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'Nuestra parte de noche', de Mariana Enríquez: "No creo que haya reconciliación posible si el precio es el silencio"

La prestigiosa escritora argentina imagina en 'Nuestra parte de noche', Premio Herralde de Novela, un mundo fantástico con la dictadura militar de fondo

"Cualquiera que se ponga a gobernar hoy la Argentina lo tendrá difícil"

Publicó su primera obra, 'Bajar es lo peor', a los 19 años. Trataba de rock, drogas y esa ansiedad adolescente que en los noventa pasaba por el nihilismo y la autodestrucción. El éxito la colocó en su país, Argentina, entre las principales promesas de la literatura. Esa pericia con las palabras continuó en forma de más libros o de artículos y reportajes periodísticos. En este lado del océano, gracias a la editorial Anagrama, pegó un salto con 'Los peligros de fumar en la cama' (2016) y 'Cosas que perdimos en el fuego' (2017), dos volúmenes de cuentos. Y este año, Mariana Enríquez (Buenos Aires, 1973) ha ganado el premio herralde de Novela por 'Nuestra parte de noche', un relato de casi 700 páginas sobre un padre y un hijo, la ausencia de una madre, una orden con comunicaciones místicas y un viaje a través de paisajes sombríos. Dividida en seis capítulos -que abarcan desde los años sesenta hasta finales de los noventa- se intuye el trasfondo político de una dictadura militar criminal con miles de desaparecidos, pero no se incide en el contexto: la narración vuela entre la lírica, el suspense y la fantasía sin rendir cuentas con el pasado ni posicionarse más allá del lado de la libertad creativa. Una libertad que subyuga al lector y le zarandea entre testiminios en primera persona, la crónica de un suceso o la épica de lo cotidiano.

- ¿Cómo ha pasado de relatos a una novela tan total, narrada en varias voces y estilos y comparada a otras grandes como 'Rayuela', 'Sobre héroes y tumbas' o '2666'?

- Fue un regreso a la novela, en realidad. Mis dos primeros libros son novelas. No tan extensas, en eso sí es diferente. Las comparaciones con esas novelas son halagadoras pero un poco imprecisas. Reconozco la influencia de 'Sobre héroes y tumbas', que es la gran novela gótica argentina, pero no encuentro parecidos con '2666' o 'Rayuela', más allá de la extensión y la ambición estructural -de hecho, '2666' es casi una novela de novelas ensambladas-, 'Nuestra parte de noche', aunque está contada en partes, es de una trama bastante lineal. Encuentro, eso sí, una influencia de Bolaño en la apelación a la poesía: no soy poeta, pero ésta es la novela que deja más clara la importancia de la poesía en lo que escribo y en mi vida como lectora. De todos modos, mis modelos estuvieron más cerca de la novela anglosajona que de la latinoamericana, aunque se cuela, en mi lenguaje. Pero 'Nuestra parte de noche' es una novela fantástica, de género.

- Se mantiene el tono lúgubre de otros escritos. ¿Qué le interesa de la oscuridad?

- Me interesa el género de terror, el gótico, el 'weird', el fantástico más oscuro. Es una elección estética y también se relaciona con que me preocupa trabajar con el secreto, las realidades distorsionadas, los deseos reprimidos, el miedo y la incertidumbre; son temas que se llevan muy bien con el género y son los temas y las sensaciones que quiero explorar.
- ¿Qué significado tiene aquí la noche, cuando los personajes tienen un lado misterioso, en penumbra?

- La parte de noche se refiere al lado oscuro de los personajes y, en consecuencia, el de todos, también el de los lectores y los autores; por eso en la trama es tan prominente 'el otro lado'. Es la oscuridad de las personas y de la historia y también de los vínculos. Por supuesto, no es la noche literal. El título es un verso de Emily dickinson, 'Our share of night'.

- ¿Por qué le interesa tanto el miedo?

- Creo que es una de las emociones más comunes, incluso hoy patologizada y politizada, desde el pánico hasta el terrorismo. Pero también me interesa desde el punto de vista del género: es un entretenimiento sufrido, una manera de poder vivir vicariamente esas sensaciones terribles sin vivirlas en la realidad.

