provocativo o lo que quieran, se podrá estar en desacuerdo o no, pero negar el debate a base de violencia no es la manera de encontra un camino de concordia y negociación. Errasti es profesor titular en la Facultad de Psicología de la Universidad de Oviedo, autor de numerosos artículos científicos en revistas nacionales e internacionales y columnista habitual en el ‘Huffington Post’ o la revista ‘Mongolia’. Por su parte, Pérez Álvarez es catedrático de Psiclología Clínica en la Facultad de Psicología de la Universidad de Oviedo y es asimismo autor de numerosos artículos científicos en revistas nacionales e internacionales, libros académicos y ensayos.

Estamos cada vez más polarizados. Por ello, suscribimos las palabras de Juan Soto Ivars en su artículo 'Barcelona 2022: asaltar una librería’ (‘El Periódico’, 17 de mayo de 2022) a propósito del incidente, “¿Hay pavor a discutir? Yo digo que sí. Discutir implica la generosidad de ofrecerle al que no piensa como tú la oportunidad de demostrarte que no piensa así porque te odia, que no es mala persona”.

Feliz mes de junio, feliz entrada del verano y felices lecturas.

(Qué Leer, junio 2022)

'Las abandonadoras' (editorial Destino) de Begoña Gómez Urzaiz. “Todas las madres tenemos ganas de huir a veces”

Novedad editorial

La periodista analiza en ‘Las abandonadoras’ (Destino) qué lleva a una mujer a dejar a sus hijos y expone algunos casos conocidos, como el de Mercè Rodoreda, Gala Dalí, Muriel Spark o Ingrid Bergman

"La película 'Carol' me incomodó bastante y me molestó mi propia reacción"

"Las 'momfluencers' lanzan un mensaje retrógrado que se presenta como neutro pero que tiene mucho de político. Sus hijos son los nuevos jornaleros"

"Mis primeros años como madre disimulé la existencia de mi hijo porque no quería que me devaluaran profesionalmente"


Las madres que abandonan a sus hijos son figuras que siempre han llamado la atención a Begoña Gómez Urzaiz. Desde pequeña las vio en los dibujos animados, en las películas, en los libros y hasta en la vida real. Sin siquiera proponérselo, fue elaborando una lista mental de todas ellas y planteó escribir un reportaje, pero muy pronto se percató de que “no iban a darme el espacio que necesitaba para exponer todo lo que quería”, reconoce a La Vanguardia. Por eso, se lanzó al formato largo y ha publicado Las abandonadoras (Destino), que recientemente ha llegado a las librerías.

Si bien es algo sobre lo que reflexiona desde hace años, fue al ver la película de Todd Haynes, Carol, basada en la novela de Patricia Highsmith, cuando se sorprendió a sí misma de sus pensamientos. “Recuerdo que me incomodó bastante. Se entendía que la película tenía un final feliz porque Carol y Therese acababan juntas. Pero a mí me salía el resorte de pensar bueno, no puede ser feliz del todo, ya que para que eso sea posible Carol está renunciando a su propia hija. Aunque pensaba eso, a la vez tenía sentimientos encontrados porque me molestaba mi propia reacción. Me preguntaba por qué estaba problematizando tanto este hecho, pues era consciente de que para que la protagonista pudiera vivir su auténtico yo y su sexualidad no tenía otro remedio que ceder a ese chantaje. Con el tiempo, he llegado a la conclusión de que ambas visiones pueden ser verdad a la vez”.

Más allá de Carol, en sus páginas acerca los relatos de otras maternidades turbulentas, como la que vivieron Muriel Spark, Ingrid Bergman, Maria Montessori, Gala Dalí, Doris Lessing o Mercè Rodoreda, entre otras tantas. Una selección que muestra “un abanico de casos interesantes y muy variados relacionados, de un modo u otro, con el mundo de la creación, que es algo que a mí me interesa mucho […] La idea del libro era intentar empatizar y entender qué les llevó a hacer eso. Y al final no sé si puedo llegar a una conclusión limpia”, reconoce la autora.

