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El PNV ganará las elecciones vascas y Bildu será la segunda fuerza más votada

Los socialistas pierden 7 de los 25 escaños que tienen y el PP pasa de 13 a 12

El PNV cosecha un tercio de los votos y Bildu, casi la cuarta parte

Los nacionalismos moderado y radical sumarían una mayoría de escaños aplastante

El vuelco político que se va a producir en el País Vasco tras las elecciones del próximo 21 de octubre se confirma sondeo tras sondeo. Y no porque el seguro ganador, el PNV, esté escalando posiciones en los porcentajes de apoyo popular, sino porque la aparición de los radicales de Bildu, ya legalizados, recoge con gran fuerza al electorado claramente independentista y al que se siente próximo a ETA, todo lo cual tiene su traducción en escaños.

El vuelco en el mapa político lo da Bildu, que en 2009 estaba fuera de la ley y que hoy recogería casi el 25% de los votos y llegaría a 20 escaños.

Según el sondeo realizado por Sigma Dos para EL MUNDO, el PNV perdería ahora mismo más de cinco puntos respecto a los resultados obtenidos en las elecciones de 2009. Eso quiere decir que bajaría entre cuatro y seis escaños. Ésa es más o menos la misma proyección que la que reflejó el sondeo realizado en agosto de este año, justamente después de que el lehendakari, Patxi López, anunciara elecciones anticipadas en el País Vasco.

Con estas previsiones, es seguro que el independentismo moderado sumado al independentismo radical va a gozar de una mayoría aplastante: entre 44 y 46 escaños. La mayoría absoluta está en 37. Si las previsiones se cumplen, al nacionalismo le sobrarían entre siete y nueve escaños. Nada que ver con lo que sucedió en las elecciones de marzo de 2009. Entonces fueron los constitucionalistas los que, sumados, alcanzaron 38 escaños frente a los 36 que habían conseguido en total PNV, EA, Aralar y EB.

Otra cosa serán los pactos a los que decida llegar el ganador -que, sin duda, será el PNV- y que podría perfectamente intentar gobernar en solitario y contar con el apoyo parlamentario de algunas de las otras tres formaciones. Pero, sean cuales sean los acuerdos futuros, no se podrá ignorar que la suma de fuerzas nacionalistas será absolutamente hegemónica en el Parlamento de Vitoria.

Exactamente lo contrario que a Bildu le sucede al PSE, que, por primera vez en la historia, consiguió en 2009 formar un Gobierno no nacionalista. El sondeo prevé para el PSE un castigo monumental. Nada menos que 10,5 puntos de pérdida en porcentaje de votos y entre siete y nueve escaños menos.

El PP, que con su respaldo desde fuera del Gobierno hizo posible en los últimos tres años que López gobernara la comunidad vasca, no es apenas castigado por sus electores. Si en los comicios de 2009 obtuvo un 14% de votos y 13 escaños, en el sondeo publicado por EL MUNDO en agosto de 2012 ese apoyo se había reducido en más de un punto. Pero la tendencia ha cambiado en estos meses y en este momento el respaldo de los votantes vascos al PP sube seis décimas respecto de lo logrado por este partido en las últimas elecciones. Sin embargo, ese incremento no se traduce en más escaños, sino en uno menos de los 13 con los que ahora mismo cuenta.

Ezker Anitza/IU, que es la marca del partido resultante de la escisión de la antigua Ezker Batua/Izquierda Unida, mantendría el escaño que ahora tiene.

Con este panorama político, la única incógnita es con quién pactará el futuro lehendakari Urkullu para sacar adelante la legislatura. Porque, aunque es la fuerza
mayoritaria, necesita el respaldo de alguna de las otras formaciones para aprobar las leyes. Y en ese sentido nada es descartable. Según la encuesta, el 25,5% de los sondeados preferiría una alianza del PNV con Bildu; el 23,7%, del PNV con el PSE; el 6,3%, del PSE con el PP; el 5,7%, de Bildu con el PSE; el 3,7%, del PNV con el PP, y el 2,4%, del PNV, Bildu e IU.

Hasta el momento, Urkullu no ha querido adelantar nada en lo tocante a sus intenciones y es muy improbable que lo haga antes de los comicios. Pero de quién sea finalmente el elegido para el pacto va a depender de una manera muy determinante la orientación política de la próxima legislatura. Porque no es lo mismo que el acuerdo, no tanto de gobierno cuanto de apoyo parlamentario, se alcance con Bildu que con el PSE.

