Sobre las 11:05 horas del 31 de diciembre de 2008 se produjo la explosión que causó daños valorados en más de cinco millones de euros en la sede y en los vehículos aparcados en la sede central de EITB. El destrozo dio la vuelta al mundo. Fue el 31 de diciembre de hace diez años. Daño con publicidad gratuita. Y con una explicación por parte de ETA, publicada en Gara, terrible.
Han pasado pues diez años y lo curioso del caso es que transmitido el discurso de fin de año del Lehendakari Urkullu, este medio ha preguntado a los distintos partidos políticos sobre la impresión que les había producido el mismo. Normal. Es práctica democrática. Y han hablado todos los grupos. Lo curioso es como Bildu ha encargado de hacerlo en nombre suyo al personaje con menor autoridad moral para hacerlo, la persona menos idónea para opinar como el dirigente de Sortu Iker Casanova que hace diez años propiciaba la lucha armada y no condenó aquella barbaridad que pudo producir muchos muertos y fue un atentado a una de las enseñas más sagradas de la democracia como es la libertad de expresión. Para Casanova y los suyos, la discrepancia se resolvía a bombazo limpio.
¿Alguien le ha escuchado abominar de aquella hazaña tan revolucionaria?
Diez años después este señor dice que el Lehendakari está en una atalaya, no pisa tierra, y está fuera de la realidad. Pues muy bien.
Algo así en labios de un representante de EA, que traga carros y carretas o del partido de Matutes que ya no se ni como se llama, hubiera sido lo correcto, pero, ¿en labios de Casanova?.
Me parece una afrenta a una democracia con valores, entre ellos el de la estética.
El ¿en qué atalaya se encontraba y se encuentra para con tanto desparpajo criticar un discurso emitido en un medio público que si hubiera sido por lo que representó no se hubiera creado y seguramente, con el pensamiento de aquel grupo llamado Jarrai, hubiera desaparecido todos los estudios y no por unas declaraciones dichas en una atalaya sino por un bombazo.
Hoy este señor pontifica sobre valores, democracia, legalidad, derecho a decidir, como si de Ghandi se tratara. Me hubiera gustado que este asunto se hubiera tratado en el programa sabatino del Parlamento en las Ondas en el que participa y para mi perplejidad y el de muchos sin que sus compañeros sean capaces de preguntarle qué le pareció aquella fabulosa hazaña destructiva de los suyos.
Lo hizo en su día Eneko Anduez pidiéndole condenara a ETA y se negó a hacerlo.
¿Normalización?. Así cualquiera.
(El blog de Iñaki Anasagasti, Deia)
