De repente, cambian tus prioridades. Es romperse el móvil y entras en una espiral de caos y paranoia. Sobre todo si estás solo, es domingo y no puedes guasapear. ¿Pensarán que te ha dado un patiburrio? En realidad, a nadie le importa una higa que lleves 15 horas sin estar en línea. Sin el móvil no eres nadie. Con él tampoco es que seas gran cosa, pero esta desmovilización me resulta mucho más preocupante y angustiosa que la del 19J. He escrito unos cuantos mails explicando la situación, ¿pero quién va a leer un correo electrónico un domingo de primavera? De momento, son como las botellas de un náufrago echadas al mar. ¿Hola? ¿Hay alguien ahí? Como no había quedado para hacer nada concreto ayer domingo, nadie me echó de menos. “Estará durmiendo, o con sus folletaícas”, será lo más que haya pensado alguien, en el mejor de los casos. Y razón no le faltará.
Mando más mails para confirmar las citas de mañana y el punto de recogida, dado que no puedo enviar ubicación. Remito mensajes directos a través de las redes sociales indicando que hagan el favor de leer los correos electrónicos, por favor. Pero ni caso. Con el móvil roto no recuerdo un solo número de teléfono al que llamar, dado que no conservo ninguno en la memoria (cerebral) ni tengo los más importantes anotados en papel. Craso error. ¿Existirán las Páginas Blancas en internet? Siento el impulso de tuitear que estoy más desmovilizado que los votantes de izquierda, pero me da vergüenza, no vaya a parecer que quiero que me hagan casito. Me he quedado sin mis fotos, espero que circunstancialmente. 23.000 o por ahí creo que tenía. ¿Copia de seguridad? ¿Sincronización? ¡Amos anda! Toca recordar, sin ver. Desmovilizado, he perdido un montón de aplicaciones, pero también he ganado algo importante: tiempo. Las horas dedicadas a hacer el farfollas con el móvil las empleo en leer prensa atrasada, ordenar libros y papeles y mirar a las musarañas. Me echaré la siesta del carnero, veré alguna película después de comer y escribiré. A medida que pasan las horas, la sensación de paranoia va menguando. De hecho, lo único que ya me preocupa es saber cómo haré para despertarme mañana temprano.
(Ideal, 06/06/22)