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La ideología y la verdad. Cómo salir de la naturalización del discurso neoliberal (Nora Merlin)

Nora Merlin es psicoanalista y magister en Ciencias Políticas

Semiocapitalismo bautizó Bifo Berardi a esta época, en la que la autonomía del signo perdió toda relación con la referencialidad y donde la subjetividad habita en una casi absoluta virtualidad que impacta en la sensibilidad y los afectos. El neoliberalismo consiste en un capitalismo desregulado que rechaza lo imposible, presentando precarios límites e insuficientes diques simbólicos, que determinan que todo puede ser dicho, editado y truchado. La articulación entre la digitalización de la vida, semiocapitalismo y neoliberalismo terminaron por matar la referencia; la verdad ya no consiste en una lógica argumentativa y en una relación semidicha con la referencia de lo imposible, sino que depende casi exclusivamente de la ideología.

La ideología neoliberal se recrea a sí misma en lo económico y constituye un dispositivo que tomó absolutamente la vida social cotidiana. Su mayor triunfo es haber logrado penetrar en el corazón de la subjetividad como un sistema de certezas que no se dialectizan ni se cuestionan, que se ha naturalizado al extremo de funcionar como si no hubieran alternativas. La ideología es un sistema de ideas, prácticas, creencias y sentidos cuyas raíces son inconscientes; es una categoría del sujeto que se colectiviza y tiende a la psicología de las masas, por lo que presenta una dimensión individual y social a la vez. Funciona como un marco desde donde el sujeto percibe el mundo y recorta su punto de vista, una matriz fantasmática que organiza la realidad. No se trata,como se dice, de que algunos no comprenden o distorsionan la realidad realizando una interpretación falsa de ella, sino que la ideología misma estructura la realidad social.

El fantasma ideológico, como toda fantasía inconsciente, sutura la falla del sujeto, vela lo real imposible --no la realidad--, establece una soldadura con un objeto de satisfacción y realiza un deseo de manera alucinatoria. En consecuencia, el fantasma ideológico organiza el régimen del deseo del sujeto.
La subjetividad se constituye desde estructuras simbólicas establecidas que regulan prácticas, representaciones y asignan lugares en el orden social. El dispositivo ideológico entra en funcionamiento en las prácticas sociales y reproduce las relaciones de poder existentes. Es a partir de esta red simbólica --a favor o contra ella-- que el sujeto formula su visión del mundo, pensando y actuando de determinado modo.

Sin embargo, como argumentó Jorge Alemán, hay algo anterior en la constitución del sujeto: el encuentro del cuerpo con lo traumático sexuado y mortal que Lacan denominó lalangue, que siendo lo más singular no logra ser capturado por el dispositivo de imposición.

El fantasma ideológico es una matriz ideacional que se sustenta en el goce, funcionando la fijación a un objeto de satisfacción como núcleo ideológico que tiende a la repetición compulsiva. Esto significa que la ideología no radica en el saber o la ignorancia de quien la ejerce, sino en el actuar.

La vertiente ideacional presenta un punto de capitón, “punto nodal” que totaliza una ideología, deteniendo el deslizamiento metonímico de sus significados. Se trata de una sobredeterminación que condensa el campo semántico ideológico, permitiendo significar la incorporación de nuevos elementos que son asimilados a la lógica del sistema.

Afirma Zizek que la ideología se apodera de nosotros realmente solo cuando consigue determinar el modo de nuestra experiencia cotidiana de la realidad. Sostiene que “una ideología en realidad triunfa cuando incluso los hechos que a primera vista la contradicen empiezan a funcionar como argumentaciones en su favor”. Es homologable a la concepción egosintónica de los síntomas, que caracteriza a aquellos que logran estar en sintonía con el narcicismo.

Así, por ejemplo, la intervenciónde la empresa Vicentín es interpretada según se piense desde una ideología neoliberal, neofascista o nacional popular. La nacionalización de esa compañía en default y con una deuda millonaria con el Banco Nación quedó asociada, para la ideología neoliberal, con la cuarentena y, ambas ideas, como una amenaza a la libertad individual.

La pregunta que se impone es la de cómo salir de este universo de sentido cerrado que opaca el campo real de los antagonismos de lo político y, simultáneamente, cómo restituir una relación con la verdad rechazada y degradada por la ideología neoliberal.

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