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Entrevista a Lluis Llach (La Cafetera, Radiocable - 05/07/17)

Un futuro para el socialismo (Jonás Fernández Álvarez)

Diputado por el PSOE en el Parlamento Europeo

Con las reformas necesarias, el PSOE puede volver a ser un instrumento para el cambio

Hemos perdido ‘de facto’ nuestra soberanía fiscal, pero también la normativa frente a compañías globales

El PSOE atraviesa una situación compleja que va más allá de la pasada sesión de investidura. Ha perdido apoyo electoral en casi todas las elecciones celebradas desde 2008, y esto se une a una debilidad estructural de los socialistas europeos. No faltan los agoreros que anuncian, una vez más, el fin de la socialdemocracia. Sin embargo, no ha habido un contexto histórico en que las ideas socialistas sean más necesarias, para ordenar el mercado (la globalización) y reconstruir los sistemas de intervención y redistribución. Para ello, el PSOE debe recuperar la unidad interna, impulsar un renovado proyecto y reformar su modelo de organización para canalizar los deseos de cambio. Un esfuerzo para revitalizar la ambición de una España con liderazgo en el mundo, donde veamos a los mejores en los puestos de responsabilidad.

Estamos viviendo cambios globales que marcarán el futuro de generaciones, como el desplazamiento de poder geopolítico al Pacífico, la vuelta de los nacionalismos y los populismos plebiscitarios (llámese Brexit o Trump), los problemas de seguridad, el cambio climático, la revolución digital o el envejecimiento demográfico. Ignorando estos cambios, España ha caído en una espiral de introspección inoperante, dilapidando nuestro peso internacional y avivando las tensiones centrífugas ante la ausencia de un proyecto de país. El PSOE debe liderar estos debates con convicción y firmeza regeneracionista, sin atavismos ni complejos, ante una derecha más conservadora que nunca y una “nueva política” que gasta sus energías en copar los titulares del día siguiente.

Esta reflexión exige actualizar los campos de actuación y las palancas institucionales para cumplir con nuestros ideales centenarios. Probablemente, lo más urgente es reconocer que no hay socialismo sin una Europa federal. La diferencia más nítida entre las dos corrientes de pensamiento no conservadoras, el liberalismo y la socialdemocracia, es que los socialistas no nos limitamos a garantizar la igualdad de oportunidades, sino que queremos preservar un elevado nivel de equidad. El problema es que, en la actualidad, los Estados no tienen capacidad para establecer sistemas fiscales justos ante la fácil elusión de impuestos de las grandes compañías. Hemos perdido de facto nuestra soberanía fiscal, pero también la normativa frente a compañías globales. La vocación redistributiva de la socialdemocracia, núcleo de nuestro ideario, no es viable si se limita al ámbito nacional. Esta visión no se restringe a la política fiscal, sino a casi todos los retos del presente. Debemos empezar por reconocer que nuestro proyecto, como nuestro futuro, nunca más será exclusivamente nacional y, por ello, hay que situar el proyecto europeo en el centro de nuestro programa.

La hipótesis socialista (Manuel Garí)

Economista

La respuesta a la cuestión de los retos del socialismo debe comenzar por reconocer que las realidades y preocupaciones expresadas en el debate en curso en 'Espacio Público'-'CTXT', incluyendo esta aportación, están condicionadas por la experiencia política, los parámetros culturales y la producción teórica del socialismo, permítaseme la expresión, del mundo occidental y cristiano industrializado.

Si bien, dadas las características del capitalismo mundial actual, algunas de las cuestiones que se plantean suponen incursiones en terrenos globales y comunes por lo que podrían tener utilidad para las reflexiones que se produzcan en otras latitudes. Lo ideal sería poder identificar los rasgos comunes pero también las diferencias y especificidades que constituyen las distintas expresiones coexistentes del capitalismo en el momento global y las manifestaciones de la crisis del capitalismo en los diferentes espacios segregados por la división internacional del trabajo, pero es una tarea que excede al debate en curso.

