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España choca de nuevo contra el muro del USA Team y peleará por el bronce

Era demasiado bonito para ser verdad. Esta España osada, rebelde, heroica en su desafío al imperio. Leyenda aunque volviera a caer, con la frente bien alta aunque que esta vez, a diferencia de las dos últimas finales olímpicas, no fuera capaz de vislumbrarse con alguna opción real ante la puja del USA Team. Pese a que fue el resultado más ajustado (76-82). No hubo resquicio porque es imposible sin Pau Gasol pleno físicamente, más con la sombra del partido del domingo (16.30 horas) por el bronce. Ahí se despedirá una época y merecería hacerlo como acostumbra, con una medalla al cuello, un bronce que sirva como homenaje y como acicate para el porvenir.

La selección colisionó con el muro de siempre. Podría suponer una frustración eterna y, sin embargo, es también gloria haberse convertido por méritos propios en el antagonista de los herederos del Dream Team. En su versión 2016 se han mostrado más trémulos que nunca, con algunas dudas en la primera fase que alimentaron la esperanza. Pero ante España, sabedores de la amenaza, con las dos últimas finales bien presentes, los chicos de Mike Krzyzewski se lo tomaron como algo personal. Más concentrados, con la seriedad de una final anticipada. No pudo replicar España a eso, porque tampoco era el día. Hace falta la excelencia propia y la debilidad ajena. Y, además, la fortuna.

- Celo arbitral.

Si el regusto de 2008 y 2012 había sido de espectáculo supremo, de un tú a tú sin complejos ni ataduras, en el Carioca 1, sobre todo al amanecer, los árbitros no dejaron el espacio que necesitan los verdaderos protagonistas. En un triste exceso de celo, colapsaron la primera mitad con interrupciones, avisos y técnicas hasta desquiciar a unos y otros. Y anular a Mirotic (tres faltas y una técnica en nueve minutos), que pasaba por ser uno de los bastiones ofensivos de Scariolo.
España aplicaba bien la teoría, en ambas canastas, pero le lastraba un agujero mortal. El rebote era un billete en el Titanic, una pesadilla, concediendo segundas oportunidades -hasta 13 ofensivos al descanso, 21 en total- a quien no las necesita. Lo aprovechó Klay Thompson, brillante, un dardo al que le basta un suspiro para lanzar. Ni siquiera estar medianamente equilibrado. En este torneo de dientes de sierra para él, fue ante España uno de sus días más dulces.

Hubo un par de momentos de zozobra (20-30, min. 14), pero a la selección, que había buscado descaradamente a Gasol en ataque, la rescató esta vez la segunda unidad, con un Willy cada vez con más cuajo y un Navarro que agarró la responsabilidad desde su experiencia. Un postrero triple de Klay dejó la distancia en seis puntos al descanso, aún como una página en blanco por escribir.

Una desventaja que permitía maniobrar, en términos no muy distintos a los de Londres (-1) y Pekín (-8) a esas alturas. Iba a ser una cuestión de pura resistencia física. Estados Unidos no aplastó a España, la agotó hasta el extremo de dejarla sin respuesta, sin ese último arreón que la permitiera soñar. Con la sensación de que, con muy poco, algo más de acierto, algún recambio que aportará todavía más pujanza desde el banquillo, algunos años menos, Marc Gasol o Ibaka... todo hubiera sido distinto. Porque estos chicos de Coach K evidentemente están por debajo de sus anteriores versiones olímpicas.

- DeAndre Jordan, dueño de la pintura.

La selección fue digna hasta la misma orilla, sin recibir el mazazo que la hubiera hecho tirar la toalla. Sin rastro de humillación. Perdió porque no pudo acercarse. Lo más que se arrimó en la segunda mitad fue el 55-61, en el rato que Cousins se cargaba de faltas pero DeAndre Jordan causaba pavor en las dos pinturas con su inmensidad, que no su talento. Se movía el duelo en distancias aceptables, porque todos los esfuerzos de Scariolo estaban en la defensa. Iba a lograr dejar al USA Team y sus infinitos recursos en 82 puntos, con sólo sus tres puntales por encima de 10 (Durant, Irving y Klay).

Fue en el inicio del acto definitivo, con Gasol descansando, cuando se despistó España. Un par de minutos que iban a ser mortales, pues se acababa ya el tiempo de reacción (57-72). Dolía comprobar a un motor de explosión como el de Llull exhausto sobre el parqué. Se estaban dejando la vida, como si estuvieran en la fase terminal de una pelea callejera en la que ya no queda más que respiración jadeante. Y sin recompensa.

Con la evidencia de la derrota, Scariolo siguió tirando de pizarra, orden y disciplina. Ninguna concesión más allá de un par de minutos de reposo para Pau. Se despidió España del oro con la cabeza altísima, embistiendo hasta la muerte, en la menor distancia de los últimos años en el marcador con EEUU (en su derrota olímpica número 11 contra ellos), pensando sin duda en el duelo contra Serbia o Australia. Consciente de que a este nivel, acabarán con triunfo, con otra medalla igual de dorada que las anteriores de plata.

(Lucas Sáez-Bravo, El Mundo)