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Después de diez años, las madres de plaza de mayo retomaron la marcha de la resistencia. "Esta marcha es por los compañeros sin trabajo"

“Hola ma, ya estoy en la plaza, te espero al lado de la pirámide.” Jimena le manda las coordenadas vía WhatsApp a su mamá mientras mira hacia arriba y recorre con la vista las banderas que, a minutos de las 17, ya plantan presencia de organizaciones sindicales –CTA, Ctera, Suteba– en el regreso de la Marcha de la Resistencia. “La plaza” no es otra que la Plaza de Mayo y la marcha, que nació allí mismo en 1980 en reclamo por los crímenes de la última dictadura cívico-militar, regresó con un nuevo objetivo, “por el derecho a trabajar, resistir sin descansar”. “Recuerden que esta marcha no es para pedir por los milicos, por los juicios, sino por los compañeros que no tienen trabajo”, advirtió Hebe de Bonafini tras inaugurar la ronda y pidió a los asistentes “cantar la consigna hasta quedarse afónicos”.

La aclaración de la presidenta de la Asociación Madres de Plaza de Mayo llegó tras la ronda inaugural del regreso de la Marcha de la Resistencia, que hacía una década que no giraba en torno de la Pirámide de Mayo, y buscó reencauzar el objetivo político de la caminata ininterrumpida de 24 horas que culminará esta tarde. Es que Plaza de Mayo, pañuelos blancos y rondas son tres elementos de un campo semántico que muchos argentinos y argentinas tienen aprendidos. “Madres de la Plaza/ el pueblo las abraza”, nació de las voces que acompañaron los primeros pasos de ayer y se oyó con fuerza durante la primera vuelta, al igual que “a pesar de las bombas/ de los fusilamientos/ los compañeros muertos, los desaparecidos/ no nos han vencido”. La advertencia de Bonafini cambió el repertorio: “Esta no es la marcha de las Madres, ustedes no vinieron a acompañar a las madres, vinieron a acompañar a los hombres y mujeres que no tienen trabajo”, puntualizó y reclamó a los asistentes “cantar la consigna hasta quedarse afónicos”. Entonces, la caminata marchó al compás de “olé, olé, olá/ por el derecho a trabajar/ junto a Cristina resistir sin descansar/”.

Para cuando Jimena se encontró con Claudia, su mamá, la ronda inaugural que había nacido a las 17 en punto en Rivadavia y Reconquista estaba pasando frente al Cabildo. En su regreso, la Marcha de la Resistencia abandonó la circularidad en torno de la Pirámide de Mayo y, ganándole a las vallas que se extendieron más allá de la usual clausura de la mitad de la Plaza de Mayo por las calles laterales para impedir todo acercamiento a la Casa Rosada, avanzó por el asfalto, dibujando un redondel más grande aún. “Ella era chiquita cuando se dejó de hacer la marcha de la resistencia, entonces no la traía. Ahora le toca”, evaluó Claudia. Más tarde, Bonafini reflexionaría en el mismo sentido, aunque de manera general. “No paren de caminar, el objetivo es dar vueltas sin parar hasta mañana. Nosotras ya no podemos hacerlo, pero ustedes serán nuestras piernas”, agitó.
“¿Por dónde nos metemos?”, Aurelia le preguntó a su esposo, Raúl, que la sostenía de la mano, como buscando algún hueco. “Vení, vamos atrás”, le respondió el hombre. El matrimonio explicó que participó de la última edición de la marcha, en 2006 y coincidió con las Madres en que “hoy había que volver” porque la presidencia de Mauricio Macri “está destruyendo cada uno de las cosas que se solucionaron desde que Néstor (Kirchner) llegó” a la Casa Rosada. “Estamos contentos de estar acá, no por los motivos, pero sí por la resistencia”, remató Aurelia. Se mezclaron entre banderines de la Asociación Madres de Plaza de Mayo, banderas de La Cámpora, ATE, Peronismo militante y Unidos y Organizados.

