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¿Las ciudades también son para las mujeres?

El 54% de la población mundial vive en ciudades y se prevé que para 2050 la proporción alcance el 66%. La urbe contemporánea, sin embargo, ha sido diseñada dejando de lado las necesidades específicas de las mujeres en materia de seguridad, conciliación laboral, movilidad y cuidados. Hoy, tanto gobiernos locales como organismos internacionales parecen haber oído el reclamo de colectivos y urbanistas feministas y empiezan a tomar medidas

"De los 175 párrafos de la Nueva Agenda Urbana (ONU), 33 hablan de las mujeres"

El urbanismo feminista potencia el encuentro frente al individualismo

Vecinas y urbanistas identifican los espacios que perciben como peligrosos

Cada madrugada, cuando Laura toma el autobús hacia su trabajo, pide al conductor que pare en un punto que no viene marcado como parada en el itinerario. De esta forma tiene que andar menos hasta la entrada de la oficina y evita tener que pasar por el descampado que queda cerca de la parada oficial. Es una forma de reducir la peligrosidad de los trayectos que lleva funcionando en Vigo desde el mes de febrero. Lo llaman "servicio de paradas antiacoso", y también se ha aprobado ya en otras ciudades como Bilbao, Tarrassa o Barcelona.

No es la única iniciativa que se está poniendo en marcha para garantizar la seguridad de las mujeres en las ciudades. Desde hace algo más de un año, todos los portales de los nuevos edificios que se construyen en San Sebastián deben ser transparentes, además de dar a las calles principales, con el objetivo de evitar asaltos sexuales. Ambas son medidas del llamado urbanismo con perspectiva de género, una nueva mirada al diseño de las ciudades con la que se busca que las necesidades de quienes residen en ellas se vean atendidas. Y la seguridad no es lo único que se puede mejorar en esa nueva ciudad para todos.

Según explica Ana Asensio, arquitecta especializada en habitabilidad básica y asentamientos humanos precarios, las ciudades deberían tener en cuenta que los ancianos necesitan puntos de descanso cada 200 metros o que los niños deben tener espacios de juego sanos y seguros. Del mismo modo, se debería poder llegar fácilmente a los servicios sanitarios, igual que oficinas y viviendas podrían convivir en espacios cercanos, ya que si unas y otras se encuentran en extremos opuestos de la ciudad, la conciliación se vuelve imposible. "Se trata de hacer pequeños cambios en las ciudades que suponen un gran cambio para la vida de las personas, y que no se realizan porque no se suele dar voz a quienes se encuentran esas dificultades y barreras invisibles cada día", explica.
Es precisamente lo que se busca con la Nueva Agenda Urbana -el documento resultante de la conferencia Hábitat III, organizada por Naciones Unidas en 2016-, en la que especialistas de todo el mundo tratan de diseñar la ciudad del futuro. Parte de ese "laboratorio" de expertos en urbanismo se reunió hace unas semanas en el encuentro ONU-Hábitat en Granada con la finalidad de determinar el camino a seguir para que las urbes sean espacios más inclusivos, seguros y sostenibles. Y en esa hoja de ruta parece que las mujeres por fin tendrán algo que ganar: de los 175 párrafos que componen la Nueva Agenda Urbana, 33 hacen mención a las mujeres o al género. "Una mejor planificación puede contribuir a mejorar de una manera muy sustancial la vida de las mujeres", explica Inés Sánchez de Madariaga, profesora de Urbanismo de la Universidad Politécnica de Madrid y directora de la Cátedra UNESCO de Género, quien participó en el encuentro de Granada.

- ¿Cómo es la ciudad para todos?

Dicen que la mayoría de los urbanitas amamos las ciudades con la misma intensidad con que en muchas ocasiones las odiamos. Y esta segunda parte suele esta relacionada con los obstáculos que se levantan en la propia ciudad, complicando cualquier gestión que necesitemos realizar. Romper con la dicotomía entre lo público (trabajo productivo) y lo privado (trabajo reproductivo o de cuidados), asociados tradicionalmente a hombres y mujeres respectivamente, de forma que las ciudades estén dispuestas para realizar ambas tareas, es uno de los objetivos que vertebran a distintos colectivos, que demandan ciudades más seguras y funcionales: y la presión que ejercen empieza a dar sus frutos.

Entre esos colectivos que a diario se topan con obstáculos, el mayoritario es el de las mujeres, olvidadas casi siempre por quienes diseñan las ciudades según Zaida Muxí, doctora arquitecta y profesora de Urbanismo en la Escuela Técnica Superior de Arquitectura de Barcelona (ETSAB), quien asegura que, hasta la fecha, la mujer, más que disfrutar al ciudad, ha intentado sobrevivir a ella. "A partir de la segunda mitad del siglo XX, con el gran crecimiento de las ciudades, s cuando se desvincula la vida urbana y cotidiana de cómo se piensa la ciudad. Y se empieza a diseñar la ciudad por paquetes aislados y separados en el territorio: la vivienda por un lado, el trabajo por otro, el ocio por otro", explica Muxí.

En opinión de esta experta, "esta ciudad separada en paquetes de funciones es útil en una organización en la que se piensa que si estás en el trabajo, no estás en casa, por ejemplo. Una realidad dividida que ha vivido mayoritariamente el hombre. en cambio las mujeres, en su mayoría, hemos trabajado tanto dentro como fuera de cas. Y para quienes cumplen más de un rol, la ciudad de funciones segregadas no sirve. Por eso, aunque en apariencia todo esté bien, el espacio urbano puede generar desigualdad".

