Más de 7.000 entradas y 350.000 visitantes desde el 9 de octubre de 2011

Hacienda acusa a De la Rosa de ocultar comisiones de los Pujol

Afirma que el financieron y sus hijos cobraron 2,6 millones de Oleguer Pujol en varios paraísos fiscales

La Agencia Tributaria denuncia por delito fiscal al ex financiero catalán Javier de la Rosa y a sus hijos Javier y Gabriela por ocultar en paraísos fiscales al menos 2,6 millones en comisiones que cobraron de los Pujol.

Hacienda considera acreditado que el grupo inversor que lideraba Oleguer Pujol Ferrusola pagó seis millones de euros en Holanda por asesorías supuestamente ficticias al comprar en 2007 todas las oficinas del Banco Santander.

Tras seguir el rastro del dinero, Anticorrupción y la Policía descubrieron que los grandes beneficiarios de estos fondos, que fueron abonados a la sociedad instrumental holandesa Marway BV, son dos hijos del empresario que fuera íntimo del ex presidente de la Generalitat Jordi Pujol Soley.
Pese a que los cobradores oficiales fueron sus hijos, Hacienda atribuye por primera vez toda la operativa al padre, que se encuentra en la lista de morosos del Fisco español. El dinero pasó de Holanda a Panamá e Islas Vírgenes Británicas, para acabar oculto en Suiza.

Los investigadores cuestionan la veracidad de las asesorías prestadas por los De la Rosa a los Pujol y sospechan que el pago responde a un ajuste de cuentas entre ambas familias.

Hacienda considera acreditado que el padre y sus dos hijos intervinieron en la operación de compraventa de oficinas del Banco Santander por parte de la plataforma inversora liderada por Oleguer Pujol Ferrusola. Pero que, además, resultaron beneficiarios de un paquete de comisiones que ascendió en su conjunto a seis millones de euros.

Estos fondos, que fueron repartidos entre los miembros de la familia De la Rosa y otros empresarios, fueron ocultados al Fisco español y se sospecha que no corresponden a ningún servicio prestado de manera efectiva.

Cabe recordar que De la Rosa, tal y como declaró él mismo a finales de 2012 ante la Policía, mantenía una estrecha relación con Jordi Pujol Soley mientras éste era presidente de la Generalitat y él mismo se presentó como uno de los grandes financiadores del histórico líder nacionalista.

De la Rosa llegó, incluso, a revelar que fue él quien, siendo «cliente de Thierry Lombard», le presentó al banquero a Pujol después de que le dijera que «quería abrir alguna cuenta en la entidad Lombard Odier». Por ello, detalló el ex financiero, «a mediados de 1991, en uno de los viajes de Lombard a Barcelona, le acompañé a éste a la sede de la Generalitat, donde le presenté al señor Pujol, que contrató alguna cuenta» en Suiza. Poco después, De la Rosa matizaría sus palabras en sede judicial.

Los pagos que ahora se investigan, y que tienen el sentido inverso, se instrumentaron a través de sociedades pantalla holandesas, entre las que destaca por encima del resto la denominada Marway BV. Estas entidades derivaron a su vez los fondos a otras, también instrumentales, controladas por los hijos de De la Rosa, condenado por apropiación indebida en el denominado caso Kio y que se encuentra en estos momentos en la lista de morosos de la Agencia Tributaria al adeudar 9,5 millones.

De esta forma, el dinero pasó, tal y como han acreditado ya los investigadores, por Holanda, Panamá, Islas Vírgenes Británicas o Suiza. Del montante total de comisiones, la Agencia Tributaria estima que el ex financiero y sus hijos percibieron de forma directa al menos 2,6 millones de euros que nunca fueron declarados.

El informe de Hacienda sobre esta operación, al que ha tenido acceso EL MUNDO, considera acreditado que «Javier de la Rosa Martí realizó gestiones a favor de los intereses de Oleguer Pujol». Pero también que su hijo «Javier de la Rosa Misol era un interlocutor» y que su hija Gabriela intervino en el cobro de las comisiones.

