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La pérdida del glamur del tabaco (Màrius Carol)

La imagen de Humphrey Bogart se asocia a su inseparable cigarrillo, que cogía sutilmente con los cinco dedos de la mano. De la misma manera que la gente recuerda a Steve Mc-Queen con un pitillo pegado a los labios, a John Wayne liando picadura y a Gary Cooper atrapando el cigarrillo entre el índice y el corazón. El cine fue el mejor aliado durante muchos años de las grandes multinacionales del tabaco americano, pero no es menos cierto que la muerte por cáncer de pulmón de personajes como Bogart, McQueen, Wayne o Cooper ha terminado por resultar su peor publicidad.

En Estados Unidos, las restricciones a fumar afectan no sólo a los establecimientos, sino también a la edad de los fumadores. Nadie puede hacerlo si tiene menos de 18, pero en Nueva York esta prohibición se ha situado en los 21. La mentalización de los ciudadanos sobre los efectos perniciosos de los cigarrillos en la población ha reducido espectacularmente las ventas. El diario The New York Times, en su edición de ayer, aportó nuevos datos sobre la percepción del uso social del tabaco, donde se demuestra que ha perdido todo el glamur que tuvo en los sesenta, cuando era una muestra de modernidad entre hombres y mujeres. En la actualidad, según un estudio federal llevado a cabo entre 4,7 millones de adultos, el fumar se asocia a las gentes con menos recursos, o simplemente a los pobres. De hecho, los sectores con más poder adquisitivo y nivel alto de estudios han dejado el tabaco en mayor proporción. Y se lo toman a pecho: en la obra Traición, de Harold Pinter, donde los dos protagonistas fumaban continuamente, el día de su estreno en Broadway, varios espectadores decidieron abandonar el patio de butacas por considerarlo insoportable. Habrá que reescribir las historias.

(La Vanguardia)