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Encalla la aplicación del plan de paz en el este de Ucrania

La estrategia dilatoria del Kremlin retrasa la ejecución del acuerdo para crear una zona de seguridad entre las fuerzas de Kiev y los prorrusos

Moscú demuestra ahora interés en enfriar el conflicto en el este de Ucrania a fin de apartar de sí las miradas de Occidente y evitar nuevas sanciones, pero los separatistas han dejado claro que lo único que desean es la independencia. Por eso firmaron a regañadientes la noche del pasado viernes en Minsk (Bielorrusia) el memorándum para la creación de una zona de seguridad.

Esta franja de 30 kilómetros, que deberá ser resultado de la retirada de cada uno de los bandos a una distancia de 15 kilómetros de la línea de frente, debería haber estado limpia de artillería pesada ya el domingo por la mañana. Sin embargo, según Kiev, los separatistas no cesaron los ataques hasta ayer, momento en el que las autoridades ucranianas anunciaron el comienzo del repliegue de la artillería y los carros blindados de esa zona a desmilitarizar.
El portavoz del Consejo de Seguridad Nacional y Defensa de Ucrania (SNBO), Andréi Lisenko, aseguró ayer que, al haberse detectado «una reducción de la intensidad de fuego de los rebeldes» y la «ausencia de cañoneo desde territorio ruso» se ha procedido a implementar los acuerdos alcanzados en Minsk. Dos semanas antes, el 5 de septiembre, también en la capital bielorrusa, se había acordó un alto el fuego que no ha sido observado al cien por cien.

Según Lisenko, los prorrusos también se disponen a replegarse, pero «no de forma tan activa como lo estamos haciendo nosotros». El viceprimer ministro de la autoproclamada república popular de Donetsk, Andréi Purguín, ha advertido que sus milicias tardarán «cinco días» por lo menos en completar el proceso de retirada.

Lo cierto es que continúa habiendo tiroteos en distintos puntos de Donetsk. Por ejemplo, ayer y anteayer en la ciudad portuaria de Mariúpol los insurgentes abrieron fuego en numerosas ocasiones y también junto al aeropuerto de Donetsk. El presidente ucraniano, Piotr Poroshenko, que estuvo la semana pasada en Washington para tratar de obtener ayuda militar, se quejó ayer a la canciller alemana, Angela Merkel, de las continuas violaciones de la tregua cometidas por los separatistas.

Merkel y Poroshenko hablaron ayer por teléfono y, según Berlín, la canciller se mostró también «preocupada» por la actitud de los rebeldes. Ambos dirigentes exigieron «la retirada completa de las tropas rusas de los territorios en disputa» y que se garantice la seguridad de la frontera entre Rusia y Ucrania, a través de la cual llegan armas, tropas rusas y mercenarios para unirse a los separatistas.

En la tarea de controlar la frontera el papel fundamental corresponde a los observadores de la OSCE, a los que en Kiev esperan con ansiedad. Deberán también verificar que se ha creado realmente la zona de seguridad de 30 kilómetros y que no se producen nuevos enfrentamientos.

Mientras, el presidente ruso, Vladímir Putin, reunió ayer en Moscú a los miembros de su Consejo de Seguridad para, según el portavoz del Kremlin, Dmitri Peskov, hablar de la tregua en Ucrania. Al encuentro asistieron, además del jefe del Estado, el primer ministro, Dmitri Medvédev, el jefe de los servicios secretos Alexánder Bórtnikov, el ministro de Defensa, Serguéi Shoigú, el de Exteriores, Serguéi Lavrov, y el presidente de la Duma (Cámara Baja), Serguéi Narishkin.

(Rafael M. Mañueco, ABC)