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Hasta Euskal Herria y más allá (Aitor Pescador Medrano)

Historiador

Hace seis años ya tuve la oportunidad de publicar un artículo en referencia a la «identidad de Navarra» que se estaba estableciendo por aquel entonces en los libros de texto aprobados por el Gobierno de Navarra. Ahora vuelve a surgir la polémica por un mero término, un concepto que absolutamente nadie negó ni discutió hasta que en 1936 los miembros dirigentes del golpe en Navarra decidieron crear una «Covandoga insurgente» que negase sus propias raíces. Una cueva, que eso es Covadonga, foral que ellos se iban a encargar de disfrutar, mantener y alimentar… y que finalmente se convirtió en un «corralito».

Euskal Herria, un concepto o modelo de identidades compartidas, no fue borrado del mapa, sino prohibido políticamente por un mal llamado consejero de «Educación». Este consejero y su partido político negaron la existencia de un término utilizado ya hacia 1565 por Joan Pérez de Lazarraga y definido con claridad por el alto navarro Pedro de Agerre o Axular en 1643, cuando describió las diferentes formas que había de hablar el euskara en Euskal Herria (las tierras de la Alta Navarra, la Baja Navarra, Lapurdi, Zuberoa, Alava, Bizkaia y Gipuzkoa, añadiendo que incluso se hablaba todavía en otros muchos lugares). Salvo que asumamos el apriorismo histórico de que Axular fue un pre-abertzale influenciado por Arana y Krutwig, pese a que ambos nacerían cuatro siglos después que el de Urdazubi, no puede entenderse la afirmación de que Euskal Herria no es sino una mera aspiración política del independentismo abertzale o llegar al absurdo de decir que no existe.

Una vez abierta la brecha se deben revisar muchos de los discursos históricos que se han venido construyendo. Esas medias verdades que en su día se instalaron como axiomas que alimentaron un paletismo bobalicón, que alcanzó su mayor grado de excelencia con aquel «Navarra es Navarra», que solamente puede ser traducido con un «Navarra es y será lo que nosotros queremos que sea». La dichosa frase se convirtió en un mantra político para la derecha regionalista, a sabiendas de que su talón de Aquiles no es tanto el término Euskal Herria como la realidad de la Navarra histórica. Esa Navarra que fue el único referente político de Euskal Herria, el único estado independiente en el que han vivido las gentes del euskara. Esa Navarra que se han querido apropiar con conceptos como «Navarrísimo», pero que muchos les disputamos, porque Navarra es el Estado a recuperar.
No puedo olvidar lo que ya dije en 2010 en referencia a libros de texto utilizados en institutos de Navarra como el de Barañain. Por aquel tiempo en segundo de la ESO se estudiaba un libro titulado «Demos. Ciencias sociales, geografía e historia», editado por Vicens Vives. En referencia a la invasión y conquista de Navarra (pág. 104) esto es lo que se les enseñaba a los alumnos: «Castilla y Francia presionaron a Catalina con pactos matrimoniales. Al final, Catalina se casó con Juan de Albret, candidato francés, sin consultarlo al reino. Esto disgustó al pueblo, que no los apoyó cuando las tropas castellanas de Fernando el Católico ocuparon Navarra en 1512».

Lo que se infiere de este texto es claramente que «el pueblo navarro» fue el encargado de rechazar a sus reyes y admitir en su seno al bueno de Fernando, quien solo trajo un ejército de más de 14.000 hombres para dar a Navarra «gobernabilidad y estabilidad». Eso no es nada. Cualquiera puede excusarse diciendo que quien escribió ese texto era un profundo desconocedor de la historia de Navarra y que en el momento en el que se editó, el departamento de Educación estaba inmerso en su particular «Pokémon Go», o mejor «Pokémon EH», buscando los libros de texto en los que aparecía el satánico término de «Euskal Herria».

A quien tenga curiosidad le invito a consultar la siguiente dirección del departamento de Educación del Gobierno de Navarra, ese que durante tantos años defendió la identidad de Navarra (http://dpto.educacion.navarra.es/elmundodejavier/#), en la que se muestra la vida de Francisco de Xabier. En dicho texto, destinado sobre todo a chicos y chicas en edad de aprender, se hace una breve referencia histórica al tiempo en el que Francisco de Xabier vivió. En el apartado sobre la historia del castillo se dice lo siguiente: Tras la anexión de Navarra a la corona de Castilla (1512), los hermanos de Francisco, Juan y Miguel, participaron en 1516 en el intento de restaurar la monarquía navarra. ¿Anexión? Los autores se quedaron cortos… ¿por qué no feliz unión?

El siguiente capítulo está titulado, tiene narices, «Los Jaso y la incorporación de Navarra a Castilla». ¿Incorporación? ¿Lo entendieron así el mariscal de Navarra o los hermanos de Francisco de Xabier o Jaime Vélaz de Medrano o Carlos de Mauleón o tantos otros navarros que se alzaron en armas?

El texto, reitero editado por el Gobierno de Navarra, continúa con una de sus mejores perlas: Fernando el Católico, con la excusa de que Navarra no apoyaba al Papa en su guerra contra el rey de Francia, envió al duque de Alba con un Ejército formado por soldados vascongados (entre ellos Ignacio de Loyola) que, con ayuda de los navarros beamonteses, ocupó el reino sin apenas resistencia.

¡Ay Dios! ¿El de Loyola estuvo en 1512 en Navarra? Primera noticia tú. En 1521 sí, pero se ve que era tal el ansia del autor de asociar la conquista de Navarra a vascongandos de renombre, que no le quedó más remedio que tergiversar la Historia para salvaguardar la «identidad» de Navarra. ¡Rediós! ¿Solamente soldados vascongados? ¿Y qué hacemos con el coronel Cristóbal Villalba, el comendador Rengifo, los más de dos mil hombres de caballería castellana, dirigidos por nombres tan insignes como Pedro Manrique, el duque del Infantazgo o el duque de Alburquerque? ¿Por qué les negamos el honor de haber estado allí a las coronelías provenientes de Bugía (Argel) o a las milicias traídas desde Alcalá de Henares, Burgos o Santander?

Con este minúsculo aporte de tergiversaciones históricas puede mostrarse realmente cuál es la «identidad» de Navarra que pretenden defender e instaurar aquellos que niegan un concepto tan asumido a nivel histórico como es el de Euskal Herria y no digamos ya el de Navarra como sujeto de derecho político. Me quedo sin hablar de cómo se muestran en los libros de texto el Alzamiento Militar, los crímenes cometidos en Navarra entre 1936-1939 o los 40 años de represión asesina y brutal del Franquismo, pero es otra de las grandes deudas democráticas que se deben abordar, ahora que se ha comenzado a recuperar la Historia de Navarra.

(Gara)