El frente de la primera vuelta estuvo reservado a las mujeres de pañuelo blanco y a figuras del arco político. En ese giro número uno, las Madres estuvieron acompañadas de los referentes kirchneristas Andrés “Cuervo” Larroque, Martín Sabbatella, Edgardo Depetri y Ariel Basteiro. También caminaron el ex diputado Carlos Raimundi y el legislador José María Campagnoli; el radical Leopoldo Moreau y la legisladora porteña Lorena Pokoik. Campagnoli fundamentó su presencia en la convocatoria de las Madres, “para decirle basta a este modelo de políticas antipopulares, que generan tarifazos, desocupados e injusticias, y expresar que queremos vivir en un país en donde entremos los 40 millones de argentinos”. “La defensa del trabajo y de los trabajadores va a ser el eje de la defensa del proyecto que funcionó durante 12 años y que ahora está en riesgo”, agregó. En ese sentido, Sabbatella, agregó que “las Madres son un símbolo de lucha desde siempre vuelven a mostrar el camino en la lucha contra la política económica que expresa un gobierno que viene a hacer una brutal transferencia de recursos de los sectores populares a los más ricos del país, que son los que están gobernando. La consigna hoy es defender los derechos, ellas nos invitan a no retroceder”.

Para cuando Patricia llegó a la Plaza, la marcha iba por su tercera ronda y el número de caminantes se había triplicado. Se paró a un costado y esperó a encontrar un hueco para poder sumarse. “Pensar que hace un tiempo estaba contenta, me decía ‘me puedo morir tranquila ya que le dejo un país maravilloso a mis hijos’ y entonces, la puta madre, todo vuelve a empezar, ahora voy a tener que vivir cuatro años más”, compartió la sensación, mientras dio los primeros pasos en la ronda de la que nunca antes había participado. “No milité en los 70 por cagona, así que ahora tengo que hacer lo que entonces no”, completó. Bonafini compartió la tercera vuelta a la plaza con los ex funcionarios kirchneristas Oscar Parrilli y Tristán Bauer. También caminó a la par la fiscal Cristina Caamaño.

Mientras el sol se despedía, las chapas calientes empezaban a hacer bailar las primeras cebollitas y a calentar los primeros choris y patis, que volvían a hacer suya la Plaza de Mayo. No sería el único menú con el que contaría quien decidiera pasar la noche caminando o de vigilia. En otro sector, un grupo de militantes de La Néstor Kirchner cortaba papas, zapallos, batatas y los hacía a un costado. “En un rato ya ponemos todo a cocinar un rico guiso de lentejas”, contaron.

La compañía no sería solo culinaria: Desde el humilde escenario instalado a un costado de la pirámide, el mismo desde el que esta tarde cerrarán la marcha Bonafini, “Mario Secco, intendente de Ensenada; por los trabajadores, Edgardo Depetri; por los políticos, Agustín Rossi y por la juventud, Máximo Kirchner”, como explicó la propia titular de la asociación, cantaron “para acompañar las rondas”, Horacio Fontova, Víctor Heredia e Ignacio Copani, entre otros músicos. También desfilaron actores y escritores.

Lucio se sumó en el cuarto giro, cuando la cantidad de caminantes casi cubría todo el círculo a recorrer. “Las madres son sagradas, y qué lucidez que tienen para detectar que el pedido al trabajo es el reclamo más importante hoy en relación con los derechos humanos, porque sin trabajo, ¿cómo comes, cómo te vestís, cómo te educas?”, se preguntó. Alberto, que llegó temprano a microcentro junto a su esposa, Graciela, desde Lanús, responde con el cartel que muestra como estandarte la consigna “Macri o paz” a la pregunta de Página/12 sobre las razones personales para marchar ayer. “Entendemos que sin trabajo y sin dignidad, la paz es una meta difícil de alcanzar. Y queremos paz”.

(Ailín Bullentini, Página 12)