No olvida tampoco en algún momento cambiar el foco y ponerlo en los hijos, analizando cómo fueron sus vidas y fijándose también en personajes de ficción con los que pueden sentirse identificados, como Pippi Calzaslargas. “Cuando la veía de pequeña, me preguntaba si no estaría mejor viviendo con sus vecinos Tommy y Annika. Y me sorprende que reflexionara esto porque no parece un pensamiento infantil. La historia de Pippi tiene un trasfondo triste y cuando conoces un poco sobre Astrid Lindgren, su autora, todo cuadra.

Más allá de las vidas y sus circunstancias de madres e hijos, Gómez Urzaiz reflexiona sobre muchas otras realidades que nos conciernen, como la creciente tendencia de las madres influencers, también conocidas como momfluencers, que lamenta que lancen “un mensaje retrógrado y conservador que se presenta como neutro pero que tiene mucho de político” y concluye que sus hijos muchas veces se convierten en “los nuevos jornaleros, ya que acaban siendo contenido y aportan dinero, pues gracias a ellos los contenidos suben y los contratos publicitarios aumentan”. Y por otro lado están las migrantes, “muchas de las cuales tienen una historia atroz que les obliga a viajar a otro continente para trabajar y para ello deben dejar de lado a sus hijos”. En las clases altas, en cambio, “esto está más normalizado, pues se soluciona enviándolos a un internado”.

Para todo este análisis, la periodista también ha hecho autocrítica y ha mostrado parte de su vida íntima, algo que, admite, “me ha costado muchísimo, pero quería estar en el banquillo de los acusados y no convertirme en el fiscal […] Todas las madres que me rodean, incluida yo misma, tenemos ganas de huir a veces. Es un impulso casi diario pero me interesaba saber qué era aquello que hace que des el clic y que dejes de lado a los tuyos. Creo que la conclusión podría ser que todas ellas querían tener hijos pero no soportaron la idea de convertirse en madres”. Eso sí, “son más juzgadas que los hombres ya que, el hecho de que ellos abandonen, aunque no está aceptado, está socialmente entendido. A las madres, en cambio, se les exige más”.

Y esto es algo que ha visto en sus muchos años de profesión. “Cuando empecé como periodista vi lo difícil que era ser madre, casi incompatible, no solo por cuestiones de conciliación, sino también por ideas heredadas instaladas en las redacciones. Esta idea de que tener un hijo devalúa para el ejercicio de una profesión. Existen muchos mitos absurdos en torno al periodismo, como que es un sacerdocio y que existe un sacrificio extra que es incompatible con la crianza".

Asegura que "es llamativo porque el periodismo es una profesión muy feminizada. En las facultades somos casi todo mujeres, en las redacciones hay cada vez más mujeres y algunas incluso son mayoría femenina. Pero no hay esa mayoría a medida que vas creciendo en el escalafón. ¿Cómo puede ser que se nos esté pasando esto? En parte porque hemos tenido la reacción de callarlo. Yo lo hice mal porque en mis primeros años como madre disimulé la existencia de mi hijo porque no quería que me devaluaran profesionalmente. Es tristísimo que nos lleven a esto. Mujeres que no acaban su baja o que se incorporan antes de tiempo a hacer sus ocho horas y más para dar un golpe en la mesa y demostrar que siguen siendo la misma. Voy a viajar, a quedarme hasta tarde, a hacer cierres y guardias. Hay que demostrar el doble que los compañeros. Resulta agotador”.

(Lara Gómez Ruiz, La Vanguardia, 07/06/22)

"Bolero" (Julio Cortázar)

Qué vanidad imaginar
que puedo darte todo, el amor y la dicha,
itinerarios, música, juguetes.
Es cierto que es así:
todo lo mío te lo doy, es cierto,
pero todo lo mío no te basta
como a mí no me basta que me des
todo lo tuyo.

Por eso no seremos nunca
la pareja perfecta, la tarjeta postal,
si no somos capaces de aceptar
que sólo en la aritmética
el dos nace del uno más el uno.

Por ahí un papelito
que solamente dice:

Siempre fuiste mi espejo,
quiero decir que para verme tenía que mirarte.

