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Lluís Llach: “Estamos en el juego del ratón y el gato, pero habrá urnas el 1-O”

Diputado de Junts pel Sí en el Parlament

Cantautor retirado y uno de los 62 diputados de JxSí, afronta la cuenta atrás al 1 de octubre con la convicción de que Puigdemont no se achantará y se celebrará el referéndum

“El proceso de independencia no empezó en un despacho político sino en la calle. Eso ha trastocado la política catalana”

“¿Suspensión de la autonomía o alguna medida de represión? Que lo hagan. Es su responsabilidad histórica”

“Los cuadros de mando de los Mossos d’Esquadra están para obedecer a los responsables políticos. Facilitarán que se celebre el referéndum”

“Euskadi ha de encontrar su camino que seguramente será distinto al nuestro, como el nuestro ha sido distinto al de Euskadi otras veces”

“Si yo fuera de Valladolid votaría a Podemos, porque en cuestión el Estado, hace lo que otros partidos como PSOE, PP o C’s no hacen”

“Por sus convicciones democráticas, los ‘comunes’ y Colau no pueden negarse a una fiesta democrática como el referéndum”

Salta a la vista que el ruedo parlamentario no es el hábitat natural de Lluís Llach (Girona, 1948). El poeta y compositor retirado metido ahora a político es una de esas rara avis que de vez en cuando se cuela entre las alfombras rojas de la política por circunstancias excepcionales como la que vive Catalunya en los últimos tiempos con el referéndum del 1 de octubre a la vuelta de la esquina. Cree que la fuerza de la calle, más que la determinación de los políticos, hace imparable la celebración de la votación.

- ¿Habrá referéndum el 1 de octubre?

- Estoy convencido de que sí porque hay un Parlamento con una mayoría absoluta que tiene la determinación suficiente para que eso sea posible y hay un Gobierno también firmemente convencido de ello. Pero más importante que eso es que todo ese proceso de independencia no empezó en un despacho político sino en la calle. Lo que empezó en la calle ha trastocado la política catalana, ha hundido algunos partidos, ha transformado a otros, ha hecho desaparecer a otros. Esta fuerza de la calle nos ha obligado a todos a tomar una posición. Dicen las encuestas que hay un 80% de gente que quiere votar. Por mucho que el Estado se ponga como se ponga, que haga publicidad para que la gente no vote, le va a ser muy difícil parar esta pulsión social y evitar que toda esta gente no ejerza el derecho a votar.

- ¿Puigdemont llevará el pulso hasta el final o se achantará ante la presión del Estado español?

- El president es una persona de una fuerte estructuración mental democrática y muy republicana. Entendió desde el inicio que su mandato democrático era avanzar en el camino hacia la independencia. Ahora que llegan los momentos más importantes de este trayecto, le veo absolutamente decidido a llegar hasta el final, con todas las consecuencias que ello tenga.
- Habla de consecuencias. ¿Se refiere a una represión por parte del Gobierno español?

- Las consecuencias están muy claras. Yo como soy optimista veo que si gana el sí tendremos la independencia de forma inmediata y si gana el no el president se ha comprometido a convocar elecciones autonómicas. Lo que pueda hacer el Estado es su problema y su responsabilidad.

- ¿Su problema? ¿También el suyo? ¿Están preparados?

- ¿Se refiere a la suspensión de la autonomía o alguna medida similar? Que lo hagan. Es su responsabilidad histórica ante el pueblo español, el pueblo catalán y el pueblo europeo.

- La ministra de Defensa amagó con movilizar incluso al Ejército.

- Es su problema. Nosotros obedecemos un mandato democrático. Es evidente que el Estado español tiene mucho poder y muchos instrumentos para ir contra este proceso. Ha creado leyes especiales, ha utilizado el poder judicial y los tribunales como un arma represiva… Es su responsabilidad. Pero lo tienen muy difícil porque de sus actos tendrán que responder ante la historia. El proceso independentista ha sido siempre pacífico y siempre democrático, hemos respetado escrupulosamente la democracia.

- ¿Puede el temor a un escándalo internacional frenar a Rajoy en su intento de impedir el referéndum?

