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De cara a la pared. Desmantelar el 'Obamacare'

Los dirigentes del Partido Republicano de Estados unidos quieren dejar sin vacaciones a sus senadores si no apoyan la ‘contrarreforma’ sanitaria que desmantele la de Obama

Ante la resistencia de muchos senadores republicanos a convertir en realidad sus promesas electorales de reformar el seguro médico, los líderes del partido amenazan con obligar a los senadores a pasar en Washington los calores del mes de agosto, con la esperanza de que la pérdida de sus vacaciones les impulse a llegar a un compromiso.

Esta fórmula legislativa de ponerlos de cara a la pared no lleva trazas de dar grandes resultados, en parte porque pocos creen que vayan de verdad a poner en práctica la amenaza. También porque muchos de ellos temen más la ira de sus votantes que la de sus jefes, de manera que la gran promesa repetida durante siete años, de anular la llamada Obamacare, no parece estar a la vuelta de la esquina.

De poco sirven los avisos repetidos en los escasos medios de prensa simpatizantes con los republicanos, que les advierten de las consecuencias electorales de semejante fiasco.
Las consecuencias, en realidad, podrían ir más allá: no solo que pueden ahuyentar a los votantes, sino incluso al propio presidente. Porque en el caso de Trump, un hombre que nunca había militado en las filas republicanas hasta que no ambicionó la Casa Blanca, podría volver a su redil y dar la espalda al partido que no parece capaz de poner de lado sus desavenencias entre las distintas facciones.

Esto no significa que se alistará en el bando demócrata, pero sí que podría formar alianzas con sus senadores y congresistas y convertirse en la práctica en un presidente sin partido. Si bien no hay precedentes en la Casa Blanca, los hay en Nueva York: su exalcalde, el también multimillonario Bloomberg, fue demócrata hasta que le convino por razones electorales cambiarse de partido. Una vez ganadas las elecciones municipales, se convirtió en independiente.

Para el Partido Republicano representaría una derrota, pues la situación en que se halla ahora, cuando controla la Casa Blanca y las dos cámaras del Congreso, apenas tiene precedentes históricos. Cuando lo consiguieron el pasado noviembre, se frotaban las manos ante las enormes perspectivas que se abrían, pero ahora, tras seis meses de gobierno monocolor, parecen demostrar que no saben aprovechar la ocasión.

Al contrario, en los dos extremos ideológicos republicanos, senadores y congresistas no se rigen por el principio de que la política es el arte de lo posible, sino que persiguen los imposibles de la pureza de sus principios. Con una mayoría tan pequeña como gozan en el Senado, es facilísimo perderla. En cuanto a la Cámara, las oscilaciones pueden ser muy fuertes y la ventaja que hoy tienen en escaños puede desvanecerse totalmente en noviembre del año próximo, si los votantes demócratas que pusieron en ellos sus esperanzas se sienten decepcionados y vuelven al redil demócrata.

Ya hay indicios de que Trump, un hombre que se precia ante todo de saber negociar -el libro del que más presume es El arte de llegar a un acuerdo (The art of the deal), en el que explica cómo ceder o presionar para conseguir sus objetivos- tendrá pocos reparos en extender la mano a los demócratas y conseguir resultados a base de una colaboración bipartidista, si el gobierno monocolor republicano no ha dado resultados.

Porque hay serias dudas de que los vaya a dar: ni en el presupuesto, ni en las reforma fiscal y sanitaria, las dos cuestiones más apremiantes, van camino de llegar a un acuerdo en el breve tiempo de que disponen: El presupuesto debería estar aprobado en septiembre pero, como tantos años, también esta vez es probable que el país habrá de vivir durante meses con medidas provisionales y la reforma fiscal es posiblemente aún más difícil.

En cuanto a la ley del seguro médico, basta con pensar en las declaraciones de Trump antes y después de las elecciones: prometió que todos tendrían cobertura, criticó la propuesta de ley aprobada en la Cámara de Representantes por ser demasiado “dura” y las sugerencias en medidas sociales hechas por su hija Ivanka -que tiene un cargo en la Casa Blanca- parecen sacadas de la agenda progresista.

Para los republicanos, sería una pesadilla ver a un presidente que teóricamente es de su partido, cerrar filas con la oposición demócrata. Peor aún, estos demócratas podrían dejar de ser oposición en las elecciones del año próximo. Más grave sería aún ver cómo de esta alianza salen unos resultados que el gobierno monocolor no pudo obtener. Algo que no se puede descartar: todo lo que Trump ha logrado hasta ahora ha sido por orden ejecutiva, pero podría avanzar mucho más con apoyo en el Congreso.

Esta colaboración inter-partidista no sería nueva: el presidente Clinton fue el último gran ejemplo, cuando abandonó las posiciones demócratas más extremas a favor del centro y colaboró constantemente con los congresistas republicanos, aunque fuera al margen de los titulares y declaraciones oficiales.