Para evitar esas desigualdades, la ley obliga desde 2003 a que los planes urbanísticos incluyan un informe con valoraciones sobre impacto de género, recuerda Inés Sánchez de Madariaga, quien explica que por fin esa ley "empieza a tomarse en serio", después de que al año pasado hubiera sentencias judiciales en Andalucía y en Madrid anulando varios planes urbanísticos por no contar con la evaluación de impacto de género. "Aprovechar que existe esta herramienta técnica en la legislación es clave para mejorar la calidad de los planes y recoger las necesidades de las mujeres en la ciudad, además de las de los niños o los mayores. Porque se trata de eso: de que todos podamos disfrutar las ciudades", afirma la asesora de ONU-Hábitat.

- Quien cuida, sabe.

Y es que no todos los que residimos en la ciudad la vivimos de igual forma. "Las mujeres usan la ciudad de manera distinta que los hombres -continúa Sánchez de Madariaga-. Entre otras razones, porque estadísticamente ellas son mayoría entre quienes se hacen cargo del cuidado de otras personas. Cuando se observan las necesidades específicas de las mujeres en la ciudad, lo cierto es que se puede mejorar mucho lo que la planificación urbana hace para responder a ellas", afirma esta asesora de ONU-Hábitat.

Se refiere a que el ancho de una acera puede marcar la diferencia entre poder transitar por ella con un carrito o tener que ir por la carretera. Igual que tres segundos más en el cambio de tiempo de un semáforo pueden suponer todo un triunfo para determinados peatones. Otro de los objetivos que pretende el urbanismo feminista es potenciar la colectividad y la pluralidad frente al individualismo, para lo que reivindican espacios seguros en los que poder socializar y reunirse.

- Ciudad futura.

Dice el diccionario que "ciudad" es la población donde habita un conjunto de personas que se dedican principalmente a la industria y al comercio. Pero, como explica Zaida Muxí, quienes viven la ciudad no sólo trabajan. También llevan y traen a sus hijos del colegio. O acompañan al médico a un familiar mayor. Y van al supermercado, al parque o a extraescolares con los niños...

Preparar la ciudad para facilitar esas tareas es el objetivo de los urbanistas con perspectiva de género, que insisten en la importancia de pensar en las necesidades de quienes se encargan mayoritariamente de las tareas de cuidados. La pregunta del millón es cómo logar que eso se concrete en nuestros barrios. "No hay fórmulas mágicas. Lo que vale en un barrio, igual en otro no funciona", advierte Blanca Valdivia, socióloga urbanista de Col·lectiu Punt 6, una cooperativa de arquitectas, sociólogas y urbanistas que lleva más de un década repensando los espacios urbanos para evitar la discriminación. "Por eso lo mejor es preguntar a quienes van a utilizar el espacio cuáles son sus necesidades e intentar que el diseño pueda satisfacerlas. Nosotras disponemos de conocimientos técnicos, pero quien mayor conocimiento tiene sobre un territorio, equipamiento o espacio público son quienes lo habitan", reconoce.

Una de sus herramientas de trabajo son las marchas exploratorias, una metodología que se comenzó a usar en Canadá en los años 90 para medir la percepción de seguridad de las vecinas de una zona. La finalidad era mejorar la seguridad, y con ese objetivo se han organizado en distintos puntos de España como Sant Adrià del Besòs (Barcelona) o Usera (Madrid), entre otros muchos. En esas marchas, urbanistas y vecinas salen juntas a la calle para tratar de identificar los espacios en los que perciben más peligros. Una herramienta parecida al mapa de la "ciudad prohibida", que toma como referencia la percepción de seguridad, el método usado en el proyecto La Ciudad de las Mujeres puesto en marcha hace unos meses en Irún.

"La percepción de seguridad y el miedo tienen una construcción y una lectura muy diferente entre mujeres y hombres -explica Zuriñe Burgoa, arquitecta de DUNAK, el estudio que está participando en el proyecto de Irún-. A las mujeres se nos educa en el miedo, y esta herramienta de control limita nuestros recorridos diarios y nuestra capacidad de movimiento. Los espacios urbanos y sus características, junto con otros factores, juegan un papel importante", señala.

Ya lo decía la urbanista Jane Jacobs: "Las ciudades tienen la capacidad de proporcionar algo para todo el mundo, solo cuando se crean para todo el mundo".

- Viena, la ciudad en femenino.

Durante más de dos décadas, Viena contó con una oficina que ligaba la Secretaría de la Mujer y la Oficina de Planeamiento, y desde ella se aplicaron medidas que contribuyeron a hacer una ciudad que tomaba en cuenta a las mujeres. Entre los planes que se llevaron acabo se encuentran los conjuntos de viviendas Margarete Schütte-Lihotzky, que llevan el nombre de la primera arquitecta austriaca. Eva Kail, la arquitecta al frente de ese departamento a principios de los años 90, se dio cuenta que todas las viviendas públicas las hacía equipos dirigidos por hombres. Por eso organizó un concurso restringido a mujeres arquitectas. El objetivo era crear 360 viviendas en un proyecto que satisficiera las necesidades de las mujeres, pero pronto encontraron el primer obstáculo: la normativa de la vivienda pública no permitía la mezcla de usos del espacio. en ese nuevo barrio no podía haber oficinas, comercio o servicios médicos además de viviendas. ¿Cómo cubrir entonces las necesidades del colectivo femenino, dedicado tanto al cuidado como al trabajo? Se necesitaba un centro médico, una escuela infantil, Policía, comercios y posibilidad de poner oficinas. Se hizo evidente que la ley no se ajustaba a las necesidades de todos los ciudadanos y se cambió la normativa. Hoy, cuando se hace vivienda pública en Viena, se permite la mezcla de usos.

(Beatriz González, Mujer Hoy, 07/04/18, Ideal, p. 18-21)