
El movimiento No TAV, contra la línea férrea de alta velocidad Turín-Lyon, se reactiva y extiende sus acciones por toda Italia
La tregua ha durado pocas semanas, las justas para que los violentos se reorganizaran y tomaran aliento para sus nuevos desafíos. La revuelta No TAV, contra la línea férrea de alta velocidad Turín-Lyon, se ha reactivado con graves acciones de sabotaje en el epicentro de la crisis, en Val di Susa, en los Alpes piamonteses, y protestas de solidaridad en toda la geografía italiana, desde Milán hasta Palermo.
La componente anarquista del No TAV, con ramificaciones que llegaron a los recientes alborotos callejeros en Barcelona, se ha convertido en una seria amenaza de orden público para el Gobierno técnico de Mario Monti, decidido a seguir adelante, contra viento y marea, con el polémico proyecto de infraestructura.
Se sabía que el miércoles 11 de abril era un día crítico, al quedar formalizadas las expropiaciones de los terrenos necesarios para perforar un túnel explorativo de 7,5 kilómetros de longitud, una obra previa al túnel definitivo, de más de 57 kilómetros, por donde debe circular el tren. Como en otras ocasiones, los manifestantes bloquearon en diversos puntos la autopista A32, entre Turín y Bardonecchia, una vía principal de comunicación con Francia. Hubo enfrentamientos entre los anarquistas adscritos al No TAV y la policía. Se lanzaron cócteles molotov, se incendiaron barricadas y se destruyó el sistema de iluminación y de seguridad previsto para el túnel explorativo. Los daños fueron cuantiosos. Centenares de camiones de gran tonelaje quedaron atrapados en carreteras secundarias. El bloqueo de la A32 no concluyó hasta la madrugada del jueves.
La onda expansiva del nuevo estallido en Val di Susa se dejó sentir en toda Italia. Hubo bloqueo de trenes y de estaciones, manifestaciones, ocupaciones de sedes de partidos y de oficinas de la televisión pública, RAI. Entre las ciudades afectadas figuraron Milán, Brescia, Roma, Génova y Palermo. En la provincia de Mesina se desarrolló una protesta conjunta contra el tren de alta velocidad alpino y contra el proyecto faraónico de unir la península itálica y Sicilia por un puente.
El movimiento No TAV es un fenómeno que afecta ya a varias generaciones. Las protestas se iniciaron hace más de 20 años, después de que Italia, Francia y la Unión Europea dieran luz verde a la infraestructura. Quienes se oponen argumentan que es una obra innecesaria, un despilfarro inútil, pues la actual línea férrea, trazada en el siglo XIX, está infrautilizada. Sostienen, además, que perforar los túneles entraña graves riesgos para la población local y para los trabajadores, dada la rica mineralización radiactiva de la zona. Se teme que las perforadoras y los camiones que se lleven la tierra esparzan en el ambiente, hasta llegar a la propia ciudad de Turín, polvo con mucho contenido de uranio y de amianto. También se señalan peligros hidrológicos y las molestias y daños ecológicos derivados de la contaminación acústica durante un tiempo prolongado.
Más allá de las razones legítimas del movimiento No TAV, es un hecho que grupos anarquistas y antisistema con vocación violenta han aprovechado la circunstancia para desafiar al Estado. Para estos colectivos supone una excusa perfecta para tratar de catalizar el creciente malestar social por la crisis y por el alto desempleo juvenil, y el hartazgo general hacia la clase política.
Eusebio Val, La Vanguardia