Y este fragmento:

La lenta máquina del desamor
los engranajes del reflujo
los cuerpos que abandonan las almohadas
las sábanas los besos

y de pie ante el espejo interrogándose
cada uno a sí mismo
ya no mirándose entre ellos
ya no desnudos para el otro
ya no te amo,
mi amor.

(La canción de la sirena, 06/06/22)

'BookTok', un despertar editorial. El club de lectura de la generación Z

La tendencia literaria creciente en TikTok permite descubrir nuevas lecturas, retos y autores

Soraya Castellanos, responsable de contenidos, comunidad y asociaciones de TikTok España.- "Los amantes de la literatura han encontrado, a través del contenido de entretenimiento que caracteriza a la plataforma, un punto de encuentro"

Alicia Soria, editora de literatura juvenil en Planeta.- "Ya conocíamos con anterioridad las obras viralizadas en la red, pero TikTok es una buena manera de ver la recepción del público"

De cómo libros que ya no son novedad pueden colarse entre los más vendidos.-El fenómeno Booktok no solo ha sido capaz de conectar a los usuarios a partir de sus gustos literarios, ayudándoles también a salir de sus burbujas y encontrar nuevos escritores, géneros y obras que disfrutar. También ha sido capaz de relanzar algunos títulos menos actuales. Soraya Castellanos, responsable de contenidos, comunidad y asociaciones de TikTok España, expone algunos ejemplos a La Vanguardia, como Éramos mentirosos, de E. Lockhart, que “gracias a vídeos como los de las hermanas Lee, en su cuenta @alifeofliterature, el título ha ascendido de nuevo a las listas de los libros más vendidos, seis años después de su lanzamiento”. Lo mismo sucedió con otras lecturas como La canción de Aquiles, de Madeline Miller; El príncipe cruel, de Holly Black. Agustín Paz, responsable de redes sociales y eventos virtuales de Penguin Random House Grupo Editorial, recuerda que “influyen muchos factores a la hora de determinar el origen de las ventas”, pero reconoce que, efectivamente, la exposición y alcance de vídeos de algunas autoras que son auténticos fenómenos en la plataforma como Joana Marcús, u otras con miles de fans, como Flor M. Salvador, han ayudado a impulsar las ventas. Así también lo afirma Alicia Soria, editora de literatura juvenil en Planeta, que explica que dos de sus autoras han experimentado una nueva ola de interés gracias a TikTok. “Ellas son Sarah J. Maas y Tricia Levenseller, y todo gracias a una frase que se ha hecho popular dentro del movimiento BookTok que es ‘TikTok made me read it’ (TikTok me hizo leerlo), un leitmotiv que ha iluminado de nuevo muchas obras”. Otro caso es el de Adam Silvera, a quien muchos editores ponen de ejemplo después de conseguir que su novela de ciencia ficción se colara entre los libros más vendidos del New York Times gracias a TikTok. Una lista de muy difícil acceso, prácticamente imposible si no se trata de una novedad. La de Silvera no lo era. Hacía cuatro años que su novela de ciencia ficción Ambos mueren al final había llegado al mercado. La novela experimentó un boom ascendente. Lo explicó el propio autor en sus redes sociales: “Seguí comentando a mis lectores, ‘Escuchad, no sé qué está pasando, pero ha habido un aumento en las ventas últimamente, estoy muy agradecido de que encontréis la historia años después’ .Y entonces fue cuando un lector dijo: ‘Lo estoy viendo en BookTok’. Y no tenía ni idea de lo que estaban hablando”


Hace tiempo que los expertos en redes sociales vienen advirtiendo de la influencia de TikTok. Si bien es cierto que la red social lleva años en marcha, es ahora cuando traspasa fronteras más allá del ámbito privado. No solo la industria musical se beneficia de ello promoviendo conciertos y nuevos álbumes. También empezó a sacar rédito hace un tiempo el sector editorial, cuando todavía no estaban claras las ventajas que la red podría aportar. Surgió de forma natural gracias a BookTok, la tendencia literaria que arrasa en la red entre los más jóvenes, y los booktokers, quienes la practican.

