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Nadia Bernusi: "Los marroquíes no votan porque el poder no está en el Parlamento"

Jurista y ponente de la nueva Constitución marroquí.

El apabullante currículum de Nadia Bernusi incluye dos tesis, haber sido profesora en diversos países y la pertenencia a prestigiosas instituciones. Su claridad y franqueza al hablar de Marruecos se agradecen como una corriente de aire fresco. Bernusi estuvo recientemente en Barcelona invitada por la Asociación Wafae para hablar sobre la reforma constitucional y los derechos humanos en Marruecos.

- Usted formó parte de la comisión consultiva que elaboró la Constitución aprobada en julio pasado. ¿Hasta qué punto está satisfecha con el resultado?

- En primer lugar, un texto constitucional no es un algo sagrado, contiene grandes avances pero también tiene sus límites. Ningún texto constitucional es perfecto y está llamado a cambiar. Además, debe corresponderse con la relación de fuerzas políticas que hay en un momento dado en un país. Así que había que redactar un texto consensuado, para que lo aprobaran la mayoría de los votantes del referéndum. Así que ciertas cuestiones quedaron neutralizadas o incluso sin tratar para que las fuerzas conservadoras pudieran votarlo.

- Fue el caso de la libertad de conciencia.

- Sí. La libertad de conciencia no existe en el texto constitucional pero hay dos disposiciones que son sinónimo de ella: la libertad de pensamiento y el principio de no discriminación desde el punto de vista de la creencia. En Marruecos, al contrario que en Libia o en Egipto, donde la Constitución dice que la fuente principal de la legislación es el islam, la ley es la expresión suprema de la voluntad de la nación.

- Otros miembros de la comisión han dicho que no hubo llamadas de palacio. ¿Planeaba sobre ustedes qué pensaría el rey sobre ciertas cuestiones?

- No, creo que, sinceramente, trabajamos –así lo sentí yo– con total autonomía e independencia. Por el contrario, todos estábamos convencidos de que no podíamos pasar de una monarquía autoritaria a una monarquía parlamentaria por decreto. Ese paso tiene un coste temporal. Estábamos convencidos, sin decirlo, de que la clase política no estaba preparada, visto su estado de descalabro, para asumir todo el poder y que, en segundo lugar, la mayor parte de la población marroquí no estaba preparada para despojar al rey del poder. La monarquía es extremadamente popular y lamayoría de los marroquíes aún quieren un rey que gobierne.

- Ha escrito sobre la crisis de la clase política marroquí.

- La crisis entre los ciudadanos y la clase política podemos resumirla en un problema de confianza. Marruecos no es el único país en el que la gente no vota, pero allí hay razones específicas. Una es ideológica. La crisis del socialismo tuvo una repercusión en el socialismo marroquí. Cuando hubo el gobierno de alternancia en 1998, los críticos hacia ese ejecutivo dicen que los partidos que estuvieron en el poder no atendieron las demandas de los ciudadanos. En tercer lugar, los marroquíes no creen en los ministros ni en los parlamentarios si no ven que hacen algo en el ámbito local, como las carreteras. Ciertos políticos han fallado en su comportamiento. Hay, también, un problema de comunicación entre los jóvenes que sueñan con hombres y mujeres políticos que los representen y que, sin embargo, son mayores y están pasados de moda. La izquierda no está clara –el PPS, comunista, está con los islamistas–, el centro no sabemos si existe,y a la derecha se la considera el partido de la Administración. Hay una derecha por construir y una izquierda por levantar, porque está completamente por tierra. Otra razón, fundamental, es que entre 1956 y el 2002 las elecciones estaban manipuladas. Y aún más importante, los ciudadanos no votan porque saben que el verdadero lugar de poder no es el Parlamento.

Isabel Ramos Rioja, La Vanguardia