- También sobrevuela un aura de mal atávico, de un reverso humano negativo. ¿Es siempre así?

- Bueno, claro, todos los seres humanos tienen un lado negativo, creo que hay sobrados ejemplos. No sé si es atávico pero, por la persistencia, lo parece.

- Y se lee esa herencia del mal entre generaciones. ¿Cómo funciona la familia y la sociedad en la formación de cada uno?

- La sociedad nos moldea con sus tradiciones y mandatos, y la familia refuerza esas marcas, prepara y domestica. Su influencia es ineludible. El libro trata de pensar sobre la herencia, sobre el autoritarismo de la familia, sobre la imposición de continuidad a los hijos, sobre si es posible desprenderse de una herencia cruel o despótica o uno está condenado a repetir el pasado, la historia, tanto familiar como histórico-política. No pienso en lo íntimo como disociado de lo político.

- Durante los diferentes períodos que aparecen en la novela hubo una dictadura militar y una guerra por las Malvinas. ¿Qué mamaron esas generaciones de Argentina que vivieron con la represión, con el terrorismo de Estado de Videla y con ese sentimiento nacionalista?

- Son dos cosas diferentes. La dictadura usó la guerra para intentar perpetuarse en el poder en caso de ganarla, lo que era una idea delirante. El sentimiento nacionalista intenso de la guerra duró muy poco en la sociedad (la justicia del reclamo también es algo aparte, y no es propiedad de la dictadura). Los que vivimos con la represión, incluso de niños, como yo, lo vivimos como un trauma, como la convivencia con la represión y la muerte, incluso cuando no teníamos del todo claro lo que sucedía.

- Dice que "era mejor tratar de vivir con la mayor normalidad posible". ¿Triunfó el silencio?

- ¿En Argentina? Absolutamente, no. Todo lo contrario. Los responsables de los crímenes de lesa humanidad fueron y son juzgados. Creo que en 2019 hubo más de una decena de juicios en diferentes provincias del país y probablemente en 2020 habrá más. Creo que es un triunfo democrático importante y opuesto al silencio.

- ¿Qué pasó después, cuando se amnistió a algunos protagonsitas o se dejó de hurgar en el pasado?

- Nunca se dejó de hurgar en el pasado. La amnistía tuvo que ver con que los militares no cesaban de interrumpir el proceso democrático. No estoy de acuerdo con la amnistía, creo que no era una ley necesaria en ese momento. En cualquier caso, después de que fue promulgada, los organismos de derechos humanos nunca dejaron de tener sus investigaciones y eventualmente en el gobierno de Néstor Kirchner los delitos de lesa humanidad volvieron a entrar en proceso y juicio, a partir de 2003.

- Sorprende, en ese sentido, que Argentina haya sido uno de los países que haya abierto la veda para juzgar al franquismo. ¿Qué le parece la memoria histórica? ¿Es necesaria? En otra página se llega a decir que "no hay que mantener vivo lo que está muerto".

- Por supuesto que es necesaria la memoria histórica. No creo que haya reconciliación posible si el precio es el silencio. Ésa frase en particular no está relacionada con la historia ni con un proceso político, de todos modos. Habla exclusivamente de una cuestión relacionada con la trama: Juan, el protagonista, vive en dos mundos, no está ni vivo ni muerto, es alguien mantenido con vida por el deseo de algún dios antiguo o de la orden que explota su cuerpo y sus capacidades como médium. Se refiere a eso, no a la historia política de mi país.

- Una de las frases que se repiten es "the dead travel fast"(la muerte viaja rápido), ¿también se olvida rápido?

- La frase es de 'Drácula', como creo que dice en la novela. Y, de nuevo, es una frase que tiene que ver con el género, con los muertos y los fantasmas moviéndose a gran velocidad. No está relacionado con la historia. No quise escribir una alegoría: es una novela fantástica que dialoga con la historia, a veces de manera oblicua, a veces con ecos, pero no con un subrayado.

- Otra es "lo anticuado siempre funciona". ¿Considera que por eso se repiten las ideas y los partidos de otras épocas, como vemos ahora en el resurgimiento de la extrema derecha en varios países de Europa o América?

