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'El roce del tiempo', Martin Amis en su gimnasio

«El roce del tiempo». Martin Amis. Ensayo. Trad.: J. Zulaika. Anagrana, 2019. 415 páginas. 24,90 euros

Sospechamos que detrás de un cronista hay un auténtico escritor cuando su crónica comienza -por citar solo un ejemplo- con un «Oops suena aún peor -aún más vergonzoso y lamentable- si se dice con acento tejano: suena a algo como Ueps». Y ya no tenemos duda alguna cuando lo que sigue es una serie de postales acerca de la evolución/involución del Partido Republicano de los Estados Unidos en ascendente caída libre hacia «Trumplandia». O cuando la mirada se detiene en la «imponente panza» de Diego Maradona. O se comprende (a partir de enfrentarse a John Travolta) que «los ojos de los actores no parpadean más que cuando los actores les ordenan que lo hagan». O que «Madonna canta, Grace Kelly actuaba. Diana simplemente respiraba» mientras llegan las noticias de la muerte de la Princesa del Pueblo a la mesa del desayuno de un padre explicándole a sus entonces pequeños hijos la magnitud del acontecimiento.

El padre -el cronista, el novelista- es Martin Amis (Swansea, 1949) y todo lo anterior se discute y se analiza y se mira fijo en «El roce del tiempo» reuniendo artículos diversos publicados entre 1986 y 2016. Y, más allá de la diversidad de sus temas hay aquí un hilo conductor: el paso de los años y la fatiga de materiales sobre ciertas por siempre vigorosas obsesiones personales que no por eso dejan, en más de una ocasión (las aproximaciones de Amis al tema del Islam y del fundamentalismo...), de adquirir peso global.

- Estilista.

Más interesante aún -y volviendo a lo del principio- es percibir en el recorrido de estas no-ficciones sueltas unidas por una misma y poderosa inteligencia cómo van acompañando y nutriendo a las ficciones del propio Amis, desde siempre un narrador muy pero muy «opinionated» a la vez que un destacado estilista en sus «reportes» varios. Así aquí en más de un momento y tramo el propio Amis se propone como personaje de Martin Amis (uno de los textos está compuesto por sus respuestas a las preguntas de lectores de «The Independent») en una suerte de exigente pero fortalecedora sesión de realista «work-out» gimnástico que acabará musculando su imaginación.
Y destaca lo escrito acerca de sus relecturas. Entonces vuelven a aparecer viejos pero nunca olvidados dioses de su panteón particular: Henry James como Gran Novelista Americano, Iris Murdoch devastada por el Alzheimer y Jane Austen y la «darcymanía» como propiedad más que valiosa para el cine y la televisión (recordar la influencia de ambas en el fondo y la forma en la novela de Amis «La viuda embarazada»), los mundos distópicos y entropistas de J. G. Ballard y Anthony Burgess y Don DeLillo, la amistad más allá de la muerte con su hermano de sangre y tinta y opuesto complementario Cristopher Hitchens, la curiosidad por las idas y vueltas de Philip Roth y John Updike, el recuerdo de Philip Larkin (al que, con gran percepción, se define no como poeta de poetas sino como «poeta de novelistas»).

Y el eterno y cada vez más preciso e iluminador retorno a sus dos héroes literarios por propia admisión o «Twin Peaks»: Saul Bellow y Vladimir Nabokov (de especial interés es, a partir de la edición de «El original de Laura», su casi culposa pero inesquivable para él recalibración de la obra y vida del ruso a partir de sus cartas a Véra así como una perturbadora percepción de su insistencia en el tema de la «ninfolepsia» a la que Amis ya casi no puede entender como simplemente artística). Y, claro, el inmortal regreso permanente de esa sombra que no deja de refrescarlo a la vez que lo cubre: la de su propio padre, Kingsley Amis.

- Autobiográfico.

Todos estos últimos -ya lo ha anunciado Amis- serán protagonistas de la «novela autobiográfica» en la que viene trabajando durante años y en la que, seguramente, se detectarán guiños energizantes y parpadeos vitamínicos de este complemento que es «El roce del tiempo».

Según propia afirmación de Amis -en el cuestionario aquí incluido y antes mencionado- para él su mejor novela, como gustaba de responder Anthony Burgess, es siempre «la siguiente». Que así sea. Mientras tanto y hasta entonces, aquí van estas marchas rápidas, pero no por eso menos meditadas, seguros de que en «la siguiente» alguien dirá «Oops» al resbalar o al caer o al levantarse para seguir corriendo.

(Rodrigo Fresán, ABC Cultural, ABC)