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La crisis como plaga bíblica (Màrius Carol)

El presidente del Foro Económico de Davos, el alemán Klaus Schwab, dijo una frase más propia de los púlpitos religiosos que de los estrados económicos: "Pagamos los pecados de estos últimos diez años". A su juicio, los pecadores son los países del sur de Europa que con su pereza, despilfarro y frivolidad habrían atraído el justo castigo de la plaga bíblica de la crisis, de la cual sólo saldremos haciendo examen de conciencia, purgando por nuestros pecados y mostrando propósito de enmienda. En su misma línea, el último número Le Monde Diplomatique apunta que, detrás del discurso de Angela Merkel, hija de un pastor luterano, se vislumbra el factor religioso. O dicho de otro modo, su concepción está influida por su educación protestante. El economista y filósofo Max Weber calificó al luteranismo de pensamiento que facilitó la salida de la ascesis de los conventos, adonde la había confinado el catolicismo. Así que, si queremos la ayuda de Alemania, debemos volver a la senda de la virtud y de la austeridad. E incluso poner cara de restreñidos.

Weber explicó, como recuerda el artículo, que el calvinismo consiguió que sus fieles aceptaran someterse durante su vida a una estricta disciplina, invirtiendo todas sus energías en el trabajo. Por esa razón, el éxito económico pasó a ser una señal de su salvación. La fortuna en sí misma dejaba de ser condenable, aunque el hecho de disfrutar de ella estaba mal considerado. La austeridad como norma, la contención ante el placer y la enseñanza de la virtud pasaban a formar parte del manual de instrucciones de la sociedad. Weber cita el caso de un rico fabricante a quien su médico le había aconsejado comer cada día para su salud algunas ostras, pero prefirió empeorar ante el hecho de que ello suponía una suntuosidad que su bolsillo se podía permitir, pero que, en cambio, rechazaba su escrúpulo moral.

Mariano Rajoy ha hecho de la austeridad y de las reformas bandera desde el primer día, tal como le pedía Angela Merkel. En su discurso de investidura utilizó incluso un párrafo que parecía estar impregnado del mismo espíritu calvinista de la canciller, cuando ante el Congreso dijo que "nos enfrentamos a una tarea ingrata como la que atraviesan esos padres que se las ingenian como pueden para dar de comer a sus cuatro hijos con el dinero de dos". La fe (sola fides) es la base del pensamiento luterano, convencido de que Dios juzgará a los hombres por su fe antes que por sus buenas obras. De ahí que Rajoy pidiera confianza, por encima de esfuerzo y tenacidad.

Son tiempos para trabajar duro, sin descansar, aunque se nos caiga el mundo encima. Lutero lo dijo con otras palabras: "aunque el final del mundo sea mañana, hoy estamos obligados a plantar un manzano en nuestro huerto". Pero la frase podría haberla pronunciado Merkel. O incluso Rajoy en un momento de inspiración.

La Vanguardia