Venimos de una gran derrota de los movimientos emancipatorios con objetivos pos capitalistas, pero no es el fin de la historia. Baste recordar los años que transcurrieron entre las primeras impugnaciones del Antiguo Régimen y la caída del mismo y sustitución por el orden capitalista. No es el objeto de este artículo analizar las causas de las victorias del capital ni las de la postración de sus antagonistas.

Revolución o colapso (Capi Vidal)

Revolución o colapso. Entre el azar y la necesidad, libro editado este año 2017 por Queimada, recoge las memorias de Octavio Alberola a través de artículos suyos escrito a lo largo del tiempo, muestras de un anarquismo libre de dogmas y heterodoxo, que llega hasta nuestras días, en los que se nos invita a repensar y reinventar la revolución a través de una llamada a la rebelión en un sociedad adormecida y seducida, en gran medida, una y otra vez por las instituciones.

Octavio Alberola nace en 1928, en la localidad balear de Alaior. En 1939, después de pasar cuatro meses refugiado en Francia, se exilia a México con sus padres, donde comenzará su militancia anarquista con la Juventudes Libertarias y la CNT. En 1948, se produce su primera detención en aquel país centroamericano durante un mes; uno de los motivos de la misma, algo muy significativo para lo que será la vida de nuestro protagonista, fue la denuncia por parte de los jóvenes anarquistas de la traición a la revolución de 1910 por parte de los gobiernos posteriores. Es este primer incidente el que le confirma el carácter demagógico de los populismos revolucionarios y la falsedad de toda revolución institucionalizada. Más triste aún que ello, fue su distanciamiento con los republicanos exiliados, que le reprocharon haberse inmiscuido en la política mexicana. Si dicha ruptura duró al menos dos años, la polémica se extenderá a lo largo de su vida y Alberola no comprenderá cómo se puede conciliar un discurso anarquista con un acomodamiento burgués a la sociedad de clases. Podía ser comprensible hasta cierto punto, después de la dura derrota contra el fascismo español, que los exiliados se adecuaran al contexto del país que les había acogido, pero los jóvenes libertarios reclamaban otra actitud más consecuente con las ideas. Es esto lo que le empujará a colaborar con el periódico Regeneración, órgano de la Federación Anarquista Mexicana, fundado en 1900 por la hermanos Flores Magón, con un papel muy importante en la revolución mexicana. En los artículos parcialmente reproducidos puede comprobarse cómo Alberola reclama ya desde su juventud una innovación en las formas de pensar, también en el seno de un movimiento anarquista que debería estar siempre abierto a la crítica, que pueda dar una mejor respuesta a los problemas nuevos.

La estrecha relación de Alberola con los jóvenes latinoamericanos exilados en México, le hace participar activamente en la lucha contra varias dictaduras. La solidaridad con todos los oprimidos, como lo estaban los españoles con la dictadura de Franco, sería unos de los leitmotiv de su vida. Entre 1956 y 1959, colaborará en la lucha de los exiliados cubanos contra la dictadura de Batista. En 1958, cuando la situación empezaba a ser favorable para los rebeldes de Sierra Maestra, Alberola y los jóvenes libertarios constituyeron junto a otros, republicanos y socialistas, las Juventudes Antifranquistas de México para participar en el Frente Antidictatorial Latino-Americano. Después del triunfo de los rebeldes en Cuba, en 1959, Alberola constituirá en la misma línea el Movimiento Español 1959, con la aspiración de aglutinar a todos los jóvenes exiliados antifranquistas, no importa cual fuera su ideología. En este ambiente optimista, con la caída de la dictadura de Batista, se produce la reunificación de la CNT en el exilio, proceso en el que Alberola se compromete activamente. En 1961, se celebrará en la localidad francesa de Limoges el congreso de reunificación, para la que Alberola viajará como delegado. Será allí donde se decidirá la creación de un organismo secreto, para organizar y coordinar la lucha contra la dictadura de Franco, que recibirá el nombre de Defensa Interior (DI). En 1962, nuestro autor será uno de los designados por la Federación Ibérica de Juventudes Libertarias para la constitución del DI. Es por esto que partirá de México para integrarse en Francia en la lucha activa contra el franquismo, lo cual le supuso una nueva etapa en su vida sumida en la clandestinidad.