Por todo ello, la Agencia Tributaria «entiende» que «la obtención de la comisión y, por tanto, de la renta, debe corresponder a las personas que participaron en la operación: esto es, Javier de la Rosa Martí, Gabriela de la Rosa Misol y Javier de la Rosa Misol por terceras partes (892.753,83 euros a cada uno)». Al mismo tiempo, atribuye el cobro de otros 2,6 millones de euros a uno de sus socios en estas labores de supuesta asesoría, José María Villalonga, propietario de la inmobiliaria catalana Vica.

«Ninguna de las cuatro personas declaró las rentas obtenidas por su participación en la operación Brick (que es así como se bautizó la compra de las oficinas del Banco Santander)», concluye Hacienda, que hace especial hincapié en la figura del hijo de De la Rosa.

«Hay que mencionar que Javier de la Rosa Misol presentó declaración extemporánea por el IRPF correspondiente al ejercicio 2012 con fecha 29 de abril de 2016». Paradójicamente, poco después de que supiera que la Audiencia Nacional estaba investigando la participación de su padre en la referida compraventa multimillonaria.

Explica Hacienda que, en primer lugar, De la Rosa Jr. declaró en dicho ejercicio una renta de 2,4 millones de euros que el Fisco «desconoce de dónde proviene y por qué es declarada en este ejercicio». Pero es que el mismo día también confesó a Hacienda disponer de 2,4 millones de euros en «depósitos y participaciones situados en Guernsey, Tórtola y Reino Unido» que hasta entonces no habían sido declarados oficialmente.

Destaca a su vez el Fisco que De la Rosa Jr. realizó todavía otra declaración complementaria. Esta vez el 5 de mayo de este mismo año declarando la tenencia de 2,5 millones de euros en «depósitos bancarios» e «instituciones de inversión colectiva».

Tras realizar los cálculos de lo defraudado por cada uno de los miembros de la familia De la Rosa, la Agencia Tributaria concluye que «supera ampliamente el importe de 120.000 euros previsto en el artículo 305 del Código Penal», que regula el delito fiscal.

Así, a De la Rosa Martí le atribuye una cuota defraudada de 375.764,54 euros; a su hija Gabriela, de 397.782,83 euros, y a su hijo Javier, de 397.146,17 euros.

Antes de conocer las conclusiones de Hacienda, la Fiscalía Anticorrupción solicitó hace varias semanas la declaración como investigados de los dos hijos de De la Rosa por su aparición en la operación Brick y el juez Santiago Pedraz se encuentra a la espera de un último informe procedente de la Unidad de Apoyo del Ministerio Público para resolver la solicitud.

La Unidad de Delincuencia Económica y Fiscal (Udef) de la Policía concluyó después de examinar las comisiones de la compraventa de las oficinas del Santander que se emplearon sociedades «como pantalla con el fin de dificultar la identificación de las personas físicas perceptoras derivadas de la compra de los inmuebles». La operación Brick ascendió a más de 2.000 millones de euros y constituye una de las más importantes de la historia de España.

Anticorrupción está a la espera, además, de que el juez Pedraz conteste a su petición de unir la investigación de las operaciones inmobiliarias de Oleguer Pujol, que hasta el momento se investigan en el Juzgado de Instrucción número uno de la Audiencia Nacional, con las del resto de miembros de su familia, que se siguen en el cinco.

Toda vez que, como recuerdan los fiscales, «Oleguer Pujol introdujo en sus operaciones inmobiliarias fondos provenientes de un lugar común a sus hermanos», en referencia a Andorra, donde ha sido descubierto el grueso de la fortuna oculta del clan catalán.

El testimonio que inicia el caso. De la Rosa compareció a finales de 2012 ante la Udef y confesó haber ayudado al ex presidente Pujol a abrir una cuenta en Suiza en su despacho oficial al presentarle al banquero Thierry Lombard.

El desmentido. A la vista de su declaración policial, el ex financiero fue citado en el juzgado para que ratificase su declaración policial. Curiosamente, De la Rosa se desdijo y precisó que no podía asegurar que Pujol tuviera cuenta en Suiza.

El ajuste de cuentas. Pujol Jr. ordenó pagar comisiones a De la Rosa al comprar las oficinas del Santander. Justificó los pagos por sus gestiones para conseguir el negocio pero los investigadores creen que se trata de un ajuste de cuentas entre ambas familias.

(Esteban Urreiztieta, El Mundo)