- Puede ser, es evidente que en Europa este proceso está teniendo mucho eco en los medios internacionales y en las cancillerías. Esto quiere decir que el mundo nos mira. Pero además en España un demócrata de Toledo, por ejemplo, puede escoger entre varios periódicos, pero recibe una información muy manipulada y sesgada por parte de los grandes medios. El Gobierno español ha de temer que un día estos demócratas manipulados despierten. Además, según lo que hagan en Catalunya la marcha atrás será imposible para siempre jamás. Y eso el Estado sabe. Si se atreve a reprimir este movimiento, no habrá marcha atrás para el Estado. Porque si ahora el Estado ya tiene miedo a permitir un referéndum porque es más que posible que lo pierda, ¿qué pasaría si además utilizará métodos represivos? Imaginemos que suspenden la autonomía y hacen con Puigdemont lo que hicieron con el president Companys, ¿qué harán después? ¿Se atreverán de verdad a hacer elecciones autonómicas? ¿Cuántos seremos entonces los independentistas? ¿Si ahora somos un 37%, cuántos seremos entonces: el 60%?

- ¿Tienen ya atadas las urnas?

- Creo que hay temas que nos provocan una sonrisa. Ahora estamos en aquel juego del gato y el ratón, pero habrá urnas, con total seguridad.

- ¿Los Mossos d’Esquadra permitirán que se celebre el referéndum?

- Su obligación es mantener el orden y velar por la seguridad. Los cuadros de mando de los Mossos están para obedecer a los responsables políticos de Interior, de forma que si hay un referéndum facilitarán su celebración.

- ¿Deben ser sancionados los funcionarios que no acaten la desconexión?

- Las leyes que aprueba el Parlamento catalán están para cumplirse tanto por los ciudadanos como por los funcionarios. Todas las leyes del Parlament son de obligado cumplimiento por los ciudadanos y los funcionarios.

- ¿Qué mínimo de participación habría de darse para legitimar el referéndum?

- Intentamos seguir las orientaciones de la Comisión de Venecia que no aconseja decir nunca un mínimo para evitar manipulaciones. Nuestro deseo es que haya mucha participación. No creo que sea difícil si atendemos a las últimas encuestas que dan un 67% de participación. Hay que tener en cuenta que el referéndum sobre el Brexit de Gran Bretaña fue aceptado en Europa con una participación en torno al 51,9%. En cualquier caso, si la participación fuera muy baja, entenderíamos que el referéndum no sería válido.

- ¿Qué espera de los del no a la independencia: se quedarán en casa o irán a votar?

- Los sondeos revelan que dentro del PP y Ciudadanos hay una gran cantidad de gente que quiere ir a votar. Es normal que así sea porque la sociedad catalana está muy movilizada y además hay un absoluta voluntad política de que el resultado del referéndum sea vinculante. Es ridículo que en este país seamos los que apoyamos el sí los que defendemos el derecho a votar que no. Somos los únicos que estamos defendiendo el derecho a votar de los que piensan que se ha de votar que no a la independencia.

- ¿Qué ocurrirá el 2 de octubre si gana el sí?

- Proclamaremos la independencia tan pronto como los resultados sean proclamados oficialmente.

- ¿Y si gana el no?

- El presidente de la Generalitat convocará elecciones autonómicas inmediatamente.

- ¿Ha agotado el Govern catalán la vía del diálogo hasta el final?

- Llevamos cuarenta años intentándolo en vano. El Estado español no tiene en su ADN la negociación política.

- ¿Qué le parece la posición de Podemos de poner en duda la eficacia del referéndum unilateral?

- Si yo fuera de Valladolid votaría a Podemos por el recuestionamiento que hace del Estado. Aquí el problema que tenemos no es España, es el Estado, que domina España como un cortijo. Podemos pone en cuestión cosas que nunca han sido cuestionadas por el PSOE ni mucho menos por Ciudadanos o PP. Lo que ocurre es que en la comprensión de lo que pasa en Catalunya es distinto. Yo agradezco a Podemos su apoyo a un principio democrático básico como es el derecho a decidir, pero cuando se trata de partidos estatales siempre acabamos siendo piezas de negociación. Depende de las circunstancias, cuando conviene dicen que están por el referéndum, cuando conviene dicen que ha de ser un referéndum pactado… pero es de agradecer que Podemos haya puesto sobre el tapete que Catalunya tiene el derecho a decidir lo que quiere ser y cómo quiere ser. Las críticas que yo pueda hacer son muy menores ante eso.

- ¿Y qué opina de la ambigüedad de los ‘comunes’ y de Ada Colau que no terminan de fijar posición clara sobre el referéndum?

- Están en un momento de conformación de su movimiento, pero tenemos muchas similitudes. Poco a poco vamos encontrando sitios de confluencia con denominadores comunes. Al final, no se pueden oponer a un referéndum, es imposible. Es verdad que hay mensajes de indefinición pero no es menos cierto que hay afirmaciones claras y positivas como que ellos nunca impedirán el referéndum o que abrirán colegios electorales en los municipios donde gobiernan… Por sus convicciones democráticas no se pueden negar a una fiesta democrática como es el referéndum.