Jóvenes y adultos —el 67% de los usuarios son mayores de 25 años, según el estudio The Power of TikTok, elaborado por Kantar —utilizan este hashtag, que ya suma más de 50 mil millones de visualizaciones, para consultar recomendaciones sobre las novedades que llegan a las librerías. Pero, más allá de nuevas lecturas, “los usuarios pueden encontrar mucho más”, asegura Soraya Castellanos, responsable de contenidos, comunidad y asociaciones de TikTok España, como tráilers de libros, consejos de escritura, charlas con escritores o, incluso, vídeos en los que se recrean tramas de novelas al ritmo de canciones del momento. En España y otros países de habla hispana triunfa también la versión #BookTokEspañol, que se ha convertido ya en una gran comunidad de creadores, autores y usuarios. “Los amantes de la literatura han encontrado, a través del contenido de entretenimiento que caracteriza a la plataforma, un punto de encuentro”, apunta.

Puede que a algunos todo esto le suene a lo que hacían (y todavía hacen) los booktubers, los lectores que recomiendan libros en YouTube. La diferencia, más allá de la plataforma en la que se desenvuelven, es que tienen menos tiempo para decir lo mismo. Y es que, aunque la red social permita subir vídeos de tres minutos, lo cierto es que la media de grabaciones no supera los quince segundos ya que, si algo define TikTok, es la brevedad. El tiempo es valioso y la plataforma sigue el lema de ‘menos es más’.

Por otro lado, la comunidad también es una lanzadera de nuevos autores ya que les ayuda a conectar con el público de forma cercana y directa. Es el ejemplo de Raquel Brune, alias @raquelbookish, una escritora española que promocionó su libro con el hashtag #BookTok y que compartió con los usuarios todos los detalles del proceso creativo. A día de hoy acumula más de 138.000 seguidores. Cuenta que lleva muchos años en redes y que “vi venir que TikTok iba a convertirse en un lugar donde hablar de libros tarde o temprano y quería estar por allí cuando ocurriese para ver qué pasaba. Subí algunos vídeos en 2019 –explica–, pero la cosa realmente no explotó hasta 2020 con la pandemia y el confinamiento, cuando muchas personas recurrieron a las redes sociales para sobrellevar mejor la situación y tener un nuevo hobby o entretenimiento. Creo que TikTok fue la gran ganadora del confinamiento en este aspecto”.

Al igual que ocurrió con Brune, la plataforma ha dado la oportunidad a otros autores de darse a conocer. @charlyokei, por ejemplo, sorprende día a día con sus retos sobre cultura general, que recientemente se han materializado en su nuevo libro El gran reto de súper geografía (Alfaguara); o @doctorfision y sus enseñanzas científicas, que le han llevado a publicar El universo explicado (Cross Books), que a las pocas semanas se convirtió en best seller.

Siguiendo esta línea educativa, no hay que olvidar a María G. Durán, @mariaspeaksenglish, cuyos tips para mejorar el inglés le han dado la oportunidad de sacar a la luz 101 Truquitos para Speak English (Random Cómics). Una oportunidad que Durán nunca imaginó. “Fue Penguin Random House quien me contactó y me hizo la propuesta. Por supuesto dije que sí”. Ahora, asegura, “me gano la vida con mis cursos y con mi libro”. Todo empezó al acabar el primer confinamiento, pues “era cuando la red estaba en auge. Decidí darle una oportunidad porque me daba la sensación de que la gente crecía allí muy rápido. El alcance parecía que era más orgánico y real. Decidí comprobarlo y, efectivamente, así fue. Solo hizo falta un mes para convertirnos en una comunidad de 35.000 personas. A día de hoy somos 774.200”.

Algo similar le ocurrió al chef @Koldoroyo, cuyo crecimiento en la red “fue posible gracias a escuchar cuáles son las necesidades y qué es lo que me piden los seguidores. Eso es lo que más me gusta de TikTok, esa interacción con los usuarios. Me gusta que puedan entender las recetas de forma sencilla para que, si lo desean, todos puedan hacerlas”. Además, Koldo está orgulloso de poder demostrar que “da igual la edad que tengas. Lo importante es ser tú mismo siempre. Es la plataforma más integradora que conozco”.

