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De oficio, yihadista: tres semanas decisivas para impedir un atentado

Agentes de Información y geos fueron la sombra del terrorista más peligroso detectado en España desde el 11-M

Rachid Elomari es frío, metódico, sutil, ordenado, autodidacta, carece de empatía y está determinado a atacar

Rachid Elomari, de 32 años, marroquí, solo tiene un oficio: yihadista, y a esa actividad dedicaba las 24 horas del día. Su perfil es exactamente el mismo que el de los terroristas que han actuado últimamente en Londres, Manchester, Niza... Un tipo frío, metódico, sutil, ordenado, autodidacta, con nula empatía y firmemente determinado a perpetrar un atentado. La única diferencia es que aquí la Comisaría General de Información de la Policía lo ha detectado a tiempo; «in extremis», desde luego, pero por fortuna antes de un ataque que era cuestión de muy poco tiempo, según el análisis de los investigadores.
España ha estado más cerca que nunca de sufrir un nuevo atentado islamista. Elomari había decidido actuar y tenía la preparación adecuada para ello. Ha quedado demostrado a lo largo de los 21 días de frenética investigación que acabaron en la madrugada del miércoles 21 de junio, cuando fue detenido junto a su primo, Mustapha Elomari, y su compañero de piso, Mohamed Chaou, ambos marroquíes y radicalizados por él. «Había que actuar de inmediato; el atentado podía producirse en cualquier momento y se corría el riesgo de ser meros espectadores de una salvajada», sostienen las fuentes. La presión para los investigadores fue brutal.

La primera información que llegó a la Comisaría General de Información hablaba de un individuo radicalizado que trabajaba temporalmente en un locutorio y que utilizaba un ordenador al que solo él tenía acceso -estaba en un pequeña cabina que cerraba con llave- para extraer documentos oficiales de la «biblioteca» virtual de Daesh.

La Policía ya había estado otras veces ante un tipo así, pero lo novedoso era que el implicado hacía esto de forma sistematizada, metódica, y abarcando todo el abanico criminal: desde los contenidos religiosos e ideológicos de justificación del terrorismo, hasta los manuales de fabricación caseras de bombas -con vídeos tutoriales incluidos-, pasando por otros muchos dedicados, por ejemplo, a actos de martirio en acciones yihadistas; normas de cautiverio en caso de secuestro; captación de muyahidines; medidas de seguridad contra seguimientos de las Fuerzas de Seguridad; seguridad en la web, o cómo gestionar las críticas para que éstas no influyan antes o después de un atentado y pueda haber arrepentimiento.

Incluso, había uno sobre cómo tratar -vejar, más bien-, a las mujeres infieles, y vídeos de una dureza aterradora en los que se muestra cómo cortar una cabeza, un brazo, y ataques y ejecuciones de una crueldad sin límites, hasta el punto de que algunos de los que tuvieron que ver y analizar el material rompieron a llorar.

Además, justificaba los atentados terroristas que se producían en Europa -primer nexo detectado entre su pensamiento y un elemento de la realidad-, mantenía una postura incitadora a que se cometieran más y, aún más significativo, empezaba a hacer profecías apocalípticas con frases como «aquí va a suceder algo peor» o «dejad que se confíen». Si a eso se le une que comenzaba a utilizar frecuentemente las palabras «martirio» y «suicidio», y que con motivo del ataque de Manchester asumió sin escrúpulo alguno el asesinato de niños «porque también mueren en Siria», es lógico que saltaran todas las alarmas.

- Dos inspectoras.

Con estos datos, los responsables de la Comisaría General de Información -en este caso han sido dos inspectoras las que han estado al frente del operativo- decidieron montar un dispositivo de vigilancia sobre este individuo. No se estaba ante alguien especializado solo en una parte de la actividad terrorista -en el argot policial, un «actor parte»-, sino que ese individuo abarcaba toda la actividad de formación de un yihadista: desde la instrucción ideológica y religiosa, hasta la captación de muyahidines y adiestramiento en técnicas terroristas. Incluso, a través de una red social mantenía contactos directos con yihadistas que combaten en Siria, de los que recibía órdenes que él cumplía.

