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Un testimonio creíble sitúa los restos de "Naparra" en Mont-de-Marsan

Uno de los casos más opacos e inquietantes de la guerra sucia en Euskal Herria podría estar en el inicio del fin del esclarecimiento. La familia remarca que alberga «razonables esperanzas» de hallar al fin el cuerpo de José Miguel Etxeberria Naparra tras la pista más sólida aparecida en 36 años, desde el 11 de junio de 1980 en que se vio por última vez a este militante de los Comandos Autónomos Anticapitalistas.

Se trata de información aportada por una persona ligada a «las cloacas del Estado», cuya identidad no ha trascendido por ahora, al periodista Iñaki Errazkin, y a su vez hecha llegar por este al abogado de la familia. Tras algunas comprobaciones, especialmente la inspección ocular del lugar en que se ha ubicado su enterramiento, Iñigo Iruin ha decidido pedir la reapertura del sumario en la Audiencia Nacional. Y concreta varias diligencias que debieran concluir lógicamente en la intervención en el lugar por si hubiera restos humanos que exhumar y pertenecieran a Naparra.

Acompañado del forense Paco Etxeberria y de Eneko Etxeberria, hermano del militante desaparecido, Iruin contó ayer en Donostia lo que puede difundir por el momento sobre el caso sin perjudicar a la investigación. La persona que ha aportado la información fue calificada como «fuente confidencial», pero eso no significa que sea anónima, sino que se conoce su identidad. Es de nacionalidad español pero reside en un país sudamericano y «tuvo relación con las actividades de terrorismo de Estado o al menos con personas» que las practicaban.
En cuanto al lugar, ha sido inspeccionado visualmente por Iruin y Etxeberria. El abogado se limitó a avanzar que está al norte de Mont-de-Marsan, en Las Landas, a aproximadamente una hora de Ziburu, que es donde se perdió la pista de Naparra. Se trata de «una arboleda de robles». Insistió en que el lugar del presunto enterramiento está perfectamente acotado.

No ocurría así la primera vez que esa fuente anónima decidió hablar con Errazkin. Iruin explicó que los primeros datos le llegaron en diciembre del pasado año e indicaban una zona amplia, «sin la precisión de ahora», lo que impedía avanzar. Ha sido el pasado mes de junio cuando esa persona ha añadido datos exhaustivos que les han permitido llegar a la zona concreta. El lugar ha sido identificado «sin mayores dificultades» pese a haber pasado tanto tiempo.

El runrún de novedades sobre este tema era notorio en las últimas semanas en medios periodísticos vascos. El Grupo Noticias adelantó ayer parte de la noticia, sin esperar a la rueda de prensa, e introduciendo un dato erróneo que puede inducir cierta confusión sobre la autoría de la desaparición. Indicó que todo se basa en «información recibida a través de un antiguo miembro de la izquierda abertzale», pero en la comparecencia de ayer quedó claro que la fuente está vinculada al terrorismo de Estado. La familia siempre ha apuntado en esta dirección.

- «El escenario existe».

Iñigo Iruin, con enorme experiencia en estos casos y figura clave para desenmarañar en su día lo ocurrido con Joxean Lasa y Joxi Zabala, quiso concretar por qué ha solicitado la reapertura. Indicó que para medir la verosimilitud de este tipo de revelaciones hay dos elementos principales. Uno es la credibilidad de la fuente, que admitió que en este caso «tiene limitaciones» todavía dado que el único contacto con ella lo ha mantenido el periodista Errazkin.

El otro es la verosimilitud o no de los datos aportados. Y aquí es donde la pista adquiere solidez. Por un lado, la descripción que ha hecho del lugar «se corresponde con lo que hemos encontrado» y lo hace «con precisión», dijo Iruin. «El escenario existe», remachó Paco Etxeberria. Por otro, Mont-de-Marsan encaja en las ubicaciones proporcionadas en las cinco reivindicaciones hechas por el Batallón Vasco-Español entre junio y agosto de aquel 1980: habló sucesivamente de Dax, San Vicente de Tyrosse, Mont-de-Marsan... Es más, el grupo al que se atribuye la autoría cometió por aquellas fechas un atentado contra la plaza de toros de Mont-de-Marsan, recordó Iruin.

«Tenemos, por tanto, esperanza en hallar los restos», concluyó. Otra cosa sería identificar a los autores del crimen.

- Emotivo agradecimiento de la familia: «No hay tortura más cruel que la desaparición».

