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Más de dos millones de catalanes votan en un acto de desobediencia colectiva

Pocas veces se han podido observar tantas sonrisas ante una mesa de votación. En el “proceso participativo” que este domingo 9 de noviembre se ha llevado a cabo en Cataluña, sucedáneo de lo que inicialmente se pretendía un referéndum y después una consulta, más de dos millones de personas han acudido con la voluntad firme de expresar su opinión sobre si Cataluña debe ser un Estado, y si este debe ser independiente. La consulta alternativa ha registrado largas colas y ha sido valorada como un “éxito” por las entidades independentistas y los partidos pro-consulta. La Generalitat ha cifrado la participación en 2.236.806 personas, con el 96,8% de mesas contabilizadas, y ha señalado que el dato final rondará las 2.250.000. Los resultados con este escrutinio casi definitivo indican un 80,76% de partidarios del Sí-sí, un 10,09% del Sí-no, y un 4,54% del No.

La jornada se ha desarrollado con tranquilidad, pese a incidentes aislados, y ha tenido una gran repercusión internacional. Alrededor de 800 periodistas extranjeros la han seguido desde el centro de medios habilitado en Barcelona. El Gobierno central ha expresado que no da “ninguna validez” a los datos ofrecidos por la Generalitat. El ministro de Justicia, Rafael Catalá, ha comparecido finalizada la votación para calificar al proceso participativo de “propaganda política” y subrayar que el Ministerio Fiscal lo está investigando.

El presidente de la Generalitat, Artur Mas, se ha atribuido la responsabilidad del 9-N: “Si la Fiscalía quiere conocer quién es el responsable de abrir los colegios, que me miren a mí. El responsable soy yo, y mi gobierno”, ha respondido a los periodistas. Mas ha sido recibido a gritos de “president, president” en la Escola Pia Balmes, de Barcelona, cuando acudía a votar poco después de las 11 horas. Sobre la denuncia presentada por UPyD, Mas ha retado: “Ladran luego cabalgamos, que vayan presentando demandas”.
Cientos de miles de ciudadanos han protagonizado este acto colectivo de desobediencia en Cataluña. Desde primera hora de la mañana, el sentimiento predominante en las calles ha sido de ilusión. Un gran aplauso se ha repetido en las colas frente a los centros de participación, 1.317 en toda Cataluña, cuando a las 9 en punto de la mañana se han abierto las puertas. Entre los asistentes, una sonrisa desobediente de complicidad: la suspensión de la jornada decretada por el Tribunal Constitucional no ha tenido efectos en la calle.

“Ya puede votar”, informaba el gestor de una de las mesas situadas en la escuela Drassanes del centro de Barcelona al primer votante del día, Manu. Llevaba desde las 7.50 horas frente al colegio, más de una hora antes de la apertura. Se confesaba “muy satisfecho” por haber podido acudir a depositar una papeleta en una urna, aunque sea de cartón. “Muy contenta de venir hoy, además es la escuela donde fueron mis hijos, lo que lo hace un poco más especial”, expresaba Elvira, vecina del barrio Gótico de Barcelona que hace décadas que regenta junto a su hermana un comercio de alimentación. Saludaba a varios de los vecinos que la acompañaban en la cola frente a la escuela Sant Felip Neri. A mediodía, en muchos de los colegios había más de una hora de cola para depositar el voto.

El unico incidente destacado se ha producido a media mañana, cuando cinco encapuchados han irrumpido en la Escola d’Hosteleria de Girona y han tirado una urna al suelo. Los votantes han retenido a uno de ellos y el resto han sido detenidos por los Mossos d’Esquadra, y han quedado en libertad con cargos. Algunos institutos habían amanecido con silicona en la cerradura para evitar que abriesen, unas incidencias que se han resuelto rápidamente. También han aparecido pintadas en contra de la consulta. Algunos centros, como el IES Pedraforca de L’Hospitalet de Llobregat o la Salle en Barcelona, no han abierto las puertas porque el director no ha acudido con las llaves. En estos casos, se han habilitado puntos alternativos para que los vecinos que tenían asignados estos centros pudiesen depositar su voto.

Cerca de 7.000 agentes de los Mossos d’Esquadra han patrullado las calles para controlar que no se produciesen incidentes. Se han mantenido a una distancia prudencial de escuelas, institutos y locales municipales. No han identificado a ninguno de los voluntarios que este 9-N llevan a cabo el proceso. La fiscalía del Tribunal Superior de Justicia de Catalunya (TSJC) había abierto diligencias informativas este sábado para identificar a los responsables del 9-N, y pidió a los Mossos que identificasen los puntos de votación y los responsables de ceder las llaves para abrirlos. También solicitó a la empresa Unipost “la hoja de encargo, contrato y otros documentos” relacionados con la distribución de propaganda de la consulta, así como la persona o entidad que suministró “el listado de destinatarios o el mecanismo por el que obtuvo dicho listado”. Finalmente, no ha ordenado detener el proceso.

Unión Progreso y Democracia (UPyD) ha presentado este domingo una demanda contra Artur Mas, la consellera de Ensenyament, Irene Rigau; y el conseller de Interior, Ramón Espadaler, por desobediencia y prevaricación. En la denuncia instaba a ordenar a las Fuerzas de Seguridad del Estado a proceder al “desalojo y cierre” de los centros de votación “con el uso proporcional de la fuerza si fuera menester en caso de resistencia”. Sociedad Civil Catalana y Plataforma per Catalunya (PxC) también habían presentado denuncias pidiendo que se clausurasen los centros. La Fiscalía Superior de Catalunya ha considerado que la retirada de las urnas es una medida “desproporcionada” y ha instado a los juzgados que han recibido estas denuncias a que no tomen esta medida. El magistrado Gonzalo de Dios, que ha recibido las denuncias de PxC e UPyD, ha rechazado retirar urnas.

Más allá de los resultados, la jornada se iba a leer sobre todo en términos de participación. Varias personalidades catalanas habían expresado que hoy no acudirían a votar, como el cantante Joan Manuel Serrat, para quien este 9-N “más que una consulta parece una manifestación”.

(Brais Benítez, La Marea)