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Noches Desviadas. Lo entiendo y quiero continuar

Noches Desviadas, clásico encuentro de la escena BDSM porteña, cumple cuatro años. Aquí sus organizadorxs, Zanthea y Lisandro, desgranan mitos, filosofía y deudas del BDSM local, donde la visibilidad en aumento convive con la patologización. Y cuentan por qué este espacio recibe con los brazos abiertos y fusta en mano a principiantes, curiosos y hasta a los más vainilla

Se cumplieron cuatro años de las “Noches Desviadas”, evento social de camaradería en la comunidad BDSM porteña que está en condiciones de llamarse “clásico”, teniendo en cuenta la continuidad promedio de las iniciativas de institucionalización y la fugacidad de locales estables dentro de un colectivo que se debate entre la visibilidad y anonimato. En un bar de Palermo, no menos de cuarenta personas se reúnen mensualmente a charlar informalísimamente sobre el acrónimo que despierta morbos, dudas, mitos, vivencias placenteras y conflictivas. Actualmente coordinado por Zanthea y Lisandro, de la productora de eventos BDSM “Círculo Rojo”, es presentado como “el espacio más vainilla-friendly que hay” y tal vez por ese motivo sea una de las puertas que más usan los curiosos para tener un primer acercamiento a gente “del palo” o concretar encuentros virtuales en un contexto que inspire seguridad. Entre el festejo de los habitués, la novelería de los debutantes y la sorpresa de los incautos que casualmente están tomando algo en el bar habiendo ya olvidado el fenómeno “50 sombras de Grey”, hubo tiempo y copas suficientes para evaluar la mutación en los últimos años de estas prácticas e identidades que aún continúan generando desconfianzas y siendo catalogadas por muchxs como parafilias.

Cuenta Lisandro que en el 2011 había una falta de lugares de encuentro para conocerse las caras, que la primera reunión sin tener su nombre final se hizo en el Bellagamba de calle Rivadavia pero “era mucho bardo”. Luego pasaron a Deviant, un bar fetichista-BDSM que hace como tres años dejó de existir. “Las reuniones no son clandestinas. Hoy se hacen en un bar a la calle. No sesionamos. Nosotros hacemos un poco de animadores. Si hay poca gente tratamos de estimular la charla, romper el hielo y después toma carreteo propio. No se arma un solo grupo. Empezamos siendo quince personas y hemos llegado a ser cien. Se hacen muchas conexiones. Para mí el BDSM es una identidad y como cualquier identidad minoritaria, es patologizada, relegada y discriminada. Estando con gente con la que podés hablar con soltura, sin tener que preocuparte por la mirada enjuiciadora, podés tirar temas de conversación para despejar miedos y que los nuevos vean que no somos monstruos”.
- ¿Cómo fue cambiando la mirada hacia el BDSM en estos últimos años?

Lisandro: Socialmente se popularizó el término de forma ambivalente, con un montón de puntas erróneas con respecto a lo que es el BDSM en general y al que a nosotros nos gusta difundir en particular, que no es necesariamente el tradicional. No es que tengamos algo en contra del tradicional en sí, sino que la comunidad Argentina y el mundo BDSM en español es más machista, mononormado y heteronormado de lo que nos gustaría. Hay algunas discusiones que atrasan. Vos leés sobre el BDSM en inglés y están en otra etapa del tema. Acá todavía se discute qué es ser un buen sumiso o un buen dominante, si se puede ser dominante y sumiso a la vez, cosas así. El BDSM se puede definir de varias formas, como identidad o como práctica, entre otras. Yo soy actor y escribo, entonces también incorporo una idea performática de lo que es el BDSM.

“Para mí es la forma en la que cojo”, puntualiza Zanthea, una colombiana con una vida muy activa en la comunidad BDSM y en la organización de fiestas góticas de Medellín, que desde hace un año organiza estos encuentros en Buenos Aires y prepara “Zanthea’s Queendom”, un evento de dominación femenina.

Zanthea: Yo puedo no relacionarme afectivamente a través del BDSM con alguien, no lo romantizo, pero me gusta como exploración del placer. No lo llevo a todos los aspectos de mi vida, ni siento que sea sumisa o dominante. Mi primer vínculo no fue con un dominante sino con un sadomasoquista. Cero protocolo. Otro reglamento. Cuando empecé a relacionarme con personas BDSM en Argentina me di cuenta de que había otra forma de practicarlo, que era más de los roles definidos, de quién domina y quién se sumisea. Es una manera diferente de vivir los roles. A mí me gusta el BDSM como un juego en el sentido más lúdico de la exploración. En las Noches Desviadas se dan discusiones entre gente que lo vive de manera más tradicional con los que lo viven como nosotros y también hay otras posturas.