En cuanto a la reforma sanitaria, es probable que los demócratas consiguieran ampliar el sistema conocido como Medicaid -seguro médico totalmente gratuito para los pobres- a un sistema de seguro médico recomendado por el senador Sanders, uno de los candidatos presidenciales demócratas del año pasado. Sanders hablaba de “Medicare para todos”, algo muy parecido a los sistemas europeos en que el gobierno garantiza la cobertura médica de todos.

El Medicare hace ya esto desde hace décadas, pero solamente cubre a los jubilados y se financia con las primas de la Seguridad Social. Sanders propuso que esto se extienda a toda la población y su propuesta cuenta con amplio apoyo demócrata.

Una alianza demócrata con Trump puede convertir este objetivo en una realidad que probablemente sería bien acogida por la mayoría de la población… al menos al principio.

A largo plazo ya es más cuestionable: el Medicaid tiene la triste fama de ofrecer la peor calidad posible en asistencia médica -lo que probablemente se debe a que los médicos en ese sistema tan solo cobran el 66% de las tarifas oficiales del Medicare.

Pero también el Medicare corre riesgos semejantes: sus tarifas son notablemente inferiores a las particulares y hay cada vez más médicos que no quieren participar porque les pagan demasiado poco. De convertirse el Medicare en un sistema universal, los políticos habrán ganado la etiqueta de cobertura para todos, pero habrán dividido los servicios médicos en atención mala para todos y medicina de lujo para los privilegiados. Es difícil imaginar que este sea el objetivo de los progresistas.

- La implicación de su hijo atenaza aún más a Trump en la ‘trama rusa’.

Acusan a Donald Jr. de reunirse con una abogada cercana al Kremlin aunque Moscú niega conocerla

Los intentos del presidente de EE.UU., Donald Trump, de dejar atrás la polémica por la supuesta injerencia rusa en las elecciones de noviembre se complicaron ayer por la revelación de que su hijo mayor, Donald Trump Jr., se reunió durante la campaña con una abogada rusa con conexiones con el Kremlin. El diario The New York Times reveló este fin de semana que Donald Trump Jr. se reunió el 9 de junio de 2016 en la Torre Trump de Nueva York con la abogada rusa Natalia Veselnitskaya, de quien supuestamente esperaba obtener información comprometedora para dañar a la entonces candidata demócrata a la Casa Blanca, Hillary Clinton. En su cuenta de Twitter, el hijo de Trump trató ayer de quitar hierro al asunto e insinuó que efectivamente acudió a la reunión para obtener información sobre Clinton porque, en sus palabras, “tenía que escuchar”, aunque finalmente el encuentro “quedó en nada”.

“Obviamente, soy la primera persona en una campaña que haya tenido jamás una reunión para escuchar información de un oponente”, tuiteó sarcásticamente Donald Jr. Además, en respuesta a un artículo del Times que subraya que, en menos de 24 horas, ha dado dos explicaciones diferentes de por qué se reunió con Veselnitskaya, el hijo de Trump niega que haya una “contradicción” entre las versiones que ha ofrecido.

En un primer comunicado divulgado el sábado, Donald Jr. aseguró que la reunión estuvo centrada en las adopciones de niños rusos en EE.UU., pero el domingo, en otra declaración escrita, reconoció que acudió a la cita porque le dijeron que la abogada podía tener información “útil” para la campaña de su padre.

De acuerdo con el Times, a la reunión asistieron también el yerno del presidente Trump, Jared Kusher, y su entonces director de campaña, Paul Manafort, ambos ya en la mira desde hace tiempo por sus contactos con funcionarios rusos. Según un portavoz de su equipo de abogados, el presidente no tenía conocimiento de esa reunión ni estuvo presente. Y el Kremlin, por su parte, afirmó ayer a través del portavoz de la Presidencia rusa, Dmitri Peskov, que no conoce a Veselnitskaya y que no puede “estar al tanto de las reuniones que celebran todos los abogados rusos dentro y fuera del país”.

Mientras, la senadora republicana Susan Collins comentó ayer a los periodistas que es necesario que el Comité de Inteligencia del Senado, del que ella forma parte, entreviste al primogénito de Trump y al resto de asistentes al encuentro con la abogada rusa.

Un fiscal especial, el exdirector del FBI Robert Mueller, y varios comités del Congreso de EE.UU. están a cargo de investigar la supuesta injerencia rusa en las elecciones y los posibles contactos entre la campaña de Trump y el Kremlin. El también exdirector del FBI James Comey declaró bajo juramento en junio pasado ante el Senado que Trump lo presionó cuando él lideraba esa agencia para “despejar la nube” que, en palabras del mandatario, le causa esa investigación. Tras la reunión que mantuvo el pasado viernes con el presidente ruso, Vladímir Putin, Trump cree que es hora de “avanzar” en una relación “constructiva” con Moscú.

(Diana Negre, Miriam Burgués, Deia)