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El Gobierno opta por Oriol Junqueras como interlocutor en Cataluña

El Gobierno está decidido a impedir la celebración de un nuevo simulacro de consulta secesionista en Cataluña. Lo advierte en público y en privado. Los escenarios están todos previstos, desde el más rotundo al más suave. Y se han analizado también todas las posibilidades para evitar la confrontación que sería, aseguran desde La Moncloa, inevitablemente gravosa para ambas partes. En este empeño, desde el Ejecutivo advierten una posibilidad: profundizar el diálogo con el vicepresidente de la Generalitat, Oriol Junqueras. Su disposición, dicen, a enfrentarse con los "problemas reales" de los catalanes es mucho mayor que la que demuestran Carles Puigdemont o Artur Mas, obcecados en la meta "irrealizable" de la independencia. Un objetivo que, precisan desde Moncloa, no cuenta con ningún apoyo en el ámbito internacional y no sacaría a Cataluña del pozo financiero en el que se encuentra.

Mariano Rajoy, en cualquier caso, no está dispuesto a cambiar de estrategia. El ofrecimiento al diálogo con la Generalitat se mantiene. La disposición a negociar 45 de los 46 puntos presentados por Puigdemont al presidente del Gobierno sigue en pie. De hecho, lo está desde hace meses. Todo se puede discutir salvo la celebración de un referéndum que, según el Ejecutivo, choca de frente con los pilares fundamentales de la Constitución. "Ni puedo ni quiero", es la frase lapidaria con la que el propio Rajoy despacha la demanda. "Y no cambiará de postura", advierten tajantes quienes conforman su círculo más estrecho en el Gobierno.

En este escenario, y con esa línea roja, el presidente ha pedido a todos los ministros trabajar, aunque sea a fondo perdido, para establecer canales de diálogo. La pieza fundamental en ese empeño es la vicepresidenta, nueva ministra de Administraciones Territoriales. "Para eso precisamente la nombró", aseguran en Moncloa. Y Soraya Sáenz de Santamaría, fiel a los dictados de Rajoy, se centra en el empeño. Con una baza, interpretan en el Gobierno, a su favor: las opciones crecientes de Oriol Junqueras, vicepresidente de la Generalitat y líder de ERC, de ganar con claridad unas elecciones en Cataluña.
Junqueras demuestra, explican en La Moncloa, una "visión mucho más realista" de las necesidades perentorias de los catalanes. No abjura del objetivo independentista pero "parece comprender", apuntan las fuentes consultadas, "que en las condiciones actuales, sin apoyos en el exterior y en una situación económica agonizante, no es posible avanzar en ello".

El vicepresidente de la Generalitat se ha convertido en consecuencia en el interlocutor preferido por el Gobierno central que encuentra con él una onda de sintonía mayor que en Puigdemont o Mas. A esta reflexión se suma el hecho de que el actual presidente de la Generalitat se ha autodescartado ya como líder de futuro, y Artur Mas está pendiente de una posible inhabilitación por la convocatoria del simulacro de consulta del 9-N.

Junqueras es en la actualidad el dirigente catalán que más contacto mantiene con Madrid. Sabe que lo que duele es la situación económica, sin solución en este ámbito no hay futuro. Y Cataluña tiene graves problemas en este terreno. También otras comunidades, como Valencia, Madrid o Andalucía pero la diferencia a la hora de sentarse con sus más altos dirigentes es que no anteponen a todo el muro de una reclamación secesionista.

Los contactos de Junqueras con el Gobierno central son fluidos. Santamaría, De Guindos, Montoro, De la Serna... En el Ministerio de Hacienda apuntan que, aunque hace tiempo que Montoro y Junqueras no se reúnen, el diálogo a nivel técnico con la Generalitat es satisfactorio y califican de simple "intento de sisar" el dinero que se destina a objetivos distintos de los reglados por ley. "Saben que no podrían sobrevivir sin el Estado", aseguran desde el departamento que dirige Montoro en el que también reconocen que un default catalán arrastraría a todo el país.

En la esfera puramente política, en Moncloa advierten, a la vista de los sondeos, un claro ascenso de las posibilidades electorales de ERC frente a PDeCat. Este último un partido que, en pro del mensaje independentista, ha abandonado buena parte de sus postulados primigenios y se encuentra "atrapado por las exigencias radicales de la CUP", sin liderazgo de futuro claro y sin más proyecto que la promesa imposible de la independencia.

Con estos mimbres en Moncloa quieren aferrarse a la posibilidad de que un adelanto electoral sea finalmente el freno a la amenaza de convocatoria de un referéndum ilegal. Están convencidos de que unas elecciones otorgarían la victoria a ERC que, con Junqueras al frente, podría contar para gobernar la comunidad con el apoyo de Ada Colau, "un valor en alza aunque ciertamente impredecible", reconocen.

Apuntan no obstante, que no existen contactos "secretos" aun cuando haya conversaciones que no se publiciten a diario. Aseguran que la estrategia de Gobierno se ha puesto negro sobre blanco desde el principio y se mantiene. Diálogo sobre todo menos sobre la secesión. En definitiva, lo que Santamaría define como "45 puntos más uno": el último, la celebración de un referéndum independentista es el único tabú.

Sí admiten en Moncloa el hilo con Junqueras, con quien Santamaría se ha reunido ya en dos ocasiones -y puntualizan, por cierto, que el último encuentro en Barcelona se intentó mantener bajo discreción a petición del propio vicepresidente de la Generalitat y fue en vano-, con los alcaldes de las cuatro capitales catalanas -que se dirigen al Gobierno para intentar solventar problemas que les acucian, muchos de los cuales están incluidos en los 45 puntos de Puigdemont- y con representantes destacados de la sociedad civil y del mundo empresarial, algunos de ellos antiguos afines a CDC. "Hay gente del sector más próximo al españolismo pero también afines al catalanismo moderado de siempre", explican en Presidencia.

Junqueras, en opinión de las fuentes consultadas en el Gobierno, "cuida su imagen e intenta captar ahora el voto que huye de la extinta Convergencia amarrada por la CUP". La consideración que merece el vicepresidente de la Generalitat es clara: "Es independentista, pero mucho más pragmático que Mas".

Y en relación con las últimas declaraciones del delegado del Gobierno, Enric Millo, apuntando a la celebración de contactos "secretos" en busca de una solución intermedia para evitar el referéndum sin necesidad de activar medidas drásticas, en Moncloa recalcan que por su parte las cartas se han puesto boca arriba desde el principio, apostando por el diálogo en el marco de la Constitución. Y añaden que más allá de Puigdemont y Artur Mas "hay muchos interlocutores" a los que no se piensa renunciar. El propio secretario de Estado de Administraciones Territoriales, Bermúdez De Castro, lo explicitó al término del encuentro de Santamaría con los representantes de las CCAA para abordar los asuntos que afectan a las relaciones con la UE: el Gobierno tendrá interlocutores con quien lo pida y lo pide mucha gente en Cataluña.

En cualquier caso, en Moncloa se trabaja con todos los escenarios incluido el del adelanto electoral habida cuenta de que históricos de CDC y de Unió trasladan su convencimiento de que la Generalitat insiste en la convocatoria de referéndum con el propósito de que el Gobierno actúe para prohibirlo y como respuesta inmediata proceder a llamar a las urnas.

(Marisa Cruz, El Mundo)