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La España despoblada: "De mayor me iré a la ciudad, aquí no queda de quién enamorarse"

En la plaza de Torrejoncillo del Rey (Cuenca), a plena tarde, solo se escucha el agua que cae al pilón. No hay decenas de niños jugando como hace décadas, ni comprando helados a ‘La Benita’. Únicamente se siente el chorro de agua... y más débil que de costumbre. Se le ha quitado fuerza para que las heladas no dañen las tuberías y se lleven otro pellizco de un presupuesto municipal que se esfuma en un 70% en mantener un pueblo de 200 km2 prácticamente vacío. En esta misma plaza, de las 19 viviendas que la rodean, solo dos están habitadas.

El silencio reina aquí, como en el 49% de los pueblos españoles que, con menos de 500 habitantes, están en peligro de extinción (un total de 3.938). Y de ellos, el 32% tiene menos de 100 habitantes, cuando en el año 2000 estos representaban el 24%. Así lo alerta el último estudio de la Federación Española de Municipios y Provincias (FEMP).

El pulso entre el modo de vida rural y urbana ya parece perdido para los habitantes de Torrejoncillo del Rey y sus pedanías, un pueblo eminentemente agrícola de la Alcarria conquense. De los 2.000 habitantes que vivían en Torrejoncillo del Rey en los años 40, hoy apenas quedan 200, mismas personas que alberga la suma de sus cinco pedanías (412 en total en una extensión de 201 km2). Este año ha cerrado su escuela. Solo quedan 4 niños. Y la curva de habitantes, como en otros pueblos en peligro de extinción, sigue en caída libre: en 2016 restó un 24% de sus vecinos al padrón a consecuencia de los fallecimientos y la huída por la falta de oportunidades laborales.
Los torrejoncilleros que vivieron la época de bonanza asumen que terminarán sus días con el gentío almacenado en su nostalgia. Así lo expresa Manuel Solares, de 80 años. "Se han ido todos: unos a Barcelona, otros a Madrid, a Castellón... En fin, así han pasado los años. Y yo que estoy en vísperas, para irme también (bromea). Esto se cerrará. Durará el tiempo que yo dure. Aquí no nacen niños, que son los que traen la vida. No hay nacimientos y tampoco hay esperanza".

Los niños que viven en el pueblo dan por hecho que su futuro aquí. Así piensa Jorge, de 11 años: "Cuando sea mayor me iré a la ciudad. ¡Aquí no hay muchas personas para enamorarse!".

Esta tendencia se repite en el padrón de la mayoría de municipios que forman el arco de la España casi inerte, el de la llamada Laponia Española. Castilla León, Castilla La Mancha y Aragón arrojan las provincias más azotadas por este desequilibrio demográfico. En el caso de Soria, Teruel, Zamora, Ávila o Burgos más del 90% de todos sus municipios tienen menos de 1.000 habitantes.

Patricia Portilla, madre de Jorge, es hostelera. Junto a su marido regenta el restaurante El Chalet, "el único en el pueblo que está al pie del cañón los 365 del año". "Yo a mi hijo no le veo aquí dentro de 20 años. ¿Viviendo? No", subraya Patricia.

A pesar de asumir que el futuro de sus dos hijos -tiene otro de 15 años- no está en el pueblo por la falta de oportunidades laborales, esta hostelera intenta aportar su granito de arena a la vida de un pueblo demográficamente enfermo. Lo hace a través de diversas actividades culturales. Es promotora del grupo de teatro La Tarasca y desde hace dos años también promueve la recuperación de antiguas tradiciones con la Asociación Alonso Ojeda. "Aunque llevamos poco tiempo ya somos casi 80 socios". Este logro se ve reflejado los fines de semana, cuando Torrejoncillo recibe visitas de personas que viven en la ciudad y de alguna manera siguen vinculadas a su pueblo.

"No hay cosa más gratificante que escuchar a los niños jugar en el colegio.Por desgracia ya no tenemos ni colegio. En mi época éramos 400 niños en edad escolar. Ahora quedan 3. ¿Como reactivas que haya una población alta? ¿Qué puedes ofrecer? Nada. ¿Qué quieres que sienta más que impotencia?, explica su alcalde Angel Custodio García (PP).

Javier García, agricultor y dueño de una carnicería que regenta junto con su mujer Monserrat comenta cómo los negocios han ido mermando a medida que el silecio se ha ido apoderando del pueblo: "Hubo hasta cuatro carnicerías. Esta era de mi abuelo, después de mis padres. Ahora he quedado yo solo. Hasta que esto finiquite del todo. Antes teníamos nuestro propio matadero pero ahora pero se queda mucho dinero en el camino. Vamos subsistiendo porque viene gente los fines de semana. Los oficios en los pueblos van a menos".

El estudio de la FEMP advierte que la sangría poblacional se ha concentrado en los municipios fuera de las grandes urbes con respecto a 2015. Así, justifica el estudio, España perdió 67.374 habitantes en 2016, en contraste con las capitales de provincia, que sumaron más de 14.000.

De las 36 provincipas españolas que perdieron población en el último año, Zamora ocupa el primer lugar con 1,5% de habitantes menos. Cuenca, igualada con Ávila ha sido la segunda que más ha restado. Un 1,24% puntos porcentuales menos (-2.556 habitantes menos).

"El problema siempre resucita y nadie tienes soluciones. Las necesidades que tiene este Ayuntamiento vienen a ser las mismas que las de un municipio poblado. Y las nuestras son mayores que hace 20 años.Con mantener este pueblo vivo y encendidas las farolas tenemos bastante", indica el alcalde de Torrejoncillo del Rey.

García, que como los concejales no recibe ningún sueldo, recuerda cuando comenzó el éxodo de población. "En los años 70 y 80 la gente decía ‘hoy se han ido ocho familias. Hoy otras diez’. Eso, a diario. Familias enteras. Desde ahí todo ha ido bajando lentamente. Hasta llegar a ahora. Es una situación es irreversible". Y tiene claro que en 20 años habrá ido a peor.

Torrejoncillo está dentro de lo que llaman la Serranía Celtibérica, que junto a Laponia, son los dos únicos territorios de la Unión Europea que registran densidades inferiores a 8 habitantes por km2. La densidad de Torrejoncillo es de 1,9 vecinos por km2 y está rodeado de pueblos de los que ya solo quedan ruinas.

"Cuando las barbas de tu vecino veas pelar, pon las tuyas a remojar. Aquí no tenemos recursos para hacer nada", concluye el alcalde.

(Yolanda Marín, Público)