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Encontrarse con la Patria

Amanecía la Plaza de la Revolución este 2 de enero escoltada por Martí, Camilo, el Che y Fidel; amanecía como tantas veces en la historia, con ese resplandor que le hace cobrar vida cuando se desborda de cubanas y cubanos, y todavía con el recuerdo húmedo de la despedida que ofrendó un pueblo a su Comandante; pero viva al fin, con la mirada segura en los hombres que afianzan sus ideas mientras construyen el porvenir.

Temprano las calles colindantes se convirtieron en la expresión más fiel de un pueblo con razones suficientes para celebrar; un país que hace solo unas horas recibió un aniversario más del triunfo de la Revolución, y ahora volvió a reunirse como una familia, en la Revista Militar y Marcha del Pueblo Combatiente, con motivo del aniversario 60 de la heroica sublevación en Santiago de Cuba, el desembarco de los expedicionarios del Granma y Día de las Fuerzas Armadas Revolucionarias (FAR).

El homenaje al líder de la Revolución y la juventud cubana, en simbólica alusión a las alianzas construidas entre ambos y la confianza en los pinos nuevos de la Patria, estuvo presidido por el General de Ejército Raúl Castro Ruz, Primer Secretario del Comité Central del Partido Comunista de Cuba (PCC) y Presidente de los Consejos de Estado y de Ministros.
Junto a su pueblo, además, estaban presentes miembros del Buró Político, del Secretariado del Comité Central del PCC y de los Consejos de Estado y de Ministros; jefes de las FAR y el Ministerio del Interior (Minint); asaltantes a los cuarteles Moncada y Carlos Manuel de Céspedes y expedicionarios del Granma; representantes de la Unión de Jóvenes Comunistas y las organizaciones de masas; el cuerpo diplomático acreditado en Cuba, y de forma especial los pioneros ganadores del concurso Amigos de las FAR.

Veintiuna salvas de artillería, las notas del Himno Nacional y el saludo a las tropas formadas por parte del general de cuerpo de ejército Leopoldo Cintra Frías, ministro de las FAR, acompañado por los Comandantes de la Revolución Ramiro Valdés Menéndez y Guillermo García Frías constituyeron preludio de un desfile donde las «nuevas generaciones, como símbolos de la vida, el amor, la justicia humana y la Revolución», demostraron el compromiso con la Patria, el Partido, Fidel y Raúl, como expresó Jennifer Bello Martínez, miembro del Consejo de Estado y presidenta de la Federación Estudiantil Universitaria, en las palabras centrales del acto.

Frente al Héroe Nacional, entonces, se vio desfilar a la Caballería Mambisa integrada por 128 jinetes, con la bandera cubana y la de Carlos Manuel de Céspedes a la vanguardia, cual semblanza de nuestras gestas libertarias iniciadas en 1868; y luego la réplica del yate Granma «navegó» entre pañoletas azules guiadas por más de 3 000 pioneros, que representaron el desembarco por Playa Las Coloradas, mientras se escuchaba La Lupe, de Juan Almeida Bosque.

En esa simbiosis que los convierte en génesis y continuidad de la Revolución, el Ejército Rebelde y los combatientes de la epopeya de Girón también se encontraban presentes; a los que siguieron en contraste generacional 90 estudiantes de la Universidad de Ciencias Pedagógicas Enrique José Varona, cuyos faroles, lápices y uniformes rememoraron la victoria sobre la ignorancia librada por el pueblo bajo la guía del Comandante, quien en esa misma Plaza declaró a Cuba Territorio Libre de Analfabetismo.

Dos inmensos bloques integrados por aquellos que se encargaron —y se encargan— de internacionalizar la paz y la esperanza, cerraron esta parte del desfile: los combatientes que cumplieron misiones en más de 40 países y la compañía artística La Colmenita.

Así, dio inicio la Revista Militar de las Tropas de las FAR y el Minint, en la que participaron estudiantes de escuelas militares e instituciones docentes de nivel superior; integrantes de los ejércitos Occidental, Central y Oriental, cuyos jefes fundadores fueron los entonces comandantes Guillermo García, Almeida y Raúl, respectivamente. Participaron también, la Divisón de Tanques; la Marina de Guerra Revolucionaria; combatientes de las Tropas Especiales de las FAR y la Brigada Especial Nacional del Minint; las tropas guardafronteras; las Milicias de Tropas Territoriales y el Ejército Juvenil del Trabajo. Mientras, en clara evidencia del principio de Guerra de Todo el Pueblo, continuaron el desfile los consejos de defensa, las Brigadas de Producción y Defensa y las milicias universitarias.

Desde ese momento, la Plaza fue un cuadro apretado donde pudo leerse Somos Fidel, en un inmenso cartel que abrió el bloque del pueblo encabezado por los educadores, y que concluyeron los jóvenes cubanos. Imágenes de Martí, Mella, Chávez, Raúl, el Comandante en Jefe…; banderas cubanas y pancartas; niños de uniforme verdeolivo, dibujaron la mañana con el mismo color de la sonrisa que estampó a los cubanos, un primero de enero, la Revolución.

Por eso, más de una garganta se quebró al intentar acompañar la letra de la canción Cabalgando con Fidel, del cantautor Raúl Torres, en lo que fuera uno de los instantes más emotivos del desfile. Por eso, vibraron miles de voces al gritar con energía: «¡Yo soy Fidel!» o «¡Se oye, se siente, Fidel está presente!».

Ante la presencia de Raúl se afirmó: «Raúl, amigo, el pueblo está contigo».

Para Lucía Gonçalves, quien vino desde Angola a participar en el acto, esa impronta se refleja en las oportunidades que ha tenido después de la independencia de su país, «por la que combatieron y murieron muchos cubanos. Por eso quería venir a agradecer al líder de la Revolución y a todo el pueblo», dijo a Granma al término de la marcha.

Raúl Leguein García, combatiente del Ejército Rebelde e internacionalista, también hizo referencia al papel de las FAR en la lucha por la libertad de los pueblos: «Ha sido determinante en la batalla por la independencia de los pueblos del África y América, como lo ha sido Fidel».

Bárbara León Cisneros y Julia Rita Blanco fueron dos de las mujeres que llegaron hasta la Plaza, motivadas por el amor y el agradecimiento. «Mi educación y mi salud, las de mi familia y las de mi pueblo, se las debo a la Revolución y a mi Comandante», subrayó la segunda, quien admitió haber nacido en plena Sierra Maestra y ser educada por el Ejército Rebelde.

Mientras, jóvenes como Luis Ángel Rodríguez y Lisandra Barreto sintieron que asistir a la Plaza fue más que un deber moral, la defensa de una causa que es de todos: sostener las ideas de la Revolución. «Lo más importante que le dejó Fidel a la juventud, además de su símbolo, fueron las herramientas para poder seguir construyendo el futuro de este país. Lo demás está en nuestras manos», arguyó el primero.

El reverendo Raúl Suárez, por su parte, habló sobre la importancia de preservar la memoria histórica en las nuevas generaciones. «Es responsabilidad nuestra, de la educación, la cultura, mantener vivos el legado del Comandante y la historia de la Revolución. Estar aquí hoy es encontrarse con la Patria, con la belleza de este pueblo», admitió.

La Plaza de la Revolución volvió a ser testigo de otra página de gloria. Sobre ella gravitaba, muy cerca de cada cubano, la huella profunda de Fidel.

(Lissy Rodríguez Guerrero, Granma)