«Estamos al principio de lo que puede ser saber la verdad», recalcó Eneko Etxeberria, hermano de «Naparra», al final del acto, conteniendo la emoción a duras penas. La rueda de prensa no solo estuvo restringida a los medios, sino que sirvió también para informar a todos aquellos que han acompañado a la familia en estas tres décadas y media, por lo que fueron decenas las personas que se acercaron a la sala del Museo San Telmo de Donostia. Tampoco faltó la madre, Celes, ni las nuevas generaciones de la familia Etxeberria Álvarez.

A todos los asistentes les dio las gracias Eneko Etxeberria por el apoyo prestado, y les quiso explicar cómo se ha sentido la familia este interminable tiempo. Recurrió para ello a las palabras escritas en su día por un amigo: «No existe tortura más cruel y prolongada que la que sufre la familia de un desaparecido. El dolor infligido es permanente e inagotable mientras no se conozca el lugar en que están sus restos mortales. Para sus allegados, aunque parezca paradójico, el poder ver y tocar los huesos de José Miguel supondría su resurrección. Como si sus corazones de latidos cansados por la injusticia y repletos de aflicción se viesen impulsados por un soplo de vida renovada y desconocida», leyó en castellano y euskara.

Aunque, como es habitual en estos casos, durante tantos años se sucedan versiones y elucubraciones de todo tipo, la familia siempre sostuvo que José Miguel Etxeberria fue víctima de la guerra sucia que en aquel posfranquismo se concretaba en lo que Iruin llama «primera generación», antes de la sangrienta explosión en cadena de los GAL a partir de 1983.

Para Paco Etxeberria, al margen de la localización del cadáver la información que ahora aparece es crucial por revelar lo obvio: «Que fue asesinado». Iruin no quiso dejar de recordar que el Estado español ha negado la realidad de los hechos al no conceder la condición de «víctimas del terrorismo» a los Etxeberria Álvarez. «Aunque no se pueda identificar a los autores materiales, esperamos que esto al menos nos permita ratificar lo que siempre ha defendido la familia: que el secuestro y asesinato de José Miguel es un hecho de terrorismo de Estado, enmarcado en la primera generación, de 1975 a 1981, en la que tras las siglas del BVE actuaban ultraderechistas argentinos, neofascistas italianos, antiguos miembros de las OAS, gente del hampa marsellesa... en dos grupos dirigidos y amparados por los servicios de inteligencia del Estado español», enmarcó Iruin.

- Iruin cree que en semanas podría saberse si el cuerpo está ahí y Etxeberria ofrece colaborar.

Iñigo Iruin presentó la petición de reapertura anteayer en la Audiencia Nacional y constató que el fiscal jefe del tribunal especial, Javier Zaragoza, también ve obvio que la investigación debe reactivarse. Tras las dos diligencias evidentemente necesarias para arrancar, que son las declaraciones judiciales del periodista Errazkin y del forense Etxeberria, Iruin ha planteado una comisión rogatoria «urgente» a los tribunales franceses a fin de que el juzgado de Mont-de-Marsan busque los restos en la zona señalada.

Preguntado por los plazos, el abogado de la familia matizó que los tribunales siempre son algo imprevisibles, pero vista la disposición de Zaragoza considera que la comisión rogatoria podría ser efectiva «en la segunda quincena de octubre o la primera de noviembre», es decir, en un plazo de pocas semanas.

Por su parte, Paco Etxeberria se mostró dispuesto tanto a acudir a Madrid a ratificar el informe que ha hecho con la inspección ocular como a cualquier otra colaboración que pudiera requerirse. Recordó que con sus equipos ha trabajado en muchas exhumaciones de fusilados durante la guerra del 36, pero también lo ha hecho «en el Sahara o en Chile, así que ¿cómo no íbamos a atender también esta solicitud?».

La Audiencia Nacional ya investigó lo ocurrido con José Miguel Etxeberria entre 1999 y 2004, sin resultado. Iruin destacó ayer que al menos aquella querella de la familia sirvió para que ahora el caso no esté prescrito en el Estado español por falta de diligencias durante todo este tiempo. Por contra, en el Estado francés se declaró esta prescripción ya en 1992, diez años después del cierre del sumario inicial, ya que el plazo legal para ello al norte del Bidasoa es más reducido. En este punto, el letrado de la familia explicó que antes de acudir a la Audiencia Nacional se reunió con el fiscal jefe de Baiona para una eventual reapertura allí, pero este lo rechazó aludiendo a la citada prescripción y aconsejó que se acudiera a Madrid.

En 2014, la ONU aceptó el caso de «Naparra» como «desaparición forzada» e instó tanto a Madrid como a París a investigarla.

(Ramón Sola, Gara)