- La extrema derecha americana es bastante difernte a otras. Es popular, está relacionada con las iglesias evangélicas, también con las redes sociales y su desinformación, no suele estar acompañada por el ejército, en este sentido es un fenómeno novedoso. Así que, al menos en el caso de América, no -y tampoco la llamaría extrema derecha, salvo quizá en Brasil, que es un caso especial-. Tradicionalmente la derecha aquí era neoliberal, dirigida por militares y católica tradicional. Una vez más, en la novela cuando dicen eso se refieren a estilos en las prácticas mágicas, no a una cuestión política. Puede ser interpretado así por un lector, claro, pero yo no usé esos textos como metáforas de una realidad. La novela no explica la realidad, no creo que la ficción deba hacer eso. Ofrece interpetaciones complejas, en todo caso.

- ¿Por qué quería mantener el plano político en un terreno velado, a pesar de su importancia en la novela?

- Por lo que hablábamos antes: no quería que estuviese subrayado. Si se escribe una novela en América Latina en un determinado momento político -casi en cualquiera, especialmente después de los sesenta- la referencia a la política es inevitable. Mi novela parte de una narrativa realista, con escenarios reconocibles, situaciones cotidianas, hechos históricos. Desde ahí se dispara al fantástico. Es natural que en el plano realista haya relación con lo político porque es el contexto en el que ocurre y, además, a mi me interesa la política y creo que es parte central de nuestras vidas.

- Aparece varias veces la obediencia, ¿es otro término que enhebra la novela? ¿Crees que nos falta rebeldía?

- Depende dónde y la situación de cada país y contexto. Pero no.

- Justo ahora se han visto protestas en Chile, Colombia, Bolivia. ¿Cómo ve el latir de la generación actual frente a los dirigentes?

- En Bolivia hubo un golpe de Estado, no solamente protestas. No es comparable a las situaciones de Chile o Colombia, donde hay una rebelión ante gobiernos de derechas y una vez más, gobiernos muy diferentes ante los que la gente protesta por cuestiones distintas. Es incomparable la situación de violencia de la guerrilla, paramilitar y narco durante décadas en Colombia con un gobierno neoliberal con políticas que se extienden desde una dictadura no resuelta como en Chile. Aunque en los procesos puede haber similitudes, en general son diferentes, complejos y con lógicas propias. Y creo que la mejor manera de entender es no simplificar ni agrupar, sino singularizar y complejizar lo que sucede en cada uno de estos países.

- ¿Cómo ha vivido, en ese sentido, el cambio de gobierno de Alberto Fernández en Argentina?

- Con esperanza. Estaba muy insatisfecha y enojada con el gobierno de Macri. Sé que cualquiera que se ponga a gobernar la Argentina hoy lo tendrá difícil.

- En 'Nuestra parte de noche' hay cuatro partes largas y dos cortas con diferentes voces. ¿Cómo surgió esa estructura? ¿Por qué quiso unir el Londres de los sesenta con la Argentina de los ochenta y los noventa?

- Yo sabía que la novela sería larga cuando empecé a escribirla. Se me hacía tedioso hacer una estructura cronológica más tradicional. Además, como tenía personajes fuertes, quería sostener sus puntos de vista y sus voces. El Londres de los sesenta está porque es una época donde el rock y el ocultismo eran centrales en la cultura y porque además fueron un tiempo y espacio que exaltaron la juventud. Y yo necesitaba jóvenes poderosos para que después su derrota fuese más brutal.

- Ha sido la sexta mujer en ganar el Premio Herralde, después de 37 ediciones y de otra mujer, Cristina Morales. ¿Se está dando más voz a las mujeres gracias a la revolución feminista?

- Supongo que sí, y es un momento que hay que aprovechar. Tampoco quiero que se convierta en una trampa: es decir, en la obligación de las mujeres de escribir sobre temas feministas, con protagonistas mujeres o sobre temas de 'mujeres'. Yo evito esas presiones, pero, lógicamente, pueden existir. Personalmente, me gustaría que se dejen de destacar los libros por género, pero entiendo que en este momento histórico visibilizar el trabajo de las mujeres aún es necesario.

(Alberto G. Palomo, Tinta Libre, enero 2020)