¿Y qué dicen las editoriales de todo esto? Agustín Paz, responsable de redes sociales y eventos virtuales de Penguin Random House, explica que fue en agosto del año 2021 cuando dieron el paso de crearse un TikTok pero que ya llevaban un año preparando el desarrollo de la estrategia. “En ese tiempo montamos el equipo adecuando para hacer una comunicación eficaz”. Paz explica que así pueden llegar a un segmento de edad entre los 25-40 años. Además, asegura que “la comunicación audiovisual ha cobrado una gran relevancia y, en ese sentido, TikTok es un escenario fantástico también para cubrir directos y firmas, como hemos hecho con la Feria del Libro de Madrid”.

Alicia Soria, editora de literatura juvenil internacional en Planeta, añade por su parte que, “por lo general, ya conocíamos con anterioridad las obras viralizadas en la red, pero TikTok es una buena manera de ver la recepción del público”. “Aunque los jóvenes fueron pioneros –concluye–, actualmente se ha extendido de manera más general. El peso de la literatura fantástica y la romántica es importante, pero también se recomiendan libros de muchos otros géneros, y de procedencias muy diversas”.

La influencia es tal, que cada vez es más común encontrar apartados en las librerías reservado para libros que triunfan gracias a TikTok. Barnes & Noble, una de las mayores cadena de librerías de Estados Unidos, acostumbra a dedicar un espacio para este propósito.

(Lara Gómez Ruiz, La Vanguardia, 06/06/22)

Inician rehabilitación de "hamman" rural del siglo XIII en La Zubia

Las obras de restauración de los Baños Árabes de La Zubia, un espectacular hamman rural del siglo XIII, han comenzado este lunes, según ha informado el Ayuntamiento de esta localidad granadina, que ha indicado que su apertura al público está prevista para el primer trimestre de 2023.

La alcaldesa, Puri López, acompañada del equipo de arqueólogos, arquitectos y aparejadores que va a llevar a cabo la rehabilitación, ha visitado esta mañana los baños árabes con motivo de esta actuación, en la que el Consistorio invertirá más de 421.000 euros.

"Es un día histórico porque por fin comienza a hacerse realidad un proyecto que se venía demandando desde hace décadas", ha indicado.

La primera fase de las obras de rehabilitación de los baños árabes tendrá una duración de unos seis meses y contempla el arreglo del interior y exterior del monumento.

Posteriormente, en una segunda fase, se arreglarán los jardines y el acceso al hamman.

Los baños árabes de La Zubia representan un perfecto ejemplo de tipología de baño rural y conservan dos de sus tres salas en pie: el caldarium o sala de agua caliente y el tepidarium o sala de agua templada.

Tanto el frigidarium como el vestíbulo se conservan de forma parcial, al igual que la zona de la leñera.

En los baños destaca el hipocausto, sistema de calefacción para caldear la sala de agua caliente, que está localizado en la zona de la caldera, por la perfecta conservación que presenta.

Está compuesto por una serie de pilares de ladrillo de forma cónica, que organizan todo el espacio inferior de la sala de agua caliente.

Las salas de los baños árabes que el Ayuntamiento va a rehabilitar se encuentran cubiertas por bóvedas de cañón independientes, donde se disponen una serie de lucernarios, de los que algunos conservan la forma estrellada que tuvieron antaño.

También destaca la solería de época, que deja ver los restos de las antiguas alhanías como la atarjea que atravesaba la sala de agua caliente.

