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En la muerte del profesor, filósofo, traductor y germanista Jacobo Muñoz Veiga (1942-2018) (Salvador López Arnal)

Muchas muertes, demasiadas. Las pérdidas siguen ardiendo en este desolado mes de febrero.

Esta pasada noche, la del 23 de febrero, nos ha dejado el maestro y filósofo Jacobo Muñoz Veiga (1942-2018), uno de los grandes amigos y compañeros de Manuel Sacristán, Francisco Fernández Buey y Antoni Domènech. Muchas aventuras, muchos proyectos juntos; mucha lucha antifascista en común. Y muchos riesgos.

La presencia de Jacobo Muñoz en Barcelona, a principios de los años setenta, representó un revolcón, una verdadera renovación de la enseñanza de la filosofía y del filosofar en aquella neotomista y más que derechista (con excepciones que no se olvidan) Facultad de Filosofía de la Universidad de Barcelona. Nadie había explicado Ludwig Wittgenstein como él lo explicaba. Pocos profesores hablaban con su dicción y sabiduría.
Yo no pude escucharle entonces. Me lo explicaron dos amigos que fueron discípulos y amigos suyos: Toni Domènech y Enrique Ruiz Capillas.

Luego he sabido de su inmenso trabajo de traductor, en compañía de Manuel Sacristán, también para Grijalbo en muchos momentos.

Pocos germanistas como él. Muy pocos filósofos españoles han conocido como él conocía filosofía alemana del siglo XX.

Supe también que se la jugó en muchos momentos durante el fascismo. Cuando su amigo Manuel Sacristán, miembro del comité ejecutivo del PSUC en la segunda mitad de los sesenta, tenía que huir y esconderse se refugiaba en su casa. Nos explicó detalles, hermosos detalles de esos días en una conversación posterior.

Vinieron luego la etapa de Materiales y su libro, que aún conservamos y releemos: Lecturas de filosofía contemporánea. Yo era entonces muy joven. No lo entendí muy bien pero me impactó. Me abrió mundos filosóficos.

Hubieron disputas después. Se discutieron los miembros del consejo editor de la revista y de la editorial asociada. Un mal momento, dolorosos desencuentros. Paco Fernández Buey me comentó años después que las dimensiones que adquirieron aquellas discrepancias, aquella separación no era justa ni ajustada.

Conservó una carta que le dirigió a Manuel Sacristán a principios de los ochenta. Su devoción y amistad por él no tenía límites.

Se encontró de nuevo con algunos de aquellos amigos, muchos años después, en el Círculo de Bellas Artes, en las jornadas que Carolina del Olmo y César Rendueles organizaron en el vigésimo aniversario del fallecimiento de Sacristán.

Poco antes le habíamos entrevistado (lo hizo Xavier Juncosa) para "Integral Sacristán". Jacobo Muñoz aparece poco en los documentales pero la entrevista (a la disposición de quien lo desee) es magnífica. Muy buena, de verdad. No exagero. Cuando Muñoz se ponía estupendo como filósofo, se ponía muy estupendo.

Conservo el recuerdo de su llamada cuando editamos Sobre dialéctica de Manuel Sacristán en el Viejo Topo. Me felicitó por la publicación y por el prólogo. Le estuve muy agradecido; le estoy muy agradecido.

Le vi también en unas jornadas que organizó el profesor José Luis Moreno Pestaña en la facultad de filosofía de la Universidad de Cádiz. Con Francisco Vázquez García. Filósofo como siempre, tal vez en algún momento demasiado clásico como conferenciante (el mundo informático le era extraño), era una conversador excepcional. Sin cansancio posible. Horas y horas, sobre cualquier tema. Nada humano le era ajeno, nada le era desconocido. Valía la pena escucharle. Se estuviera de acuerdo o no con posiciones políticas, que fueron cambiando con los años, que no permanecieron inmutables en el tiempo, no había en él una gota de dogmatismo ni de sectarismo. Escuchaba. A la gente más joven también. A Moreno Pestaña por ejemplo.

Años después me pidió una colaboración en un libro, del que fue coeditor junto a Francisco José Martín, sobre la obra de su amigo. Lo llamó, el título seguro que es suyo, Manuel Sacristán. Razón y emancipación. Las generosas palabras de la presentación que me dedicó son suyas. Le llamé, emocionado, muy emocionado, para agradecérselas.

Le he leído algunos artículos y algunas antologías y aproximaciones a Marx. Con conocimiento de causa, como siempre.

Josefina Samper, Javier Navascués, Jaume Botey, Jacobo Muñoz,… Hace meses Toni Domènech, antes Antoni Beltrán y Jesús Mosterín, Paco Fernández Buey en 2012. Muchos maestros, muchos referentes, muchos amigos que nos dejan.

Nos quedamos muy huérfanos, muy solos.

Si nos recomponemos, como dijo un día Manuel Sacristán, ¿qué somos?, ¿de qué estamos hechos? De ellos, de gentes como ellos. Todos ellos nos han hecho, de todos ellos hemos aprendido.

A Jacobo Muñoz le gustaba mucho el "A los por nacer" de Brecht. Probablemente lo recitarían juntos alguna vez con Sacristán. En alemán por supuesto. La tercera parte del poema, en la traducción de su amigo, dice así:

Vosotros, los que surgiréis del pantano
en que nosotros hemos sucumbido
pensad,
cuando habléis de nuestras debilidades,
también en el tiempo de tinieblas
del que os habéis librado.

Porque a menudo, cambiando de patria más que de sandalias
fuimos desamparados a través de la guerra de las clases,
cuando todo era injusticia y faltaba la cólera.

Mas no por ello ignoramos
que también el odio contra la vileza
desencaja al rostro,
que también la cólera contra la injusticia
enroquece la voz. Sí, nosotros,
que queríamos preparar el terreno a la amistad
no pudimos ser amistosos.

Vosotros, cuando se llegue a tanto
que el hombre sea un apoyo para el hombre,
pensad en nosotros
con indulgencia.

El preparó, junto a otros, el terreno a la amistad en tiempos de injusticia y de cólera. Y fue amistoso, muy amistoso.

(Rebelión)