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Fuego cruzado en el PRO entre Gómez Centurión y Patricia Bullrich por un cargamento de peusoefedrina. Una interna que está al amarillo vivo

La pelea entre integrantes del gobierno de Cambiemos es por dos lugares codiciados en el Estado: la Aduana y la Agencia Federal de Inteligencia (AFI). Por eso, la batalla es feroz y vale todo. El eyectado ex titular de la Aduana, Juan José Gómez Centurión, virtualmente acusó a los hombres de las fuerzas de seguridad, que comanda Patricia Bullrich, de dejar stand-by 250 kilos de pseudoefedrina en un galpón de la Aduana para sacarlos del aeropuerto en cualquier momento y que sean usados como precursores químicos de pastillas. Por eso, —dice la gente de Gómez Centurión— la policía de Bullrich sabía de la pseudoefedrina pero no hizo nada. Sin embargo, la ministra de Seguridad retrucó ayer que quien tenía la pseudoefedrina stand-by, lista para despachar a plaza (como se dice en el argot aduanero), fue Gómez Centurión. Bullrich aseguró que ya había sido notificado de la existencia de ese químico en mayo y, además, mostró que el miércoles último ya se había publicado en el Boletín Oficial que el precursor estaba en ese depósito. Bullrich da a entender que Gómez Centurión fabricó un anónimo y se quiso blanquear presentando ese texto en la justicia.

En esta guerra los seguidores de Gómez Centurión –entre ellos Elisa Carrió– acusan a Bullrich de jugar a favor de los ex espías, entre ellos Jaime Stiuso, que hacían negocios en la Aduana. Del otro lado, la ministra de Seguridad deja entrever que Gómez Centurión monta un show y remarca sus vínculos con sujetos de largo prontuario como Oldemar Barreiro Laborda, en su momento acusado de intervenir en una estafa de 60 millones de dólares contra el Banco de Boston. La sospecha es que hay un segundo objetivo del show de Gómez Centurión que consiste también en acusar a la número 2 de la AFI, Silvia Majdalani, por operaciones de espionaje, pelear para que Mauricio Macri la eche de ese puesto, y ocupar ese lugar clave de la inteligencia del Estado.

- Focos.

A primera vista se diría que una pelea por la Aduana y la AFI debería darse casi en silencio, con misiles volando de un lugar a otro, pero sin estruendo. Sin embargo, en las últimas 24 horas los dos bandos se tiraron con cartuchos de dinamita, sin ningún disimulo. Es una batalla salvaje dentro del gobierno de Macri, con todos los focos iluminando la escena.
El puntapié inicial lo dió Gómez Centurión. El jueves se presentó en el juzgado de María Romilda Servini de Cubría y denunció la existencia de 10 barriles con un total de 250 kilos de pseudoefedrina. El precursor estaba en un depósito aduanero, TCA, y Gómez Centurión recurrió al viejo truco del sobre con un anónimo. Curiosamente, el desplazado titular de la Aduana sostuvo que la información estaba entre muchos otros sobres que se llevó de la dependencia el día que tuvo que dejar el cargo y recién este jueves, después de dos semanas, se puso a mirar la correspondencia.

No faltaron quienes mencionan que el ex simpatizante carapintada recurrió al truco del anónimo para continuar su serie de denuncias espectaculares, presentarse como un justiciero y convencer a Macri de que lo reponga en el puesto. Ya hubo alguna denuncia contra Gómez Centurión por utilizar métodos non-sanctos de este estilo.

Tras la notificación a la justicia, como Servini estaba de licencia, el juez Luis Rodríguez y el fiscal Juan Pedro Zoni fueron a TCA, allanaron el lugar y encontraron la pseudoefedrina. Se trata de una sustancia muy similar a la efedrina y que también sirve como precursor. La cantidad de 250 kilos no es muy significativa. En el momento en que se traficó el químico hacia los cárteles mexicanos se movieron unos 40.000 kilos.

Lo concreto es que Gómez Centurión presentó el descubrimiento a los medios de comunicación que hacen campaña a su favor y se consideró un superhéroe que prácticamente desbarató una operación digna del Chapo Guzmán.

- Boletín.

Toda la presentación de Gómez Centurión como un justiciero es, de hecho, un cuestionamiento hacia Patricia Bullrich, ya que la ministra fue la que le presentó a Macri el anónimo –otra vez un anónimo– con el cual se acusó a Gómez Centurión de pedir coimas y hacer negocios oscuros con Barreiro Laborda. En medio de un gran escándalo, Barreiro Laborda adujo que lo grabaron en su propia casa, en San Isidro, con un micrófono puesto en su mesita de luz.