(Redacción, Viva Granada, 30/05/22)

Reseña de «Los cinco elementos. Una cartilla de alfabetización ecológica»

Esta cartilla de alfabetización ecosocial recoge en forma de libro (Arcadia, 2021, 142 pp.) cinco artículos publicados originalmente en ctxt durante el verano de 2020. En su conversión de artículos a capítulos, los textos han sido editados, ampliados y enriquecidos con ulteriores reflexiones y experiencias personales. Comenzaré también aquí con un preámbulo personal: leí los cinco artículos aquel verano horrible de 2020 que mi madre no llegó a vivir. Se nos fue con 56 años, en mayo. Nada hacía esperar que algo semejante pudiera pasar. No sufría ninguna enfermedad: sencillamente se cayó después de dar un paseo con mi padre y ya no se levantó. Estaba a pocos metros de la casa en la que nos crió a mi hermana y a mí, en nuestro pueblito en El Bierzo. Ella era el núcleo de la familia, el centro de los más esmerados y cariñosos cuidados; y allí, en nuestra casa en nuestro pueblito berciano, nos reunimos para cuidarnos en aquel verano horrible –y allí seguimos yendo para prolongar la línea de sus cuidados.

En aquel contexto leí por primera vez estos textos sobre los que ahora vuelvo. Uno de ellos (el cuarto) traza una sugerente distinción entre el fuego de las brasas del hogar, el fuego limitado de los cuidados, que «alimenta, abriga, calienta e ilumina» (p. 100), y el fuego descontrolado y devastador del incendio. Esa distinción captura de forma precisa el contenido del libro, que a la descripción del incendio capitalista –que está, de facto, en guerra con la vida, con el fuego del hogar (p. 109)– suma una vindicación vigorosa y sencilla de los medios para enfrentarlo desde lo colectivo, para cuidar en común de la vida desde las brasas de la vida en común. Compruebo al volver sobre estos textos el sesgo inevitable de mi primera lectura –la herida de la pérdida, el dolor de la familia superpuesto a años de palos de ciego para traducir en construcción, tejido y esperanza la angustia por la creciente herida de nuestro planeta– hacia las llamas descomunales del incendio, cuando las protagonistas son aquí, indudablemente, las brasas.

Ese protagonismo es el protagonismo de lo político, que en la era de las consecuencias no puede por menos que implicar, junto a la protección de todas las vidas –en términos humanos: garantía de vivienda, suministro básico de energía, alimentación saludable, relaciones significativas–, el reajuste del metabolismo ecosocial dentro de los límites biofísicos del planeta, «de modo que la continuidad de la vida, no sólo para los seres humanos sino también para el resto de los seres vivos que habitan la Tierra, sea un proyecto viable» (p. 12). Se trata de un proyecto político que ha de llevarse a término en un momento en el que la inevitabilidad del decrecimiento material de la economía convive con el fuerte arraigo de un imaginario social más capaz de atisbar la posibilidad de una vida sin aire que la de una vida fuera de un sistema socioeconómico dependiente del crecimiento perpetuo (p. 66). La incompatibilidad entre aquella inevitabilidad y este imaginario habrá de resolverse estimulando nuevas formas de racionalidad –relacionales, cooperativas, recíprocas–, nuevas sensibilidades e identidades –ecodependientes e interdependientes– y, en fin, «una conciencia terrícola que permita que las personas sepan y sientan que son vida, agua, aire, fuego y tierra», que se reconozcan como «partes de una red formada por tierra, plantas, bacterias y luz» y compartan «horizontes de deseo compatibles con los límites físicos del planeta y la justicia» (pp. 15-16).

El conglomerado al completo de crisis que se nos agolpan –energética, económica, alimentaria, ecológica, sanitaria– no es otra cosa que el testimonio del choque con esos límites, el producto del divorcio entre los tiempos de los ciclos naturales y los tiempos de los ciclos de la economía capitalista. El del agua es el primero de esos ciclos y esos límites analizados en estas páginas. Una vez presentado el ciclo, sus ritmos, sus límites, el divorcio se ejemplifica mediante sucesivas ruinas extractivistas específicas, del Mar de Aral, la cuenca del río Colorado, el lago Poopó o el Chad al desastre del Mar Menor. Todas esas ruinas son al tiempo ecológicas y humanas, biofísicas y culturales, y todas ellas son el resultado de una cultura incapaz de «sentir hasta qué punto somos agua» (p. 36) y de «un gobierno de las cosas despegado de la tierra y de los cuerpos, que se orienta por el cálculo y la maximización de beneficios y que borra cualquier posibilidad de organizar la vida en común de forma cuidada, protectora, precavida o cautelosa» (p. 32). No podremos revertir ese resultado sin abandonar esa cultura y ese gobierno, del mismo modo que no podremos comprenderlo mientras cada episodio particular siga presentándosenos desgajado de esa cultura y ese gobierno, como una tragedia puntual y aislada a ser subsanada mediante más de lo mismo —megaproyectos extractivos tecnoutópicos: «inversiones verdes», en neolengua.

