Desde ahora un animal doméstico español tiene la misma entidad legal que una persona
Ayer fue un gran día para los animales en España y para Vox en particular, que rentabiliza sin bajar del autocar las ocurrencias progresistas: desde este 5 de enero, los animales adquieren una entidad jurídica equiparable a la humana. Otra fiesta que tocará pagar a escote...
Hoy y aquí no se concibe que una buena persona no sea “animalista”. Y de un animalismo moldeado en las grandes ciudades –bancal de votos y soledades–, donde, mientras cada día viven más seres humanos en la calle, se exalta a la mascota y se le asignan sensibilidades insospechadas, fidelidades excepcionales y virtudes superiores a las de los humanos. Un gato no pide el divorcio, un perro parece que siempre escucha y nunca bebe: ¡el compañero ideal!
De entre todas las novedades –propias de país opulento– me llaman la atención un par de ellas, ya de rango jurídico: la mascota será objeto de idéntica protección que los hijos en casos de divorcio y, segundo, en accidentes o siniestros deberá ser rescatada, tratada y atendida como cualquier persona. A la vista de la praxis de muchos accidentes de tráfico o evacuaciones por incendio, gran dilema para bomberos, policías y sanitarios: ¿atiendo primero a este cachorrito tan mono o al abuelo que ya está para el arrastre, se queja de las costillas y no le viene de cinco minutos porque ha vivido mucho?
Entre maltratar a un animal y tratarlo a cuerpo de rey existe un trecho. Desde hoy, son un miembro más de la familia aunque presupongo que al animalismo le parecerá insuficiente: no existe aún una seguridad social para los animales y cuando enferman sus... ¿dueños?, ¿parientes?... tienen que rascarse el bolsillo. Ya imagino que la cosa no termina aquí, para lucro de las multinacionales de la alimentación y el bienestar animal. ¡Quién les iba a decir que España sería un mercado tan facilón!
Con estos brindis al sol, los partidos democráticos ceden votos a quien tanto dicen combatir. Si usted fuese un paria urbano o habitase en un pueblo, donde los animales han sido siempre respetados pero no idolatrados, ¿no tendría el impulso de votar a Vox cuando percibe que el sistema valora más la vida de un gato que la suya?
(La Vanguardia, 06/01/22)