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La Policía patrulla con armas de guerra ante la alerta yihadista

Los policías y guardias civiles han recuperado el uso de las armas largas -fusiles o subfusiles de asalto- para la protección de los espacios públicos y están recibiendo instrucción para cambiar la mentalidad en el desempeño de su trabajo de vigilancia: donde antes se les recomedaba que disparar era lo último que debían hacer, ahora se les prepara para «neutralizar» -es la palabra que se utiliza- con su armamento, de forma taxativa, a los eventuales terroristas a los que se tengan que enfrentar.

Éstas son dos de las muchas modificaciones que se están produciendo -a golpe de atentado- en las Fuerzas de Seguridad españolas. Cada vez que los miembros del autodenominado Estado Islámico (IS) han ejecutado un ataque en Francia, Inglaterra o Alemania, los agentes españoles han tomado nota para ir modificando sus estrategias. Al decir de los propios protagonistas, el atentado contra el semanario satírico Charlie Hebdo -cometido en enero de 2015-, las circunstancias en las que éste se produjo, constituyó el punto de inflexión. Los terroristas asesinaron a 12 personas al entrar en la sede de la publicación. A continuación mataron en la calle a un policía y se atrincheraron en una empresa con varios rehenes, donde al final fueron abatidos.

Lo que quedó en las retinas de los responsables de las Fuerzas de Seguridad fueron las imágenes del policía al que los terroristas hirieron en el estómago para después rematarlo en el suelo. También cómo se enfrentaron los agentes franceses a la huida de los terroristas: en las imágenes se aprecia el intento del policía de enfrentarse a ellos con un arma corta mientras los yihadistas están provistos de fusiles de asalto.
A raíz de esas evidencias, las autoridades policiales decidieron reforzar la dotación individual con la que cuentan los policías y los guardias civiles para enfrentarse a esta amenaza. De haber continuado igual, los agentes estarían enfretándose con una nueve milímetros parabellum a agresores que utilizan armas largas como los kalashnikov. Ahora, se han recuperado fusiles de asalto y las armas con calibre de guerra como los 5.56 o los 7.62 para patrullar por lugares públicos como plazas o aeropuertos.

Los responsables reconocen que el cambio no está llegando de forma automática a todo el mundo, pero que se está trabajando en ello, así como en la preparación y en la reacción que se debe tener ante un atentado.

Máximo refuerzo.- Desde junio de 2015, España mantiene el nivel 4 de alerta antiterrorista. Este nivel supone «el máximo reforzamiento de los dispositivos de seguridad». Las principales tareas corresponden a la Policía y a la Guardia Civil, pero el Ejército también recibe información.

Análisis continuo.- De forma periódica, los especialistas analizan la posibilidad de modificar el nivel, bien sea para aumentarlo o rebajarlo. De momento, el Ministerio del Interior ya ha informado de que no modificará durante las Navidades este estado.

«Nos han educado, nos han formado en el criterio de que disparar es lo último que se debe hacer en un momento conflictivo. Disparar, se ha dicho siempre, es un mecanismo de defensa que puede acarrear problemas de todo tipo, porque se pueda producir un error o, sencillamente, porque siempre trae problemas jurídicos. Nos encontramos que entre los agentes había un porcentaje alto con dificultades para asumir el uso de las armas de un modo más expeditivo. Ante la amenaza del IS se está intentando cambiar la mentalidad respecto al uso del arma bajo el concepto y con la finalidad de neutralizar al agresor. En cualquier caso, quienes tienen capacidad para enfrentarse a momentos tan delicados son las Unidades de Intervención», describen fuentes policiales.

El modo de atrincherarse de los terroristas que atacaron el semanario francés también ha dado ideas a los policías españoles de cómo prevenir y reaccionar ante este tipo de circunstancias. «Se han cambiado totalmente los procedimientos», afirman las citadas fuentes sin entrar en mayores detalles para no dar ventajas a los hipotéticos atacantes. «Cuando antes entrabas a por un delincuente podías encontrarte con un tiro o con una agresión con arma blanca. Ahora nos podemos encontrar con tipos atrincherados y bien pertrechados. Y aquí los protocolos varían».

Se ha evolucionado en la composición de las patrullas: para cubrir determinados servicios preventivos en los que hay grandes aglomeraciones de gente ya no van sólo dos agentes, sino grupos «de una entidad numérica mayor». En la instrucción individual se están incorporando procedimientos de reacción y para situaciones puntuales -como las que se conjuraron en los ataques con camión de Niza o Berlín- se están estudiando restricciones de la circulación que, en cualquier caso, no se podrían aplicar con carácter general y que tampoco son infalibles.

El terrorismo de ETA sirve como experiencia a las Fuerzas de Seguridad para estar vigilantes respecto a determinadas cosas pero, según los especialistas, su planteamiento respecto a los ataques contra los que los expertos denominan «objetivos blandos», era muy distinto al del IS y además, era bastante habitual que se produjese una llamada previa. «El carácter con el que actuamos es diferente porque el ataque del enemigo actual también es diferente. Estamos en un proceso de adaptación y sin duda los dispositivos de seguridad, el carácter y la actitud con los que abordamos este problema han cambiado en el último año y medio».

(Ángeles Escrivá, El Mundo)