Más de 9.500 entradas y 550.000 visitantes desde el 9 de octubre de 2011

La gran hermana menor: Silvina Ocampo

“Silvina escribía como nadie, en el sentido de que
no se parece a nada de lo escrito y creo
que no recibió influencias de ningún escritor.
Su obra parece como si se hubiera influido a sí misma”
Adolfo Bioy Casares

Encontrar un escrito sobre Silvia Ocampo que no mencione previamente que fue pareja de Bioy Casares, amiga de Jorge Luis Borges y hermana de Victoria Ocampo, o que no haga referencia a la carta de amor de Alejandra Pizarnik, parece imposible. Se escribe mucho sobre su vida llena de intrigas y rumores, pero poco se lee de su vasta producción literaria.

Recientemente, bajo el respaldo de la editorial Anagrama, Mariana Enríquez reeditó el libro La hermana menor (2018), una biografía de Silvina Ocampo que además de escarbar en sus diarios, toma en cuenta testimonios de amigos y de críticos, en un intento de lograr un retrato transparente de la menor de las hermanas Ocampo. La hermana menor es un libro que pone sobre la mesa el hecho de que esos chismes literarios han enfocado erróneamente el interés por Silvina Ocampo en su vida, y no en su obra. El acierto de Mariana Enríquez es volver a traer a Silvina a la mesa de novedades, pues no solo logra develar los secretos más controversiales de la escritora argentina, sino que crea en el lector la angustiosa necesidad de leer todo lo escrito por ella.

Esa necesidad puede satisfacerse momentáneamente con su primer libro de cuentos: Viaje olvidado (1937), que le dio tortícolis literaria a su hermana, la afamada crítica Victoria Ocampo, o por lo menos así lo expresó en la reseña que publicó sobre la obra en la revista Sur. Y es que algo hay de cierto: no es un cuentario fácil de leer. Está saturado de imágenes poéticas y de un lenguaje descriptivo que puede ser pesado. En los cuentos “Viaje Olvidado”, “Cielo de Claraboyas” y “El vestido verde aceituna”, puede notarse la influencia de los cuadros surrealistas de sus maestros Giorgio Chirico y Fernand Léger.

Ante el nuevo intento de golpe fascista en Venezuela: con Maduro y con la Revolución. ¡No Pasarán! (Partido Comunista de España, PCE)

Condenamos el intento de asalto orquestado por el diputado golpista Guaidó a la base área de La Carlota en Venezuela, junto a un reducido grupo de militares y civiles golpistas, incluyendo Leopoldo López, quien de este modo habría quebrantando su arresto domiciliario, por su responsabilidad en los hechos de violencia y muertes ocurridos en 2014.

Desde una avenida contigua a esta base aérea, Juan Guaidó con algunas personas armadas, está haciendo un nuevo llamamiento al pueblo venezolano y la Fuerza Armada para que se subleve contra el legítimo Presidente, Nicolás Maduro. Así, una vez más la oposición venezolana, en una operación auspiciada por el gobierno de Estados Unidos y algunos otros sectores internacionales, apuesta por un Golpe de Estado para intentar derrocar al Gobierno democrático de la República Bolivariana de Venezuela. Estos intentos golpistas y los llamados a la violencia son rechazados por el pueblo venezolano y por la Fuerza Armada Nacional Bolivariana, que se mantiene firme en la defensa de los principios básicos de la paz y la soberanía de Venezuela.

Por todo ello, el PCE y la UJCE hacemos un llamamiento a los movimientos pacifistas, a los demócratas y en general a todo el Movimiento de Solidaridad con la República Bolivariana de Venezuela, a mantenerse alerta ante esta nueva intentona golpista, y preparando movilizaciones de apoyo a la democracia, la paz y el respeto a la soberanía del pueblo venezolano.

'No hay lugar para mí…' (Carlos Álvarez)

De: “Aullido de licántropo” (Fragmento del octavo infolio) – 1975
Bartleby Editores 2014© (De esta edición)
Prólogo de Manuel Rico.
ISBN: 978-8492799-70-1

Carlos Álvarez Cruz nació en Jerez de la Frontera, Cádiz, el 27 de diciembre de 1933.

