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'Cartas precarcelarias (1909-1926)' de Antonio Gramsci, Ediciones de La Catarata. Traducción de Héctor Rodríguez de la O. Prólogo de Juan Carlos Monedero. Grande y terrible: las cartas de Antonio Gramsci en libertad

Héctor Rodríguez de la O es traductor del italiano, se desempeña como catedrático de español y cultura mexicana en el Departamento de Lengua, Literatura y Cultura Moderna de la Universidad de Bolonia, Italia

Enemigo y víctima de Benito Mussolini, que hizo cuanto pudo por destruirlo, el periodista, político, teórico marxista, sociólogo y filósofo italiano Antonio Gramsci estuvo encarcelado casi una década, entre 1926 y 1937. “Debemos impedir que este cerebro funcione”: esa era la terrible consigna del Ministerio Público que lo tuvo en cautiverio y, sin embargo, como bien se sabe, el fundador del Partido Comunista Italiano escribió buena parte de su pensamiento claro y valiente estando tras las rejas. Célebre por sus Cuadernos de la cárcel, no fue por supuesto lo único que su lúcida pluma produjo, y es precisamente sobre las cartas escritas por Gramsci en libertad que versa el ensayo de Héctor Rodríguez de la O, catedrático en Bolonia, así como traductor al español de estas otras líneas que confirman la grandeza intelectual de ese importantísimo pensador de izquierda que fue y es Antonio Gramsci

Quizá el Antonio Gramsci más conocido es el “Gramsci de la cárcel”, el autor de los ‘Quaderni’ y de las Lettere desde la cárcel, escritos durante los años 1926 y 1937. Este texto, adaptado para ‘La Jornada Semanal’ a partir de la introducción a la antología ‘Cartas precarcelarias’ 1909-1926 (traducido por el propio De la O), publicada este año por Ediciones de la Catarata, quiere hacer un brevísimo esbozo del período anterior al encarcelamiento de la vida y las reflexiones del combatiente político sardo. Además de ser textos nunca antes publicados en español (la gran mayoría de ellos), su contenido es de gran relevancia para los estudios gramscianos en nuestra lengua en particular, pero también para la cultura de izquierda en general.

Para las Cartas precarcelarias 1909-1926 seleccioné cartas que a mi parecer cubren aspectos sobresalientes de un epistolario abundante y complejo que, a pesar de los esfuerzos de los investigadores, sigue todavía siendo parcial. La selección va desde 1909, año en que desde Cagliari, siendo un bachiller, el joven Antonio le escribe a sus familiares en Ghilarza (Cerdeña), hasta 1926, año de su arresto por el régimen fascista de Benito Mussolini. La vida del intelectual y dirigente político italiano de ese período podría dividirse en tres etapas que, aunque diferentes, no son compartimentos estancos: el Gramsci estudiante en formación, el Gramsci crítico, cronista y activista, y el Gramsci líder del pcd’i y estratega en la política internacional.

Entre 1908 y 1914, el “Gramsci estudiante” es un joven solitario y sufrido, lector voraz y gran estudioso, agobiado por los apuros económicos y aquejado por enfermedades nerviosas. En lo que respecta a sus intereses intelectuales en Turín, el joven Antonio se interesa por la lingüística, colaborando a veces con su apreciado y admirado profesor en la Universidad de Turín, Matteo Bartoli. Por otra parte, en la política, Palmiro Togliatti lo recuerda también como orgulloso de su origen sardo, incluso partidario autonomista de su Cerdeña natal: un “sardista” que veía con buenos ojos la independencia de su isla, período que, según Angelo d’Orsi, en su reciente biografía, puede fecharse precisamente entre 1911 y 1913.
Sus interlocutores en las cartas de este período son familiares: su madre, su hermana, pero en especial su padre, Francesco Gramsci, a quien se dirige a veces desesperado, a veces suplicante y en otras ocasiones francamente agotado, molesto y decepcionado por las dificultades en las que se encuentra. La beca que recibe no es suficiente, así que, a causa de la falta de dinero para comer, para vestirse, debido a que necesita libros, documentos, acaba siempre por acudir a su padre. También, en esta primera etapa, lo vemos lamentablemente enfermo, aquejado de mareos y migrañas, viviendo junto al Dora y luego bajo la Mole Antonelliana, entre la fría y espesa niebla turinesa, sufriendo tensiones nerviosas y físicas, y sin embargo –a excepción de los momentos en los que la enfermedad lo vence– con la fuerza de la ironía y la autoironía.