Pero aún había pocos datos concretos sobre él, más allá de saber que era un tipo especialmente inquietante. «Había cruzado muchas líneas; estaba convencido y plenamente decidido a atentar y era necesario ejercer sobre él un control permanente», dicen las fuentes. «Las pesquisas no se podían limitar a la monitorización de sus comunicaciones y actividad en la web; había que dar un paso más».

Desde el primer momento comenzaron los seguimientos, que con el avance de la investigación se prolongaron a las 24 horas del día. Para entonces ya no era una vigilancia habitual: dadas las características del sujeto se decidió que junto a los especialistas de Información trabajarían siempre agentes de los geo, porque se tenía la convicción de que en cualquier momento podía perpetrar un ataque.

«Durante estas tres semanas cada mañana nos hemos levantado con la angustia de que podía suceder una tragedia; han sido muchísimas horas sin dormir, de análisis de cada uno de sus pasos, de trabajo de muchos hombres sobre el terreno en condiciones muy difíciles para no perderle de vista nunca», explican las fuentes consultadas. La época del año no ayudó a las pesquisas: se estaba en pleno Ramadán y en ese periodo de tiempo hay mucha actividad nocturna. Recibía en su habitación a bastante gente, se movía con ellos por la ciudad y adoptaba importantes medidas de seguridad.

- Medidas de seguridad.

Por ejemplo, entraba en una estación de Metro y se quedaba en el andén sin subir al convoy, comprobando luego si alguien más hacía lo mismo; o tomaba un camino y volvía al poco tiempo sobre sus pasos sin ninguna lógica para detectar posibles seguimientos. Para los policías, además, las vigilancias nocturnas en calles semidesiertas sin levantar sospechas fueron todo un reto.

El resultado de las vigilancias confirmó el análisis de los responsables de la investigación. En su círculo más próximo -media docena de individuos entre los que están los otros dos detenidos-, al que ha tenido acceso la Policía, realizaba su actividad proselitista y allí también justificaba los atentados terroristas e instaba a cometerlos. Es más; decía que entre sus planes estaba viajar a Siria para unirse a la yihad y que allí se casaría, aunque también hablaba de atentar en España. «La situación iba a decantarse muy pronto; este tipo de gente queda desacreditada entre los suyos si no cumplen su palabra. De lo contrario, hubiese sido visto como un fanfarrón, y ese no es el perfil de Rachid Elomari».

Muy poco después de comenzar los seguimientos el sospechoso dejó su trabajo en el locutorio. A partir de entonces se sucedieron una serie de hitos en la investigación. La noche del 11 de junio, Rachid Elomari y su compañero de piso Mohamed Chaou se desplazaron a lugares emblemáticos y muy concurridos hasta donde llegaron después de adoptar medidas de seguridad aprendidas de los manuales de Daesh. Se sentaban en un banco público escrutando lo que les rodeaba por si detectaban a policías, y gesticulaban señalando zonas muy concretas, en lo que se podía interpretar como preparación de un atentado.

Solo dos días después Elomari dejó una nota manuscrita en su puesto de trabajo, que ese mismo día abandonaba tras acabar su contrato laboral. Escrita con grafía árabe clásica, aunque con errores porque no domina del todo bien el idioma, fue traducida como «Dominio yihad hoy vuelve al Paraíso». Los analistas de Información creen que en realidad quiso transcribir un verso de un cántico que dice «Yihad de hoy es el Paraíso del mañana», lo que concuerda con alguna de las expresiones que utilizaba en su círculo más cercano, como que «la mejor forma de morir es inmolándose, puesto que los que defienden el Corán tiene el Paraíso asegurado».

