Este es el personaje que quiere gobernarnos durante la próxima legislatura o, al menos, impedir que el PP lo haga desahogadamente. El mismo que acusaba el PP de buscar electores con la lucha antiterrorista, se pone hoy al frente de ella. Decirnos, como dijo el candidato socialista a los suyos, «les hemos quitado las bombas, ahora hay que quitarles los votos», es del más barato electoralismo. Llamar, como ha llamado a las víctimas, «los héroes de Euskadi», después de haber formado parte de un gobierno que las ha ignorado, frenado e incluso dado a entender que dificultaban «el proceso de paz», es impudencia.
Con individuos así, sólo vale hablar claro y denunciar su falsedad. La primera mentira que se nos está contando es que el último comunicado de ETA significa su final. Cuando ETA no ha anunciado su disolución, todo lo más, el cese definitivo de su «lucha armada». Sin duda importante. Pero no hay que olvidar que ya anunció otras «treguas permanentes», seguidas de asesinatos. La segunda mentira es que ha sido una rendición de ETA al Estado democrático. Cuando ETA exige negociar de tú a tú no con un Estado sino con dos. O sea que, contra lo que se proclama, ha puesto condiciones. La tercera mentira es que no ha habido concesiones. ¿Qué fue, entonces, el permitir que Bildu se presentase a las últimas elecciones y no poner obstáculo a que lo haga Amaiur, su última franquicia, en las próximas? Me dirán que lo decidió el Tribunal Constitucional. Pero ya sabemos quién está detrás de él y, en cualquier caso, no hay ningún esfuerzo gubernamental para impedirlo. Por último: ¿qué es no exigir de manera rotunda la entrega de las armas, requisito de todas esas rendiciones, derrotas y triunfos de que alardean? Aparte de que ellos mismos se contradicen: ¿va a haber vencedores y vencidos o no?
Sin duda ETA está muy débil debido al acoso policial y judicial ejercido en los últimos tiempos contra ella. Pero eso ocurrió tras el fracaso estrepitoso de las «negociaciones de paz» que el gobierno Zapatero-Rubalcaba sostuvo con ella y por la presión continua de las víctimas de su terrorismo, que ahora abrazan. La prueba del algodón de su sinceridad va a ser: ¿harán caso de lo que les dicen hoy esas mismas víctimas —que mientras ETA conserve sus armas no habrá auténtica paz en Euskadi— o vamos a contar mentiras, como en toda y buena campaña electoral?
ABC