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Intelectuales: "cabezas de oro" y pies de barro (Pedro Muñoz Moreno)

Sí, como en la biblia, ídolos con “cabezas de oro” y pies de barro. Y entrecomillo lo de “cabezas de oro” por el simple motivo de que en el país de lxs ciegxs, el/la tuertx es el/la rey/na. En un país donde el nivel cultural es de una mediocridad supina, cualquiera que sea medio leídx se transforma en intelectual. Triste pero cierto, causado por la herencia del franquismo que liquidó cualquier atisbo de intelectualidad y de pensamiento crítico u original. El país que ha mamado del “Muera la inteligencia” y que, consecuentemente, ha asumido el circo (en sentido romano) como máxima expresión cultural, bien sea fútbol, toros o famoseos y vanidades.

Cierto es que está mal generalizar, y que en este país hay y han habido en el periodo que va desde la amortización de la dictadura hasta la actualidad intelectuales de valía, como pueden ser Carlos Taibo, Gustavo Bueno o José Luis Sampedro, por citar sólo algunos de sensibilidades diferentes. Pero en lo que se refiere a la relación que expone el ponente con los medios y por lo tanto su influencia real en la sociedad, su aportación es casi negligible fuera de determinados círculos.

El resto, lxs que realmente tienen la categoría de poder citada por el ponente por su influencia mediática, son personajes que han sido aupados a la categoría de ídolos en base a algún logro puntual, a veces gracias a que sonó la flauta por casualidad como el burro de la fábula, a veces logros más presuntos que reales.
El hecho de escribir buenas (o no tanto) canciones, de saber especular en bolsa, de escribir una novela no soporífera o de haber ganado una cátedra en un sistema universitario endogámico, ya suponen la entrada en el estatus de intelectual, imagen potenciada interesadamente por los medios al servicio del capital. El resto lo hace esa tendencia mitificadora que tristemente tenemos, no sé si el conjunto de la humanidad o es un endemismo de este país.

A veces la aportación al pensamiento humano es real, pero una vez conseguido el hito nuestrx intelectual patrix se instala en la molicie de los méritos justamente ganados, transformándose en unx simple burócrata de las ideas, limitándose a certificar, sellar y acusar recibo de las ideas y/o reivindicaciones nuevas y su coherencia o no con las líneas de pensamientos “correctas”. Así teníamos que se había extendido el uso oficial de las falacias de magisterio, podías defender las bobadas más supinas simplemente si venían apoyadas por la opinión de unx de estxs presuntxs expertxs. Y eso, naturalmente, es lo que lleva a su declive.

Porque ciertamente en un país de cultura mediocre eso puede funcionar, pero en cuanto el nivel cultural medio sube, se destapa que lxs presuntxs gurús del intelecto son simples vendedorxs de crecepelos. Y nuestro nivel cultural medio, el de la plebe sometida a los devaneos de los poderes, ha crecido.

Los avances informáticos y en telecomunicaciones han supuesto una auténtica revolución que ha tenido profunda incidencia en la difusión y adquisición de conocimientos e información que a su vez ha supuesto un renacimiento del pensamiento crítico a nivel de las masas populares. Prueba de ello fue el 15M.

Internet nos permite acceder a un gran volumen de informaciones, no sólo en el sentido periodístico sino de conocimiento en general que hace que con unos simples clics puedas acceder a la práctica totalidad del conocimiento humano, cosa que antes nos estaba vedada por motivos económicos, de tiempo o de simple desconocimiento de su existencia.

Pero no sólo nos permite acceder, sino que se pueden contrastar las informaciones mediante fuentes diversas apartadas de las líneas oficialistas que difunden las verdades doctrinales.

Ello ha tenido como consecuencia directa no sólo el crecimiento del nivel cultural medio, sino la aparición de un formato nuevo en el ámbito de las ideas: El intelectual colectivo. Y dicho concepto no se refiere tanto a las redes sociales, donde a veces el exceso de información se transforma en ruido, sino a la aparición y florecimiento de miles de blogs y microforos de debate (véase como ejemplo este Espacio Público) donde las ideas de unxs y otrxs se retroalimentan, tanto en negativo como en positivo, evolucionando hacia nuevos conceptos y formas de ver el mundo alejadas del mainstream mediático. Y poniendo en evidencia nuevamente a nuestros ídolos con cabeza de oro y pies de barro.

Quisiera finalizar haciendo énfasis en una afirmación del ponente:

“Siempre existirá una aristocracia del saber.”

Esta afirmación es falsa desde mi punto de vista, no tanto en el contenido que puede ser cierto, sino en la rotundidad de ese “siempre”. Quienes luchamos por la desaparición de cualquier forma de opresión sobre el ser humano, luchamos también contra el establecimiento de nuevas clases sociales, de nuevas élites que supongan el establecimiento de nuevos mecanismos de dominación. Es por ello que propugnamos la socialización del conocimiento al igual que propugnamos la socialización de los medios de producción en lo económico, como única forma de alcanzar una sociedad verdaderamente democrática y justa social y ecológicamente.

Cierto es que cada ser humano tiene unas capacidades diferentes, pero el uso de una capacidad intelectual superior no nos debe llevar al establecimiento de nuevas clases dominantes, sino que deben ser piezas individuales del puzle colectivo del bien común.

(Espacio Público)