Un día más tarde, el 14 de junio, Elomari y Chaou fueron vistos de madrugada recogiendo un cartel con fotos de mujeres que luego pisoteaba el segundo dentro del portal de su casa, mientras su compañero de piso observaba el gesto con complacencia.

Todos estos datos apuntaban, por tanto, a que el atentado podía ser inminente, algo que además el propio Elomari se encargaba de confirmar de viva voz. Se le escucharon frases como que estaba «en condiciones de ejecutar a una persona si la consideraba infiel cortándole la cabeza»; anunciando que «un individuo» de Córdoba TV «aparecerá muerto en un corto espacio de tiempo» por sus opiniones contrarias a Daesh y su ideología; insinuando conocer la posibilidad de que se produzca un acto terrorista en Madrid y mostrando su interés por las armas: «¿Tú sabrías fabricar una bomba?», llegó a preguntar a un individuo.

Paralelamente se comprobó que en sus contactos directos con combatientes en Siria se le ordenaba «crear grupos, hacer contactos» con «hermanos» para pasar a la acción. No solo eso; se vio cómo era informado prácticamente en tiempo real de los atentados que se producían en Europa, lo que era otra prueba de que bebía de fuentes oficiales. «Elomari daba miedo hasta a sus personas más próximas. Su entorno le temía porque sabía de lo que era capaz, de su crueldad sin límites.

- Los arrestos.

Después de casi tres semanas de enorme tensión y trabajo agotador los responsables de la Comisaría General de Información de la Policía decidieron neutralizar a Rachid Elomari, a su compañero de piso y al primo del primero. «Se sabía lo que tenía almacenado, lo que decía, lo que escribía y cómo se movía... Lo siguiente que se esperaba de él era que pasase a la acción, y nadie estaba dispuesto a que eso ocurriera. Ya había elementos más que suficientes para detenerle. Se podía esperar a obtener más, claro; pero esa opción aumentaba exponencialmente el riesgo de atentado», sostienen las fuentes consultadas.

De las pesquisas sobre el grupo de personas que podía haber sido «contaminado» por Elomari no han aparecido de momento datos que hagan pensar que pueda haber individuos de cierta peligrosidad que hayan quedado fuera del alcance de la investigación.

La madrugada del 21 de junio los agentes de la Unidad Central de Información Exterior de la Policía pudieron por fin respirar tranquilos. Los tres sospechosos fueron detenidos por agentes del GEO, dos de ellos, incluido Elomari, cuando salían de su casa con un casco en la cabeza para subir a una moto. El principal sospechoso se comportó como lo que es: un muyahidín. Apenas se inmutó, no ofreció resistencia y desde luego no quiso declarar. Ahora está entre rejas, donde le espera una larga temporada. Es sometido a un especial seguimiento también dentro de prisión, ya que si hay algo de lo que no cabe duda es de que allí donde esté intentará continuar con sus actividades terroristas. Lo que corresponde a un tipo que solo tiene un oficio: yihadista.

- Expertos en manejo de ordenadores y en técnicas de «limpieza» digital.

Aunque no tiene titulación alguna, Rachid Elomari posee un nivel alto de conocimientos informáticos. De hecho, de forma periódica borraba los contenidos de internet a los que accedía para intentar eliminar rastros e información, en la medida de lo posible. Aun así, se le ha intervenido más de un tera de información perfectamente clasificada que se descargaba de la biblioteca oficial de Daesh, Maktabat al-Himma. De la misma forma, su compañero de piso, Mohamed Chaou, es un experto en borrar huellas de la Red, hasta el punto de que a pesar de su evidente radicalización no se le encontró material alguno. Mientras que Elomari había dejado de trabajar, Chaou sí tenía un empleo. Se desconoce la fuente de ingresos del primero de ellos, aunque en las mezquitas -él frecuentaba una de Lavapiés- se suele ayudar a este tipo de personas.

(Pablo Muñoz, ABC)