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Susana-Pedro: La batalla que no cesa

Son pocos los casos en los que un político de primera fila construye su historia sin contar en su haber con una gran rivalidad interna. No se podrá escribir en el futuro la biografía de Susana Díaz sin reservar un espacio especial para Pedro Sánchez. Y viceversa. Un antagonismo que se hace si cabe más literario por su primigenia alianza, lo que le añade un elemento psicoanalítico por la vigencia del principio freudiano de «matar al padre». El primer Sánchez no existiría sin el consentimiento de Díaz, ni el nuevo Sánchez se entiende sin su determinación de rebelarse ante los designios paternos. Y hacerlo cuando parecía que su lugar en la historia era el más profundo de los avernos políticos.

Esa rivalidad marca todavía hoy el presente y el futuro inmediato del socialismo español. Por mucho que en el imaginario colectivo la imagen de Susana Díaz haya perdido dimensión como líder político nacional, sigue teniendo bajo su mando la todopoderosa federación andaluza. La que cuenta de largo con más militantes. Casi triplica el censo de la segunda. Los datos en este sentido abruman: uno de cada cuatro afiliados del PSOE en toda España son andaluces.

Susana Díaz y Pedro Sánchez vuelven a reencontrarse en público este fin de semana y nada menos que en un escenario cargado de simbolismo: el Congreso Regional del PSOE andaluz. que va a revalidar el liderazgo de la presidenta andaluza. Un foro al que la lideresa acude a restañar sus heridas y a recuperar su posición política tras el fracaso de las primarias. El espejo en el que se miran es el de Ximo Puig o Guillermo Fernández Vara, que tras revalidar su liderazgo en primarias han recobrado pulso político en forma de una legitimidad que podía verse cuestionada cuando Sánchez derrotó a Díaz en sus territorios.
El PSOE andaluz no tenía ningún interés en contar con la presencia del flamante líder pero no ha podido negarse ante el anuncio de Ferraz de esta visita. Desde el entorno de Sánchez se asegura que «es algo normal que el secretario general clausure los congreso de las federaciones grandes». Y dicen no haber encontrado «ningún problema» en sus anfitriones de este fin de semana. La expectación es inmensa por saber qué va a decir y qué mensaje va a lanzar Sánchez a los más de 1.500 asistentes a este cónclave regional teniendo en cuenta cómo están de caldeados los ánimos.

Porque Pedro Sánchez y Susana Díaz no mantienen ningún tipo de relación más allá de la estrictamente imprescindible. Desde aquella breve reunión el sábado 17 de junio en la que apenas hablaron diez minutos, los dos líderes socialistas sólo han mantenido unas breves conversaciones telefónicas (dos o tres) sobre «temas de calado». Desde Ferraz sí aportan algún dato más. «No hablan todos los días», ironizan desde el entorno del secretario general, pero expresan que la voluntad es «informar» de las decisiones importantes. Y aseguran que así se hizo cuando se iba a presentar la Declaración de Barcelona y de cara al cambio de postura en acuerdo económico entre la UE y Canadá (CETA). También hablaron cuando Sánchez llamó a Díaz para interesarse por el incendio del parque natural de Doñana. En esta nueva etapa parece que es Sánchez quien quiere proyectar el discurso amable frente a la resignación que se proyecta desde San Telmo. El propio líder reconoce haber aprendido de los errores de la última etapa. Ahora se siente tan liberado como para hacer compatible algo aparentemente contradictorio como dirigir el partido con una Ejecutiva en la que la integración se redujo a Patxi López y establecer una comunicación que haga partícipes a los barones del proyecto.

Además de sus intermitentes llamadas, ambas partes aseguran que la vía de comunicación abierta entre Andalucía y Ferraz pasa por las secretarías de Organización: José Luis Ábalos habla con Juan Cornejo retomando un diálogo orgánico que se había roto completamente en la primera etapa de Pedro Sánchez. Algo han avanzado desde entonces. Pero no mucho.

La sensación que hay en Andalucía es que se han retrocedido cuatro años: Pedro Sánchez no ha cambiado en ese tiempo y se vuelven a producir los mismos errores. Sólo que antes había llegado de la mano de Susana y ahora está en la dirección federal contra Susana.

El PSOE andaluz pretende establecer un modelo que denominan «reciprocidad» o «pacto de no agresión» y que pasa por no interferir en los asuntos que competen a cada una de las dos direcciones. Por eso se borraron del Congreso Federal y esperaban que los sanchistas hicieran lo mismo en el cónclave regional. Pero las cosas no han salido como esperaban. Han presentado enmiendas (algunas muy duras contra la gestión de Susana Díaz) y pretendían obtener representatividad en los órganos de dirección que se eligen en este foro. Pero la integración nunca ha sido posible porque los socialistas de Susana Díaz se han sentido marginados y maltratados en el Congreso Federal. Y ahora han pagado con la misma moneda. Ahora toca recomponer las relaciones entre ambos lados si bien es una tarea muy difícil porque hay muchas cuentas pendientes. Susana Díaz quiere recuperar la hegemonía y el poder que tradicionalmente ha tenido la Federación Andaluza dentro del partido pero Pedro Sánchez no está dispuesto a permitir que los barones sigan actuando como contrapeso. Al menos no como un bloque homogéneo. Ferraz cree que ha logrado quebrar esa unidad de acción. «Había antipedrismo, pero no prosusanismo», dicen. Y no les preocupa el conflicto en torno al concepto de la plurinacionalidad, que el PSOE andaluz no recoge en su ponencia política. «Necesita reivindicarse y ha cogido esa bandera. los demás barones no le hacen caso. Al resto esa batalla no le conviene», dicen en Ferraz, donde por ejemplo hablan ahora de «un rollo diferente» con Ximo Puig. También con la tranquilidad de que las resoluciones del Congreso federal son «de obligado cumplimiento». Y recordando que todo el sector susanista se ausentó del debate mientras otra andaluza, Carmen Calvo, defendía la resolución. «Se ha quedado sola en esto. Es un pellizco de monja».

La realidad es que las discrepancias siguen intactas pero no hay ánimo de volver a abrir otra guerra con Ferraz. Al contrario, la orden es replegarse en Andalucía, volver a hacerse fuerte en el territorio y después… todo está por escribir. En Ferraz descartan cualquier choque por la cercanía de las elecciones andaluzas, a comienzos de 2019.

(V. R. Almirón, S. Benot, ABC)