- Crítico y activista.

Para 1915, “el Gramsci crítico” tiene intereses ya afianzados. Ha abandonado la universidad y se dedica por completo al periodismo y al activismo político dentro de las luchas socialistas. Afiliado al Partido Socialista, entre otras actividades, impulsa formas de asociación populares pedagógicas que sirven para instruir a los obreros en la cultura socialista; este trabajo recibe un nuevo impulso vivificador por los cambios radicales producidos por la Revolución Rusa de 1917. Entretanto, comienza a afianzarse poco a poco en él la vena de promotor y participante en primera persona de las luchas entre las distintas corrientes del partido, es también y sobre todo creador e impulsor de los Consejos de fábrica –formas de autogobierno de las fábricas por parte de los obreros inspirados por la experiencia de los sóviet rusos– a través de L’Ordine Nuovo, publicación creada junto con sus compañeros de la Universidad, Togliatti, Tasca y Terracini. El Gramsci crítico y activista es elemento fundamental para el célebre Biennio rosso (1919-1920), momento álgido de luchas obreras en Turín que cimbraron el capitalismo italiano y las formas de organización obreras (los Consejos de fábrica) son determinantes para ello. Ya para entonces había creado otras publicaciones, como La Città Futura; y participado en el Avanti!, y a veces incluso las había dirigido, como en el caso de Il Grido del Popolo. Estos años en Turín, a decir de Laurana Lajolo, son los años más felices de su vida; intensos, ricos en esperanza y de elecciones fundamentales de vida.

Para entonces, el “Gramsci en la política internacional”, después de la gran experiencia ordinovista y de los Consejos, ha madurado políticamente. De esta etapa se distinguen, por una parte, la fase moscovita, cuando acude a Rusia como representante de Italia ante la Internacional Comunista, y, por la otra, su período en Viena, desde donde consolida su papel de dirigente dentro del Partido Comunista de Italia.

Gramsci permanece en Moscú desde mediados de 1922 hasta finales de 1923. En las cartas de esta época está el desarrollo de su intención de consolidar progresivamente, a través de un trabajo de consenso, un grupo diverso que se anteponga al de su admirado Amadeo Bordiga –fundador del Partido Comunista–, para dirigir sus rumbos mientras el fascismo crece imparable. En Rusia, Gramsci conoce más profundamente la Revolución Rusa, a Lenin y a otros dirigentes comunistas y, además, es aquí donde comienza a desarrollar el concepto de hegemonía, fundamental para muchos campos de estudio en la actualidad. Por otro lado, aquejado por otra crisis, es internado en el Sierebrani Bor, un sanatorio en las afueras de Moscú. Ahí conoce a una paciente, Eugenia Schucht, pero más importante, conocerá a Julia Schucht, estudiante de música, quien se convertirá más adelante en su compañera
y con quien tendrá dos hijos. A través de su contacto epistolar podemos ver el desarrollo de su relación, las preocupaciones de Gramsci por su situación en Viena (y más adelante por la Roma tomada por el fascismo) y su eterno deseo de vivir juntos, que sólo podrá realizarse por brevísimos períodos. La llegada de Julia Schucht a la vida de Gramsci aportará al espíritu del Gramsci político internacional (y a sus cartas) algo ante lo que él mismo se maravillará: las consecuencias del amor de y por una persona, pues ¿cómo podía preocuparse por la gente y amarla si primero no se ama a una persona y se es amado por ella?, se preguntará el luchador político, en una de esas cartas. Este aspecto personal suyo, si creemos en sus propias palabras, será fundamental para darle fuerza para salir adelante y para otorgarle la energía necesaria para los combates políticos que se avecinan.

