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El descrédito del microcrédito

La credulidad sobre los efectos mágicos del invento de Mohamed Yunus está en su momento más bajo

Al recibir el premio Nobel de la Paz, Mohamed Yunus, padre del microcrédito, proclamó que su método iba a colocar "la pobreza en un museo". También aseguró sin sonrojarse que su Grameen Bank era propiedad de millones de mujeres pobres. Apenas siete años más tarde, la credulidad sobre los efectos mágicos de su invento está en su momento más bajo y el propio Gobierno de Bangladesh le ha declarado la guerra.

Estudios del Gobierno británico publicado el año pasado desmitifican los supuestos efectos emancipadores del microcrédito. Hasta hace poco, su prestigio respondía menos al punto de vista de las beneficiarias (casi siempre mujeres) que al del prestamista, que disfrutaba de un bajísimo índice de morosidad. "A pesar del entusiasmo por el microcrédito, no está claro que suponga un beneficio real, no imaginario, para los pobres".

Un veredicto demoledor que pone en la picota toda una década de prioridades en políticas de desarrollo.

Los indicadores sociales en Bangladesh progresan más deprisa que los de sus vecinos, pero para muchos esto se debe menos menos al endeudamiento en microcréditos que a la industria textil, las remesas o la concentración de oenegés. Entonces, ¿por qué el microcrédito ha sido un artículo de fe a salvo de la crítica durante tanto tiempo? Para sus detractores, por haber regalado los oídos del neoliberalismo dominante. Venía a decir que la pobreza no se resolvía responsabilizando al Estado -y aumentando su cobertura- sino al individuo. En lugar de atacar las causas de la pobreza con programas sanitarios, educativos o de infraestructuras, vendía la "inclusión financiera" como la panacea, mientras proporcionaba una coartada humanitaria a un sector bancario necesitado de nuevos pastos. Al mismo tiempo, regalaba los oídos del progresismo por su cariz feminista. Pero "no hay datos concluyentes sobre su contribución a la promoción de la mujer", dice Wanshai, militante del Partido del Congreso. Sea como sea, convertir a millones de pobres en deudores crónicos y, en el mejor de los casos, en trabajadores por cuenta propia condenados a repartirse la precariedad, se volvió de repente en el colmo de la solidaridad moderna.

Sólo ahora se empieza a admitir que, pese a éxitos puntuales, la transformación social que lleva consigo es limitada. Además, el microcrédito siempre ha ido de la mano de macrointereses, a un paso de la usura. Las entidades microfinancieras lo justifican diciendo que sus gastos operativos son mayores. Lo cierto es que cargan un interés mucho mayor por una vaca lechera que el que un banco convencional cobra por un Ferrari. Su coartada es que estos últimos jamás concederían un préstamo sin avales. Incluso cuando el primer microcrédito se desembolsa para una actividad económica, el segundo y el tercero acostumbran a ser para el consumo. Ulteriores créditos no tienen más objeto que pagar los intereses de los anteriores.

Hace tres años, tras publicar una lista de 123 suicidios relacionados con la morosidad, el Gobierno de Andhra -epicentro del microcrédito en su mayor mercado, India- dijo basta. La mayoría de hogares tenía entre dos y cuatro créditos y los intereses rozaban el 60%. El desencadenante había sido la salida a bolsa de la mayor entidad india, SKS. Sequoia, un fondo estadounidense, compró la mayor participación. Su director en India lo justifica: "Si nadie puede sacar provecho de los pobres, nadie les va a prestar servicios". Andhra prohibió el cobro a domicilio y la recaudación bajó del 98% al 10%. El Banco Central indio también intervino, poniendo un techo del 26% de interés.

Moncho Ferrer, de la Fundación Vicente Ferrer, radicada en Andhra, afirma que "el problema con estas entidades es que no estudian la situación de cada persona. Lo ponen muy fácil y luego la gente no es capaz de devolver los créditos".

EE.UU. sigue siendo el principal valedor del microcrédito por motivos ideológicos y hasta sentimentales. Barak Obama ha recordado a su madre como pionera de este instrumento en Usaid, agencia de desarrollo que este mes ha firmado un pacto de apoyo a Grameen Bank en varios países. El propio Yunus exclama ahora que él nunca afirmó que el microcrédito fuera la varita mágica. "Si lo fuera, no habría tenido que crear otras cincuenta empresas, desde agrícolas hasta de telecomunicaciones". Yunus insiste en que su invento sólo funciona si se orienta a la actividad económica: "Si no, cómo van a devolver lo que se les presta". Aunque considera justo un 10% de beneficio neto para el prestamista. Según una oenegé estadounidense, pronto habrá cien millones de microdeudores, que deberán casi cincuenta mil millones de euros.

"Esto ya no tiene nada que ver con la reducción de la pobreza, es crédito al consumo desbocado", afirmó David Gibbons, de Cashpor Micro Credit.

- Bangladesh desacredita a su Nobel de la Paz.

En el 2011, la primera ministra bengalí, Sheikh Hasina, acusó a Mohamed Yunus de "chupar la sangre a los pobres" antes de destituirlo como director de Grameen Bank. Esta semana su Gabinete ha ido más lejos, al denunciar al exfundador del banco por evasión de impuestos. Acusan al banquero de los pobres de haberse embolsado cinco millones de euros en el extranjero en premios y derechos de autor, sin pagar el preceptivo 25% en impuestos. Hace un par de meses, el entorno de Hasina filtró que esta había exclamado a puerta cerrada que la empresa pública noruega Telenor le había comprado a Yunus el Nobel de la Paz (que otorga un comité de diputados noruegos). Telenor posee el 58% de la Grameenphone, una de las empresas más rentables de Bangladesh. Asimismo recriminan a Yunus haber desviado fondos destinados a microcréditos a otras empresas del grupo, engañando a sus donantes internacionales. Huelga decir que el control del imperio Grameen es un dato político de primera magnitud en Bangladesh y su futuro dependerá de las elecciones previstas en enero. El Gobierno amaga con trocear el imperio Grameen, cuyo tamaño (como el de BRAC) empequeñece al del propio estado. Yunus siempre ha presumido de que en el consejo de administración de Grameen se sientan varias mujeres chabolistas, depositantes de la entidad. Pero prefiere que los directores de cada agencia continúen preseleccionando a las candidatas, en lugar de dejar que las mujeres escojan libremente a sus representantes, tal como propone el Gobierno. La hostilidad entre Hasina y Yunus arranca de cuando este hizo un amago de presentarse a las elecciones con un partido propio, hace cinco años. Ahora, en su guerra contra el Gobierno de centro-izquierda de Sheikh Hasina, Yunus ha dado a entender que lo principal es descabalgarla.

Jordi Joan Baños, La Vanguardia