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Hisham Al Hashemi, el hombre que ayudó a entender el Estado Islámico, es acribillado en Irak

Asesinado frente a su casa

El analista y experto en seguridad iraquí Hisham Al Hashemi era un hombre acostumbrado a las amenazas

Muere acribillado frente a su casa Hisham Al Hashemi, uno de los mejores analistas de Irak

El analista y experto en seguridad iraquí Hisham Al Hashemi era un hombre acostumbrado a las amenazas. Su gran conocimiento sobre las intimidades el Estado Islámico, sus denuncias sobre el creciente poder de las milicias pro iraníes dentro del estado irakí y su trabajo como asesor de políticos, diplomáticos y periodistas lo habían convertido en un personaje incómodo para muchos en Irak. La noche del lunes fue asesinado frente a su casa en Bagdad por hombres armados que le hicieron varios disparos y un día más tarde fue enterrado en Najaf, al sur de la capital. Muchos temen que este sea el comienzo de una nueva ola de violencia contra las voces críticas en el país.

El asesinato llegaba después de que en las últimas semanas Al Hashami, de 47 años, hubiera advertido que algunas milicias cercanas a Teherán, especialmente Kataeb Hizbulah, habían intensificado las amenazas en su contra. Así lo aseguraban ayer muchos colegas y amigos cercanos que interpretaban el asesinato como un mensaje directo para todos aquellos que luchan por sacar a Irak de la estructura política sectaria que tanto daño le ha hecho al país desde la invasión del 2003 y lo ha convertido en escenario involuntario de la guerra entre Estados Unidos e Irán.

El último objetivo de Al Hashemi era evitar que las milicias pro iraníes, que ganaron poder y protagonismo en el contexto de la batalla contra el Estado Islámico, se convirtieran en un Estado paralelo. Un comunicado del primer ministro, Mustafa Al Khadimi –que durante años ha sido cercano Al Hashami–, aseguró horas después de su muerte que no ahorraría esfuerzos en perseguir a los asesinos. Muchos analistas creen que ésta será una misión imposible y coinciden en asegurar en que el asesinato es también un mensaje para Al Khadimi, el exjefe de la inteligencia iraquí que desde la llegada al cargo de primer ministro en mayo pasado se ha puesto como reto impedir que un sector de las milicias, en concreto Hash al Shabi, actúen a su aire dentro del aparato de seguridad del país.
“Trabajaremos para que ninguna fuerza esté por encima de la ley”, aseguró después de su nombramiento Al Khadimi, que dos semanas atrás había ordenado el allanamiento a una de las sedes de Kataeb Hizbulah, la milicia más cercana a Irán y a la que se le han atribuido muchos de los ataques de los últimos meses contra las bases militares con presencia estadounidense o incluso la propia embajada de EE.UU. El exlider de esta milicia, Abu Mahdi Al Muhandis, fue asesinado junto al comandante iraní Qasem Soleimani el pasado 3 de enero en Bagdad. Desde entonces prometieron vengar al líder y expulsar a las tropas estadounidenses del país.

La historia de Al Hashemi también es la historia de la compleja realidad iraquí. Pocas personas en el mundo ayudaron tanto al entendimiento de la estructura, mentalidad y modo de proceder de Al Qaeda y el Estado Islámico como él. En el 2014 cuando Abu Baker Al Bagdadi declaró el Califato después de tomar el control de más del 30% del país, fue Al Hashami quien se sentó durante horas con periodistas, analistas de inteligencia y militares, para explicar la naturaleza de una agrupación que pocos conocían en profundidad. Ayer mismo se publicó un estudio sobre las familias de Isis en Irak justo terminado antes de su asesinato.

Pero han sido los últimos trabajos sobre las milicias pro iraníes las que pueden haberle llevado a la muerte. Ya había recibido amenazas en los últimos meses en el marco de las protestas que surgieron desde octubre en Bagdad y otros lugares del sur del país, especialmente en áreas de mayoría chiíta. Durante esos meses las milicias, muchas veces camufladas como fuerzas armadas, lideraron campañas para reprimir a los participantes que dejaron más de 600 muertos y volvieron a crear el pánico en el país con secuestros y desapariciones. Al Hashami, que estaba del lado de la calle que pedía cambio de Gobierno, tuvo que salir del país por un tiempo con su familia. Hoy le sobreviven su mujer y cuatro hijos.

(Catalina Gómez, La Vanguardia)

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