- En mi contacto con la comunidad argentina noté que se usa mucho el slang “sadosaurio”. ¿Qué connotaciones tiene?

Zanthea: Hay gente a la que le gusta el manual y las definiciones tradicionales. No necesariamente es gente mayor o con experiencia, puede tener 21 años.

Lisandro: La división más básica que veo en el BDSM de hoy es la que hay entre los que sienten que “son” un rol y los que sienten que “están” en un rol. Nosotros nos contamos en el último grupo. El “sadosaurio” sería alguien que está en el primer grupo y que, además, vivencia el BDSM de la forma más clásica. Algunos sadosaurios reivindican el término. Puede ser usado con connotaciones negativas pero para mí es más descriptivo. Desde hace un tiempo nosotros hablamos del BDSM de las Personas y no el BDSM de los Roles. Eso me parece que es parte de la riqueza de pensar el BDSM como estado deleuziano de horizontalidad y simultaneidad en lo que podés entrar y salir, no una cosa coagulada.

- ¿Cómo viven la visibilidad?

Zanthea: No tenemos problemas con ser abiertamente practicantes.

Lisandro: Como toda visibilización tiene sus contras. El BDSM sigue patologizado porque “¿Cómo vas a disfrutar del dolor o de causar dolor a alguien? ¿Cómo te puede gustar lamer botas?” Hay gente que no puede salir a la luz como persona BDSM porque puede perder su laburo. Conocemos casos que han tenido problemas con la tenencia de los hijos. Sucede en todo el mundo, no es algo exclusivo de Argentina. Lo que hacemos está en una zona gris de la legalidad. No tenemos lugares donde ejercer nuestra sexualidad. Hay una necesidad y, al mismo tiempo, es un colectivo tan heterogéneo, tan oculto, con muchas discusiones filosóficas que todavía no se han saldado y con gente a la que no le interesa que el BDSM salga a la luz porque parte del encanto es que sea una cosa clandestina. En nuestras familias todos lo saben.

Zanthea: Además practicamos el Amor Libre, la Anarquía Relacional y tenemos relaciones con varias personas.

Lisandro: A los que me preguntan les contesto sin vergüenzas pero, por supuesto que hacerlo visible te expone al ojo público e incluso a algunos prejuicios que hay en la comunidad LGBT hacia el BDSM.

Zanthea: Los eventos son una parte importante para hacerlo visible. Creo que hay que hacerlos atractivos cuidando la estética visual y presencial. No voy a presentar un BDSM absolutamente sádico porque es lo que casi siempre se ve cuando se lo busca en internet. Me interesan otros componentes eróticos y el juego. Creo que atrae lo que divierte; si te causa miedo, te alejás. Creo que esa es una alternativa para ampliar la visibilidad.

- ¿Qué es Círculo Rojo?

Lisandro: La idea de Círculo Rojo es diversificar propuestas, hacer eventos puntuales para gente BDSM como, por ejemplo, eventos sólo de hombres, o el club de spaking “El Arte del Azote”, que ya va por su quinta edición, además de las Noches Desviadas, que es algo amigable para la gente “vainilla” (jerga BDSM para nombrar a quienes tienen conductas sexuales llamadas “tradicionales”).

Zanthea: Voy a presentar “Zanthea’s Queendom”, un evento en el que todos los roles top lo van a ocupar mujeres cis o trans. Roles como dominatrices, atadoras, entrenadoras de mascotas, spankers, etc. Y los roles bottoms pueden ser ocupados tantos por hombres como mujeres. Mi visión estética está inspirada en films como Barbarella o los cortos de Erika Lust.

- ¿Cómo ven desde este lugar a la comunidad BDSM argentina?

Lisandro: Está en un momento de crisis, que es algo malo y bueno. Hay mucha gente interesada y eventos con mucha convocatoria. Se está multiplicando la oferta después de unos años de haber bajado. Hay eventos que son más para ver a alguien vestido de látex o gente spankeando y hay eventos que son para gente más del palo. Lo que proponemos en Círculo Rojo tampoco es para que vengan 200 personas. Queremos que todos disfruten, que si querés hacer, hagas y participes, dentro de los límites de cada evento.

Zanthea: En mi viaje de redescubrimiento del BDSM en Argentina me di cuenta de que es mucho más amplio de lo que pensaba y quisiera, por ahí, ayudar a que la gente vea eso ofreciendo alternativas para otro tipo de visiones del BDSM. Que haya más mujeres en roles dominantes, que más gente se atreva a ser switch y a otras prácticas como pet play o shibari, que le den cabida a su curiosidad, se salgan de lo virtual y que se den el gusto de probar nuevas cosas.

Noches Desviadas este sábado a partir de las 23 en el bar Deja Vú (Paraguay y Vidt). Facebook.com/nochesdesviadas

(Dani Umpi, Página 12)