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Las lágrimas (Patricio Sancha)

Sin duda las lágrimas son una de las expresiones máximas del sentimiento puro. Aunque su función fisiológica es indudable al lubricar y proteger de impurezas tanto inertes como biológicas al globo ocular, no podemos ignorar su aspecto emocional.

El fluido lagrimal contiene agua y sal en proporciones similares a la del plasma sanguíneo además de, mucina, lípidos, lisozima, lactoferrina, lipocalina, lacritina, inmunoglobulinas, glucosa, urea, sodio y potasio. Algunas de estas sustancias actúan contra la infección bacteriana como una parte del sistema inmunológico.

Las lágrimas provocadas por las emociones tienen una química diferente a las de lubricación, ya que contienen más hormona prolactina, hormona adrenocorticotropa y leucina encefalina (un analgésico natural).
Se podría decir que lloramos instintivamente para protegernos tanto de agresiones físicas como psicológicas del medio en el que nos desenvolvemos.

Las lágrimas son bacteriológicamente sanadoras y espiritualmente quizás más.

Las artes con su lenguaje alternativo, son capaces no solo de comunicarnos sentimientos sino que de llevarnos a lo más profundo del sentir para provocar en nosotros esas emociones capaces de inducir el llanto, no solo de amargura, pena o nostalgia sino que de alegría también.

Y si las lágrimas tienen un innegable poder curativo, ¿por qué las inhibimos descaradamente impidiendo así nuestra propia sanación?

Los niños con el alma todavía pura, simplemente lloran ante lo que los adultos consideramos insignificantes estímulos. Su comportamiento libre aún no ha sido moldeado por la sociedad castradora capaz de afirmar que los niños lloran de mal criados, lo hombres no lloran, las mujeres que lloran son histéricas y los ancianos con lágrimas en sus mejillas están seniles.

Debemos permitirnos llorar de vez en cuando para vivir los efectos comprobadamente sanadores de tal experiencia. La química, la biología y la psicología estarán de nuestro lado.

Y por último si la carga social es abrumadora, siempre podremos recurrir a la relativa obscuridad de un cine, un teatro o una sala de espectáculos donde la obra presentada sea el catalizador que necesitamos para volver a ser niños aunque sea en la penumbra de un anonimato avergonzado.

Como en todo, existe un equilibrio entre lo bueno y lo malo, el arriba y el abajo, la luz y la obscuridad, ya que sin uno de los dos, el otro no podría existir. El mimo Pierrot fue el precursor del tatuaje de una lágrima queriendo expresar como su arte era capaz de generar sentimientos y a partir de él muchos otros mimos han seguido su estilo. Posteriormente muchos ex-presidiarios se tatúan lágrimas negras saliendo de sus ojos, una por cada asesinato cometido por ellos. El origen de esta costumbre es de la mara salvatrucha (mara=marabunta, salvatrucha=salvadoreña), pandillas que actúan con extrema violencia para cometer sus delitos.

La próxima vez que lloremos, ya sea por pena o alegría, recordemos que de algún modo la naturaleza en su enorme sabiduría nos tiende la mano para nuestra sanación pero nunca, nunca, nos tatuemos lágrimas de sangre por un daño hecho a otro ser humano.

(Artezblai)