El cartucho de dinamita con el que le tiraron a Bullrich es que la acusación fue armada por servicios de inteligencia, incluyendo al ex jefe de espías Jaime Stiuso, porque Gómez Centurión les había cortado sus andanzas en la Aduana. Uno de los argumentos fue que Stiuso está acusado de ingresar un volumen gigantesco de aparatos médicos, de odontología y hasta consolas de juegos haciendo pasar todo por la Aduana como si fuera material de inteligencia. A esto se agregó que cuando Stiuso se fue de la Argentina para esconderse un año en Estados Unidos, salió de la frontera en el vehículo del fallecido Daniel Sierra, funcionario de la Aduana, que utilizó la camioneta de una empresa que tuvo una vinculación con narcos.

En los días siguientes a su despido, se exhibieron unos informes de inteligencia con un supuesto seguimiento a Gómez Centurión en el shopping Buenos Aires Design donde el funcionario desplazado se había reunido con Barreiro Laborda. Junto a los informes, había algunas fotografías que confirmaban el encuentro. Gómez Centurión volvió a acusar a la ex SIDE, en especial a Majdalani, mientras que los funcionarios de inteligencia contestaron que ni los formularios ni las fotos eran propios de la AFI, sino que eran un trabajo privado de inteligencia. La guerra por la Aduana se extendió entonces a la AFI porque los medios partidarios al simpatizante carapintada y los marginados de la AFI reclamaron el despido de Majdalani. El puesto de número 2 de la AFI, al que llaman Señor 8, es muy ambicionado porque es el más operativo. El número 1, el señor 5, Gustavo Arribas, juega más como representante institucional y supervisor.

- Química.

Cuando Gómez Centurión se presentó como el héroe que descubrió los poco significativos 250 kilos de efedrina, Bullrich salió a la cancha y lo abrumó con varios datos:

- El primero, es que la Policía de Seguridad Aeroportuaria (PSA) le notificó en mayo a la Aduana que los 10 barriles estaban en el depósito TCA. Además, no estaban escondidos: en el manifiesto de importación decía pseudoefedrina.

- El segundo dato es que la importación se hizo en 2011, aunque hay algún dato de que los barriles entraron en 2008. En todo caso, están allí desde hace cinco u ocho años. La importación la hizo, en tránsito, una empresa paraguaya que, aparentemente, abandonó el químico por alguna razón. Por ejemplo, que iban a ser descubiertos como narcos si retiraban los químicos.

- Por la tarde de ayer, Gerardo Milman, secretario de Seguridad Interior, exhibió una evidencia categórica: mostró la planilla del Boletín Oficial del miércoles en la que se mencionan los 250 kilos de pseudoefedrina e informando que se le otorgaban 30 días a los propietarios para retirarlas, pagando las multas y derechos correspondientes. Milman quiso dejar en claro que Gómez Centurión no había descubierto nada, que los barriles estaban allí de forma oficial, no oculta.

- Misiles.

En la guerra desatada entre los integrantes del gobierno de Cambiemos, los 250 kilos de pseudoefedrina parecen una anécdota menor. Puestos en México, tal vez se podrían colocar a 750.000 dólares. Sin embargo, en el juzgado y en la fiscalía dan un dato que tiene su impacto: la efedrina estaba en una parte del depósito en el que están las mercancías que se despachan a plaza en 24 horas. O sea que, judicialmente, se sospecha que alguien lo tenía pisado allí pero que en algún momento lo sacaba de la Aduana para ser usado como precursor. Como es obvio, Bullrich dá a entender que le avisaron a Gómez Centurión, éste no hizo nada, y cuando lo publicaron en el Boletín Oficial, el ex aduanero salió a denunciarlo para cubrirse. En términos tácitos plantean la sospecha de que alguien vinculado al simpatizante carapintada iba a disponer del químico. Del otro lado pasa lo mismo: si Bullrich sabía, aunque el fármaco estaba en terreno aduanero, se preguntan por qué no hizo la denuncia en la justicia. Lo tácito es que alguien de la PSA iba a sacar el precursor para usarlo o comercializarlo.

De todas maneras, lo significativo dejó de ser la efedrina y pasó a ser la guerra en sí misma. Macri recibió a Gómez Centurión en Olivos, Elisa Carrió se sacó una foto con Gómez Centurión en el living de su casa, o sea que respaldaron al ex simpatizante carapintada que fue denunciado por una ministra del gabinete.

Pero la cosa no terminó ahí: después el aduanero y la ministra se enfrentaron en la justicia adjudicándose, de hecho, complicidad con una importación de efedrina. Fueron dos semanas de misiles enviados a través de los medios y con conferencias de prensa.

El gran problema es que la guerra continúa y no es la única de la administración macrista. Al estar la Aduana y la AFI en juego, se habla de millones y millones de pesos en maniobras posibles y también del inmenso poder, descontrolado, de los servicios de inteligencia.

(Raúl Kollmann, Página 12)