- ¿Le parece suficiente el apoyo a su causa que recibido desde Euskadi?

- Euskadi ha de encontrar su camino que seguramente será distinto al nuestro como el nuestro ha sido distinto al de Euskadi otras veces. En el fondo cada pueblo ha de encontrar la manera de ganar espacios de libertad, de autorrealización, de democracia y estoy seguro que el pueblo vasco es cómplice de lo que estamos viviendo en Catalunya.

- “Estoy cómodo en política, aunque algún sapo he tragado”.

Perseguido por el franquismo, Lluís Llach pagó su resistencia con detenciones y el exilio. Cruzó los Pirineos y el poeta y cantautor gerundense ahora retirado del escenario se convirtió en al abanderado de la Nueva Cançó. En la misma longitud de onda que Raimon, Serrat, Labordeta o Mikel Laboa, convirtió su L’Estaca en un himno de rebeldía. La misma que empuña ahora desde su asiento en el Parlament como diputado de Junts pel Sí, al que llegó tras petición expresa de Oriol Junqueras y Artur Mas.

- ¿Continuará en política tras el 1 de octubre?

- En ningún caso. Del mismo modo que aquí se habla mucho de la ley de transitoriedad entre el estatus actual y la independencia puedo decir que yo soy un diputado transitorio, alegremente transitorio.

- ¿Desgasta mucho la política?

- No hablaría en esos términos. Yo pensaba que podría ser útil para el procés soberanista y, por tanto, una vez conseguido este objetivo soy una persona que no tiene ninguna pretensión politica. Tengo dudas de que en una legislatura normal yo pudiera tener un papel. Tampoco esto es una vocación. Diría que es una voluntad de servir a una idea concreta durante un tiempo determinado. Cuando más pronto pueda volver a mi vida anterior y seguir con mi retiro, ponerme a escribir libros, continuar con mi proyecto en una pequeña fundación en Senegal… seré mucho más feliz.

- ¿Tuvo que pensárselo mucho antes de decidir entrar en la política?

- Me apasiona el reto, me apasiona esta aventura y por eso decidí dar el paso. El Estado español nos ha abocado a una situación dificilísima. Creo que Catalunya lo tiene crudo si no consigue crear su propio paradigma político. Nos sentimos ahogados en muchos aspectos: democrático, histórico, lingüístico, cultural, económico… En menos de seis años hemos pasado de un 12% de independentistas a un 54%.

- ¿A qué atribuye ese crecimiento?

- A que el Estado español está en un desastre absoluto del proyecto que puso en marcha en 1978. Lo que está pasando en Catalunya es el acta notarial de defunción de 1978. Aquel proyecto de futuro ilusionante, también para mí, de convivencia entre diferentes pueblos del Estado español, de democracia avanzada… primero se lo cargó Felipe González y lo convirtió después José María Aznar en un yermo absoluto. Así hasta nuestros días. Cuando el Tribunal Constitucional, dominado por el PP, elimina un Estatuto que había votado el Parlamento catalán con un apoyo del 90%, nos hizo comprender a los catalanes que a través de la democracia se querían menoscabar otra vez las posibilidades de realización de nuestro país. Antes utilizaban los capitanes generales con asonadas y ahora lo hacen mediante leyes democráticas, lo de democráticas va entre comillas.

- ¿Le costó adaptarse a la disciplina de partido siendo usted un independiente?

- Pensaba que me iba a costar mucho más de lo que ha sido. La realidad es que la coalición Junts pel Sí es muy heterogénea y además la transversalidad es absoluta. Reúne a gentes que van desde la extrema izquierda hasta la derecha y en medio de todo esto estamos una docena de independientes y el respeto a todas esas posiciones es obligado. Tenemos un programa electoral muy definido en el que todos estamos comprometidos a apoyar pero luego nos damos la libertad de pensamiento y opinión. Incluso cuando hemos votado en el grupo cosas distintas nunca se ha producido un problema grave. No solo en temas de independencia también en temas sociales. Me siento cómodo aunque alguna vez algún sapo he tragado, pero ha sido en pocas ocasiones.

- ¿Volverá a subirse a un escenario para cantar?

- No, no tengo esa pretensión, no tengo nostalgia. Dejé de cantar en buenas condiciones y lo dejé de manera voluntaria para poder vivir de otra manera, para aprender otras cosas, para poder asistir al final de mi vida con otra tranquilidad, aunque eso de la tranquilidad ha sido un fracaso porque el proceso en el que estoy participando es todo menos tranquilo.

(Humberto Unzueta, Deia)