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Capitalismo flexible, precariedad y el nuevo asalariado urbano: las nuevas formas de socialismo (Eddy Sánchez Iglesias)

Politólogo

En un mundo que afronta para las próximas décadas formidables retos por el agotamiento de los recursos naturales y la crisis ecológica, así como por la formación de sociedades con fuertes fracturas sociales y desigualdades crecientes, la única forma de mantener un nivel de vida digno para la población será conseguir hacer más con menos, y esto sólo pasará en las sociedades que tengan organizaciones productivas que lo logren.

Nuestra capacidad para construir una sociedad más productiva, más ecológica, una sociedad en la que sea posible alimentarse, desplazarse, tener una vivienda, calentarse, curarse, educarse, informase, investigar, producir... no se parecerá a la de hoy.

Ante el fracaso del capitalismo a dar respuesta a los nuevos retos de la humanidad, en el contexto de la crisis y desde un país de la periferia europea se presenta de nuevo la urgencia del debate socialista, del debate del socialismo de este siglo que nos propone Espacio Público.
Bruno Estrada presenta el debate socialista como la respuesta a cuatro cuestiones: qué capitalismo tenemos, qué tipo de sociedad existe, qué programa defender y cuál es el sujeto de transformación.

Realidades que el presente artículo resume en tres: capitalismo flexible, precariedad y las nuevas formas de conflicto emanadas de la irrupción del nuevo asalariado urbano.

La entrada de España en la Unión Europea ha dado lugar a cuatro importantes fenómenos: de una parte los conocidos procesos de reconversión industrial; de otra, la llegada masiva del capital extranjero como verdadero agente articulador de nuestra economía; en tercer lugar, las reformas laborales de carácter flexibilizador apoyadas por las instituciones europeas y pensadas para apoyar la implantación de nuevos sistemas de fabricación ligera y especialización flexible y, ya en el marco de la actual crisis, políticas de ajuste salarial y recorte del gasto público que hacen inviable un estado social avanzado en España.

Lo anterior describe la formación de un nuevo modelo social y económico marcado por el capitalismo flexible como realidad dominante. En la Europa de la especialización flexible, España pasa a ser la fábrica de bienes de consumo de masas de gamas medias y bajas para el consumidor europeo y el país del turismo formador de un “enclave del ocio” en el Sur de Europa.

Tal y como plantea el profesor Pablo López Calle, se efectúa una redistribución geográfica de los centros de trabajo en función de la fase del proceso productivo que realizan: la fragmentación de las cadenas de producción y distribución, y la división de tareas entre empresas genera una estructura empresarial de forma piramidal, en la que encontramos, en la cúspide, una cada vez mayor condensación de actividades de alto valor añadido dirigidas por compañías transnacionales provenientes del centro europeo.

En el polo opuesto, esa misma fragmentación de los procesos productivos y la división del trabajo “mental” y del trabajo “manual” entre empresas a que da lugar, permite aprovechar el abaratamiento de los costes laborales producto de las reformas laborales, que buscan incrementar la composición de zonas geográficas de bajo coste del suelo y salarial como la periferia europea a la que pertenece España.

Se multiplica así una economía de “servicios atrasados a la producción” que, escalonadamente, realizan tareas cada vez más descualificadas y que se distribuyen por los grandes corredores industriales de las coronas metropolitanas españolas, o al otro lado de sus fronteras, alejándose del centro según decae el valor añadido de sus productos y bajan los costes laborales y el precio del suelo. Es el caso de la aparición de grandes nodos logísticos y de transporte y otras actividades englobadas bajo la rúbrica general de “servicios a las empresas”, como los servicios de atención al cliente de low cost del modelo de Call Center, mientras las empresas de bienes de consumo de masas y las actividades de la industria auxiliar van siendo deslocalizadas a otros países y son sustituidas por actividades tercerizadas propias del modelo Primark.

El capitalismo contemporáneo necesita una sociedad precaria y flexible, que después de una década de crisis, construye de manera definida el modelo social de la España actual basado en el infraempleo y la sobreexplotación del trabajo.

El modelo de paro-precariedad-flexibilidad está en la base de la aparición y consolidación de una nueva clase trabajadora de servicios que tiene características distintas a la clase obrera industrial o a la conformada entorno a trabajadores y trabajadoras de los servicios públicos y capas medias de profesionales. Estamos ante algo nuevo, ante la irrupción de un nuevo asalariado urbano que puede acabar convirtiéndose en un actor fundamental, no únicamente en las relaciones laborales sino, también, en la composición de la estructura social de España y del resto de países donde el capitalismo flexible es predominante.

Este nuevo asalariado urbano puede acabar vertebrando un discurso de demanda que permita establecer nuevos mecanismos de acción colectiva como demuestra el conflicto de los Contac Center, técnicos de Movistar, NISSAN o camareras de hotel.

Sin embargo, el peso social de esta nueva clase trabajadora no corresponde con su peso político y cultural, lo que la convierte en un sector infravalorado y nada representado en el marco político español, incluido las tradiciones políticas progresistas sean la vieja socialdemocracia, la izquierda transformadora o el populismo. Una izquierda que si no reacciona, puede ser responsable de provocar una neutralización decepcionada de un sector popular, que quedará a disposición de sucumbir a demagogos fascistas de última generación.

Aunque nadie repare en su importancia, este nuevo asalariado urbano tenderá a convertirse en un actor fundamental a nivel social, laboral y político, expresión nítida del fracaso de la utopía feliz del capitalismo flexible y claro sujeto donde sustentar cualquier intento de construcción de una nueva tradición socialista.

El socialismo de este siglo surge de la construcción de programas que a pesar de sus dificultades no condena a la pasividad. El rechazo a la construcción social precaria del capitalismo flexible lleva implícita una política, una propuesta de cambio en torno a una alternativa al núcleo central del capitalismo español formado por su carácter periférico, el turismo como articulador económico y el paro/precariedad como modelo social.

Elementos que requieren recuperar aquella dimensión del socialismo abandonada por la socialdemocracia heredera de Bernstein: la dimensión emancipadora de la subjetividad.

(Espacio Público)