Sin buscar culpables, más allá del que directamente maltrata a una mujer, resulta evidente que algo tendrá que cambiar si, de una vez por todas, queremos acabar con esta terrible realidad. Para ello no basta con discursos grandilocuentes ni con leyes que se han demostrado insuficientes. Su falta de efectividad se debe al conformismo de quien ha estado más preocupado por mantener una opción ideológica que de poner los medios para proteger más y mejor a la mujer.
Es necesario asumir que se precisan más medios materiales y personales; una mayor coordinación entre las administraciones; un diagnóstico riguroso de cada uno de los casos para poder proteger a las mujeres y también a los menores. En 2010, veinte menores fueron asesinados, la peor cifra en los últimos diez años. Negar la evidencia y dilatar el hecho de que los menores tienen que ser incluidos en la ley no hace sino impedir que el Estado pueda desplegar todos los instrumentos de protección a su alcance.
La Razón