Desde Rusia, dada la imposibilidad de regresar a Italia debido a las medidas represivas del fascismo en contra del Partido Comunista, Gramsci viaja a Viena. Allí trabaja en la oficina de enlace del pcd’i y se ocupa también de dar vida a la tercera etapa de L’Ordine Nuovo, de proyectar la publicación de Critica proletaria, que por desgracia no verá la luz, pero cuyo proceso de planeación es iluminador para comprender la organización estratégica de las publicaciones del partido y el planteamiento de líneas de estrategia política a seguir en ellas. Además, también concebirá otra publicación fundamental para la izquierda (y cuyo modus operandi se ilustra en sus cartas): el diario L’Unità, que representará un esfuerzo tanto para unir a las izquierdas como para unir a obreros y campesinos. En las cartas desde Viena es de gran interés, por una parte, la mano firme y estratégica que muestra Gramsci como editor de publicaciones útiles para los fines del partido, fundamental en su forma de entender el marxismo y, por la otra, el proceso de consolidación de su labor en busca de consenso, con la ayuda del viejo grupo de Turín, para crear un grupo dirigente diverso del de Bordiga. Otro aspecto de no menor importancia es la comprensión y el análisis que despliega Gramsci acerca de papel del fascismo en la política y la vida social italianas, perspectiva única en su época, que lo caracteriza como un intérprete original de este fenómeno dentro de un partido comunista que, en 1921-1922, no estaba preocupado por la posibilidad de una dictadura fascista. En 1924 regresa a Italia gracias a la inmunidad parlamentaria debida a su elección como diputado en las elecciones del 6 de abril. Será en estos momentos que su posición prevalecerá por encima de la de Bordiga, circunstancia que lo verá como Secretario del partido, para ser, como dijera Togliatti, el jefe de la clase obrera italiana. A través de las cartas de este período vemos también la aparición en su vida de la hermana de Julia, Tatiana Schucht, maestra de Química en Roma, quien será fundamental en la vida de Gramsci, tanto desde el punto de vista afectivo como para la posterior recuperación de los escritos de la cárcel. Ella será, durante los años del cautiverio fascista, la persona más incondicionalmente cercana a él.

Por último, aparece también en este epistolario en libertad, justo antes del arresto, el interesantísimo “choque” con Palmiro Togliatti. Dicha discusión entre los dos comunistas se debió a las posiciones encontradas que ambos sostenían con respecto al conflicto que estaba teniendo lugar dentro del Partido Comunista de la urss entre la mayoría de Stalin y la minoría de Trotsky, Kámenev y Zinóviev. En palabras de Giuseppe Vacca, en estas cartas vemos la crítica comunista más clarividente sobre la política de Stalin, que se encontraba entonces en sus inicios.

- Un combatiente de a pie.

Las cartas del Gramsci libre nos transmiten casi epidérmicamente una sensación impelente de vitalidad y vehemencia. Nino –como lo llaman cariñosamente sus familiares– es el enérgico combatiente político “de a pie”, el cronista, el joven editor, el creador de publicaciones originales y necesarias, el luchador por la configuración de un Partido Comunista en Italia con una línea política que responda a las necesidades italianas de su presente, pero con una visión internacionalista.

Este Gramsci es el que se conoce bastante menos en español si lo comparamos con el Gramsci más meditativo, profundísimo filósofo, de la cárcel. Y es comprensible. El enorme drama humano, añadido al espesor teórico y filosófico que se despliega en los años de cautiverio, vuelve a la experiencia carcelaria en su conjunto –quizás– más compleja que la experiencia de vida y los escritos de un joven que se abre paso por la Italia, por la Europa, de inicios del siglo xx, hervidero de choques políticos epocales. No obstante, si se quiere entender al hombre político que fue en su entera complejidad, es crucial conocerlo en su faceta juvenil, de modo que se vuelve imprescindible conocer también los escritos, las cartas en libertad. También porque entre 1909 y 1926, años en los que Gramsci estudia, vive y combate políticamente con todo su cuerpo, tiene la misma edad de los jóvenes que ahora abarrotan, por ejemplo, las calles de Santiago de Chile en protesta, y sus ideas no han perdido actualidad. Como dice Fiori con respecto a la relación entre los Quaderni y los escritos juveniles: el Gramsci de los cuadernos será für ewig (para la posteridad), mientras que el periodista, el hombre libre, está más preocupado por los motivos contingentes de la polémica de su contexto, de su entorno. El Gramsci libre es, me parece, el Gramsci del ahora, y, agregaría yo, también de “nuestro” ahora. Un luchador que organiza las fuerzas de crítica y de combate anticapitalista.

En suma, las cartas de este joven estudiante solitario y sufrido, del periodista, del hombre enamorado, así como del novel padre de familia y sobre todo del hombre de acción política libre –el filósofo de la praxis en ciernes–, sin ataduras de ningún tipo más que las dictadas por una visión crítica en desarrollo en este mundo que a él le gustaba llamar grande e terribile, son sin duda útiles para acercarnos a estos otros Gramsci no tan conocidos.

(La Jornada Semanal)