Lo más curioso es que ambos extremos coinciden en lo fundamental: acusar al gobierno de ser el responsable de todos los males del país. Pero por motivos opuestos: la derecha le acusa de hacer demasiado; la izquierda, de hacer demasiado poco. El Tea Party —nada que ver con la bebida inglesa, sino el anagrama de «Taxed Enough Already», «Ya tenemos bastante impuestos»— cree que con sus impuestos e intervensionismo, el gobierno está ahogando la iniciativa privada, motor de la economía norteamericana desde que este país existe. Con Obama simbolizando el intento de introducir el socialismo en él. Mientras «Occupy Wall Street», que no necesita traducción, considera el capitalismo un cáncer de la vida norteamericana, que debe erradicarse, con Obama rendido a él. Unos y otros acaparan titulares, telediarios, polémicas.
No hace falta ser un politicólogo para darse cuenta de que ambos se equivocan. Radicalmente, además, pues lo que defienden y atacan es lo que ha llevado a este país, e indirectamente al mundo, al foso en que se encuentra. Fue la desregulación casi total, la inhibición del gobierno en asuntos económicos, lo que permitió a los especuladores campar a sus anchas, crear productos financieros ficticios y llenar sus bolsillos, arruinando empresas, bancos y particulares. Pero creer que esto se arregla poniendo la economía en manos del gobierno, nacionalizando los bancos, garantizando un puesto de trabajo, la educación, la sanidad, la vivienda y la energía —«limpia» además— gratis es, más que de ignorantes, de ilusos. Si algo nos ha enseñado esta crisis es que no hay nada gratis.
Pero ahí los tienen, unos frente a otros, intercambiando insultos y descalificaciones, proclamándose poseedores de la verdad, que exigen en sus pancartas como si fueran fórmulas milagrosas. Cuando son de un infantilismo que asusta. Unos creen arreglarlo todo bajando los impuestos. Otros, subiéndolos. Pero no hay fórmulas milagrosas. Más, en el mundo global en que hoy estamos, donde todo está interrelacionado y deben tenerse en cuenta millones de factores para acercarnos a la respuesta correcta.
Lo que echamos de menos es ese pragmatismo, ese sentido común que ha sido siempre el gran activo norteamericano. En las próximas postales les hablaré con detalle adónde ha ido a parar todo ello. Si soy capaz de averiguarlo.
ABC