Sí sabemos ya que el líder peneuvista tiene en cartera el planteamiento de un «nuevo estatuto político para el País Vasco». La incógnita está en saber cuánto tiempo va a tardar en poner esa reivindicación sobre la mesa. Si pacta con el PSE, los tiempos serán más largos y la formulación más suave. Si lo hace con Bildu, la radicalidad de esta formación le empujará hacia los extremos. Porque no va a buscar el pacto con el PP. Por dos razones: porque los populares se opondrán siempre a cualquier operación separatista y porque los escaños del PP convierten a esta formación en la cuarta fuerza de las cinco que previsiblemente van a componer el nuevo Parlamento vasco.

Sea como sea, ese llamado «nuevo estatuto político» para el País Vasco será una reedición del plan Ibarretxe, pero con otro envoltorio. Y aún es pronto para saber en qué momento se pondrá en marcha esta reivindicación. Quizá Urkullu prefiera esperar, como ya ha declarado, a que España pueda alcanzar cierta estabilidad económica y unas previsiones que apunten a una recuperación.

Pero que el plan político de secesión, se llame «estatuto de libre asociación» o se llame de otra manera, se va a poner en marcha es algo que muy pocos dudan. Otra cosa son los plazos que Urkullu establezca. Probablemente prefiera esperar a ver cómo evoluciona la situación provocada por el presidente de la Generalitat, Artur Mas, con esa apuesta por la independencia y por el referéndum de autodeterminación. Pero no hay que descartar nada.

Éste es el panorama general que, según el sondeo, se dibuja en el País Vasco. Pero, desglosado el mapa por provincias, las cosas resultan muy diferentes. En Álava, por ejemplo, se reproduce el mismo movimiento electoral que registra la comunidad en su conjunto: descenso del PNV, subida meteórica de Bildu, batacazo del PSE y leve subida del PP, que, sin embargo, no se traduce en incremento de escaños. Álava tiene interés porque es la provincia en la que el PP tenía, quizá siga teniendo, puestas sus esperanzas. La apuesta de Antonio Basagoiti era obtener una muy buena posición en esta provincia, convertirse incluso en la primera fuerza. De ese modo, el PP podría enfrentarse con poderosos argumentos electorales a las previsibles pretensiones secesionistas del bloque nacionalista encabezado por el PNV. Si Álava vota mayoritariamente PP, pensaban los dirigentes populares, al proyecto de independencia se le quebraría una de sus tres patas y eso lo convertiría en inviable.

Pero los datos del sondeo no dicen eso. Dicen que la primera fuerza será el PNV, con siete diputados -uno menos que en los comicios pasados-, y que las otras tres formaciones (Bildu, PSE y PP) obtendrán igual número de escaños: seis cada una, lo cual significa que los socialistas perderían tres diputados, los populares se mantendrían como estaban y los de Bildu darían el salto.

Ni siquiera sumando sus fuerzas, PSE y PP tendrían más escaños que PNV y Bildu: 12 frente a 13. De modo que, si estas previsiones se cumplen, la esperanza de los populares caerá hecha añicos el 21 de octubre. Las fuerzas nacionalistas e independentistas obtendrían la mayoría.

Por lo que se refiere a Guipúzcoa, el sondeo registra un notable descenso de apoyos al PNV, que perdería dos o tres escaños: y pérdida también para el PSE, que se quedaría con otros dos o tres escaños menos. Bildu multiplicaría por tres la representación que en las anteriores elecciones obtuvieron EA y Aralar, que se presentaron por separado pero que ahora concurren bajo las siglas de la coalición radical. En total, nueve escaños para los independentistas, que se convertirían en la primera fuerza política de Guipúzcoa.

Vizcaya sigue siendo el feudo principal del PNV, que, aunque según este sondeo, podría perder entre uno y dos escaños y quedarse en 10 u 11, seguiría conservando su estatus de primera fuerza política. Y, de nuevo, caída manifiesta de los socialistas, despegue clarísimo de Bildu y una posición levemente más firme del PP, que, de todos modos, no se traduce en incremento de escaños.

En definitiva, la cosecha electoral de los constitucionalistas en esta legislatura que ahora acaba ha sido muy pobre. Tanto, que se salda con una salida fulminante de López y la muerte del sueño de Basagoiti de conseguir la victoria en Álava para cortar las alas a los independentistas.

El PNV recupera el poder que ejerció ininterrumpidamente desde el comienzo de la democracia y que la aritmética parlamentaria le arrebató hace tres años y medio.

Victoria Prego, El Mundo