Dos de los insertos añadidos al texto original destacan en este primer capítulo: el que pone en paralelo las brasas de Ecologistas en Acción con «el propio trabajo de cuidado en las casas» (p. 29), y el que hace lo propio con las de la solidaridad con que iniciativas como las de Jornaleras de Huelva en Lucha plantan cara a los «cimientos injustos, ecocidas, patriarcales y coloniales» sobre los que se alza la lógica de la explotación capitalista (p. 39).

El cambio climático ha hecho que nuestra atmósfera aparezca en el centro del relato mediático sobre la crisis ecosocial en curso. El segundo capítulo de Los cinco elementos lleva por título «Aire», y el aire que en él se nos describe es, desde luego, el de la compleja dinámica histórica y la rica trama de interrelaciones de la que forma parte nuestra atmósfera. No obstante, se trata sobre todo del aire que respiramos, el que transporta nuestras músicas y nuestras historias.

En un precioso inserto al texto original, la autora nos explica que entiende su activismo, justamente, como «un contar historias», mezclando «datos, textos, narraciones, experiencia, informes, emociones, libros, poemas… [para] devolverlos en forma de relato. Lo más riguroso posible, lo más veraz posible, tan duro como sea preciso, tan bello como sea posible» (p. 49). Su abuela, que murió casi centenaria en el año de la pandemia, fue su maestra en este arte del relato: a ella debemos agradecerle que Yayo Herrero esté «llena de palabras» –y que llene tanto con ellas.

Este aire que transporta nuestras palabras es también, claro, el aire que respiramos, y «la civilización industrial se ha erigido clavando cimientos, engranajes y pernos en los pulmones de los mineros y otros trabajadores en las fábricas. Tiene contraída una deuda impagable con quienes se dejaron la vida arrancando minerales de la tierra y respirando su polvo» (pp. 59-60). El movimiento obrero debe mucho a las luchas de los mineros, pero la pugna salarial y la reivindicación de mejoras en las condiciones de trabajo pueden terminar por encontrar acomodo en la lógica económica capitalista y, así, dejan aún intocada la brutal contradicción entre salud y beneficios. Por su parte, «que el aire que exigimos trece veces por minuto sea limpio para todo el mundo, que el clima no expulse a grandes sectores de población o que la prosperidad de unos no esté correlacionada con el despojo –en términos biofísicos– y la enfermedad de otros, esos triunfos, no se conquistan sin poner patas arriba la normalidad de la racionalidad económica vigente» (p. 63).

Arrancar minerales de la tierra no es, desde luego, la única actividad extractiva, del mismo modo que no son sólo los pulmones de los mineros los únicos damnificados por esas actividades: la agricultura industrial ha convertido el trabajo cíclico por antonomasia en una nueva avenida del extractivismo, tratando los suelos como si no tuvieran su propia dinámica, como si fueran ilimitados. Pero tampoco la irracionalidad del extractivismo agroindustrial es el único trampantojo por medio del cual llegan nuestras sociedades a representarse al ser humano –el ser del humus, del suelo– como un ser independiente del suelo, de una tierra dividida «entre zonas de sacrificio –de extracción, producción y de recepción de residuos– y espacios de consumo». Con esa zonificación también «las personas se dividen entre las que están protegidas, en mayor o menor medida, por el poder económico, político y militar divorciado de la tierra, y la población sobrante, desterrada y sin derechos» (p. 76).

