Negar la evidencia no suele dar buenos resultados. Ni siquiera a los maridos que, sorprendidos in fraganti, proclaman: «Esto no es lo que parece». Por eso no entiendo que la doctrina oficial en el PP consista en negar que el discurso de Rajoy, tras el comunicado de ETA, supuso un cambio sustancial respecto a la política seguida en los últimos años y hasta hace pocos días.El líder del PP no sólo mostró su alegría por la decisión de ETA de declarar un «cese definitivo de su actividad armada», sino que fue aún más lejos al afirmar con solemnidad: «Es una gran noticia. Este anuncio se ha producido sin ningún tipo de concesión política».
Para que se tenga conciencia de la distancia que existe entre esta posición y la mantenida hasta ahora, voy a refrescar la memoria de los que insisten en que lo dicho por Rajoy es absolutamente coherente con lo que se había dicho hasta ahora.
El pasado 3 de septiembre, en Pontevedra, Mariano Rajoy declaró: «Vamos a proponer a los españoles que se impida a los quinta columnistas del terrorismo que hagan uso de las instituciones para incumplir las leyes con impunidad».
Anteriormente, el 6 de mayo, en Badajoz, el líder del PP dijo, tras lamentar la decisión del TC de legalizar a Bildu: «Mientras ETA exista, sus cómplices no pueden estar en las instituciones».
La número dos del PP y presidenta de Castilla-La Mancha, María Dolores de Cospedal, advirtió el 13 de julio en Madrid de que si su partido ganaba las elecciones «impugnaría las candidaturas y los gobiernos de Bildu».
El 29 de septiembre, la portavoz del PP en el Congreso, Soraya Sáenz de Santamaría, remachaba: «Si el PP llega al Gobierno, utilizará todos los mecanismos de la ley para evitar que Bildu esté en las instituciones».
Por su parte, el coordinador de Justicia del PP, Federico Trillo, quien llegó a decir que la legalización de Bildu por parte del TC suponía el «borrón final a una trayectoria que es la más baja que el Constitucional ha tenido en su historia», calificó el pasado 13 de julio en Madrid, a Bildu de «testaferro de ETA en las instituciones».
No les aburriré más porque las declaraciones en este sentido son amplias y diversas e insisten siempre en el mismo razonamiento: el Gobierno de Zapatero presionó a sus magistrados afines en el TC para que revocaran la sentencia del Supremo que declaraba a Bildu ilegal por ser una prolongación de ETA, como una concesión política para lograr un comunicado de alto el fuego por parte de la banda.
¿Qué hará ahora el PP con Bildu si gana las elecciones? Ayer, una de las personas más cercanas a Mariano Rajoy no me supo dar respuesta a esta pregunta.
Por tanto, a mí me parece evidente que se ha producido un cambio en la política antiterrorista.
¿Por qué Rajoy ha decidido dar ese giro? Para responder a esa pregunta no tengo mucha información, aunque sí alguna hipótesis.
En primer lugar, Rajoy no quería aparecer como el aguafiestas justo el día en el que ETA daba un paso, no irreversible pero sí importante, hacia el cese de la violencia. Hacerlo hubiera sido darle una baza al PSOE para acusarle de utilizar la política antiterrorista en campaña y ser incapaz de reconocer que Zapatero ha tenido algo que ver en ese éxito.
Rajoy y el presidente han hablado mucho de ese asunto en los últimos días. Su pacto consiste en que ninguno de los dos partidos utilizará a ETA en campaña para dar la imagen de que lo que se ha hecho es fruto del consenso de los demócratas.
Pero hay algo aún más importante. Rajoy está seguro de poder ganar el 20-N. A pesar de su prudencia, cree que puede lograr la mayoría absoluta y, por tanto, formar Gobierno. Y su Gobierno será el que tenga que gestionar el futuro en el País Vasco.
Su declaración institucional del pasado jueves no se entiende sin esa convicción de victoria y sin el estrechamiento de la relación entre el PP y el PNV y, más en concreto, sin sus conversaciones secretas con el líder del PNV, Iñigo Urkullu, de las que ni siquiera sus personas de máxima confianza tienen detalles.
El escenario político vasco se complica tras el comunicado de ETA porque Bildu/Amaiur puede obtener un resultado histórico en las elecciones del 20-N. Algunas fuentes apuntan a que podría incluso superar en votos al PNV y, por tanto, estar en disposición de gobernar en las próximas elecciones autonómicas, que en Euskadi se da por hecho que se celebrarán el próximo año.
¿Podría darse la hipótesis de un Gobierno de coalición PNV/PP? Algo impensable hace tan sólo unos meses ahora es posible.
Pero, para lograrlo, el PP tiene que abandonar la política que ha defendido hasta ahora en relación a Bildu.
Por eso, ahora el PP ya no tiene tan claro que vaya a instar su ilegalización si forma Gobierno tras el 20-N.
Rajoy sabe que una alianza con el PNV en el País Vasco (con un eventual apoyo del grupo vasco en el Congreso) serviría para «centrar» el partido y, además, podría ahuyentar el panorama de confrontación política entre nacionalistas y no nacionalistas.
Por otro lado, el PP va a tener en su mano la posibilidad de modular no sólo la política penitenciaria, sino de dar un paso que ya está exigiendo la izquierda abertzale: la derogación de la doctrina Parot.
Ese criterio mantiene ahora en la cárcel a los criminales más sanguinarios de ETA. La doctrina Parot está recurrida en el Tribunal Constitucional, que por lo que parece no tomará ninguna decisión al respecto antes del 20-N.
Tras las elecciones debería procederse a la renovación de cuatro puestos en el TC de la parte que corresponde nombrar al Congreso de los Diputados. El año que viene se renuevan otros dos que corresponde nombrar al Gobierno. Es decir, que en unos meses el PP podría tener una mayoría de magistrados afines en el TC ¿Qué hará entonces? Yo creo que la doctrina Parot acabará derogándose.
Para que la política del PP no genere frustración entre sus militantes, Rajoy debería marcar pronto las líneas rojas respecto a ETA y su mundo que aplicará cuando llegue al Gobierno.
Negar la evidencia de que se ha producido un cambio profundo en esa política da armas a los que atisban una traición a las víctimas. En un asunto tan trascendental, la claridad no sólo es útil, sino necesaria.
El Mundo