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Manual para sobrevivir en la periferia

Panfleto para seguir viviendo, de Fernando Díaz. Editorial La oveja roja. 136 páginas, formato 135 x 215 mm, con solapas encuadernación rústica cosida. ISBN: 978-84-16227-02-0

Panfleto para seguir viviendo es una autobiografía con seudónimo de un escritor desconocido que narra su vida en la periferia de Madrid.

“Este libro no es una novela. Es una promesa que haréis o no haréis cuando lleguéis al final. Si os da la gana de llegar”. Ahora que la dictadura de la felicidad marca los tiempos y que Mr. Wonderfull parece que asoma como nuevo paradigma filosófico, se hace imprescindible construir, si no puertas, al menos ventanas de salida.

De esto habla el Panfleto para seguir viviendo, editado en 2007 por Bruguera y reeditado por La oveja roja. Del autor tan solo sabemos lo que pone en la contraportada: Fernando Díaz nació en Madrid en 1979 y forma parte de una organización revolucionaria. Formar parte implica, necesariamente, tomar partido. Implica mover los cimientos de lo que somos para llegar a otro lugar. Y que, si consiguen atravesarte, les duela.
Este libro habla de los columpios comidos por el óxido de los años 90 en tu barrio. Del hermano yonki, del padre al que la “reconversión industrial” del PSOE pasó el rodillo, de la madre limpiando escaleras. Habla de lo que pasa cuando vives en Fuenlabrada y ni puedes, ni te planteas, ir a la universidad. Y de lo que pasa cuando los Servicios Sociales solo abren de ocho a tres y no puedes pagarte una psicóloga.

“Pasar costo es lo más parecido a eso que llaman conciencia de clase. ¿Por qué vas a aguantar que nadie te pise el cuello si con dos kilos de costo podrías sacar lo mismo que trabajando medio año?”.

Implicarse. Construir rutas de escape. Ser consciente de que existe otro lugar posible. Y, sobre todo, no creerles. Reconocer tu rabia en las páginas de este texto cada vez que llegas tarde al curro porque alguien se ha vuelto a tirar a la vía del tren en Villaverde. Ver las caras de los desheredados en el metro. Actualizar Infojobs en el móvil y que ni siquiera se hayan leído tu currículum antes de descartarte de otro proceso de selección de precarios.

“El día que mi madre empezó a comprar colecciones no dije nada. Sal a la calle y mátales a todos. Pude haber dicho eso. Al que te echó de tu trabajo, mátale. Al que te dio trabajo por la cuarta parte de lo que ganabas, mátale. Al que hizo la ley que lo permite, mátale. Mi hermano tocaba en un grupo y hacían letras así. A él lo mató el caballo. Pero no os permito tenerle lástima”.

Esta especie de autobiografía anónima, donde el autor se describe en dos líneas y nunca ha hecho presentaciones del libro, es realmente una llamada a la organización. Porque en tiempos donde el fracaso se impone como individual, las salidas solo pueden ser colectivas. Sin heroísmos, sin épica, el Panfleto describe cómo es militar en una célula en el barrio. La impaciencia que a veces se convierte en desánimo cuando en las últimas reuniones tan solo hay diez personas. Convocar una manifestación y que solo acudan cien. Y aun así, no dejar de pegar carteles. Esperar a los que faltan, porque no sobra nadie y faltan muchos.

“Yo no sé cómo vamos a pasar de ser noventa núcleos a ser nueve mil. Por ejemplo, esa resolución vulgar de pagar una cuota de diez euros al mes puede que nos ayude. Con esa resolución decimos que no buscamos que nos compren, no queremos que nos compren, vamos a hacer todo lo posible para que no nos compren”. Puede que algún día censuren libros como este y, a falta de esos diez euros que pagar, se nos impida montar un sindicato en nuestro trabajo o cierren las asociaciones vecinales. Si llega ese día y nos quitan esos derechos, “entonces ojalá nos hayamos organizado y seamos millones”.

(Olivia Isidoro, Apuntes de Clase, La Marea)