«Tierra», el tercer capítulo, explora ese divorcio en el contexto material de la lucha de los movimientos por la defensa del territorio contra el expolio y la devastación, pero también –rescatando ideas de «Ciencia ficción supremacista», publicado en ctxt en febrero de 2021– en esa arena cultural en la que vienen medrando ideologías de fuga tecnocientífica completamente ajenas a nuestra condición humana. En el extremo más desbarrado de estas ideologías encontramos los extravíos del imaginario de la colonización extraterrestre. Fomentado por una nueva clase de capitalistas espaciales, ese imaginario da pábulo a la idea de que somos seres todopoderosos llamados a conquistar el espacio y someter a nuestro capricho las leyes de la naturaleza, cuando somos, de hecho, seres humanos, terrícolas, seres vulnerables, sometidos a aquellas leyes y dependientes de una biosfera asimismo vulnerable dentro de cuyos límites está por ver si logramos aprender a vivir –mientras, se nos invita a fantasear con emancipaciones y mudanzas extraterrestres que, a pesar de sernos presentadas como proyectos heroicos e ilusionantes, no constituyen sino elocuentes ilustraciones de las taras culturales que encontramos a la raíz de la grave encrucijada que hoy arrostramos.

El cuarto de estos Cinco elementos es el fuego. El mito ilustra con elocuencia el recorrido seguido en este punto. «Prometeo robó el fuego a Hefesto (…) y se lo regaló a los humanos (…). No lo supieron usar bien» (pp. 99-100). «Se necesitó más de un millón de años para que los homínidos perdieran el miedo al fuego, medio millón más para aprender a encenderlo, miles de años para aprender a aplicarlo y controlarlo, unos decenios para que quienes creen tenerlo dominado lo quemen todo» a expensas de una racionalidad instrumental «pirómana e incendiaria» (p. 109). Se sabe que esa razón de la sinrazón «destruirá las condiciones básicas de vida, que lo incendiará todo» (p. 113), pero esperamos pasivos la intervención milagrosa del deus ex machina del más de lo mismo, el mesías tecnológico que vendrá a cambiarlo todo para que todo siga igual. No es difícil predecir qué sucederá si continuamos rezándole a ese Dios, encerrados cada uno frente a nuestro televisor. Tampoco es difícil recoger en una sola frase la única alternativa viable: «construir comunidad con conciencia de clase y de especie y sentido de pertenencia a la vida» (p. 132), participando en iniciativas capaces de abrir grietas en el muro de lo que hoy se concibe como políticamente factible. «Cualquier escala –la casa, el barrio, el pueblo, el sindicato, el museo, la escuela…– es buena» (p. 111).

La vida, esa «increíble rareza que dura ya unos 3.800 millones de años» (p. 115), completa la tétrada clásica de «elementos». La ilusión de que podemos habérnoslas de espaldas a esa rareza, apropiándonos de ella como quien se apropia de un vehículo que habrá de conducirle siempre más y más allá, esa ilusión es la causa del accidente que estamos viviendo. El delirio del crecimiento económico perpetuo sobre una base física limitada es el segmento más visible de esa ilusión. «La vida empezó en una sopa primigenia, pero como dice José Manuel Naredo, una economía que ha cortado el cordón umbilical con la tierra, la convierte prematuramente en un puré crepuscular» (p. 128). La alfabetización ecológica capaz de restablecer ese cordón no bastará para calmar esos delirios y superar esas ilusiones, pero sin esa alfabetización seguiremos abocados al desastre.

La claridad y la fuerza poética de esta cartilla de alfabetización son, quizá, los mejores argumentos en su favor. No podremos evitar los escenarios peores si no logramos avanzar hacia una nueva cultura de la Tierra, si no conseguimos extender una nueva forma de sentir y comprender nuestra posición en la red de relaciones de la que formamos parte, la red sin la que no somos. Necesitamos, desde luego, urdir con cuidado tramas teóricas capaces de integrar las ciencias del sistema Tierra, la economía, la sociología y el resto de las ciencias humanas si queremos avanzar en esa dirección, pero lo primero que necesitamos, y con urgencia, es comunicar, y estos Cinco elementos servirán a este fin con mayor solvencia que la creciente colección al completo de profundos y sofisticados diagnósticos, polémicas y propuestas programáticas. Regálalo y pide que sea regalado a su vez una vez leído, no importa a quién.

(Asier Arias Domínguez, 15/15\15, 28/05/22)