De familia republicana, su padre fue fusilado durante la guerra civil; el mismo, pasó varios años en la cárcel por su oposición al franquismo, y estuvo en el exilio. Estos hechos marcaron profundamente su obra poética

Ha sido traducido al danés, sueco, italiano, ruso, francés y árabe.

Fue finalista por su libro “Escrito en las paredes”, del Premio Antonio Machado, en 1962. Con la traducción de esta obra al danés logró el Premio Bienal Lovemanken, de los poetas daneses, en 1963.

Daniel Clowes: "A lo mejor acabamos dibujando, de nuevo, en las paredes de las cuevas"

Acaba de cumplir los 58 años y en 2006 tuvo que ser operado a corazón abierto, pero Daniel Clowes (Chicago, 1961) nunca ha aflojado el ritmo y sigue siendo uno de esos creadores que hace que todo el mundo le preste atención cada vez que publica un nuevo trabajo. O simplemente con hacer acto de presencia, como ha pasado en su visita por Madrid y Barcelona. Su estatus de autor legendario se lo ha ganado a pulso: fue parte –junto a Chris Ware, los hermanos Hernandez, Seth, Julie Doucet o Chester Brown– de la generación que poco a poco llevó los cómics del «underground» a las librerías y dio el paso hacia la novela gráfica. Él lo hizo con títulos como « David Boring» o « Ghost World», adaptada al cine en 2001 con una joven Scarlett Johansson como protagonista. Sus cómics más recientes, como « Paciencia», han virado hacia la ciencia ficción, pero Clowes no deja de aplicar una mirada corrosiva al mundo actual.

– Ha vivido el auge del cómic independiente y el actual «boom» del género. ¿Cree que los cómics son mejores ahora que hace treinta años?

– No estoy seguro. Si miras la historia de los cómics siempre hay aproximadamente la misma cantidad de personas haciendo cosas realmente interesantes. Y si miras a la historia del cine, o de la literatura, siempre da esa misma impresión. Creo que la cantidad de gente que esté trabajando no parece que produzca un crecimiento exponencial del número de grandes obras.

– ¿Se considera parte de una generación de autores, o va por su cuenta?

– Siento ambas cosas, en cierta medida. Trabajando solo, como hago yo, siento que estoy creando mi propio pequeño mundo. Pero, ciertamente, sentí una gran camaradería cuando empecé en los cómics, en la segunda mitad de los años 80, con un grupo de personas que no nos conocíamos entre nosotros, que vivíamos en partes distintas del mundo y a los que, sin embargo, nos inspiraban las mismas cosas. Cada uno tiene un estilo completamente distintivo y aún así sentíamos una gran cercanía entre nosotros, frente a todo lo demás que se estaba haciendo en ese momento. Tengo una sensación de hermandad con cualquier autor de esa generación, siento que estamos peleando juntos por nuestra obra.

– Uno de los grandes cambios en estas décadas ha sido el paso de las revistas y las antologías autopublicadas –como su «Eightball»– al dominio del formato libro. ¿Echa de menos otros formatos?

– En su momento disfrutaba mucho de esos formatos y me parecían muy vitales, porque tenían que aparecer con una frecuencia muy alta. Sentías que la gente estaba esperando por ellos. Había gente que se cabreaba muchísimo conmigo si me llevaba un mes de más sacar un número de « Eightball». Y a medida que me he hecho mayor he dejado de sentir la urgencia de tener siempre algo nuevo, tenía la sensación de que podía esperar tres o cuatro años y no me molestaba que nadie estuviese viendo cosas mías. Me estaba pasando a la novela gráfica y empezó a interesarme hacer cosas que fuesen densas y centrarme en ellas durante periodos de tiempo largos. Y ahora intento de vez en cuando escribir algo breve, me encantaría hacer una historia de cuatro o cinco páginas para alguna revista, y no soy capaz: se me va de cuatro, a diez, a veinte páginas.