Ayer la ministra de Defensa, Carme Chacón, cerró su ciclo departamental con el desfile militar del 12 de Octubre. A partir de ahora, la política catalana va a tener que enfrentarse a muchos sinsabores. El primero, el electoral, porque, de cumplirse los muy verosímiles pronósticos de la encuesta publicada en este diario el pasado domingo, el PSC que ella encabeza en la lista por Barcelona perderá en toda Catalunya 10 puntos porcentuales (del 45,5% al 34,4%) y seis o siete de los 25 escaños que aportaba al Congreso de los Diputados. Malas credenciales para disputar a Pérez Rubalcaba el liderazgo del PSOE –también él con catastróficos pronósticos para el 20-N– si es que el cántabro, pese a una posible debacle, sigue optando a la secretaría general de la organización socialista.
El argumentario con el que sus adversarios –muchos, y más desde que se convirtió en la "niña de Felipe"– van a impugnar su futuro político es muy amplio. Como representante del zapaterismo, Carme Chacón ofrece una trayectoria intachable. En la mejor expresión del buenismo imperante bajo el republicanismo presidencial, la ministra declaró en el 2008 a un periódico francés: "Soy una mujer pacifista y el ejército también es pacifista". Lo que no ha sido obstáculo ético ni ideológico para que las tropas españolas se empleen a fondo en Afganistán –según Chacón, es una misión de paz, aunque nos lleva costados unos cuantos muertos– y nuestros F-18 estén participando activamente en la guerra de Libia, y de cuya retirada informó ayer la ministra. Entre el presidente Zapatero y ella se han cocinado la cesión de Rota al Pentágono en la estrategia del escudo antimisiles de la Alianza Atlántica, asunto que ha impactado en el PSOE como torpedo en la línea de flotación de un buque ya muy castigado como es el que timonea Rubalcaba, al que ha gustado muy poco el apaño clandestino de Zapatero y la ministra con Leon Panetta, secretario de Defensa del Gobierno de Obama.
En su cargo anterior, como titular de Vivienda, no se conoce que Carme Chacón advirtiese de la burbuja inmobiliaria, ni mucho menos que la pinchase como se ha autocriticado el candidato del PSOE, pasándole la responsabilidad, de facto, a la catalana. Que en esa condición propone ahora, y al modo de emergencia, un pacto fiscal federal para Catalunya, especie de consorcio con el Estado –ya recogido en el Estatut– para driblar el pacto fiscal que apadrina CiU. O sea, que por unas razones en Catalunya y por otras en el conjunto de España, Carme Chacón está en el alambre, con riesgo de caerse y deambular políticamente en el horror vacui. Su mayor error ha sido, sin embargo, el que muchos consideran su mejor acierto: haberse retirado –sin que previamente se hubiese presentado– de la batalla por el liderazgo del PSOE frente a Rubalcaba. Su falta de impertinencia, de arrojo y de entereza –en aras de no se sabe qué unidades internas del PSOE y qué beneficios para el Gobierno– la dejó malherida. Ahora, Catalunya, creo, va a amortizarla sin que la intensa gestión de su imagen pueda evitarlo.
- Aguirre-Gallardón.
El alcalde de Madrid, Ruiz-Gallardón, irá el 20-N en puesto destacado en la lista de la capital que encabezará Rajoy. De ahí que ahora sea entendible el acuerdo con Esperanza Aguirre para que la Comunidad gestione el metro y se aborde un reparto de competencias que evite duplicidades en la sanidad de emergencia y en la enseñanza pública. El arreglo político entre ambos ha propiciado otro de orden competencial que resulta muy racional, porque reduce gastos y optimiza gestiones. Las grandes capitales y los gobiernos autonómicos tienen que repasar en qué ámbitos se duplican y actuar en consecuencia. Barcelona y la Generalitat podrían también intentarlo.
- Sobreactuación.
Seguramente a Duran Lleida se le fue la lengua con las peonadas del PER. Pero la Andalucía del PSOE ha de ser consciente de que tiene que despegar después de tantos años de solidaridad. El propio PP –Mato, Aguirre, Vidal-Quadras y otros– no ha sido menos indulgente con determinadas situaciones socioeconómicas que allí se producen. Que el PSOE (más que el Partido Popular) quiera echar los perros a Duran por unas declaraciones pasadas de rosca huele a sobreactuación preelectoral. La acusación de xenófobo al candidato de CiU es desatinada.
La Vanguardia