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Cumbre mundial en La Haya. Obama desdeña el poder ruso

La comunidad internacional pacta medidas contra el terrorismo nuclear

Estados Unidos saca músculo ante Rusia. “Rusia es un poder regional que amenaza a algunos de sus vecinos más cercanos no por su fortaleza, sino por su debilidad”, lanzó Barack Obama al término de una cumbre internacional sobre seguridad nuclear que se ha visto casi monopolizada por la crisis con Moscú.

“Nosotros tenemos una influencia considerable sobre nuestros vecinos y engeneral no tenemos que invadirlos para que cooperen con nosotros”, ironizó ayer, con rostro serio, el presidente de Estados Unidos, desdeñando sin tapujos el poder ruso. Las acciones de Rusia “son un problema”, sí, pero no “la amenaza número uno para la seguridad nacional de Estados Unidos”, ahondó el presidente, más preocupado por la posibilidad de un ataque terrorista nuclear en Manhattan.

Las declaraciones de Obama muestran hasta qué punto se han deteriorado las relaciones entre Washington y la comunidad internacional con Vladímir Putin a raíz de la anexión rusa de Crimea. El objetivo del G-7 y la Unión Europea es aislara Putin y hacerle “pagar por sus acciones”, como repitió ayer Obama. El uso de la fuerza no está sobre la mesa, pero si la ofensiva rusa continúa la comunidad internacional lanzará una guerra económica. “Diseñaremos las sanciones de forma que dañen al máximo a la economía rusa y lo mínimo a las nuestras”, afirmó el primer ministro holandés, Mark Rutte.

Pero, como el ministro de Exteriores ruso, Serguéi Lavrov, destacó el lunes al saber de la suspensión de las citas del G-8, Rusia y la comunidad internacional seguirán teniendo que abordar juntos algunas cuestiones globales.

Rusia está, por ejemplo, entre los firmantes de la declaración de La Haya sobre seguridad nuclear, un proyecto personal de Obama por el que en la cumbre de ayer –tercera y penúltima– medio centenar de países se comprometieron a limitar al máximo el almacenamiento de material nuclear y a tomar medidas para evitar que caiga en manos equivocadas. El desafío es enorme y los pasos de los países, pequeños (como reconocer la importancia de que el Organismo Internacional de la Energía Atómica, OIEA, haga revisiones independientes de las instalaciones), aunque Obama detectó un giro fundamental en los últimos cuatro años.

La cumbre se centró en el riesgo de que terroristas se hagan con material nuclear destinado a uso médico o desechos de centrales nucleares con el fin de fabricar una bomba sucia. Aunque la mayoría de las 2.000 toneladas de material altamente radiactivo que, se estima, hay en el mundo están bajo control militar, una parte importante se halla en instalaciones civiles. Más de treinta países se comprometieron ayer en convertir en ley las recomendaciones del OIEA sobre el tratamiento de estos productos. Bélgica, Italia y Japón están entre los estados que ayer anunciaron que se desharían de cientos de kilos de uranio y plutonio altamente enriquecido para su destrucción en EE.UU. La acumulación de material nuclear por parte de Tokio había tensado las relaciones con Pekín, que desconfiaba de las intenciones de su vecino.

La implicación de La Haya en este proyecto de Obama no responde sólo a razones diplomáticas o políticas. Holanda es, en el campo de los usos civiles de la energía nuclear, toda una pequeña gran potencia. El 30% de los isótopos médicos que se utilizan en el mundo (y el 60% del mercado europeo) se fabrican en el reactor de Petten, al norte del país. El consorcio Urenco, además, produce una gran parte del uranio enriquecido a baja intensidad que utilizan las plantas de energía nuclear de todo el planeta. Y fue en Holanda, en los años setenta, donde durante lustros se formó y trabajó sin levantar sospechas el padre de la bomba nuclear pakistaní, Abdul Qadir Khan, que en el 2004 confesó haber vendido secretos nucleares a Corea del Norte, Libia e Irán.

- El programa de espionaje de la NSA será reformado.

Barack Obama anunció ayer en La Haya su deseo de reformar el polémico programa de recopilación masiva de llamadas telefónicas de la Agencia Nacional de Seguridad (NSA) para introducir mayor control judicial. La Agencia dejaría de hacer acopio de metadatos (el equivalente al franqueo de una carta: destino, origen, fecha...) pero, a cambio, podría tener acceso con permiso de un juez a los que almacenan las compañías telefónicas, obligadas por ley, un modelo similar al que existe en Europa.

“Estoy seguro de que [las nuevas regulaciones] nos permitirán hacer lo necesario para enfrentarnos al peligro de un ataque terrorista, al tiempo que aliviará algunas de las preocupaciones que la gente ha transmitido”, manifestó Obama confirmando así la información adelantada ayer por The New York Times. La reforma reduciría el tiempo que se almacenan los datos, ya que la NSA los mantenía durante cinco años, frente a los 18 meses que marca la ley para las compañías. Pero la agencia también gana, porque las compañías telefónicas sí tienen capacidad para retener metadatos del 100% de las llamadas.

El anuncio de la reforma en plena gira europea de Obama no parece casual. El escándalo que se produjo al conocerse la amplitud del programa de espionaje de la NSA, a raíz de las revelaciones de Edward Snowden, tensó las relaciones con sus aliados europeos y es una de las razones que llevaron a Obama a planificar su primera visita a Bruselas. El presidente celebrará hoy una cumbre con la Unión Europea (en realidad, un almuerzo de trabajo) centrada en el comercio. Ambas partes negocian la firma de un acuerdo bilateral para liberalizar los intercambios y Washington quiere probar la voluntad de los europeos de llevar a término las conversaciones de forma rápida.

(Beatriz Navarro, La Vanguardia)